¿Recesión sin desempleo? Los retos de la política monetaria en EEUU
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¿Recesión sin desempleo? Los retos de la política monetaria en Estados Unidos

Escrito por Jesús Botero García
el Desempleo en Estados Unidos

La inflación acelerada en Estados Unidos, los aumentos en las tasas de interés y la devaluación de las monedas son asuntos que afectan a Colombia de manera decisiva. Por eso importa entender qué está pasando en el país del norte.

Jesús Botero García*

Situación paradójica

La situación actual de la economía de Estados Unidos luce compleja y paradójica.

La inflación llegó a 9,1% en este junio, un nivel no visto desde 1981, lo que sin duda representa un reto gigantesco para las autoridades monetarias. La tasa de desempleo se ubica en el 3,6%, muy cerca de su nivel previo a la pandemia y apenas levemente superior al nivel mínimo de la última década, del 3,5%. La creación de empleo mantiene un ritmo destacado, 372 mil puestos en junio, que se compara favorablemente con un promedio mensual de 197 mil empleos entre 2012 y 2019.

Pero a pesar de esa aparente bonanza, el PIB decrece a una tasa anual del 1,5%, y se teme que, en el segundo trimestre, haya caído en 1,6%. Esto querría decir que la economía ya está en recesión, generalmente entendida como una tasa negativa de crecimiento durante dos trimestres consecutivos.

Las perspectivas han empeorado considerablemente en los últimos meses, debido al enrarecimiento del entorno económico global que ocasionó la invasión de Ucrania y a la política de “tolerancia cero” del Covid-19 en China. Como resultado, el crecimiento anual proyectado para 2022 por los miembros de la Junta del Banco de la Reserva Federal pasó de 2,8% en la reunión de marzo a 1,7% en la de junio, con un leve aumento en el nivel de desempleo esperado, del 3,5% al 3,7%.

El dilema de las autoridades monetarias

Se configura pues un panorama complejo de alta inflación, bajo crecimiento (aunque sin debilitad correlativo ostensible del empleo) y perspectivas negativas, donde a las autoridades monetarias les será particularmente difícil encontrar un rumbo que frene la inflación sin que al hacerlo se agrave la recesión.

Cuán enérgica tiene que ser la respuesta a la inflación, y cómo afectara el desempeño futuro de la economía y del empleo, son sin duda preguntas complejas, que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en inglés) tendrá que responder en sus próximas reuniones, para adoptar su política antinflacionaria. La respuesta a esas preguntas dependerá del análisis de la dinámica inflacionaria, y de la situación real de la economía.

¿A qué se debe la inflación?

En cuanto a lo primero, es evidente que las políticas expansivas de carácter fiscal y monetario han aumentado la inflación, pero también es indudable la importancia de los factores de oferta: los últimos coletazos de la crisis de contenedores a raíz de la pandemia,  las disrupciones en las cadenas globales de valor, el desacople entre China y Estados Unidos y la posterior guerra en Ucrania, tienen alta incidencia sobre la inflación actual, por la vía del encarecimiento de la energía y los alimentos. En este último aspecto vale señalar que la inflación sin alimentos ni energéticos también registra   un aumento importante, aunque con tendencia a moderarse, como lo ilustra la Gráfica siguiente:

Cambio porcentual anual en el IPC, no ajustado estacionalmente. Junio 2021 a junio 2022.

el Desempleo en Estados Unidos
Fuente: Consumer Price Index - June 2022 (bls.gov)

Ahora bien: aunque se considerasen dominantes los factores de oferta, toda inflación persistente acaba por afectar las expectativas y suele desencadenar pujas entre empresarios y trabajadores para ajustar sus ingresos al aumento esperado de los costos. Es un círculo vicioso o una espiral que necesita evitarse, y para eso la política monetaria tendrá que enviar señales claras, impidiendo que se convierta en permanente lo que empezó como un fenómeno transitorio.

el Desempleo en Estados Unidos
Foto: PxHere Un momento sin duda difícil para la economía de Estados Unidos y, por lo mismo, para la economía de todos los países, incluyendo a Colombia.

¿Qué pasa en la economía?

