¿Por qué seguir leyendo el Quijote? - Razón Pública
Inicio TemasArte y Cultura ¿Por qué seguir leyendo el Quijote?

¿Por qué seguir leyendo el Quijote?

Escrito por Iván Andrade
Pequeña efigie del Don Quijote de la Mancha, el protagonista de la novela de Miguél de Cervantes.

Pequeña efigie del Don Quijote de la Mancha, el protagonista de la novela de Miguél de Cervantes.

Iván AndradeEl Quijote tal vez haya corrido la mala suerte de convertirse en una obra canónica que nadie lee. Sin embargo, en este año de aniversario de su publicación, bien vale la pena recordar las muchas razones que la hacen una gran lectura.

Iván Andrade*

Una maravilla olvidada

Miguel de Cervantes publicó la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605. La segunda parte fue publicada hace cuatrocientos años, en 1615.

Durante cuatro siglos ha cabalgado por el mundo ese hidalgo particular que un día, con la cabeza poblada por todos los caballeros, damas, gigantes, monstruos y aventuras que había encontrado en la lectura infatigable de libros de caballería, decidió dejar su vida de siempre y convertirse en caballero andante.

Es bien sabido que el Quijote es un clásico de la literatura. Es el libro más importante de la lengua española y ha sido traducido a muchos idiomas. Sin embargo en este caso, como en tantos otros, parece ser muy cierto lo que dijo Hemingway: una obra clásica es un libro que todo el mundo admira, pero que nadie lee.

Aunque a casi todos nos tocó leerlo en el colegio, son pocos los que lo han leído de verdad. En una charla de 1982 llamada Sobre la lectura, dijo Estanislao Zuleta que “La más notable obra de nuestra literatura –porque en toda nuestra literatura no hay nada comparable– en el bachillerato nos la prohíben, es decir, nos la recomiendan; es lo mismo que prohibir, porque recomendar a uno como un deber lo que es una carcajada contra la adaptación, es lo mismo que prohibírselo”.

El Quijote se nos ha vuelto una imposición, una terrible obligación educativa. La veneración y la tradición han convertido una obra viva y emocionante en un cartapacio polvoriento que no parece tener nada para decirnos. Pero el Quijote no se ha agotado; aún hoy sigue siendo una obra literaria con una riqueza que no puede obviarse.

El nacimiento de la novela

Estatua en cera de Miguel de Cervantes en el Museo de Cera de Madrid.
Estatua en cera de Miguel de Cervantes en el Museo de Cera de Madrid.
Foto: Wikimedia Commons

Aunque, como señala Martín de Riquer, Cervantes no se refirió al Quijote como una novela, eso fue lo que escribió.

Un texto riquísimo lleno de elementos y recursos variados, reflexiones filosóficas, personajes bien definidos, situaciones cotidianas y también extraordinarias. El escritor español sentó las bases de la novela moderna. Una variedad de recursos que a primera vista podrían parecer recientes, ya estaban presentes en el Quijote. Lo que hemos dado en llamar “metaliteratura”, por ejemplo, un recurso muy usado por escritores como Paul Auster, está en el Quijote. Cervantes hace parecer que su recuento de las aventuras del don Quijote y Sancho no es nada más que la traducción de unos pergaminos escritos en árabe por Cide Hamete Benengeli. El autor se incluye en la historia como un historiador, como traductor, no como creador.

Pero también aparece como escritor, pues una de las obras de Cervantes, La Galatea, se encuentra en la biblioteca de don Quijote y se salva de la purga que el cura hace para poner a salvo a don Quijote de los libros de caballería. El “donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo” le permite a Cervantes introducir otro recurso en su novela: la crítica literaria. En boca del cura el autor pone sus apreciaciones sobre algunas obras literarias de la época, las analiza, las ensalza o las destruye. La novela se convierte en una forma de hablar de la literatura misma, de los libros que se leían en ese tiempo.

El Quijote no se ha agotado; aún hoy sigue siendo una obra literaria con una riqueza que no puede obviarse.

Por otro lado, Cervantes no duda en incluir dentro de la novela otras historias que no están directamente relacionadas con los protagonistas. Historias como la de El curioso impertinente, la de la pastora Marcela y el pastor estudiante Grisóstomo, o la del Cautivo, se insertan dentro de la acción de la novela por voluntad del autor.

Cervantes consideraba que centrarse solo en las acciones de don Quijote y Sancho resultaría en un libro aburrido. Podría parecer que estas añadiduras no vienen a cuento, pero hacen del Quijote la joya ‘imperfecta’ que es, una de esas “grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido” de las que habla Roberto Bolaño en 2666.

El Quijote, además, se ocupa de la historia. En sus páginas encontramos una imagen de la sociedad española del siglo XVI con sus curas y barberos, los venteros y sus ventas, la aristocracia, los pastores, los cabreros, los licenciados, los poetas y los guerreros, las campesinas, las doñas y las casquivanas. El periplo de don Quijote sirve para que Cervantes nos muestre cómo era España.

