
Reformas en entorno de bajo crecimiento
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El panorama hoy es tenso y de incertidumbre, no sólo por el juego legislativo de apoyos y votos sino también por las inquietudes aún no resueltas sobre las reformas y la expectativa de que haya concertación antes de la votación, además de la incertidumbre por su sostenibilidad fiscal en el mediano y largo plazo. De la reforma pensional se quiere concertar el umbral del pilar contributivo que varios actores esperan quede por debajo de los 3 SMLMV. Pero hay temas no incluidos que obligarán a futuro ser considerados si se piensa en la sostenibilidad: la edad de pensión que sigue siendo baja para un país que está envejeciendo y mayor esperanza de vida; el ingreso base de liquidación de la pensión y los privilegios perversos que aún existen como la duración de la pensión de supervivencia o la doble pensión.
Del lado de la reforma laboral, sigue sonando la preocupación por no ser una reforma que genere más empleo. Al contrario, ha sido vista como una reforma que hace más rígida la contratación y aumenta los costos lo que puede llevar a la destrucción de empleo como lo ha mencionado el Banco de la República. Sin duda, el compromiso con el trabajo digno es una prioridad y un objetivo superior, pero quizá el mecanismo está dejando de ver particularidades como las dinámicas laborales actuales (trabajadores GIG, flexibilidad voluntaria, el cuidado, entre otras). Se menciona que la reforma sólo focaliza al grupo de trabajadores formales y quizá a algunos en la informalidad de las plataformas digitales desconociendo la estructura del mercado laboral con un desempleo que pivota en 10%, cerca de 60% de informalidad laboral y un tejido empresarial con altísima participación de micro y pequeñas empresas y la altísima participación del autoempleo. ¿Cuál es la reforma para cambiar esta estructura?
Al menos estas dos reformas (sin hablar de la de salud) llevan a interrogantes sobre su viabilidad presupuestal en el marco de una economía con crecimiento casi nulo. Falta un eslabón en la discusión y es el modelo de crecimiento económico.
La mejor reforma pensional es una reforma laboral y, a su vez, la mejor reforma laboral es que haya crecimiento económico. Sin generación de empleo, la reforma pensional no será de acceso a pensiones en sentido estricto (al menos 1 SMLMV), sino de pilares solidarios y semi contributivos que sí mejoran la condición de los adultos mayores hoy pero que no debería ser el camino a futuro. El camino debe ser el empleo. Sin generación de empleo, la reforma laboral será una ventaja para quienes alcanzaron la expectativa de un contrato laboral y dejará por fuera a tantos que tienen hoy un contrato civil de prestación de servicios o que transitan entre la formalidad y la informalidad según logren concretar opciones.
El dilema no es sólo legislativo. El dilema es ¿a qué economía corresponden las reformas? Hoy, el modelo de crecimiento en Colombia sigue sustentado en hidrocarburos y la intención de una transición energética y diversificación de exportaciones tomará más del tiempo de gobierno. Entonces, el dilema es complejo. Bajo el actual modelo económico, ¿hay aún margen para que el crecimiento del PIB genere nuevo empleo? y, a medida que se da la transición y diversificación, ¿cuánto crecimiento se espera y cuanto empleo nuevo se puede generar?
El jueves en el Seminario ANIF/FEDESARROLLO me preguntaron ¿cuál es el “infaltable” en las reformas? Sin duda, la búsqueda de la convergencia nacional, el cierre de brechas de desigualdad y la justicia social, en un entorno de estabilidad y sostenibilidad financiera. Aplaudo el esfuerzo por focalizar a tanta población que no era visible o considerada antes, aplaudo el compromiso por la inclusión, pero también comprendo la necesidad de que la inclusión no se quede en un discurso, sino que sea sostenible en el tiempo y esto exige crecimiento económico y requiere generación de empleo. De lo contrario, las reformas quedarán en buenos propósitos y tensión presupuestal.
Acerca del autor

Marta Juanita Villaveces Nino
Economista, MSc en Política Comparada y PhD en Estudios Políticos. Profesora Asociada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia. Ex Decana de la FCE, Ex viceministra técnica de Hacienda.
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