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Reforma tributaria: carta abierta al presidente Santos

Escrito por Luis Hernando Barreto
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Luis-Hernando-Barreto-NArgumentación cuidadosa de por qué la reforma no podría alcanzar sus objetivos explícitos — bajar el desempleo al 5 por ciento y reducir notoriamente la inequidad en dos años — pues de hecho se limita a reducir los impuestos sobre las rentas del capital.

Luis Hernando Barreto Nieto

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La ideología que orienta esta reforma es la misma que tanto daño hizo al país a comienzos de los noventa y que hoy tiene al mundo desarrollado hundido en la crisis.
Foto: Presidencia.

Señor Presidente:

No es usual que un ciudadano se dirija a usted — por conducto de Razón Pública— para presentar respetuosamente algunas consideraciones acerca de los efectos adversos y contrarios a los objetivos que el gobierno ha presentado al país de la reforma tributaria que hace tránsito en el Congreso de la República.

La razón que me lleva a dirigirle esta carta abierta es la inminencia de que el proyecto se convierta en ley de la República, con las funestas consecuencias que me permito señalar más adelante.

Pesada carga ideológica

Comienzo por señalar que la ideología que orienta esta reforma es la misma que tanto daño hizo al país a comienzos de los noventa y que hoy tiene al mundo desarrollado hundido en la crisis económica más profunda de la historia.

El componente fiscal del Consenso de Washington considera, sin ambages, que los impuestos sobre el capital son indeseables por razones de eficiencia económica y por consideraciones en torno a la competitividad de la inversión extranjera [1]. Postula este consenso que la renta del capital debe estar gravada en la misma proporción que los ingresos laborales.

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El nuevo impuesto para la equidad CREE
no compensará esa reducción debido
a la volatilidad a la que están sujetas
las utilidades de las empresas.
Foto: Presidencia
  

La reforma propuesta va mucho más allá, pues pide reducir el impuesto sobre la renta de los grandes contribuyentes y de las personas jurídicas del 33 al 25 por ciento y, además disminuir los aportes parafiscales y las cotizaciones al sistema de seguridad social en salud que hoy están en cabeza de los empleadores.

El nuevo impuesto para la equidad CREE no compensará esa reducción debido a la volatilidad a la que están sujetas las utilidades de las empresas.

El actual impuesto sobre la renta

Para explicar lo que afirmo debo hacer claridad sobre la estructura del impuesto de renta en Colombia, sobre la cual se aplicará la reforma. El cuadro 1 resume la situación y puede ser leído de este modo:

  • En las columnas se discriminan los contribuyentes entre empresas y personas naturales; y estas últimas se desagregan entre los asalariados y las demás personas naturales [2].
  • En las filas (de arriba hacia abajo) se presenta la forma de determinar la base gravable para liquidar el impuesto de renta (zonas A, B y C). Al final del cuadro (zona D) se muestra el cálculo de 3 tarifas implícitas del impuesto, usando una base distinta para cada una de ellas.

Cuadro 1. Estructura del impuesto sobre la renta

Año promedio 2007-2010
Luis_Barreto_Reforma_tributaria_billones 

Las características más sobresalientes de la estructura actual del impuesto sobre la renta son las siguientes:

