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¿Quiénes convocan al Paro Nacional del 21-N y por qué?

Escrito por Boris Duarte

Boris DuarteEl alcance de la movilización del próximo jueves dependerá, entre otras cosas, de su capacidad para canalizar la inconformidad con la gestión de Duque. ¿Qué traerá el futuro?

Boris Duarte*

¿Anarco comunistas y vándalos?

Algunos líderes del partido de gobierno —el Centro Democrático—, han querido presentar la convocatoria al Paro Nacional del próximo 21 de noviembre como una conspiración anarco comunista internacional cuya sede estaría en Caracas o en Sao Paulo.

En realidad, se trata de una iniciativa exclusivamente local. El comunicado del comité nacional del pasado 13 de noviembre fue suscrito por más de cuarenta organizaciones, y es apoyado por personalidades de muy diversa índole.

En términos generales, y sin el ánimo de hacer un listado exhaustivo, la jornada ha sido convocada por:

  • Los trabajadores —más de cincuenta organizaciones sindicales—,
  • Las organizaciones de mujeres,
  • Las plataformas que integran el movimiento estudiantil,
  • El magisterio,
  • Los movimientos campesinos y étnicos,
  • Los profesores universitarios,
  • Los empleados de la rama judicial,
  • Las organizaciones comunales,
  • Las organizaciones de artistas,
  • Las corporaciones de teatro y
  • La comunidad LGBTI.

Pero, en gracia de discusión, si se tratara de un ejercicio político convocado por una organización continental identificada con, por decir algo, el pensamiento marxista, ¿cuál sería el problema? ¿Por qué cerrarle el paso a una de las corrientes del pensamiento político que ha hecho tan valiosos aportes a la comprensión de las sociedades contemporáneas y al avance de los derechos humanos?

Se trata de una iniciativa exclusivamente local.

La acusación de los miembros del Centro Democrático es una muestra clara del prejuicio medieval de creer que quienes piensan y hacen diferente son salvajes desposeídos de razón que vienen por nuestras mujeres, nuestra casa, nuestra comida y nuestra riqueza.

Y ellos no son los únicos. También muchos periodistas tratan de desviar la atención y restar legitimidad a la protesta, magnificando lo que denominan “actos de vandalismo” y promoviendo la idea de que las hordas tienen el propósito exclusivo de “establecer un Estado que lo regale todo”.

Este mensaje mediático no tiene otra intención que despojar a la protesta de sus argumentos para reducirla a un acto sin sentido y que es manipulado por poderes siniestros cuyo interés es el caos.

Por eso es tan importante comprender las razones que motivan la protesta social y su significado para la democracia y la construcción de alternativas ante los grandes problemas del país.

Puede leer: Manual para entender las marchas del 21 de noviembre

Las razones de la protesta

Contrariamente a lo que dicen los profetas del anticomunismo, la protesta en Colombia aparece hoy como la respuesta obvia ante el fracaso de un modelo económico y de un régimen político que permitió la captura del Estado y de la riqueza del país por unos cuantos monopolios y mafias.

Las cifras –oficiales- bien lo dicen:

  • La pobreza llegó al 30 por ciento el año pasado, cifra que en algunos departamentos como Guajira y Chocó es superior al 50 por ciento;
  • El desempleo llega ya al 10 por ciento y en el caso de los jóvenes es 17 por ciento;
  • Según la Cepal, en Colombia el 1 por ciento de la población más rica concentra el 20 por ciento del ingreso, lo cual nos convierte en el segundo país más desigual de la región.
Foto: Alcaldía de Bucaramanga
Las reformas pensional y laboral que se han anunciado, la precarización del empleo y el aumento de la violencia
están dentro de las razones de los manifestantes para salir a marchar.

Por otra parte, según informó la Misión de Observación Electoral (MOE), en las elecciones pasadas 461 municipios estuvieron bajo riesgo de fraude electoral y 305 enfrentaron riesgos de violencia y presión por parte de los grupos armados y las redes del narcotráfico. De hecho, la Fundación Pares afirmó que las pasadas elecciones regionales dejaron un saldo de más de veinte candidatos asesinados y por lo menos 150 amenazados. Adicionalmente, en los últimos tres años han sido asesinadas, según Indepaz, más de 800 personas entre líderes sociales, defensores de derechos humanos y excombatientes.

Otros indicadores, como el aumento del precio del dólar y el incremento de la importación de productos de primera necesidad, ponen en evidencia la pérdida del poder adquisitivo del salario de los trabajadores colombianos. Aun así, los gremios económicos, como la ANIF, tienen el descaro de presionar al gobierno para que siga precarizando el empleo y evite un reajuste del salario mínimo de más del 4,5 por ciento. La última perla fue proponer que se permita pagar el 75 por ciento del salario mínimo a los jóvenes de entre 18 y 25 años.

