
Reflexiones sobre la IV Reunión del Foro CELAC-UE
Compartir:
Mecanismos de cooperación como el que representa este foro constituyen espacios indispensables para inmiscuir a actores que pueden impulsar un fortalecimiento de las alianzas y agendas que aseguren autonomía, resiliencia y el mantenimiento de los principios y valores en los que se sostiene el sistema internacional en su conjunto.
Durante el 9 y el 10 de noviembre del presente año, tuvo lugar en Santa Marta, Colombia, la IV Reunión del Foro CELAC-UE, un espacio que coexiste dentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que busca establecer lazos interregionales que permitan construir entendimientos y vías de cooperación y coordinación en diversos temas centrales tanto de las propias agendas regionales como de la internacional. En ese sentido, es necesario reflexionar sobre los alcances y las limitaciones de este tipo de foros de diálogo para Latinoamérica, el Caribe y, por supuesto, el país anfitrión.
Uno de los aciertos y ventanas de oportunidad que ha presentado la CELAC desde el año de su creación (2010) ha sido el interés por crear vínculos con actores clave del sistema internacional, sobre todo extrarregionales, en el entendimiento de que la proyección de la región latinoamericana debía pasar forzosamente por el establecimiento de diálogos multilaterales en entornos diversos, multidimensionales y cambiantes en términos geopolíticos y geoeconómicos.
Fragmentación regional y límites del diálogo
No obstante, hay una variedad de elementos en el entorno que pueden actuar como impulsores o como factores que debilitan el alcance de este tipo de foros de diálogo, concertación y coordinación entre agendas de cooperación. El primero de estos elementos es, sin duda, un factor adverso acuciante. Se trata de la fragmentación política regional que no sólo se finca en las orientaciones político-ideológicas de los gobiernos en turno, sino en la imposibilidad y poca voluntad política de utilizar los espacios de diálogo existentes para encontrar puntos de acuerdo que permitan avanzar en el fortalecimiento de posiciones coordinadas, así como de una postura regional frente a un sistema internacional cada vez más cambiante y con múltiples desafíos.
Aunque el intercambio entre Latinoamérica y la Unión Europea (UE) ha encontrado en la CELAC un asidero legítimo, la asimetría existente entre los dos entes regionales, uno institucionalizado y otro informal, basado en la buena voluntad de los gobiernos, puede llegar a mermar el alcance de los acuerdos y a no registrar el impacto de iniciativas como el Global Gateway Investment Agenda. Este último es un proyecto tan importante y decisivo en un contexto marcado por una posición cada vez más hostil del actor preponderante del hemisferio: Estados Unidos.
El segundo elemento que se encuentra como telón de fondo es de alcance sistémico y aunque todavía no tiene efectos contundentes, subraya lo fundamental de la existencia de estos espacios de concertación. El avance de las agendas de derechas alrededor del mundo (negacionistas, conservadoras, nacionalistas y xenófobas) y la puesta en duda de los principios, valores, prácticas e instituciones del sistema internacional, hacen necesarios esfuerzos que destaquen la necesidad de fortalecer y mejorar el andamiaje dentro del cual la sociedad internacional opera. En este contexto, la cumbre de la CELAC-UE tomó una posición clara a favor de estos principios, convencidos de que el multilateralismo y el diálogo, así como la búsqueda de un mundo más justo y equitativo que reconozca la diversidad, aún deben ser las vías y los pilares que sostengan las relaciones y la cooperación entre los Estados. Por lo que, en ese sentido, este tipo de foros también funciona como espacios de disputa con alcances discursivos, pero también normativos.
