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Por qué la guerra en Colombia

Escrito por Francisco Leal Buitrago
Francisco Leal

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Francisco Leal BuitragoLas guerras y conflictos armados han sido una constante en nuestra historia. Esto se debe a la dispersión geográfica y a la debilidad del Estado, sumadas a la incompetencia y la manipulación del poder por parte de los gobernantes. Una explicación sencilla pero esclarecedora sobre el problema central de Colombia.

Francisco Leal Buitrago *

Factores estructurales

En Colombia el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado ha sido inexistente. Entre los factores estructurales que ayudan a explicar la recurrencia de las guerras civiles y los conflictos armados a lo largo de nuestra historia republicana hay dos que se destacan: el primero es geográfico y el segundo es político. Estos factores se relacionan entre sí e influyen además sobre las coyunturas que precipitan o sostienen las acciones armadas.

Geografía

En términos relativos, Colombia es el país más regionalizado de América Latina. Su regionalización acentuada, dispersa y con tendencia endógena dificulta la integración social, económica, política y de infraestructura para la formación de la unidad nacional. Hasta hace pocas décadas, contaba con una población pequeña, rural y disgregada en un territorio relativamente ilimitado (1950: 12 millones de habitantes en 1.138.000 Km2.).

Francisco Leal Frente nacional
Desde el Frente Nacional la modernización capitalista expandió el Estado en presupuesto y burocracia, aunque lo fortaleció poco en términos políticos.

Política 

La debilidad del Estado se refleja en su poca capacidad para crear confianza en sus instituciones, negociar intereses e institucionalizar la solución de los conflictos. Éstos han tendido a desbordarse en violencias, además de que la política las ha usado como forma de mediación, reproduciéndolas. Desde el Frente Nacional la modernización capitalista expandió el Estado en presupuesto y burocracia, aunque lo fortaleció poco en términos políticos.

Las coyunturas políticas

La incompetencia y la manipulación del poder han frustrado la búsqueda directa o indirecta de la paz, e incluso han exacerbado las violencias. Siete ejemplos en la historia nacional ilustran esta afirmación:

1. En América Latina Colombia se destaca por la ausencia o la debilidad de las reformas sociales democratizadoras. Incluso algunas reformas que fueron intentadas o iniciadas fueron luego abolidas. El problema más importante a este respecto ha sido el de la tierra, que ha estado vigente desde la Colonia. El problema ha resultado del inmenso territorio baldío del país frente a una población campesina obligada a colonizar por acoso de los terratenientes.

A partir de los años sesenta del siglo pasado, con la urbanización acelerada, el problema de tierras se convirtió en multiplicador de las violencias. La tendencia endógena de las regiones perdió fuerza debido al desplazamiento forzado de la población hacia otras zonas.

 La incapacidad gubernamental para mantener las escasas reformas sociales en este campo ha sido la constante. La Ley 200 de 1936 tuvo su contrarreforma con la Ley 100 de 1944. Y la Ley 135 de 1961 fue deshecha mediante el llamado ‘Pacto de Chicoral’ en 1973. Falta ver qué ocurrirá ahora con la ‘Ley de víctimas y restitución de tierras’.

2. Después del período de ‘La Violencia’, a mediados del siglo pasado, cuando la confrontación armada bipartidista impulsó una caótica modernización capitalista, se adoptó el régimen del Frente Nacional para lograr la paz. Diseñado para volver a la democracia luego de las dictaduras, este régimen eliminó su componente básico de oposición. Así, el monopolio liberal-conservador estigmatizó la crítica y la disidencia, abriendo espacios para la oposición armada alimentada por la Guerra Fría y por la herencia de ‘La Violencia’.

3. La reforma constitucional de 1968 –cuando el presidente Lleras Restrepo cedió ante el clientelismo para que el Congreso la aprobara– sumada al desencanto con el ‘gobierno de la esperanza’ de López Michelsen (1974-1978) prolongaron el monopolio del bipartidismo hasta la Constitución de 1991. El subproducto fue una lenta agonía de los dos partidos mediante crecientes fraccionamientos clientelistas.