  • La renta bruta que producen alrededor de 7.500 grandes contribuyentes y 270 mil personas jurídicas asciende a 899 billones de pesos, mientras que un millón de personas naturales declarantes producen 97,6 billones de pesos de renta bruta en un año.
  • La renta bruta de las personas naturales equivale al 9,8 por ciento de las del capital, y la de los asalariados al 3,25 por ciento. Este hecho es el mismo que a Usted le aterra cuando afirma “que no puede ser que sigamos sustentando el vergonzoso título de ser una de las naciones más desiguales del planeta” [3].
  • Resulta sorprendente constatar ahora lo que ocurre con la renta liquida gravable (fila 8): los 56,5 billones de este rubro representan sólo el 6 por ciento de la renta bruta para las empresas, mientras que esta misma relación es del 38,3 por ciento para los asalariados y del 27,7 por ciento para las demás personas naturales.
  • En otras palabras: los asalariados son el grupo que aporta una mayor porción de sus ingresos para liquidar el impuesto de renta. El recaudo anticipado, ejercido por medio de la retención en la fuente, explica esta situación.
  • La diferencia entre la renta bruta y la renta líquida gravable se explica para todos los contribuyentes por el efecto combinado de dos factores con los que se depura (o se reduce) esta renta:
  1. por un lado se encuentran los costos en que incurren los contribuyentes para generar los ingresos (fila 3);
  2. por otro lado los beneficios tributarios de que gozan los distintos contribuyentes [4] (fila 4).
  • Importa precisar que el 25 por ciento de la exención de que gozan las rentas laborales se justifica porque así se reconocen los costos en alimentación, transporte, vivienda, etc., en los que debe incurrir el asalariado para generar su propio ingreso.
  • Pero no sucede lo mismo con las rentas de capital, cuyos beneficios tributarios son privilegios que representan el 37,7 por ciento de su respectivo valor bruto, por fuera de los costos para reproducirse, y que ascienden a 338,8 billones de pesos.
  • De manera que una base gravable técnicamente depurada sería la renta bruta menos los costos en que se incurre para producir esa renta. Si el impuesto liquidado por cada contribuyente (fila 9) se divide por esta base depurada, se obtiene la tasa implícita del impuesto sobre la renta, sin incluir beneficios tributarios (fila 11).
  • El resultado de esa tasa implícita muestra que los asalariados son quienes más contribuyen a pagar el impuesto de renta en Colombia, pues esta es del 6,1 por ciento, frente al 4,5 por ciento de los grandes contribuyentes y personas jurídicas y del 5,1 por ciento de las demás personas naturales – entre quienes se encuentran los accionistas de las grandes sociedades.
  • Mucho más grave resulta este indicador si el impuesto liquidado se divide sólo entre la renta bruta sin incluir costos (fila 12): por cada 100 pesos de ingresos recibidos por los asalariados, estos pagan 5 pesos de impuesto; mientras que los grandes contribuyentes, personas jurídicas y personas naturales distintas de los asalariados, pagan solo 2 pesos de impuesto por cada 100 recibidos.

Sesgo regresivo

Señor Presidente: lo que nos dicen estas tasas implícitas es que la estructura del impuesto sobre la renta en Colombia es altamente regresiva. Esto quiere decir que en Colombia se incumple la regla de oro de la tributación basada en la capacidad de pago del contribuyente, la cual implica adoptar políticas tributarias progresivas o donde los ingresos en situación desigual reciban un tratamiento impositivo desigual. Es lo que técnicamente se llama equidad vertical.

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La tasa implícita del impuesto
para los asalariados será aún mayor
que la de las empresas.  
Foto: Ministerio de Vivienda
 

Si a lo anterior se añade que del recaudo total de tributos nacionales durante esta década, el 59 por ciento provenía de impuestos indirectos – casi siempre regresivos- hay que concluir que la regresividad del sistema impositivo en Colombia es absoluta.

Esta situación no ha sido ajena a la influencia internacional ni a las recomendaciones del paradigma dominante que aboga, como dije, por desgravar las grandes rentas directas que controlan pocas manos y presiona por la tributación indirecta que, como el IVA, afecta a toda la población sin distingo de estrato.

Agrava la desigualdad en vez de corregirla

En la exposición de motivos del proyecto, en su alocución televisada del pasado miércoles, y el ministro de Hacienda en distintos escenarios públicos, han sostenido que la reforma busca más equidad, más empleo y menos informalidad.

El Impuesto Mínimo Alternativo Nacional (IMAN) pretende reducir la deshonrosa desigualdad en la distribución del ingreso, mediante la redistribución de la carga del impuesto sobre la renta en las personas naturales.

Con el respeto que merecen sus razones, me tomo la licencia de notar que si bien esa progresividad en general la contiene el IMAN, su impacto sólo recae sobre el 9,8 por ciento de la renta total objeto del impuesto. Sobre el restante 91,2 por ciento de la renta, la reforma reduce la carga tributaria, como atrás quedó dicho.

Lo que acabo de señalar ya ha sido estudiado y corroborado por eminentes académicos de la tributación como Richard Bird, quien en su artículo “Redistribution via taxation: the limited role of the personal income tax in developing countries”, concluye que “el impuesto sobre la renta personal juega un pequeño papel en los sistemas tributarios de los países en desarrollo, de modo que sería poco realista creer que este impuesto podría tener un impacto significativo en la redistribución del ingreso”.

En la medida en que la reforma propuesta no pretende modificar la estructura tributaria y, por tanto, no se orienta a corregir las perforaciones de la base gravable causadas por los enormes beneficios tributarios que gozan las rentas de capital, se estima que la tasa implícita del impuesto para estas rentas descenderá al 3,4 por ciento, lo que a todas luces va en contravía de corregir la desigualdad.

