Premio Nacional de Poesía: “Se permite el uso de herramientas de Inteligencia Artificial”
Foto: Ilustración: Scribbr.

Premio Nacional de Poesía: “Se permite el uso de herramientas de Inteligencia Artificial”

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Las bases de convocatorias nacionales de literatura y otras artes admiten, con ciertas condiciones, el uso de la IA en los trabajos participantes. ¿Adaptación a los tiempos o descuido por parte de unos reglamentos casi inamovibles? Un poeta y escritor cuestiona el uso, en el oficio intelectual y creativo, de una tecnología señalada de usurpar las creaciones humanas para alimentar sus modelos.

“Se permite el uso de herramientas de Inteligencia Artificial”: la declaración o el permiso figura en las bases recién lanzadas de un concurso nacional de poesía de Idartes y se repite con diferencias en otros del Ministerio de Cultura, y dudo que tenga una repercusión inmediata distinta a sumar agobio a la labor de los jurados y difuminar la confusión o la trampa de algunos trabajos participantes. Pero dejando de lado sus consecuencias (que a la larga serán aceptadas), considero una grave falta de criterio que una convocatoria de poesía, literaria o artística se declare afecta al uso de la IA, una “herramienta” cuyos sistemas han violado masivamente los derechos de autoría de artistas de todo el mundo en todas las modalidades.

Poco importan los malabares (“siempre y cuando el participante tenga en cuenta…”) que invitan a hacer lo que sea como sea en un asunto cargado de opacidad y engaño. Es imposible determinar si una pieza escrita ha sido producida 100 % o 5 % con IA, pero por eso mismo sería valiosa y quizás original una postura menos condescendiente, en especial si el concurso lleva el nombre de una poeta extraordinaria o quiere tener él mismo un nombre propio. En un ejercicio de escritura a puerta cerrada cuyo destino sea la papelera, resultaría menos diciente o menos exaltador, pero en una convocatoria pública que otorga millones de pesos y notoriedad (ferial, al menos) podría pensarse mejor. Podría pensarse.

Algo que siempre me ha llamado la atención de las convocatorias literarias es que sus bases parecen hechas por una misma entidad o, digamos, una misma suprainteligencia. ¿Cómo explicar, si no, la fijación con la condición inédita de los trabajos concursantes (100 % inéditos, exigen, como si conocieran todo lo escrito y por escribir en nuestra lengua en cualquier soporte)? Los requisitos de postulación también son inflexibles con el anonimato de los autores (como si ya no supiéramos de la tendencia de ciertos concursos a premiar a sus amigos o aferrarse a burdos parámetros de calidad); pero ante la presencia de la IA se abren de inmediato a lo nuevo, no vaya a ser que el público los juzgue de desactualizados o que los escritores que han visto la IA como un subterfugio para su imaginación se sientan excluidos.

Tal vez haga falta aclarar que no descarto el uso de la IA para algunas insufribles tareas diarias o el trabajo engorroso (de hecho, ya la usamos al pestañear sin darnos cuenta). Pero en la escritura tiene una dimensión ética y estética que los organizadores de concursos literarios o artísticos no deberían menospreciar (lo mismo en la fabricación de audios, imágenes o videos sintéticos): la IA roba, traga y escupe el amasijo que procesa a partir de un ‘prompt’, que es como le llamamos a las peticiones o ruegos que le hacemos. Son datos ultraprocesados de un cerebro podrido diseñado por ladrones de datos personales, los embaucadores tecnológicos que han sofisticado las estrategias para mantener a personas de todas las edades cautivas en un aparato.

La IA carece de intelección. De organicidad. De cuerpo. De vida. Puede servir para resolver un trámite que al terminar olvidamos, del mismo modo como sirve googlear un dato o una información cierta o engañosa. Pero no puede ni podrá hacer poesía ni aunque lo arrojado nos suene remotamente ‘poético’. No es una aliada del lenguaje ni de nada. Es —o en eso trabaja— el acabose del pensamiento y la imaginación, y supongo que por eso, y por integrarse a los poderes de la guerra y la destrucción que ésta demanda de lo humano, nos fascina.

Una escritura que quiera ser poética, literaria, consciente y humana se opone radicalmente a la IA como a la estupidez. La escritura es del corazón: no es procesadora de datos. Incluso si quieres ser una máquina necesitas corazón, pues para querer ser algo hay que ser humano y animal, planta o incluso roca, no algoritmo. Esto no parece ser obvio ahora. Y creo que los concursos literarios (algunos ya se oponen) podrían más bien reconsiderar la estaticidad de todas sus demás bases antes de posar de espíritus frescos y adaptados a los tiempos, y de comenzar a aceptar la mediocridad decretada por los billonarios del mundo y sus redes sociales.

Aunque no sea demostrable que un texto haya sido entera o parcialmente producido con inteligencia artificial, lo que sí podemos detectar, discutir o pensar es si está bien o mal escrito, o cómo está escrito, o qué hace única a esa escritura. De paso podemos, bajo riesgo de cometer un nuevo pecado capital, revisar las denominaciones recurrentes, todas impositivas y despóticas, que sabemos y no sabemos a qué aluden: “inteligencia artificial”, “red social”, smartphone, así como sus múltiples derivados, que han apelado, con terrorífico acierto, a nuestra degradación intelectual y a nuestra aspiración por vender o vendernos. Si ya nos rebajamos a usarlas, ¿por qué consentir que nos sigan maniatando? Hay que decírselo a los responsables de estos concursos: aventúrense a premiar —a leer— textos literarios, no piezas generadas y genéricas.

Le recomendamos: António Lobo Antunes: silbar en la oscuridad

* *Una primera versión de este texto se publicó el 18 de marzo de 2026 en Contexto Media.

Acerca del autor

Kirvin Larios
klarios@razonpublica.org | + posts

*Escritor y periodista cultural nacido en Barranquilla. Autor del libro de relatos Por eso yo me quedo en mi casa. Ganador del Tercer Concurso de Crítica Literaria de la revista mexicana Letras Libres y el Premio Nacional de Periodismo Digital Xilópalo.

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Kirvin Larios

*Escritor y periodista cultural nacido en Barranquilla. Autor del libro de relatos Por eso yo me quedo en mi casa. Ganador del Tercer Concurso de Crítica Literaria de la revista mexicana Letras Libres y el Premio Nacional de Periodismo Digital Xilópalo.

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