El esfuerzo del gobierno Barco (1986-1990), a través del ‘esquema gobierno-oposición’, fue insuficiente para romper con el maridaje burocrático inducido por el Frente Nacional. También lo fue la apertura política de la Constitución de 1991, pues las votaciones mayoritarias liberales y conservadoras se prolongaron hasta las elecciones de 2002.

4. Belisario Betancur (1982-1986) inauguró los llamados procesos de paz, tras un amago al final del gobierno de Turbay (1978-1982) con el que buscó limpiar su imagen. Los militares, ofendidos por la conversación del gobierno con sus enemigos, además de ser ignorados por el Presidente en sus decisiones, se encontraron de sopetón con la oportunidad de desquitarse de Betancur y el M-19 al mismo tiempo. El resultado fue la tragedia del palacio de Justicia (1985), cuyas consecuencias siguen gravitando sobre la política nacional.

5. Después vino el narcotráfico. A partir de los primeros pinitos de la marihuana y ante la debilidad de la justicia, en los años ochenta los narcotraficantes aprovecharon las condiciones geográficas y políticas –los dos factores estructurales que mencioné– para expandir sus actividades, mientras la sociedad los miraba con ojos complacientes.

El narcotráfico se integró pronto a la política regional, aunque no logró la captura del Estado central que buscaba. Aprovechando el clientelismo y la corrupción que le acompaña, los narcotraficantes se convirtieron en una fuerza electoral hasta amedrentar a las élites nacionales que se vieron obligadas a combatirlos bajo la tutela de Washington con su política prohibicionista y punitiva contra las drogas.

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El esfuerzo del gobierno Barco, a través del ‘ esquema gobierno-oposición’, fue insuficiente para romper con el maridaje burocrático inducido por el Frente Nacional.

6. Los presidentes Barco (1986-1990) y Gaviria (1990-1994) lograron con sus procesos de paz la desmovilización de algunas guerrillas, como el M-19, el Quintín Lame y la Corriente de Renovación Socialista. Pero Samper (1994-1998) no pudo diseñar su propio proceso debido al escándalo derivado de la financiación de su campaña por el cartel de Cali y las derrotas del Ejército frente a las FARC. Ante su prolongada ineficacia, los militares habían inducido la formación de paramilitares apoyados por el narcotráfico y los latifundistas.

El presidente Pastrana (1998-2002), acosado por los gringos para frenar los avances del narcotráfico y su alianza con guerrillas y paramilitares, ideó el publicitado esperpento del ‘proceso de paz’ del Caguán, cuyos subproductos fueron el desprestigio de búsqueda de la paz por medios diferentes de la guerra y el triunfo del candidato disidente del Partido Liberal, quien ofrecía mano dura frente a las FARC.

7. El éxito de Uribe (2002-2010) resultó de aprovechar la reorganización de las Fuerzas Militares para la guerra irregular que Washington le exigió a Pastrana, con el trasfondo de su obsesiva capacidad caudillista e histriónica bajo la bandera de la seguridad democrática. No obstante, su condescendencia con los paramilitares dejaría profundas huellas.

Ese éxito sirvió para su reelección presidencial inmediata tras torcerle el pescuezo a la Constitución. Pero la Corte Constitucional fue fiel a su doctrina al negar posteriormente una segunda oportunidad.

Los lastres de esos dos gobiernos fueron la reproducción de los paramilitares y una fuerza militar encumbrada en recursos y efectivos, que continua con el gobierno de Santos pese a su tímida pero positiva apertura política.

8. Los posibles desenlaces de la agitada coyuntura política actual serán materia de especulaciones posteriores.

*Sociólogo, Profesor Honorario de las universidades Nacional de Colombia y de Los Andes.

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