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Política y reelección en América Latina

Escrito por Rubén Sánchez
Ruben Sanchez

Rubén Sánchez

Pese a ciertos recelos y a cierta tradición anti-reeleccionista, en América Latina esta figura acabó por imponerse y ha acentuado el personalismo en la política. Un repaso de la experiencia regional que deja interrogantes sobre el caso de  Colombia.  

Rubén Sánchez David*

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El debate

Los deseos de los presidentes latinoamericanos de permanecer en el poder han vuelto a poner sobre la mesa la pregunta sobre los impactos de las reelecciones sobre la calidad del gobierno y sobre la promoción u  obstrucción de los nuevos liderazgos.

Aunque hace algunos años la reelección era excepcional en América Latina –pues se la veía  como una figura cercana a la dictadura- muchos gobernantes de corte populista y con gran respaldo en la opinión pública han impulsado cambios en las constituciones para poder ser reelegidos. Estos cambios han dado pie a polémicas en círculos políticos y académicos, lo cual amerita un intento de clarificación y un balance acerca de sus implicaciones para la democracia.

Francisco Indalecio Madero.

El Expresidente mexicano, Francisco Indalecio
Madero.
Foto: Wikimedia Commons

La reelección y sus modalidades

Antes de expresar algún juicio sobre el tema y de intentar una respuesta acerca de sus implicaciones, conviene hacer algunas precisiones conceptuales y recordar cuál ha sido la historia de las reelecciones de los altos dignatarios en América Latina.

Generalmente se identifica la reelección con el continuismo, pero hay que diferenciarlos dado que todo ejercicio del poder obedece y responde a unas condiciones que lo facilitan o lo entorpecen. Puede haber continuismo cuando el sucesor de quien rigió los destinos de un país mantiene la línea de conducta de quien lo antecedió en el cargo, como puede ocurrir que un dirigente modifique su proyecto inicial o sus métodos en la medida en que lo juzgue conveniente.

Un ejemplo de lo primero podría ser la continuidad de los programas de gobierno entre el difunto presidente Chávez y su sucesor Nicolás Maduro. Un caso ilustrativo de lo segundo  sería el del presidente peruano Alan García, quien le dio un vuelco a sus ideas cuando después de  16  años de dejar el cargo, volvió a ejercer la presidencia y adelantó una política económica muy distinta de la que defendió durante su primer mandato.

Un segundo punto a  tener presente es la existencia de varias modalidades de reelección en América Latina: (a) alterna, que permite a un expresidente postularse al cargo después de permanecer por fuera del mismo por lo menos uno o dos períodos; (b) inmediata, que permite al presidente en funciones postularse para el siguiente período, (c) indefinida, cuando es posible permanecer en el poder durante más de dos periodos consecutivos.

En este orden de ideas, puede considerarse que en el segundo caso – donde se incluye Colombia- el período de gobierno es el equivalente a la suma de los dos períodos consecutivos y que la reelección es una especie de rendición de cuentas sometida a la aprobación o al rechazo del electorado.

Tradición anti-reeleccionista

En América Latina la prohibición de la reelección surgió en México y la iniciativa fue promovida  por Francisco Madero, el primer presidente de la revolución mexicana  (1911-1913), quien fuera asesinado por sus adversarios. El movimiento anti-reeleccionista que lideró tenía como propósito oponerse al continuismo dictatorial de Porfirio Díaz.

Los deseos de los presidentes latinoamericanos de permanecer en el poder han vuelto a poner sobre la mesa la pregunta sobre los impactos de las reelecciones sobre la calidad del gobierno y sobre la promoción u  obstrucción de los nuevos liderazgos.

La misma demanda la hicieron posteriormente los pueblos centroamericanos contra Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador, Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías en Honduras y Anastasio Somoza en Nicaragua. Igualmente la expresó el pueblo venezolano contra Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. En estos casos la no reelección se identificaba con la lucha contra el continuismo dictatorial y era una consigna revolucionaria.

Fuera de América Latina, pero dentro del Hemisferio, hay que mencionar que en Estados Unidos, después de la muerte  de Franklin Delano Roosevelt  -quien fue elegido en 1932 y reelegido en 1936, 1940 y 1944 – la reelección fue limitada a un período inmediato. Roosevelt murió antes de concluir su último mandato y lo sucedió en el cargo su vicepresidente, Harry Truman, quien le dio un vuelco a lo que había concebido Roosevelt en materia de paz y equilibro geopolítico mundial.

Expresidente del Perú Alan García

El Expresidente del Perú Alan García, quien fue
reelegido en periodos no consecutivos.

