Redes sociales, política y confianza ciudadana - Razón Pública
Inicio TemasArte y Cultura Redes sociales, política y confianza ciudadana

Redes sociales, política y confianza ciudadana

Escrito por Omar Villota Hurtado
Omar-Villota

Cada vez es más clara la amenaza de las redes sociales y las tecnologías digitales a la información, la democracia y la convivencia entre los ciudadanos. ¿Qué hacer?

Omar Villota Hurtado*

Manipulación y falta de confianza

Según Latinobarómetro, la mayoría de las personas en América Latina no piensa que las redes sociales contribuyan a la participación política: en 2020, el 26,4% de los encuestados opinó que esas redes sí sirven para participar en política, pero el 41,4 % opinó que no sirven y otro 25,6 % opinó que ellas sirven apenas para crear la ilusión de estar participando en política.

Esta opinión está relacionada con la falta de confianza en las instituciones y en los conciudadanos: apenas el 10 % de las personas tienen “algo de confianza” en los partidos políticos y apenas el 12 % opina que se puede confiar en “la mayoría de las personas”.

Quizá estos valores son consecuencia de la “profesionalización de las operaciones de manipulación y desinformación en los medios”, como afirma Craig Silverman, reportero de ProPublica. Por ejemplo, en países como Filipinas o India se venden paquetes especializados en crear tendencias para desinformar.

¿Cómo es posible que la tecnología actual no pueda detectar esa manipulación de la información? Según Silverman, esto se debe principalmente a dos motivos:

  • las salas de redacción tienen pocos recursos para invertir en personas y equipos que detecten este tipo de tendencias falsas; y
  • aunque hay iniciativas para detectar actividad inusual en redes –como el proyecto Botometer de la Universidad de Indiana– existen tecnologías y productos cada vez más sofisticados para manipular el entorno digital sin detección.

La responsabilidad de las redes

En 2021, el asalto al Capitolio de Estados Unidos mostró el peligro de las redes sociales. Según muchos observadores, este hecho obligó a las plataformas tecnológicas a reconocer su responsabilidad, “pues fueron los principales distribuidores de noticias digitales y fuentes de desinformación”.

Facebook prohibió la cuenta de Donald Trump por incitar a la violencia, aunque lo hizo de manera tardía. Twitter marcó las mentiras incendiarias de Trump, después eliminó algunas de sus publicaciones y, finalmente, suspendió su cuenta. Y Parler, una red social popular entre los extremistas de derecha cerró los servicios de alojamiento web después del 6 de enero de 2021.

Es decir, las redes sociales que antes habían sostenido de forma pasiva las publicaciones de Trump abandonaron al creador de contenido más exitoso y, con un solo clic, hicieron desaparecer sus narrativas y conspiraciones.

Pero los medios, acorralados por el poder de las plataformas tecnológicas, ya se había mostrado incapaces de contener la manipulación y las mentiras.

Cinco años antes, esas mismas plataformas habían anunciado que moderarían el contenido y verificarían los hechos que publicaban. La promesa era aumentar la información de calidad y eliminar cualquier información errónea o dañina. Pero todo se quedó en una promesa.

Pero según muchos analistas, el problema no es solo la falta de transparencia de estas plataformas, sino su dificultad para comprender los conceptos centrales del periodismo.

Todo sistema de información digital tiene la posibilidad de clasificar a periodistas y medios y desarrollar algoritmos para recomendar noticias personalizadas y productos de actualidad. Jennifer Grygiel, profesora de la Universidad de Syracuse, presionó a las plataformas para que aprovecharan esa posibilidad y etiquetaran a los medios controlados por un estado, como Russia Today y China’s People’s Daily. Pero quedaron afuera otros medios, como BBC o Voice of America.

Otra contribución que pueden hacer las plataformas para evitar la desinformación es usar herramientas de análisis de contenido de código abierto para “mapear” la cobertura de los medios de comunicación. Estas herramientas tienen cinco funciones básicas: definición de medios, rastreo, extracción del texto, vectorización de palabras y análisis.

Mediacloud, por ejemplo, ha analizado sitios web de izquierda, centro izquierda, centro, centro derecha y derecha. A partir de estas clasificaciones, los investigadores demostraron que los sitios de derecha estaban creando un “bucle de retroalimentación de propaganda” mientras presentaban sus “noticias”.

Foto: Pixabay - Es el peligro global de la manipulación de información que está causando amenazas y pérdida masiva de confianza.

¿Hacia dónde vamos?

La calidad de los contenidos falsos y la facilidad para crearlos han mejorado en los últimos años. Por ejemplo, a través de la tecnología deepfake, las personas pueden propagar con facilidad contenido falso, pero altamente creíble: pueden superponer un rostro a otro cuerpo y falsificar los gestos y las palabras.

El peligro de esta tecnología es evidente: casi cualquier persona puede usar hoy la inteligencia artificial para mostrar a otros haciendo algo que nunca hicieron. Además de poner en riesgo la democracia y la participación política, esta “falsedad profunda” arruina la confianza entre nosotros mismos. Ya no es posible confiar en el entorno inmediato y esto lleva a que las personas se desconecten del mundo.

De modo que es un deber tomar este momento muy en serio y hacerse varias preguntas: ¿cómo renovar en este contexto la confianza en los sistemas e instituciones democráticas?, ¿Y cómo usar las redes sociales para beneficiar a los demás y no para engañarlos? El reto es de todos: gobiernos, académicos y medios deben trabajar activamente para combatir los engaños y las triquiñuelas.

De seguir al paso que vamos, muchas más personas usarán el ecosistema de información digital para desinformar, engañar o recopilar datos personales con el fin de crear desconfianza.

Como ciudadano, espero que el sistema digital sea confiable. Pero tengo que entender que yo mismo constituyo ese sistema y que yo debo producir información confiable primero. Cada vez que comparto contenido, debo preguntarme: ¿qué discurso estoy amplificando al compartir esta publicación?

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies