Posconflicto: lo que se ha ganado, lo que está por ganarse - Razón Pública
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Posconflicto: lo que se ha ganado, lo que está por ganarse

Escrito por Daniel García

Implementación de la Reforma Rural Integral.

Daniel GarciaLa firma del Acuerdo es una oportunidad excepcional para la necesaria transformación de Colombia. Pero todo depende de la seriedad del gobierno y de las FARC en cumplir sus compromisos, y sobre todo de la presión del pueblo colombiano.  

Daniel García-Peña*

Post-acuerdo pero no posconflicto

El término “posconflicto” se ha venido instalando con fuerza en el vocabulario de los colombianos. El gobierno dice que con la firma del Acuerdo Final con las FARC se acabó la guerra es decir, que pasamos a una etapa posterior al conflicto. Mientras tanto los medios masivos hacen eco de la idea de que ya llegó la paz y hasta tenemos un ministro consejero para el Posconflicto.

Pero lo cierto es que aún no estamos en el posconflicto. Una cosa es el fin del enfrentamiento armado con las FARC y otra muy distinta el fin del conflicto. Aunque ponerle fin a la confrontación militar es un paso gigante, todavía se mantienen los enfrentamientos armados con el ELN y con el EPL, para no hablar de los neo-paramilitares, las bacrim, el narcotráfico y demás productores de violencia.

Por otra parte la superación del conflicto armado con las guerrillas no equivale al fin del conflicto social y político del país, el cual continúa, se transforma y probablemente se agudizará a medida que se abran más espacios de participación política que no estén restringidos por la intimidación de la violencia.

Por eso es preferible hablar de post-acuerdo con las FARC y de preacuerdo con el ELN para caracterizar el momento que estamos viviendo, una etapa crucial de un proceso largo y complejo de tránsito hacia la democracia sin armas. 

Esta no es una discusión semántica superflua. Precisar los términos es clave, particularmente en estos tiempos de “posverdad” cuando se construyen imaginarios colectivos desconectados de la realidad. Es cierto que en la actualidad los hechos pasan a un segundo plano, desplazados por las emociones y los estereotipos. Y esto tiene consecuencias: pensar que ya estamos en el posconflicto puede crear expectativas irreales que pronto se convertirán en frustración y que pueden ocultar los verdaderos retos que  enfrentamos.

Se hace paz al andar

Firma de los Acuerdos de Paz logrados con las FARC.
Firma de los Acuerdos de Paz logrados con las FARC.  
Foto: Presidencia de la República

Lo que se ha logrado y lo que se está logrando con las FARC es de un inmenso valor histórico, pero los beneficios para la sociedad colombiana en su conjunto y para los sectores populares en particular solo se verán en el mediano y largo plazo y dependerán en gran medida de lo que suceda en 2018.

La implementación de los acuerdos será un terreno de aguda disputa política y social, pues  desde el comienzo mismo de las negociaciones se han enfrentado dos visiones opuestas sobre la paz: unos que la consideran una herramienta para mantener el statu quo y otros que la vemos como un instrumento para la transformación democrática.

Además, la implementación del Acuerdo tendrá distintos escenarios. En este momento se concentra en el Congreso, donde le corresponde al gobierno que se aprueben las iniciativas legislativas correspondientes. Pero también se desarrollará en las zonas veredales, donde las FARC deben cumplir los protocolos establecidos para la desmovilización y la dejación de armas. Y pronto la implementación trascenderá a otras esferas.

El futuro del partido político que surja de las FARC es todavía una incógnita. Su éxito dependerá en gran parte de la capacidad de la guerrilla para deshacerse de la mala imagen que se ha ganado a lo largo de los años por sus actos atroces, así como por la propaganda oficial adversa. Este cambio de imagen podría conseguirse si las FARC se conectan con los movimientos sociales y se articulan con las otras izquierdas, pero sobre todo si construyen una nueva interlocución con todo el país.

Al gobierno, o más bien al Estado en su conjunto, le corresponde una enorme responsabilidad en esta implementación. Y con un gobierno que está llegando a su último año, es indispensable que las distintas instituciones asuman con rigor la ejecución de lo pactado. Las dificultades administrativas en la adecuación de los campamentos muestran las grandes precariedades de nuestro sector público. A la Fiscalía le corresponde gran parte de uno de los compromisos más importantes: enfrentar el paramilitarismo. Por otra parte, es imprescindible que el gobierno nacional se sincronice con las autoridades locales en los territorios más afectados por la guerra y que ahora son los principales escenarios de la paz.