En cuanto a lo segundo, ¿puede estar en recesión una economía que con una tasa de desempleo de 3,6%, y que ha generado un promedio de 457 mil empleos en los seis primeros meses del año, un promedio superior al de cualquiera de los últimos diez años, excepto 2021, el año de la recuperación del coronavirus?

Un factor decisivo para el análisis es la evolución reciente del dólar en los mercados cambiarios y su impacto sobre el PIB: entre diciembre 31 de 2021 y julio 21 de 2022, el índice DXY, que mide la fortaleza del dólar ante otras monedas, ha pasado de 95,670 a 106,544, con un aumento del 11%.

Así pues, el Banco de la Reserva Federal enfrenta un dilema complejo: la urgente necesidad de contener una inflación que se ha prolongado más de lo que se había previsto a finales del 2021; pero al tiempo, los riesgos crecientes de que sus acciones tengan un efecto exagerado sobre el nivel de actividad económica.

Por eso, aunque el consumo y la inversión privada aumentaron respectivamente al 1,8% y al 5% durante el primer trimestre de este año, el PIB, como ya dije, cayó en 1,5%. Esto en parte se debió a la caída de la inversión pública (del 2,9%), pero principalmente a la reducción sustancial de las exportaciones que conlleva el fortalecimiento del dólar. Las importaciones aumentaron en 18,9%, pero las exportaciones se redujeron en 4,8%.

La demanda interna habría mostrado pues un comportamiento positivo, porque los aumentos en consumo e inversión exceden la reducción del gasto público, pero ese crecimiento se habría filtrado al exterior por efecto del fortalecimiento del dólar.

El dilema se agrava

Pero la demanda interna se estaría debilitando, y ello se estaría reflejando ya en la confianza del consumidor (el índice de sentimiento del consumidor de la Universidad de Míchigan pasó de 70,6 en diciembre de 2021 a 50,2 en junio de 2022) y en el ritmo de actividad económica (con el índice de gerentes de compra, PMI, cayendo a 52.3 en julio y mostrando el más bajo   crecimiento de la actividad manufacturera en dos años).

Esta menor demanda interna y el fortalecimiento del dólar que a su vez se ve impulsado por el alza de las tasas de interés en Estados Unidos y los temores de una recesión global que parecen estar convirtiéndolo en moneda refugio, aumentaría el costo de la intervención monetaria en términos de crecimiento económico.

En cuanto al empleo, debe notarse que, a pesar de su tasa reducida, no se ha logrado recuperar el volumen anterior a la pandemia: entre mayo de 2020 y junio de 2022 se crearon 21,5 millones de empleos, pero se habían perdido 22 millones en los meses críticos de la pandemia. Si a ello se suma el hecho de que las solicitudes iniciales de pago del seguro de desempleo han aumentado en las últimas semanas, resultaría que el margen de maniobra para el banco central es menor del que se había creído al principio del año.

Pero en todo caso, la inacción en el frente monetario no es una alternativa, y el FOMC tendrá que enviar señales contundentes. El Banco Central Europeo acaba de aumentar sus tasas en 50 puntos básicos, sorprendiendo a los mercados que esperaban un aumento de 25 puntos y, de paso, poniendo en duda la utilidad de que los bancos centrales anticipen sus acciones futuras (el denominado “forward guidance”) en un entorno tan volátil e incierto como el que vive el mundo actualmente.

Así pues, el Banco de la Reserva Federal enfrenta un dilema complejo: la urgente necesidad de contener una inflación que se ha prolongado más de lo que se había previsto a finales del 2021; pero al tiempo, los riesgos crecientes de que sus acciones tengan un efecto exagerado sobre el nivel de actividad económica. Esta vez el efecto recesivo no resultaría solo de los mecanismos tradicionales que reducen la demanda agregada, sino del fortalecimiento del dólar, que exacerbaría los efectos sobre el PIB por la vía de las exportaciones netas. Y, por supuesto, sobre el empleo, que ha estado asociado hasta ahora con el dinamismo de la demanda interna, pero podría empezar a resentirse por el debilitamiento en los indicadores de confianza de consumidores y empresarios.

Un momento sin duda difícil para la economía de Estados Unidos y, por lo mismo, para la economía de todos los países, incluyendo a Colombia.

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