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¿Por qué Timochenko no quiere pedir perdón?

Escrito por William Duica
William Duica

William DuicaAnálisis perceptivo e inquietante de un filósofo sobre las declaraciones del jefe de las FARC. Pero, ¿de qué perdón está hablando el guerrillero? ¿Cuál es el tipo de arrepentimiento que Colombia realmente necesita en estos tiempos?

William Duica*

 

Timoleón Jiménez acompañado de Iván Márquez, miembros del secretariado de las FARC.

La entrevista

De no haber sido por el alboroto que se armó en los medios alrededor del tema del perdón, quizás no habría estado motivado para ver la entrevista que Piedad Córdoba y Patricia Villegas (directora de Telesur) le hiceron en La Habana a Rodrigo Londoño, (“Timoleón Jiménez”, “Timochenko”)  el pasado 29 de septiembre.  

La entrevista fue una oportunidad para apreciar ciertos aspectos del proceso de paz desde el punto de vista de las FARC. Esta es una oportunidad poco común en Colombia, menos por falta de libertad de prensa que por falta de criterio periodístico.

A propósito de la entrevista, durante toda la semana se debatió ampliamente sobre lo que muchos periodistas reseñaron como “la negativa” de las FARC a pedir perdón. Prácticamente todos los análisis buscaron mostrar que, al no pedir perdón, las FARC harán que sus víctimas queden sometidas a una segunda humillación.

Y dentro de este contexto parece que no es posible ni perdonar ni reconciliarse e, incluso que quizás sea necesario invocar el deber de no perdonar.

El argumento de Timochenko

“¿Usted está dispuesto a pedirle perdón al país por las heridas de la guerra que han cometido las FARC?”.

La primera reacción de Timochenko ante esta pregunta de Patricia Villegas fue señalar que esas heridas han sido el resultado de la dinámica de la guerra, de la cual las FARC no son las únicas responsables. Después, ante la insistencia de la periodista, agregó: “ Es que cuando uno pide perdón es porque se arrepintió de haber hecho algo, yo no me estoy arrepintiendo de haber hecho lo que he hecho, de ser guerrillero a estas alturas de la vida (…) si yo me arrepiento de eso soy inconsecuente con mis convicciones. Que en determinado momento analicemos un hecho en el contexto en que se dio y digamos, ahí cometimos un error, nos equivocamos en la dirección que tomamos, eso es distinto”.

Es al perdón cristiano, entendido como una transacción de culpas por sacrificios, a lo que el jefe insurgente se resiste.

El argumento es bastante simple y podría reconstruirse como un silogismo donde la conclusión se desprende inevitablemente de las dos premisas. En este caso la  premisa mayor consiste en que pedir perdón implica arrepentimiento; la premisa menor, en que quien habla (Timochenko) no se arrepiente (de ser guerrillero); y la conclusión es por supuesto que Timochenko no puede pedir perdón.

Pero esta conclusión no significa que quien habla (Timochenko) no pueda distinguir el bien del mal. El no pedir perdón no implica que el guerrillero no pueda analizar sus acciones y reconocer que se cometieron “errores” o se tomaron decisiones equivocadas. En otras palabras: no por no arrepentirse estamos hablando de un ser sin capacidad de juicio moral sobre sus propios actos.

Perdón cristiano

Homenaje a las víctimas del conflicto armado en Samaná, Caldas.
Homenaje a las víctimas del conflicto armado en Samaná, Caldas.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

Villegas parece entender que una cosa es reconocer los errores y otra es pedir perdón. Entonces pone sobre la mesa la diferencia entre saber que se actuó mal y sentir culpa por ello. Reconocer los errores es importante porque muestra que la persona puede distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Pero lo que se espera de alguien que pide perdón es que diga que se arrepiente de lo hecho y que es consciente de su culpa.

Por eso insiste Villegas: “¿no cree que el país valoraría positivamente que usted, que es el jefe de las FARC, dijera: hemos cometido errores y pedimos perdón por ellos?” En ese momento Timochenko hizo una declaración que tiene un alcance mayor. “Lo que pasa es que esa palabrita de “perdón” suena como a confesión cristiana, la cual muchas veces es de doble moral. Nosotros estamos dispuesto a asumir las responsabilidades que nos corresponden en lo que ha pasado (…)”.

Este ya no es un argumento para señalar que su convicción revolucionaria es incompatible con el perdón entendido como arrepentimiento. Lo que está diciendo es que la concepción cristiana del perdón le resulta inadecuada porque la ve como una forma de confesión.

Entiendo que la opinión pública haya reaccionado con indignación ante “la negativa” de Timochenko a pedir perdón. Aparentemente, una de las cosas que las víctimas necesitan para perdonar es oír de los victimarios una expresión de su arrepentimiento.