Foto: TV Cultura

Argumentos a favor y en contra

Como toda medida de carácter institucional, a la reelección se le han visto ventajas y desventajas.

Entre las ventajas se cita la continuidad de programas exitosos y la formación de funcionarios que adquieren destrezas y conocimientos profundos sobre determinados  temas.

Las desventajas se asocian con las palabras de Lord Acton – “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” – de modo que gobiernos prolongados caen en prácticas corruptas y atentan contra la democracia, amén de factores tan importantes como el retraso en la aparición de nuevos líderes, quienes se encuentran en desventaja frente a la capacidad del gobierno para movilizar recursos. 

Sobre la base de análisis comparativos entre regímenes políticos, algunos estudiosos han sostenido que en los sistemas parlamentarios está permitida la reelección sin límite de tiempo y que en ellos nadie piensa que se le estén poniendo cortapisas a la democracia o fomentando las dictaduras. Añaden que los liderazgos son productos de coyunturas políticas, lo cual invita a pensar en qué clase de sociedades se teme o se busca la reelección y en el tipo de liderazgo que en ellas se ejerce.

Con respecto al primer punto, hay que destacar que América Latina se caracteriza por tener sociedades fragmentadas y con grupos importantes que viven al margen del Estado. Amplios sectores sociales en la llamada “informalidad”, sin representación, anti-políticas y anti-institucionalistas, encerradas en sus asuntos particulares, para las cuales lo “público” es sinónimo de “lo ajeno”. Sociedades con electores pero sin ciudadanía, cuyas voces y demandas no conforman una opinión pública, a la espera de liderazgos fuertes que -en el marco de las que Guillermo O’Donnell calificara como “democracias delegativas”- esperan un mesías que las saque de su condición de marginalidad.

En América Latina la prohibición de la reelección surgió en México y la iniciativa fue promovida  por Francisco Madero, el primer presidente de la revolución mexicana  

En una América Latina donde las instituciones son débiles y los liderazgos fuertes, el tema de la reelección consecutiva o indefinida es una cuestión central de la política. Si bien hay países que prohíben la reelección de por vida después de un solo mandato – como México y Paraguay – la línea divisoria fundamental es la que separa a aquellos que hoy buscan más de dos mandatos consecutivos y los demás. Pero el resultado de uno u otro modelo es inseparable del medio en el que se desarrolla la reelección y del propósito político de quienes detentan el poder.

Casos recientes

El ejemplo de Hugo Chávez -que logró imponer la reelección mediante una enmienda constitucional ratificada con un referéndum- se ha extendido a otros países de la región y ha impulsado a los presidentes de Bolivia, Ecuador, Guatemala y Argentina a buscar terceros mandatos.

El modelo venezolano que alinea a los países del ALBA- y parcialmente a Argentina – impide la alternación de líderes y de fuerzas políticas. En el caso de Chile, donde no hay reelección consecutiva, la expresidenta Michelle Bachelet muy posiblemente será la ganadora en la segunda vuelta  del próximo 15 diciembre. También es posible un retorno de Tabaré Vázquez en Uruguay tras un mandato intermedio. En estos procesos las culturas políticas desempeñan un papel importante para entender el tipo de liderazgos que se encuentran en la región.

El modelo venezolano que alinea a los países del ALBA- y parcialmente a Argentina – impide la alternación de líderes y de fuerzas políticas. 

Si algo llama la atención en la actual coyuntura de América Latina es su inclinación por un tipo de liderazgo populista en aquellos  países que han aceptado la reelección presidencial, particularmente la reelección indefinida. Varias son las causas que es explican este fenómeno, y entre las cuales se cuenta la desmovilización de un vasto sector de la sociedad que se traduce en el crecimiento de la anti-política, motivada por la reducción o la incapacidad de los partidos políticos para responder a necesidades importantes y reducir los conflictos sociales, conjuntamente con el incumplimiento de su papel de representación de diversos sectores sociales, sin contar con la imposibilidad de garantizar relaciones consensuales entre gobiernos y oposición.

Llevar a cabo estas tareas supondría la existencia de una nueva clase política con capacidad para salir al rescate de una institucionalidad bloqueada, pero este hecho no se ha dado.

La decadencia de los partidos políticos latinoamericanos es parte de una tendencia    generalizada entre las democracias occidentales que ha sido destacada por diversos analistas. En estas condiciones cabe preguntarse si la reelección impide la promoción de nuevos tipos de liderazgo o si, por el contrario es la falta de esos nuevos tipos de liderazgo lo que impulsa el fenómeno de la reelección.

 

* Profesor de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Rosario.

 

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