¿Reducir el ejército en el posconflicto? Cuatro elementos clave para el análisis - Razón Pública
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¿Reducir el ejército en el posconflicto? Cuatro elementos clave para el análisis

Escrito por Juan Esteban Ugarriza
Fuerzas Militares

Juan Esteban UgarrizaHoy tenemos 40 mil soldados menos que hace cinco años. ¿Es un efecto positivo del posconflicto, o un desacierto ante las nuevas amenazas a la seguridad en las regiones? Aquí, una respuesta basada en el saber, la experiencia y las cifras.

Juan Esteban Ugarriza*

El posconflicto y el ejército

Sorprendió a algunos que el ministro de Defensa, Guillermo Botero, confirmara ante el Congreso que las Fuerzas Militares (FFMM) cuentan con casi 40 mil soldados menos que hace cinco años.

En efecto, la disminución del pie de fuerza comenzó en 2014, tal como muestra la Gráfica siguiente:

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Sin conflicto, se supone que debería haber más presupuesto para la salud, la educación y en general para servicios básicos y planes de desarrollo que mejoren la calidad de vida de la gente. Precisamente por eso, uno de los lugares más comunes al hablar sobre construcción de paz es pensar el fin de los conflictos armados como una oportunidad para redirigir los recursos de la guerra.

Aprender de El Salvador y de Guatemala

Presidente Iván Duque y Ministro de Defensa Guillermo Botero
Presidente Iván Duque y Ministro de Defensa Guillermo Botero
Foto: Cancillería

De manera intuitiva, esto tiene sentido.

Así sucedió, por ejemplo, en El Salvador en los años 90: el frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) acabó por renunciar a su exigencia de que las Fuerzas Armadas fueran disueltas o fusionadas con la antigua guerrilla, a cambio de un acuerdo para reducir su pie de fuerza. También en El Salvador, la nueva Policía Nacional Civil asumió por completo la responsabilidad de mantener la seguridad ciudadana. Como consecuencia del acuerdo de paz:

  • Los miembros de las Fuerzas Armadas se redujeron a la mitad (pasaron de 63 mil a 31 mil entre 1992 y 1993); para mediados de la actual década, los efectivos de las Fuerzas Armadas salvadoreñas sumaban un poco más de 24 mil; y
  • El presupuesto de defensa pasó de 13 por ciento del PIB al 5,4 en unos pocos años.

El caso de Guatemala es similar. El tamaño de las Fuerzas Armadas se redujo en una tercera parte. Pasó de 47 mil a 31 mil entre 1996 y 1997, y el presupuesto de defensa pasó del 1 por ciento del PIB al 0,68.

La manera como se hicieron estas reducciones en las FFMM contribuyó a empeorar la seguridad en uno y otro caso.

Las Fuerzas Militares, sin embargo, mantuvieron un papel protagónico en la provisión de seguridad ciudadana. Apenas en 2018, se retiraron de las calles para dejarle ese papel exclusivamente a la nueva fuerza de Policía creada tras los acuerdos de paz de 1996.

Desafortunadamente, y al revés de lo que esperaban los autores de los acuerdos de paz en esos dos países centroamericanos, la manera como se hicieron estas reducciones en las FFMM contribuyó a empeorar la seguridad en uno y otro caso.

De hecho, El Salvador es hoy uno de los países con una de las más altas tasas de homicidios en el mundo. La violencia organizada se transformó en “maras” o pandillas de gran peligrosidad y en organizaciones dedicadas al narcotráfico. Y aunque los niveles de violencia no son iguales en Guatemala, durante la última década este país figura entre los de más alta tasa de homicidios en América Latina, incluso por encima de Colombia.

Puede leer: Ingreso y formación de las fuerzas armadas.

¿Cuál es el problema?

Cabe aclarar que, aunque los indicadores anteriores de violencia no miden el efecto directo de reducir la tropa, sí revelan las malas consecuencias de una reforma inadecuada sobre la seguridad ciudadana después de haberle puesto fin a la guerra interna.

¿Es mejor entonces no reducir las Fuerzas Militares? El punto que de veras interesa no es meramente el tamaño de las FFMM: el punto es que la reforma militar no puede ser automática ni ciega frente al contexto, ni se reduce a cambiar el número de soldados.

En vez de sólo modificar el pie de fuerza, en uno y otro sentido, hay que entender que el papel de los soldados simplemente no puede ser el mismo en un contexto de conflicto que en uno de posconflicto.

