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Psiquiatra busca asilo

Escrito por Hernando Llano
Hernando LLano

Hernando LLanoCon la desmovilización falsa de unos supuestos guerrilleros y con la huida del ex Comisionado de Paz se han puesto al descubierto los contrasentidos y las falacias de la Seguridad Democrática, pero también los de la justicia colombiana.

Hernando Llano Ángel *

Maroma política, paradoja judicial

La parábola de Luis Carlos Restrepo es también la paradoja de la “Seguridad Democrática”. La de una política que en su obsesión por negar la existencia del conflicto armado, acabó por armar una compañía de utilería de las FARC, bautizada “Cacica La Gaitana”, para demostrar que la ley 975 — eufemísticamente llamada de Justicia y Paz, pues no trajo ni lo uno ni lo otro — no había sido cortada a la medida para los grupos paramilitares.

Irónicamente, hoy el ex Alto Comisionado de Paz se encuentra huyendo de la justicia, no por las numerosas irregularidades que se cometieron en Santa Fe de Ralito, sino por la burda puesta en escena — que incluía una aeronave igual de falsa — de una desmovilización de supuestos guerrilleros arrepentidos de las FARC.

No podía ser mayor la paradoja de nuestra justicia: ante su incapacidad de investigar y juzgar de veras a los criminales de guerra y de lesa humanidad, concentra su atención en quien contribuyó a desmovilizarlos, así fuera utilizando falsos juegos de roles, tan útiles en la psicología como peligrosos en la guerra.

Por eso hoy es casi imposible discernir en dicha “desmovilización” en dónde termina la realidad y comienza la invención, cuándo sus actores dicen la verdad o cuándo mienten y – lo que es más grave y más difícil- establecer la autenticidad, inocencia o culpabilidad de los implicados.

Esto es así porque la desmovilización superó con creces el ámbito de lo judicial y fue, antes que otra cosa, una apuesta política deliberada y por lo mismo una invención de la realidad. Lo que ella pone en cuestión es la misma existencia de lo que se investiga y juzga.

¿La realidad real o la de Restrepo?

Y éste precisamente es el objeto de la psiquiatría, en tanto trata de determinar la salud o la enfermedad del paciente: ¿Hasta qué punto reconoce la realidad que comparte con sus semejantes o la confunde con el mundo ilusorio o patológico de sus obsesiones?

luis carlos restrepo
Restrepo afirma que si viene a Colombia lo matan. Lamentablemente no da pistas de a quiénes teme, ahora que abundan las venganzas criminales.

Por el último comunicado de Luis Carlos Restrepo, donde se autoproclama perseguido político y tilda a la Fiscalía “empresa criminal”, parece que el asunto es grave. De vida o muerte, pues el mismo Restrepo afirma que si viene a Colombia lo matan. Lamentablemente no da pistas de a quiénes teme, ahora que abundan las venganzas criminales.

Seguramente por ello está en busca de asilo, no propiamente hospitalario, sino político. El Estado que se lo conceda, reconocerá entonces que Restrepo goza de plena salud mental y que las autoridades judiciales y el mismo Estado colombiano están locos, pues lo persiguen con saña. Empezando por Juan Manuel Santos, que preside el país de la mentira, según el diagnóstico del psiquiatra.

La pregunta es, entonces, ¿Cuál es la realidad en que vivimos? ¿La que define Luis Carlos Restrepo o la que todos compartimos con estupor y sorpresa?

Lo que está en entredicho es la realidad política y judicial en que vivimos los colombianos, puesta en duda por el psiquiatra y filósofo Luis Carlos Restrepo, otrora líder de la insurgencia civil y la ternura democrática, junto a la inteligencia superior de Álvaro Uribe y la menor pero eficaz de José Obdulio Gaviria. Por eso mismo, el asunto es mucho más trascendental que la inocencia o culpabilidad de Restrepo, pues se trata nada menos de saber en qué realidad vivimos y quiénes somos los enajenados.

La verdad ciudadana

cacica gaitana
Sin duda, la “desmovilización” de la compañía “Cacica La Gaitana” es apenas un acto, quizá el más grotesco, de una obra mayor llamada “Seguridad democrática”.

La verdadera cuestión no es saber si nos engañaron con la desmovilización de la compañía “Cacica La Gaitana”, o si la Fiscalía pretende engañarnos ahora. Si Olivo Saldaña era o no guerrillero de las FARC, si miente o dice la verdad, o cuántos de los desmovilizados eran guerrilleros feroces o pordioseros famélicos. No.

La cuestión es saber cuál es la verdad política. Y esto no depende de una sentencia judicial sino del juicio ciudadano. Porque no podemos seguir pensando que nuestra realidad se define en los estrados judiciales y no en nuestras mentes, decisiones y acciones.

De insistir en el extravío que confunde la responsabilidad política con la culpabilidad penal, la Fiscalía corre el riesgo de someter a un juicio implacable a quien desmovilizó a criminales de guerra y de lesa humanidad, cuya mayoría no ha podido juzgar por congestión o incompetencia institucional, y en su lugar condenar a quien participó como Alto Comisionado de Paz por delegación y en representación de Uribe en un macabro juego de rol del cual ahora no puede evadirse.

Locura es la impunidad

Los principales jefes de las AUC fueron extraditados por Álvaro Uribe para ser condenados como narcotraficantes en Estados Unidos, ocultando así la verdad que todavía nos deben a los colombianos, especialmente a las víctimas, sobre la identidad de sus cómplices en el poder político y económico. Ellos fueron los mismos que justificaron su empresa criminal, primero bajo el manto de las “Convivir” que promovía el propio Uribe, y disfrazándose después de sediciosos por su lucha contrainsurgente, como fue aprobada la ley 975 de 2005, bajo la égida de la “seguridad democrática”.

Allí es donde se encuentra el origen de toda esta locura, en la impunidad política más que en la judicial. En considerar que es más grave narcotraficar que masacrar, despedazar y desaparecer a miles de compatriotas, porque “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

paras extradicion
Los principales jefes de las AUC fueron extraditados para ser condenados como narcotraficantes en Estados Unidos, ocultando así la verdad que nos deben a los colombianos.

Sin duda, la “desmovilización” de la compañía “Cacica La Gaitana” es apenas un acto, quizá el más grotesco, de una obra mayor llamada “Seguridad democrática”, que hoy se revela como una tragedia, pues está llevando a sus protagonistas de la gloria celestial de gobernar al purgatorio de ser juzgados por sus conciudadanos y eventualmente condenados en el infierno histórico de la ignominia.

Entre tanto, un gran número de sus actores de reparto y utileros, que contribuyeron a levantar ese portentoso escenario de odio y crueldad que tan bien oculta la realidad, hoy padecen la frialdad del exilio y la soledad de los calabozos. 

* Politólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Profesor Asociado en la Javeriana de Cali. Socio de la Fundación Foro por Colombia, Capítulo Valle del Cauca y publica en el blog: calicantopinion.blogspot.com.

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