Primera convención nacional feminista: ¿feminizar la política? - Razón Pública
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Primera convención nacional feminista: ¿feminizar la política?

Escrito por Angélica Bernal Olarte
Angelica Bernal

Las candidaturas de mujeres a la presidencia no son nuevas y no deben ser resaltadas como si lo fueran. Además, el término “feminizar la política” puede jugar en contra del feminismo.

Angélica Bernal*

Candidaturas y representación de las mujeres

El 5 y 6 de abril en Honda, Tolima el movimiento político Estamos Listas llevó a cabo su primera Convención nacional feminista donde se proclamaron dos candidaturas presidenciales. Este hecho permite entender la relación entre las mujeres y la política.

Muchos de los trabajos académicos sobre el tema han dejado en evidencia la histórica exclusión de las mujeres de los escenarios de la política y de los cargos de decisión política. En el caso de Colombia, el número de mujeres en el Congreso nunca ha superado el 23%. Apenas ha habido gobernadoras o alcaldesas, y nunca hemos tenido una presidenta. Hablamos aquí de lo que María Emma Wills denomina “presencia”, que es la ocupación de estos espacios por mujeres.

Pero esa “cuota” o esa presencia femenina no es lo mismo que la representación de las mujeres, es decir la defensa de los derechos, necesidades, demandas e intereses de las mujeres en su pluralidad, para lo cual el análisis no se puede circunscribir al número de mujeres elegidas o designadas en cargos de decisión.

Por el contrario, tendríamos que hablar de la lucha para lograr reformas legales, políticas y marcos de acción que eliminen o al menos reduzcan las brechas de desigualdad que siguen determinando la vida de amplios sectores de mujeres.

La tensión entre presencia y representación que tan claramente estableció Wills permite analizar las candidaturas a la presidencia de mujeres más allá de las alegrías que trae que la agenda feminista cobre protagonismo en la contienda electoral.

Mujeres en política

Hay tres puntos importantes para entender la importancia de la presentación de las candidaturas de Francia Márquez y Ángela Robledo a las elecciones presidenciales de 2022.

En primer lugar, voy a describir algunos hechos que permiten reconocer la lucha histórica de las mujeres en el campo político de modo que se recuerde el camino recorrido.

En segundo lugar, quiero señalar el problema que implica considerar todo avance de las mujeres en el campo político como pionero y sin antecedentes.

En Colombia seguimos lejos de la presencia femenina en la política, no hablemos ya de la representación de una agenda feminista

Por último, hablaré de la necesidad de combatir los estereotipos que siguen señalando la presencia de las mujeres como una anomalía o algo excepcional que debe ser destacado una y otra vez. Estos estereotipos incluyen aquellos que incluyen la idea de “feminizar la política”, una expresión usada con frecuencia en las últimas semanas.

El siglo XX en Colombia fue un periodo de luchas y grandes logros para las mujeres, entre ellos de derechos políticos como el voto en 1957. La presencia pública de las mujeres fue permanente y se dio en el marco de movimientos tan importantes como el sindical, el campesino, los movimientos revolucionarios y de militancia de izquierda, por nombrar algunos.

En materia electoral hay que señalar la candidatura a la presidencia en 1974 de María Eugenia Rojas por el partido ANAPO, la de Socorro Ramírez en 1978 en nombre del Partido de los Trabajadores, pero con una militancia feminista pública.

Después vinieron varias candidatas por diversos movimientos, algunos tradicionales y otros nuevos: Noemí Sanín, Ingrid Betancourt, Martha Lucía Ramírez, Clara López Obregón, Myriam Pinilla, Piedad Córdoba, Claudia López, Vivianne Morales, entre otras.

Esta lista de mujeres puede ser corta, pero permite afirmar que no hubo que esperar hasta 2021 para contar con candidatas mujeres, pero tampoco para contar con candidatas feministas. Como se mencionó, Socorro Ramírez y Piedad Córdoba defendieron desde sus orillas aspectos centrales de la lucha política feminista.

No se puede perder de vista que algunas mujeres presentes en la política no defienden agendas vinculadas a la lucha feminista, y que de hecho están en contra de ellas. Por eso es importante remarcar la diferencia entre presencia y representación.

Otro antecedente importante y es la existencia previa de un movimiento político de mujeres: el Movimiento Político Mujeres 2000 que articuló las luchas de mujeres campesinas, comunitarias y de sectores populares en un intento de incursión electoral en Cundinamarca y Bogotá.

