¿Qué hubo –y qué sigue- tras el ataque guerrillero en el Cauca? - Razón Pública
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¿Qué hubo –y qué sigue- tras el ataque guerrillero en el Cauca?

Escrito por Juan Carlos Palou
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Análisis esclarecedor sobre los motivos y alcances del ataque de las FARC. Al vislumbrarse el final del proceso, surgen sus dos grandes obstáculos: el cese al fuego bilateral y -sobre todo- los juicios y las penas para los ex comandantes. ¿Qué hacer?

Juan Carlos Palou*

El negociador de las Farc, comandante Iván Márquez (captura de pantalla).

En qué estamos

De los discursos pronunciados por las partes este 20 de abril, al concluir el ciclo 35 de conversaciones de La Habana, se desprenden tanto

  • la frustración de la guerrilla por su fallido intento de lograr un cese de fuego bilateral, como
  • el tenso estancamiento de las negociaciones.

Estas dos circunstancias podrían explicar, al menos parcialmente, la reanudación de las acciones militares por parte de las FARC.

– El discurso de Iván Márquez estuvo lleno de desasosiego. Esto no sería raro ni grave si sus palabras no destilaran cierta pérdida de confianza en la negociación; es como si las FARC hubieran encontrado un muro insalvable en la mesa de La Habana y estuvieran pensando que  la acción militar fuera capaz de obligar al gobierno a cambiar sus posiciones.

El gobierno pierde en Colombia pero va ganando en la mesa de negociación, mientras las FARC pierden tanto en la mesa como ante la opinión nacional e internacional. 

– El discurso de Humberto De la Calle, por su parte, fue duro contra las FARC pero  insistió en que el gobierno mantiene sus posiciones y su estrategia de paz: negociar en medio del conflicto no es el problema sino la solución. Y en efecto: de no haberse acordado que así fuera, las conversaciones casi con toda seguridad habrían terminado a raíz de los sucesos del Cauca.   

En síntesis, el gobierno pierde en Colombia pero va ganando en la mesa de negociación, mientras las FARC pierden tanto en la mesa como ante la opinión nacional e internacional.

En compensación, el golpe militar puede haber aplacado la presión interna de una organización armada que se ve maniatada y asediada por su propia decisión del cese unilateral al fuego.

Sin reciprocidad y sin veeduría

Suele decirse que los discursos y acciones militares de las FARC tienden dos destinatarios: la opinión pública por una parte, y por la otra sus bases guerrilleras y sociales.

Cabe añadir que ante el dilema de decepcionar a alguna de esas dos audiencias, la guerrilla siempre opta por sus bases. Y es natural: el poder de los comandantes reposa en la fuerza armada que ellos controlan y representan; este es un poder cierto y firme en comparación con las preferencias cambiantes y veleidosas de una opinión pública mayoritariamente urbana.

Podría pensarse que los comandantes de La Habana no propiciaron el ataque de Buenos Aires, Cauca, pero tal vez sintieron un alivio cuando ocurrió, pues esta acción demostró  que la guerrilla sigue teniendo el poder de destruir vidas, lo cual para las FARC es un sinónimo de mantenerse vivas.

Es muy probable que el ataque haya logrado acallar la inconformidad de una tropa  guerrillera que es perseguida ferozmente y no percibe los beneficios políticos del cese al fuego unilateral.

La ira en el discurso de Márquez se explicaría porque los comandantes esperaban propiciar el cese bilateral del fuego con su oferta de cese unilateral; ante el fracaso de ese propósito, aspirarían al menos a la creación de una veeduría. Ambas propuestas fueron rechazadas por el gobierno, y por eso Márquez se pregunta indignado cuál puede ser el argumento para que un cese al fuego no pueda gozar de una veeduría que evite muertes como las acaecidas el 14 de este mes. De hecho, se habla de 30 guerrilleros abatidos desde que se declaró el cese unilateral del fuego.

Las FARC pretenden esquivar el costo del fracaso de su estrategia responsabilizando cínicamente al Estado:No puede seguir cayendo el pueblo por la irresponsabilidad de un Estado todos los días más responsable”, dice Márquez. Según esta visión, los daños que producen las FARC son atribuibles al Estado que no se pliega a las demandas de la guerrilla; un argumento impresentable ante la opinión pública, pero que refuerza el imaginario de la perversidad absoluta del Estado

El jefe de la delegación de paz del Gobierno en La Habana, Humberto De la Calle.
El jefe de la delegación de paz del Gobierno en La Habana, Humberto De la Calle.
Foto: Oficina del Alto Comisionado Para La Paz

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El problema de fondo

La explicación principal del desasosiego de las FARC se encuentra hacia el final del discurso de Márquez. 

Citando a Timochenko, Márquez señala que “cada vez el gobierno parece más empeñado en reducir los alcances del proceso de paz a la aceptación de condenas y penas por parte de los mandos guerrilleros (…) Entonces preguntamos ¿Para qué el proceso? ¿Para llevar a Colombia a la paz y a la reconciliación o para conducir a la insurgencia a los tribunales?”

