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Recta final: lo que dicen los programas de gobierno

Escrito por Jaime Acosta
Jaime Acosta

​Lectura necesaria de lo que todo candidato presidencial debe tener: un programa de gobierno. Pero resulta que, fuera del acuerdo con las FARC, entre Santos y Zuluaga hay apenas pequeñas diferencias programáticas y no hay propuestas que transformen al país.

Jaime Acosta Puertas*

Más de lo mismo

Una campaña presidencial concentrada en el juego sucio y en defender o desprestigiar el proceso de paz no dejó espacio para el debate de los problemas y las aspiraciones de una nación emergente en el escenario del posconflicto o de una prolongación del conflicto armado.

Santos busca con convicción la paz, mientras que Zuluaga, con convicción, rompería las negociaciones y perpetuaría el estado anómalo de un país sumergido en la violencia, porque niega que exista un conflicto y por tanto no ve la necesidad de acuerdo alguno. 

Las campañas, por norma constitucional, estaban obligadas a elaborar un plan de gobierno que es la base del plan nacional de desarrollo del triunfador en segunda vuelta. Y si en medio del juego sucio, los candidatos hubieran podido ahorrase esta tarea, lo habrían hecho.

Al leer los programas, uno se da cuenta de que ambos son más de lo mismo de un neoliberalismo precario, sin “fallas de mercado” y con muchas promesas sociales; como si Colombia fuera un país normal con un sólido derrotero democrático, instituciones consolidadas y justas, y con un proyecto de nación definido.

Si por casualidad a los dos candidatos les dieran los programas cambiados, seguramente no se darían cuenta, porque en lo esencial son la misma cosa.  

En Zuluaga no hay política de competitividad ni política industrial para la reindustrialización y para atraer de inversión de alto valor agregado.

Entonces, lo que hay detrás de la virulenta confrontación política es la lucha por el poder entre una clase dirigente tradicional culpable de la violencia, de los rezagos y de las inequidades, y una clase emergente que hace gala de un ultra-conservadurismo conspicuo cruzado por la ilegalidad y la informalidad.

Ambos proyectos tienen un aire de feudalismo rural y urbano, porque la tierra y lo que encima de ella se construye o se destruye sigue siendo el factor de acumulación más importante. Sin embargo, Santos parece querer superarlo, pero Zuluaga desea conservarlo.

Y lo que subyace en los programas en materia de competitividad no son el conocimiento, la creatividad, la cultura, las artes, la innovación o el emprendimiento en torno a una política industrial moderna que desarrolle el campo, las industrias de alto valor agregado y los servicios avanzados.

Según las visiones de los dos candidatos, Colombia seguirá siendo más de lo mismo en los siguientes cuatro años, pues sus programas no sugieren que se empezará una nueva senda de desarrollo porque no están pensados como propuestas para el posconflicto y el largo plazo.


El Presidente Santos reunido con un empresario de
la industria del calzado en el barrio
Restrepo de Bogotá.
Foto: Presidencia de la República 

Zuluaga: la continuidad de Uribe

Lo primero que se encuentra al abrir el programa de Zuluaga son los “tres huevitos” de Uribe: cohesión social, seguridad democrática y confianza inversionista.

Se nota que su programa fue escrito o reescrito por  el ex presidente, pues entre los dos no hay diferencia ni distancia: hay obediencia. Y esta sujeción no sería tan grave si los resultados de los gobiernos de Uribe hubieran sido buenos.

Como Santos fue elegido por Uribe, nunca dijo qué país recibió. Tan solo en el debate de Caracol Televisión de esta semana supimos que en su opinión el modelo económico de Uribe fue un desastre, siendo ministro de Hacienda el ahora candidato Zuluaga.

El programa de competitividad de Zuluaga no analiza el problema de la desindustrialización, pues no lo reconoce, no lo acepta, y por tanto no hay problema que corregir.

El componente de innovación está ausente, y solo alude a un ajuste institucional en el sector de ciencia y tecnología. De esa manera todo consiste en atraer inversión como mecanismo para incorporar tecnología y lograr diversidad productiva, sin una estrategia de creación de capacidades para elevar la competitividad y la productividad.

En su propuesta no hay un re-direccionamiento estratégico de la confianza inversionista, pues cree que es suficiente atraer capitales – sin importar sus encadenamientos o efectos sobre el conjunto de la economía-. Y por supuesto que ningún país del mundo ha logrado crecimientos altos, menos aún, el desarrollo a partir de esta estrategia: ninguno.

La reducción de los gastos de la guerra y su reasignación a otros sectores  permitiría un crecimiento en torno al 5 por ciento, pero solo durante pocos años si  no hay un nuevo modelo de desarrollo productivo.

Entonces, en Zuluaga no hay política de competitividad ni política industrial para la reindustrialización y para atraer de inversión de alto valor agregado. Todo descansa en una intensa campaña publicitaria para impulsar el emprendimiento, pensando que para eso bastarían retoques en la educación tecnológica y en la investigación.