A continuación, presento cuatro elementos clave que hemos aprendido en el marco de nuestro trabajo de investigación y que idealmente deberían ser tenidas en cuenta al discutir la reforma de las FFMM en Colombia —incluida la modificación de su pie de fuerza—

1. Las nuevas formas de la violencia

En Colombia se combinan elementos de conflicto con otros de posconflicto. Las ventanas de posconflicto están limitadas en el espacio y en el tiempo: hay lugares de Colombia donde no hay conflicto, y hay lugares donde el conflicto ha continuado después de los acuerdos.

Cualquier reforma debe ser sensible al hecho de que las FFMM tienen por tanto el doble reto de

  • Enfrentar las amenazas vigentes derivadas del conflicto armado con el ELN, las disidencias de las FARC y la lucha contra ejércitos privados dedicados al narcotráfico y la minería ilegal, y
  • Evitar que se cierren las ventanas abiertas que hacen posible “construir la paz estable y duradera”, o sea lograr que más allá del “posacuerdo” tengamos de verdad un “posconflicto” en todo el territorio nacional.

El tamaño de la tropa es apenas un factor entre otros varios, como el uso de tecnología, o las capacidades logísticas y operativas para enfrentar este nuevo ambiente de “posacuerdo”. Un ambiente que fue definido por la doctrina militar desde 2016 como ‘volátil, incierto, complejo y ambiguo’, y donde las FFMM deben enfrentar amenazas ‘convencionales’, ‘no convencionales’ e ‘híbridas’.

2. La estrategia

Formación de militares para el posconflicto.
Formación de militares para el posconflicto.
Foto: Presidencia de la República

Cada plan militar tiene unas formas y necesidades diferentes, que definen la manera como los soldados deben actuar en el terreno.

En décadas pasadas, por ejemplo, las FFMM se adaptaron al combate con las guerrillas incorporando soldados voluntarios y profesionales, creado unidades de soldados campesinos, reorganizando internamente sus teatros de operaciones y su estructura de mando, etc.

Hoy el Plan Victoria concentra su esfuerzo contra las llamadas ‘guerrillas residuales’ o ‘disidencias’, así como de grupos de delincuencia organizada con expresiones militares.

Una reforma militar que incluya cambios en el número de soldados afectará directamente la estrategia, la operación y la táctica militar, y estas a la vez deberán ajustarse a las nuevas posibilidades.

3. La moral de los soldados

Las ideas de reforma y reducción del pie de fuerza despiertan incertidumbres entre muchos sectores militares acerca de su futuro como individuos y como institución. Si bien muchos lo entienden como un proceso normal en tiempos de posconflicto, en otros dispara temores que son profundos.

Un posconflicto donde los militares sienten que pierden más de lo que ganan afectará la moral de los soldados.

Si a esto se suma la puesta en marcha del sistema de justicia transicional derivada de los Acuerdos de La Habana, y donde miles de militares tendrían que responder por acusaciones criminales, es posible entender que algunos incluso digan en voz más o menos baja que “parece que hubiéramos perdido la guerra”.

Cualquier reducción en la tropa que no disipe estos temores dará más munición a quienes la critican. Y un posconflicto donde los militares sienten que pierden más de lo que ganan afectará la moral de los soldados.

4. La reintegración

No existe el concepto de reintegración a la vida civil para los soldados que dejan la guerra. En casi todo el mundo, el uso de este término se ha limitado al caso de exmiembros de grupos ilegales que dejan las armas.

En vez de “reintegrarse”, los soldados de Colombia acceden a planes retiro asistido que rara vez llaman la atención y poco figuran en la prensa.

La salida masiva de soldados al final de un conflicto armado multiplica los desafíos de adaptación a la vida civil. Pero como este reto no se reconoce ni se asiste de manera adecuada desde lo económico, lo psicosocial y lo ciudadano, podemos estar incubando un problema de manera invisible que sociedades como la colombiana en algún momento tendrán que enfrentar.

Le recomendamos: Las fuerzas armadas en el posconflicto.

El papel principal de las FFMM en el posconflicto es contribuir a un clima favorable y seguro para que florezca un mejor orden político y social. Y eso no se reduce a la derrota o eliminación de las amenazas.

La capacidad de los militares para hacer su contribución debe fortalecerse y no debilitarse luego de un acuerdo de paz.

La sociedad colombiana en su conjunto y sus instituciones, incluida la militar, necesitan sopesar de manera tranquila, seria y responsable las consecuencias de cualquier tipo de reforma, optimizar sus oportunidades y afrontar de manera proactiva los inevitables efectos negativos.

* Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Berna (Suiza) y profesor de la Universidad del Rosario.

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