Acuerdos incumplidos y olvidados

Las razones de la protesta están más que claras. Pero hay quienes dudan todavía de que existan motivos para manifestarse en contra de lo que los convocantes del paro han denominado “el paquetazo de Duque, el FMI, la OCDE, el Banco Mundial y el BID”.

Uno de estos “dudosos” es el exministro Darío Lizarralde, quien interpuso demanda ante el tribunal administrativo de Cundinamarca para impedir la realización de paro. Utilizó el argumento de que los líderes de la protesta no han explicado con suficiencia sus razones, y que lo único que cabe esperar de la jornada son desmanes y graves afectaciones a los derechos y al patrimonio público y privado.

El paquetazo de Duque, los acuerdos incumplidos y la defensa de la democracia, de la vida y de la paz son las razones que motivan el paro nacional del próximo 21-N.

Traigo a colación el caso del exministro Lizarralde porque es sintomático de una grave y extraña patología que afecta a casi todos los gobiernos —de “izquierda” y de “derecha”—. Se trata de la ceguera, sordera y pérdida de memoria cuando se trata de dar respuesta a las demandas sociales y de cumplir los acuerdos firmados con la ciudadanía.

Lizarralde, recordemos, fue ministro de agricultura de Santos y su gobierno pretendió hacerse el ciego frente al paro que habían convocado las organizaciones campesinas y étnicas del país en el año 2013. De hecho, el presidente Santos llegó a afirmar que “ese tal paro agrario no existe”.

Pero la movilización fue tan contundente que el Gobierno acabó por suscribir un acuerdo con los y las líderes de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. Valga decir que esos acuerdos se cumplieron apenas parcialmente y que a la larga han sido prácticamente olvidados con el cambio de gobierno.

En suma, el paquetazo de Duque, los acuerdos incumplidos y la defensa de la democracia, de la vida y de la paz son las razones que motivan el paro nacional del próximo 21-N. Es claro que estas razones trascienden los intereses particulares de partidos y gremios y convierten el paro en una jornada general de protesta ciudadana.

Lea en Razón Pública: Reglamentar la protesta social: pero, ¿cómo?

¿Cuál es el alcance del Paro?

Los alcances del paro dependerán de las causas que lo motivan y de su capacidad para canalizar el clima generalizado de inconformidad con la gestión del gobierno Duque.

En primer lugar, ya ha sido una ganancia para los promotores hacer coincidir a distintos sectores en una jornada de movilización nacional y haber ganado el respaldo de muchas personalidades de la política, del arte y del espectáculo. Esto aumenta la potencia de la convocatoria entre las familias colombianas. Cabe esperar entonces una movilización multitudinaria, por lo menos en las principales ciudades del país.

La pregunta que seguirá a la movilización del 21-N es hacia dónde dirigir la ira y la inconformidad del pueblo colombiano. La respuesta no es fácil; sin embargo, se pueden encontrar algunas pistas en las protestas que se han dado en todo el mundo en los dos últimos años, como las de Hong Kong, Portugal, Hungría, Francia, Bélgica, Serbia, Venezuela, Chile y Bolivia, por nombrar solo algunas.

Foto: RTVC
Las marchas del 21N significarán una gran presión para el gobierno Duque.

Una pista importante tiene que ver con la identificación de dos problemas que afectan a todos estos países: primero, la incapacidad de los partidos políticos para canalizar las demandas sociales, que resultó en una crisis de la democracia representativa; y segundo, el fracaso del neoliberalismo, que está acabando con los sistemas de seguridad social y con los derechos de los trabajadores en todo el mundo.

La segunda pista consiste en que -independientemente de si el detonante es un alza en los combustibles, en el precio del transporte público o un recorte de las garantías laborales-, la protesta social en estos países ha sido orientada a:

  • Acabar con la intermediación política buscando ampliar la participación;
  • Crear nuevos vínculos económicos y promover la conversión al uso de energías limpias.

Considero que estos dos factores resultan fundamentales para proyectar la contundencia de la protesta en la coyuntura y la permanencia en el tiempo de los movimientos sociales.

Finalmente, pensando en el mediano y largo plazo y considerando el papel que juegan los jóvenes, las mujeres, las disidencias sexuales y quienes se preocupan por los problemas que trae consigo el cambio climático y el agotamiento de las energías fósiles, las posibilidades de convocatoria de los movimientos sociales dependerá de su capacidad para mantener una agenda que reconozca la importancia de las reivindicaciones de género y ambientales y que garantice mejores y más ágiles procesos de relevo generacional.

*Politólogo y docente de la Universidad Nacional, miembro del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional.

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