Con una agenda a favor de los derechos de las mujeres, el Movimiento Político Mujeres 2000 presentó candidaturas a concejos municipales, alcaldías e incluso en las elecciones de 1998 presentó listas a Senado y Cámara. Ésta última fue encabezada por Zulia Mena García. Si bien no tuvo éxito en las elecciones nacionales si lo tuvo en lo local obteniendo algunas curules en Concejos Municipales.

Foto; Facebook - Mujeres 2000 No hubo que esperar hasta 2021 para contar con candidatas mujeres, pero tampoco para contar con candidatas feministas.

¿Es excepcional?

Es muy común que cuando se habla de mujeres en política se aluda o note su excepcionalidad, lo novedoso de su presencia o la falta de precedentes. En mis propios trabajos encontré cómo se registraba a Dilian Francisca Toro como la primera mujer presidenta del Senado en 2006 cuando en realidad la primera había sido Claudia Blum (2005). Después en el 2007 cuando la presidenta del Senado fue Nancy Patricia Gutiérrez, también se señaló la importancia de que por “primera vez” una mujer estuviera a la cabeza del cuerpo legislativo.

Este ejemplo sirve para mostrar cómo parte de la exclusión política de las mujeres tiene que ver con su invisibilidad en la narración ordinaria de la política.

Parece que siempre hay que señalar el hecho de que son mujeres, de que ocupan algún cargo por primera vez o de que son las primeras. Desde el lenguaje mismo su presencia sigue siendo sorprendente.

Esto es comprensible en la cultura mayoritaria, pero no en el discurso de políticas que pretenden mostrarse como pioneras como parte de su campaña electoral. Esto a la larga desvirtúa la larga lucha por lograr una inclusión plena de las mujeres desde el reconocimiento de son sujetos políticos, ciudadanas y por lo tanto su presencia pública no es excepcional ni una rareza.

Los estereotipos

En tercer lugar, quiero señalar algunos ejemplos que muestran la persistencia de algunos estereotipos arraigados que refuerzan la idea de que la política no es un escenario adecuado para las mujeres.

Por estos días he recibido algunas llamadas de periodistas preguntándome por la Primera Convención Nacional Feminista y por mi opinión acerca de las candidaturas de Márquez y Robledo. Me preguntaron si no se habían apresurado, si era positivo que expresaran tan abiertamente sus ambiciones electorales y si estaban preparadas.

Al responder esas preguntas señalé que estamos en campaña electoral y que ya varias figuras públicas masculinas han presentado sus candidaturas, pero ninguno de ellos ha sido criticado por apresurarse, por si está listo o por si es negativo hacer públicas sus ambiciones personales.

Esto resulta hasta simpático, en un país donde hombres con muy poco mérito ocupan incluso el cargo más importante de la Nación.

Ojalá esto nos sirva para normalizar la presencia política de mujeres, que no nos pensemos como recién llegadas sino como protagonistas de importantes luchas y con la posibilidad de competir en la política electoral y de ser parte de la acción política colectiva tan necesaria en este momento en Colombia.

Parte de la exclusión política de las mujeres tiene que ver con su invisibilidad en la narración ordinaria de la política

El feminismo es un campo plural, de disputas de sentido y que se mueve tanto por los mecanismos institucionales de la política formal como por otras vías de lucha más comunitarias, cívicas, culturales y artísticas, desde las universidades y desde diferentes organizaciones étnicas y sociales.

De ninguna manera lo electoral agota al feminismo ni la acción política que en ocasiones llega incluso a rechazar la interlocución con el Estado ya que no lo validan como medio para eliminar las injusticias que afectan a las mujeres.

El problema de feminizar la política

Para cerrar quiero señalar el problema que implica hablar de “feminizar la política” —expresión que la propia Convención Nacional Feminista ha repetido en estas semanas —.

“Feminizar” per se no es un atributo positivo: de hecho, tiene que ver mucho más con la opresión y la subordinación que histórica y culturalmente hemos combatido.

Lo femenino no es una esencia propia de los cuerpos feminizados que haya que reivindicar. Por el contrario: ha sido más una camisa de fuerza para controlar y regular las experiencias vitales de las mujeres.

Considero que la oportunidad de contar con candidaturas con agenda feminista en una contienda electoral debe servir precisamente para escapar de la unidimensionalidad que tradicionalmente se atribuye a lo femenino y mostrar cómo la agenda feminista no es apenas para las mujeres sino una agenda para el cambio social, para la desestructuración de las relaciones de opresión, dominio, violencia y explotación que siguen condenando a miles a vidas indignas y a la pobreza.

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