No puede haber emprendimientos avanzados que irriguen la economía si no hay políticas de Estado potentes para mejorar el factor humano, transformar el sistema productivo y convertir los territorios en regiones de la innovación.

Con Zuluaga el país retrocedecería en su senda de crecimiento y perpetuaría un patrón de exportaciones perverso como el que impulsó Uribe, donde predominan el sector minero y el lento crecimiento de las exportaciones de los otros sectores, en contravía de la tendencia mundial de comercio. Esto puede constatarse en el siguiente gráfico sobre las exportaciones recientes de nuestro país:  

 

En materia de TLC, Zuluaga dice que concluirá los acuerdos en negociación y que no habrá nuevos en los siguientes cuatro años; esto es un engaño porque lo que no esté firmado no existe, y si sigue negociando los que están en trámite, habrá nuevos tratados.


El candidato por el Centro Democrático Oscar Iván
Zuluaga, acompañado por Francisco Santos y el
senador electo Álvaro Uribe.
Foto:Facebook Oscar Iván Zuluaga Oficial

Santos: el viejo neoliberalismo

El programa de la reelección tiene la ventaja de estar en plena marcha y por tanto se basa en la continuidad y en la posible corrección de errores. Pero, contrariando uno de sus presupuestos básicos, hay que decir que no basta con que llegue el posconflicto para crecer por encima del cuatro por ciento.

Verdad que la reducción de los gastos de la guerra y su reasignación a otros sectores  permitiría un crecimiento en torno al 5 por ciento, pero solo durante pocos años si  no hay un nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en nuevas actividades, en la innovación y en el desarrollo regional para el campo y las ciudades, que permita el surgimiento de nuevas plataformas productivas urbano–rurales sostenibles.

El gasto social acabará siendo una inversión sin retorno y una gran frustración si no está acompañado de políticas de Estado que aumenten de manera sostenida las oportunidades  para mejorar la calidad de vida de las mayorías.

Con todo y eso, en el programa de Santos se insinúan nuevos aires en algunos ejes de la política de competitividad: consolidar al Banco de Comercio Exterior (BANCOLDEX) como entidad dedicada al desarrollo empresarial, robustecer el Fondo de Promoción de Exportaciones (PROEXPORT) para apoyar a las pymes, fomentar las empresas sofisticadas mediante la Unidad de Desarrollo e Innovación (INNPULSA), fondos de capital de riesgo, y el Programa de Transformación Productiva (PTP).

Sin embargo, esto no arrojará resultados de consideración si se mantiene el marco de las políticas de competitividad e innovación, pues no basta con mejorar las instituciones de ciencia y tecnología y los servicios del SENA (lo único que dice el programa sobre este asunto).

Además, en la propuesta del candidato-presidente se notan dudas para adoptar una política industrial moderna, que mitigue los efectos de la desindustrialización y de los TLC, y reindustrialice la economía.

Y por supuesto que en el programa de Santos no hay nada sobre los TLC, pues es obvio que  seguirá firmándolos y buscándolos, así se lleve por delante el campo y lo que queda de la industria, para hacer de Colombia una economía de comerciantes y nada más.

Solo una diferencia

La gráfica siguiente describe un modelo que combina el enfoque de las políticas de competitividad con la transformación productiva. Pero esto no figura en el programa de Santos y menos en la rudimentaria propuesta de Zuluaga.

A falta de una política industrial que combine la competitividad para mejorar los sectores clave que ahora existen, con una estrategia de transformación productiva para impulsar nuevas actividades y sectores, y su interrelación con los anteriores, los resultados serán magros: simplemente una economía del 4 o del 5 por ciento cuando se silencien los fusiles, pero no una economía del 7 por ciento o más durante un periodo no inferior a 15 o 20 años.

Uno y otro candidato son culpables del rezago de la estructura exportadora de Colombia y de su lento crecimiento, como lo ilustra la siguiente gráfica, donde Colombia aparece de última. Con ese desempeño, el país nunca alcanzará el desarrollo a pesar de la paz.

Santos sigue creyendo en el modelo de las franquicias (aunque Zuluaga cree más), y de los negocios rápidos y fáciles (igual que Zuluaga), en detrimento de la construcción de actividades, sectores y empresas sofisticadas que transformen el sistema productivo.

Esta ambigüedad programática seguramente se debe a que el conductor del programa de gobierno es Juan José Echavarría, macroeconomista impulsor del neoliberalismo de los años 1990, y creyente en que la mejor política industrial es una buena política macroeconómica.

Al parecer, los J.J. resultaron un problema para Santos, aunque este es un J.J. diferente: buen tipo, correcto, inteligente, pero cargado de viejo neoliberalismo. Se nota que está apartado de los textos que hablan de la nueva economía del desarrollo, de la flexibilidad de las políticas industriales y de innovación en un nuevo contexto del capitalismo global.

En resumen: en las elecciones elegiremos entre la paz o la guerra, porque lo demás es más o menos lo mismo.

 

* Consultor e investigador independiente C&I.

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