Dentro de la Declaración Conjunta de la Cumbre CELAC-UE 2025, se hace hincapié en la defensa de los principios del Derecho Internacional, reconocidos por la ONU y otras organizaciones internacionales, tales como la no intervención, la eliminación del uso de la fuerza en las relaciones interestatales, el respeto a la integridad territorial y la resolución pacífica de las controversias. Esto se convierte en un nodo frente a las constantes agresiones de carácter militar en el Caribe, bajo el paraguas del combate al crimen organizado. Este elemento debe destacarse porque la región recibe así un respaldo por parte de la UE en la búsqueda de construir una narrativa distinta que descargue a los países latinoamericanos de la carga simbólica que representa este tema no sólo para las agendas domésticas, sino para su política exterior. Conseguir fortalecer estos canales de diálogo y estos posicionamientos regionales permite construir una autonomía en la toma de decisiones deseable en entornos hostiles, donde el margen de maniobra tiende a ser reducido y a fragmentar posiciones.

Implicaciones para Colombia y la agenda birregional
Esto se relaciona directamente con el tercer elemento que afecta específicamente al país anfitrión de esta IV Cumbre de la CELAC-UE. Colombia, bajo la administración del actual presidente, Gustavo Petro, ha enfrentado varios desafíos que tienen que ver, sobre todo, pero no únicamente, con la esfera de la política exterior. Sin juzgar si el papel de la figura presidencial ha sido afortunado o no, lo cierto es que el peso de las decisiones de esta en temas como la situación entre Israel y Palestina y el intercambio de declaraciones y acusaciones con su homólogo estadounidense ha dejado sentir sus efectos en áreas sensibles de la política colombiana. La decisión del presidente Trump en el mes de septiembre de retirar la certificación de su lucha contra el narcotráfico, y la suspensión de ayuda representan una presión para el gobierno colombiano y hacen que foros como el de la CELAC-UE sean estratégicos no sólo para refrendar la autonomía del Gobierno en su política exterior, sino la posibilidad de establecer canales de diálogo con interlocutores o países like-minded que ven el problema de la delincuencia organizada como un desafío compartido, global, y no como una responsabilidad de un solo Estado.
Así, hubo un impulso al Mecanismo de Coordinación y Cooperación CELAC-UE en materia de drogas y se lanzó la Alianza UE-ALC para la seguridad ciudadana, con el objetivo de mejorar la colaboración en materia de seguridad ciudadana entre la UE y los países de América Latina y el Caribe. Hay que recordar que en la visita de Emmanuel Macron a México y en la reunión con la presidenta, Claudia Sheinbaum, acordaron medidas conjuntas en la lucha contra el crimen organizado trasnacional bajo un discurso de unidad, cooperación y respeto a la soberanía. Sin duda esto es importante para que América Latina y el Caribe encuentren interlocutores dispuestos a cooperar.
Además de otros temas fundamentales como el de la acción climática y protección del medio ambiente; la transición energética y las interconexiones regionales; el comercio, los flujos comerciales y la resiliencia; la seguridad marítima y de la estabilidad regional en el Caribe; la neutralidad del Canal de Panamá y el valor complementario de la cooperación Sur-Sur, Norte-Sur y trilateral y triangular CELAC-UE, la reciente cumbre pone el acento en un tema más básico, pero no por ello más sencillo: el del papel clave de las regiones en el sostenimiento y el fortalecimiento del sistema internacional.
De la misma forma, las regiones y los mecanismos de cooperación, como el que representa el foro CELAC-UE, constituyen espacios indispensables para inmiscuir a diversos actores, no sólo a los Estados, que pueden impulsar un fortalecimiento de las alianzas y agendas conjuntas que aseguren la autonomía, la resiliencia y el mantenimiento de los principios y valores en los que está sostenido el sistema internacional en su conjunto.
Lo anterior se hace necesario para lograr dar cabida a todos los proyectos de Nación que, bajo un mismo paraguas institucional, permita el logro de acuerdos vinculantes que exigan el ejercicio de la corresponsabilidad en la resolución de los desafíos intermésticos, regionales y globales.
Le recomendamos: La crisis económica global que se aproxima
Acerca del autor

Paola A. Hernández
*Maestra en Estudios en Relaciones Internacionales y candidata a doctora en Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
0 comentarios