Se incluyen también hechos y personajes históricos reales, como los bandoleros catalanes liderados por Roque Ginart. Y la historia del Cautivo le sirve al autor para referirse a la guerra contra los turcos y la batalla de Lepanto, en la cual participó Cervantes. En el relato del Cautivo se ven aportes autobiográficos de su experiencia como soldado y prisionero, lo que le da un importante matiz de verosimilitud a la novela.

Parecería que ya todo estaba en el Quijote. Incluso, no faltará quien diga que el libro ya daba consejos de fitness: “Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”.

Admiración y risa

Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, que data del año 1600.
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, que data del año 1600.
Foto: Wikimedia Commons

Volviendo a Zuleta, podemos decir que el Quijote “es una fiesta y al mismo tiempo el más alto conocimiento”. La novela nos da episodios y pasajes que nos hacen pensar y reflexionar.

Ahí están para ello los hermosos discursos de don Quijote sobre la Edad de Oro o sobre las armas y las letras; la conversación del cura y un canónigo que encuentran en el camino sobre los libros de caballerías, donde se embarcan en una discusión añeja pero muy actual: la de qué es el arte ‘verdadero’ y la opinión del canónigo de que es algo contrapuesto a los gustos del vulgo; y por supuesto, no podemos dejar de lado la magnífica muestra de lucidez de don Quijote cuando le da a Sancho los consejos para gobernar la ínsula Barataria.

Son apenas algunos ejemplos de la sabiduría encerrada en el Quijote, de la capacidad de esta obra de ficción para seguir hablándonos al oído y relacionarse con nuestra actualidad.

Pero hay más, “porque los sucesos de don Quijote, o se han de celebrar con admiración, o con risa”. La risa es un componente fundamental del Quijote. Sin el humor no sería la obra maestra que es.

En primer lugar está la sátira de los libros de caballería, mucho más evidente para un lector de la época que para uno actual. Esos libros eran una lectura muy popular. y Cervantes supo usar todas sus particularidades para darles vuelta y satirizarlos con los disparates de don Quijote.

Sin embargo, la parodia va más allá. En palabras de Fernando Vallejo: “Parodia de lo que se le atraviese, el Quijote se burla de todo y cuanto toca lo vuelve motivo de irrisión: las novelas de caballerías y las pastoriles, el lenguaje jurídico y el eclesiástico, la Santa Hermandad y el Santo Oficio, los escritores italianos y los grecolatinos, la mitología y la historia, los bachilleres y los médicos, los versos y la prosa”.

La risa es un componente fundamental del Quijote. Sin el humor no sería la obra maestra que es.

De ahí se desprende una serie de episodios hilarantes. El lector no puede dejar de reír con los desafueros de don Quijote y los refranes interminables de Sancho, con el pobre don Quijote vapuleado y sin dientes, con Sancho cuando comienza a “desaguarse por entrambas canales” por culpa del bálsamo de Fierabrás.

Reímos al ver a don Quijote batallando contra unos sacos de vino, o asustado en la noche junto a su escudero por unos ruidos que vienen de la oscuridad y parecen ser enemigos temibles, pero acaban por ser unos batanes golpeando en el agua. Las estratagemas delirantes de los duques, muy reales para don Quijote y Sancho, se revelan para nosotros en todo su absurdo.

Sancho intenta defecar en la noche sin que su amo se dé cuenta y no podemos evitar soltar una carcajada, igual que cuando imaginamos a don Quijote con una bacía de barbero en la cabeza como si fuera un yelmo, el yelmo de Mambrino al que Sancho llama “baciyelmo”.

Seguimos riendo cuando a don Quijote lo dejan colgado de una ventana, cuando confunde a mujeres vulgares con altas princesas, y además cree que se enamoran de él, y con la historia contada por el barbero de un loco que logra convencer a todos de que está cuerdo hasta que pronuncia un disparate olímpico que lo delata.

Leer el Quijote

Leer (y releer) el Quijote no debería ser una obligación: debería ser un placer. Pero como por un buen tiempo seguirá siendo un requisito escolar, los profesores tendrán que buscar maneras de entusiasmar a sus estudiantes con esa lectura. Resaltar el humor presente en la novela podría ser una buena estrategia para motivar a los alumnos, para que dejen de verla como un vejestorio ilegible y entren con mayor confianza y gusto en la obra de Cervantes.

Y quienes ya tuvieron un primer encuentro desafortunado con la obra, bien podrían pensar en darle una segunda oportunidad. Abordar con menos aprensiones y desidia la novela de Cervantes les permitirá encontrar los tesoros que encierra, les permitirá reír y pensar junto a don Quijote y Sancho, y habitar ese mundo maravilloso que supo crear el escritor español, donde la locura y la cordura son caras de una misma moneda y el ideal es capaz de cambiar la realidad.

 

* Historiador y magíster en Escrituras Creativas, corrector de estilo y editor.

@IvanLecter

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Cuando ayudas a Razón Pública


· Apoyas el análisis independiente
· Apoyas el debate con argumentos
· Apoyas la explicación de las noticias
 
Apoya a tu Revista

DONA A RAZÓN PÚBLICA