Entre tanto, la progresividad propuesta en el IMAN elevará la tasa implícita del impuesto de renta para los asalariados entre el 8 y 10 por ciento [5]; y para las demás personas naturales máximo al 7,5 por ciento, en tanto los dividendos para residentes no se gravarían.

Señor Presidente, estas estimaciones que no hace el proyecto en su exposición de motivos, me permiten afirmar sin duda alguna que la reforma tributaria profundiza la regresividad del sistema tributario y, por ende, también profundiza la desigualdad que se pretende corregir.

Esta conclusión se refuerza con el aumento de la carga tributaria indirecta, con el nuevo impuesto al consumo.

Falta coherencia ideológica y política

Los objetivos laudables de aumentar el empleo y reducir la informalidad encubren la verdadera racionalidad de la reforma: reducir la tributación a las rentas de capital. Pero ha sido Usted mismo, señor Presidente, quien en el pasado ha esgrimido argumentos más creíbles y distintos de los impuestos para enfrentar el desempleo.

Antes de vincularse al uribismo, en su propuesta para rediseñar la doctrina del Partido Liberal en 1999, Usted presentó el modelo de prosperidad social fundamentado en las tesis de la Tercera Vía.

Su diagnóstico sobre el desempleo consistía en que “los mercados internos dejaron de generar la suficiente demanda para absorber la mano de obra que ingresa todos los años al mercado laboral” [6]. Allí mismo reforzó este diagnóstico al considerar que para resolver el problema del desempleo se requerían dos condiciones básicas: altas tasas de crecimiento y “entender que solo una mano de obra bien calificada puede tener futuro en un mundo globalizado en plena era del conocimiento” [7]. Enseguida apuntaló esta idea de forma magistral al concluir que “la carrera hacia el desarrollo depende de la calidad del capital humano, de la tecnología y de la infraestructura” [8].

Estamos de acuerdo en que son estos factores de corte estructural que el Estado puede modificar para reducir de forma permanente el desempleo en un millón o más de personas, y así llevar la tasa de desempleo al 5 por ciento o menos. Donde no coincidimos es en la posibilidad de lograr esta meta en solo dos años a punta de recortes de impuestos a las rentas del capital.

El premio Nobel Paul Krugman ya lo ha dicho para Estados Unidos: “No hay un argumento coherente de que los recortes impositivos debieran ser efectivos. Un dólar más en el gasto público hará más por la economía que un dólar adicional de recorte tributario” [9].

Usted mismo ha dicho que su modelo de prosperidad democrática no es el viejo modelo cepalino ni tampoco el modelo neoliberal [10]. Por eso resulta tan extraña la carga neoliberal que contiene la reforma tributaria, y que contrasta con las medidas progresistas que su gobierno ha venido implementando: entre otras, la restitución de tierras a las víctimas del conflicto y las 100 mil viviendas gratis para los más necesitados.

Además, la desfinanciación que propiciaría esta reforma, calculada por la Contraloría en 6,3 billones de pesos [11], no se compadece con los esfuerzos que su gobierno ha hecho para reducir el déficit fiscal y las necesidades de financiación que requieren no solo las medidas progresistas atrás mencionadas, sino también la unificación de los regímenes de salud que ordenó la Corte Constitucional.

Petición

Ciertamente el país necesita una reforma tributaria, pero de corte estructural que racionalice los privilegios y que sea verdaderamente equitativa. Por eso elevo ante Usted la respetuosa petición de archivar o aplazar el actual proyecto de reforma tributaria, con la seguridad de que son muchos los colombianos que me acompañan en esta súplica.

Se requiere un debate amplio con el Consejo Gremial y con los distintos partidos políticos y sectores representativos de la sociedad civil, para otorgar legitimidad a una reforma de esta envergadura. Lo que no toleraría nuestro país es que se profundizara esa vergonzosa desigualdad social, como Usted la llama, al tiempo que la Nación adquiere el estatus de paraíso fiscal.

Todavía 16 millones de colombianos están sumidos en la pobreza, casi 5 millones en la indigencia. El gigantesco desafío para generar la capacidad humana y dotar al país de la infraestructura necesaria para desarrollarnos sigue vigente. Para enfrentar ese desafío de veras necesitamos un Estado fuerte, pero la reforma en cuestión lo debilita.

Con sentimientos de consideración y aprecio,

* Consultor privado
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