Los temas críticos

En últimas, la implementación no depende tanto del Estado o de las FARC sino sobre todo de la sociedad, que en todo caso será la gran beneficiada si las cosas se hacen bien. Para lograr esto hay cinco grandes temas que serán clave en los próximos meses:

  1. Justicia, verdad y reparación. Por primera vez en la larga historia de los procesos de paz en Colombia la justicia, la verdad y la reparación fueron el eje central de los acuerdos, en contraste con el perdón y olvido que ha caracterizado a los anteriores.  

Es cierto que el debate público se ha centrado en los beneficios de la justicia transicional para las partes del conflicto, pero quienes más deben ganar son las víctimas y la sociedad en su conjunto. El esclarecimiento histórico de los orígenes del conflicto y el reconocimiento de las responsabilidades políticas e institucionales correspondientes son elementos centrales para la construcción de una memoria colectiva que dé prioridad a las voces de las víctimas. La Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición, que se creó con el Acuerdo, jugará un papel fundamental en esta tarea.

Ya las FARC han empezado a reconocer sus responsabilidades y a pedir perdón  en casos emblemáticos como Bojayá o el de los diputados del Valle. También Rodrigo Londoño, antes Timochenko, pidió perdón en su discurso en Cartagena. Pero a las FARC les queda un largo camino para ganarse la aceptación de los colombianos.

Por su parte el presidente Santo reconoció la responsabilidad del Estado por no haber hecho lo suficiente para evitar la eliminación sistemática de los líderes y militantes de la Unión Patriótica, pero se abstuvo de referirse a la mano directa de agentes del Estado en estos crímenes. Es decir, pidió perdón por omisión pero no por comisión. Por eso el Estado está en mora de ir mucho más allá, no solo en relación con este caso sino con los orígenes del conflicto, el paramilitarismo y los falsos positivos, entre muchos otros casos.

  1. Reforma rural integral. La reforma contemplada en los acuerdos ofrece una magnífica oportunidad para modernizar y democratizar el campo colombiano, el cual ha estado olvidado por décadas. La restitución de tierras a los despojados debe ser parte de una redistribución más amplia de la propiedad rural. Si se fortalece la economía campesina y se la articula con las cadenas de distribución se puede convertir a Colombia en un importante productor de alimentos para el mercado mundial. Además se puede demostrar que la sustitución voluntaria es mejor que la fumigación para enfrentar el problema de los cultivos de uso ilícito.
  2. Democracia representativa. La implementación de los acuerdos es una gran oportunidad para poner al día la democracia colombiana. Para ello es necesario aprobar reformas políticas que han sido largamente aplazadas, como el Estatuto de la oposición, el régimen de partidos y el sistema electoral.
  3. Participación. Considerando el profundo déficit histórico de Colombia en esta materia, el Acuerdo ofrece un espacio muy importante para fortalecer una participación informada, efectiva y vinculante de las poblaciones en el diseño y puesta en marcha de las políticas gubernamentales. Además, la participación de la sociedad, particularmente de los sectores populares que han sido tradicionalmente excluidos, es un puente comunicante entre la implementación del Acuerdo con las FARC y la construcción de acuerdos con el ELN.
  4. Lucha contra el paramilitarismo. Pero nada de lo anterior será posible si siguen asesinando a los líderes sociales. Por ello, quizás el reto más grande para el Estado es el desmonte del paramilitarismo, o como se quiera llamar a las organizaciones  empeñadas en detener la transformación democrática.

Tarea de todos

Implementación de la Reforma Rural Integral.
Implementación de la Reforma Rural Integral.  
Foto: Urna de Cristal

La presencia activa de la sociedad es indispensable para tener un buen desenlace en cada uno de estos ámbitos,  no solo exigiéndoles a las partes el cumplimiento de lo pactado sino apropiándose de los espacios creados para la participación.

Las grandes transformaciones no suceden de la noche a la mañana, ni siquiera en las revoluciones. El potencial transformador de los procesos de paz con las guerrillas es inmenso, pero también limitado. La lista de todo lo que quedó por fuera del Acuerdo Final es larguísima y está llena de problemas difíciles de resolver, como la corrupción, el mal servicio de salud, la mala educación, el cambio climático, el modelo de desarrollo, etc.

El cambio cultural que se requiere para edificar un nuevo país es complejo y largo; y la correlación de fuerzas para los progresistas del mundo parece bastante desfavorable, teniendo en cuenta las crisis de los gobiernos de izquierda en América Latina, el ascenso de la extrema derecha en Europa y el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos.

Con la implementación del Acuerdo de paz la sociedad colombiana tiene una magnífica posibilidad de empezar a escribir un nuevo capítulo de su historia. Pero esta es solo una posibilidad; falta mucho para que esta se convierta en realidad.

 

*Profesor de la Universidad Nacional.

 

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