En otro aparte del discurso, el delegado de las FARC señala que el verdadero Marco Jurídico para la Paz es el Acuerdo General de agosto de 2012, y que el sometimiento de los guerrilleros a los tribunales “nunca fue pactado como premisa de las conversaciones”.

De esta manera las FARC descalifican la reforma constitucional que el gobierno impulsó unilateralmente como fundamento de la justicia transicional, y además sientan las bases para una eventual acusación de incumplimiento del Acuerdo General si el gobierno insiste en llevar a los mandos guerrilleros ante los tribunales. ¡Vaya encrucijada!

La reivindicación de una estrategia

De la Calle separa claramente el proceso de conversaciones de La Habana del programa de desescalamiento del conflicto. Considera que los hechos de Buenos Aires desbaratan los avances en el desescalamiento, pero no afectan el proceso de negociación pues “la decisión de las partes fue adelantar los diálogos en medio del fuego”.

También reitera el convencimiento de que esa es la mejor opción para seguir adelante con la negociación y rechaza la posibilidad de imponer cronogramas unilaterales. No obstante, invoca la necesidad de acelerar las negociaciones para evitar nuevos hechos que agoten la paciencia de los colombianos.

De la Calle señala que “la justicia no es la hermana menor de la trilogía de la justicia transicional. La justicia transicional es también justicia”. He ahí el muro que parece insalvable para las FARC. He ahí la verdadera encrucijada de la negociación y el motivo del estancamiento.

Es claro que el desescalamiento del conflicto produce réditos inmediatos, sobre todo para las poblaciones ubicadas en las regiones de conflicto. Pero al mismo tiempo aumenta la vulnerabilidad del proceso de La Habana, debido a que rompe parcialmente la incomunicación entre la mesa de conversaciones y el campo de batalla, como se puso en evidencia en los ataques del Cauca.

Tal vez la mejor justificación del proceso de desescalamiento la da el representante residente de Naciones Unidas, quien dijo que “en muy pocos casos el fin del conflicto llega con una firma de un día para otro”. Más bien se trata de un proceso acumulativo de construcción de confianza porque no se puede tener un tren del conflicto a 200 kilómetros  que de un momento a otro va a parar”.

Las medidas de desescalamiento implican compromisos recíprocos por fuera de la mesa. La feroz oposición política que enfrenta el gobierno hace difícil asumir esos compromisos, porque siempre serán interpretados como gabelas al terrorismo o como concesiones que debilitan la seguridad ciudadana.

El Presidente Santos y el Mindefensa Carlos Pinzón visitan a los soldados heridos en el atentado en el departamento del Cauca.
El Presidente Santos y el Mindefensa Carlos Pinzón visitan a los soldados heridos
en el atentado en el departamento del Cauca.
Foto: Presidencia de la República

La convergencia de las partes

Descartando la inconveniente posibilidad de acordar un cese al fuego bilateral, que sería un riesgo mortal para el proceso, es necesario explorar posibilidades para el desescalamiento, salvaguardando las negociaciones de los altibajos en el campo de batalla y de los siempre previsibles accidentes del proceso.

La buena noticia transmitida por los discursos es que ambos reafirman el compromiso con la mesa de La Habana y ratifican la voluntad de mantener las conversaciones. En cuanto a la guerrilla, es loable su decisión de continuar con el cese unilateral del fuego.

Pero esa buena noticia no puede hacernos olvidar que se está abordando en la mesa de La Habana uno de los temas más delicados del proceso: ¿Se someterán los guerrilleros a los tribunales del Estado en desarrollo de la justicia transicional? ¿Aceptarán la imposición de sanciones por hechos delictivos cometidos bajo la bandera de la revolución social?

Los hechos de Buenos Aires desbaratan los avances en el desescalamiento, pero no afectan el proceso de negociación

A ese respecto, al gobierno podría sugerírsele que tenga en cuenta la opinión de una experta en el proceso Surafricano quien afirma que “es importante desarrollar soluciones individuales y no ser presionados por la comunidad internacional”.

También parece conveniente que el gobierno asuma el propósito del desescalamiento con mayor sentido de la reciprocidad, pues de lo contrario se puede enviar un mensaje de exceso de asimetría en los sacrificios que puede resultar humillante para la contraparte.

En cuanto a las FARC es sin duda conveniente que se mantengan en sus aportes unilaterales al desescalamiento humanitario del conflicto, pero también que reconozcan que el futuro de su seguridad jurídica dependerá de que no haya una discordancia muy grande entre los estándares internacionales de justicia y los que se les apliquen efectivamente, pues podrían pasar el resto de sus días defendiéndose de investigaciones y acciones judiciales.

Además, deberían ser más persistentes en el propósito de ganarse a la opinión pública, cuyas actitudes y opiniones no son el producto exclusivo de la manipulación mediática y la falsa conciencia. 
 

* Consultor independiente.

 

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