Pero creo que importa destacar una sutil diferencia. La negativa de Timochenko no es a reconocer sus errores, sino a pedir perdón cristiano. Es decir, es una negativa a presentarse como un ser arrepentido, a entrar en esa lógica cristiana de confesar los pecados y, si “el acto de contrición” es aceptado como sincero, recibir a cambio el perdón de las víctimas que así sacrificarían su derecho al castigo justo.

Es al perdón cristiano, entendido como una transacción de culpas por sacrificios, a lo que el jefe insurgente se resiste.

Otras maneras de ver el perdón

Confieso que, antes que indignación, lo que me causa esta respuesta es una profunda curiosidad acerca de cómo podremos re-comprender de manera no transaccional la idea de “pedir perdón”.

Este no es un asunto menor. La necesidad de dar paso a las lógicas o procesos del perdón en el futuro inmediato de Colombia exige una reflexión muy detenida sobre el tema. La declaración de Timochenko parece llevarnos a considerar que esa reflexión debe incluir la posibilidad de que el perdón se pida de muy distintas maneras.

Si no aceptamos que hay concepciones no cristianas del perdón es posible que el país quede atrapado en el resentimiento. Si es así, el avance en los acuerdos sobre justicia transicional y alternatividad penal va a dejar un lastre de repudio moral por parte de una ciudadanía que acabará por exigirles a las víctimas (injustificadamente) que no perdonen.

Por eso, una primera tarea puede ser quitarse las gafas que solo dejan ver las declaraciones de Timochenko como una actitud arrogante y cínica y tratar de ver cuál es la lógica de sus razones. Si tomamos en serio el hecho de que estamos ante un agente que no suscribe la concepción moral cristiana, y por lo tanto no puede asumir el perdón en términos de esa cultura moral, quizá nos veamos obligados a buscar en otras experiencias la posibilidad del perdón.

El reto de la reconciliación en Colombia se está planteando entonces como la necesidad de ampliar nuestra manera de entender el perdón.

Parece que una de las cosas que debemos  aprender para poder vivir en paz es aceptar que hay personas que no piensan de la manera que indica la cultura dominante. Este aprendizaje supone que uno pueda darle sentido a otras visiones del mundo.

El reto de la reconciliación en Colombia se está planteando como la necesidad de ampliar nuestra manera de entender el perdón.

Esta tarea no es fácil porque no estamos hablando de diferencias de gustos o diferencias de opinión que dejan nuestro modo de vida intacto. Se trata de diferencias sobre la forma de entender conceptos fundamentales para nuestra comprensión de las cosas y de las relaciones que establecemos con otros; conceptos que creemos que no pueden ser entendidos sino como nosotros los entendemos.

Por eso la pregunta es: ¿podemos darle algún sentido a la idea de perdonar sin la necesidad del arrepentimiento?

Acciones en lugar de sentimientos

Timoleón Jiménez ante la prensa internacional en La Habana, Cuba.
Timoleón Jiménez ante la prensa internacional en La Habana, Cuba.
Foto: FARC E-Paz

De nuevo, en este punto es muy importante atender a una sutil diferencia. Si el arrepentimiento solo se entiende como contrición, como conciencia de la culpa, creo que es posible desarrollar un proceso de perdón que no dependa de ese arrepentimiento.

Pero si arrepentirse consiste en poder ver que se actuó mal y adquirir una comprensión de las cosas que genera un compromiso de no repetición de los actos que hicieron daño, entonces el arrepentimiento se convierte en la creación de condiciones favorables para perdonar.

La diferencia fundamental consiste en que el compromiso de no repetición es constructivo y constatable, mientras que la conciencia de la culpa es un estado subjetivo e inverificable. El compromiso con la construcción de una nueva vida para la victima y el victimario puede traducirse en acciones, mientras que el sentimiento de culpa de quien se arrepiente puede permanecer interior y pasivo.

Curiosamente, muchas de las prácticas de las instituciones eclesiásticas en el trabajo con víctimas y victimarios se acercan más a esta concepción constructiva que a la forma pasiva del arrepentimiento como admisión de culpa. Eso no debe sorprendernos, como tampoco debe sorprendernos el hecho de que las víctimas -en sus organizaciones y en su trabajo terapéutico- hayan encontrado formas de perdonar que no dependen de oír el arrepentimiento en la voz de sus victimarios.

No estoy diciendo que esto sea deseable. Lo que estoy señalando es que algunas víctimas han hecho su trabajo de perdonar con un concepto de perdón que no depende de esa exigencia de arrepentimiento entendida como expresión de la culpa.

Esto no excluye la importancia y la conveniencia de que tras la firma del acuerdo definitivo las FARC puedan expresarle al país su propio repudio de las acciones criminales realizadas, y expresar su compromiso de no repetición como la voluntad de crear condiciones para una nueva vida.

Este sería un gesto necesario para considerar la posibilidad del perdón y dejar en la memoria nacional esos crímenes como las horribles huellas de la guerra.

 

* Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en el Departamento de Filosofía. Investigador en el grupo Relativismo y Racionalidad.

 

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