Inicio Edición Noviembre 25 Perdedores, ganadores y enseñanzas del 21N y 22N

Perdedores, ganadores y enseñanzas del 21N y 22N

Escrito por Juan Carlos Ruiz
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La policía ha tenido días difíciles y de mucho trabajo.

Juan Carlos RuizLos manifestantes pacíficos, los vándalos, el presidente Duque, el gobierno, los políticos, la policía, la clase media, las redes sociales y los alcaldes fueron los actores de las dos jornadas de movilización: ¿pero quiénes ganaron y quiénes perdieron?

Juan Carlos Ruiz Vásquez*

¿Qué está cambiando?

Las manifestaciones del 21 y 22 de noviembre de 2019 mostraron un cambio importante en Colombia.

En un país poco acostumbrado a la protesta social de masa, estas manifestaciones aglutinaron a sectores muy variados —y sin distinción de clases sociales—. A pesar de la violencia y los estragos, no hubo muertos y, por primera vez, una clase media que poco acostumbra a expresarse en la calle mostró su gran malestar por medio de la resistencia civil.

En estas marchas hubo ganadores y perdedores, pero sobre todo lecciones aprendidas.

Perdió el presidente Duque

Entre quienes pueden considerarse los perdedores de la jornada, está en primer lugar el presidente Duque, que dio señales preocupantes de desgobierno. La violencia desmedida, varias ciudades con toque de queda y una policía que pareció no dar abasto provocaron la sensación de que el Ejecutivo no sabía cómo reaccionar ni comunicar.

Además, la propuesta de una “conversación nacional” —que no es más que una copia del “gran debate nacional” que propuso Macron en Francia para dar respuesta al movimiento de los Chalecos Amarillos— por lo pronto no se entiende. No se ve la diferencia con los consejos comunales “Taller construyendo país”, y no es claro cómo podrían servir para aquietar el descontento.

El paro encontró mal parado al presidente, personal y políticamente. A sus preocupaciones familiares se sumaron su baja popularidad, poco ascendiente sobre el partido de gobierno, las salidas en falso y desencuentros de su equipo y, el mal momento que atraviesa su mentor y principal apoyo, el expresidente Uribe, con niveles de popularidad cada vez más bajos e incurso en causas judiciales serias.

Esta es una triste situación para Iván Duque, que tiene cualidades interesantes y necesarias para ser un buen gobernante: su mesura y ponderación, su inclinación a concertar y la prudencia que ha mostrado al desoír los cantos de sirena o los llamados radicales de algunos sectores de su partido y de la sociedad.

El talante de líder es esencial para hacer que las horas negras se conviertan en momentos memorables. La manera como el presidente Duque afronte y resuelva esta crisis social, lo condenará o lo absolverá. Lamentablemente, sus intervenciones televisivas no parecen haber sido convincentes.

Las marchas han acogido un descontento generalizado pero que no tiene una causa única.

Foto: Razón Pública
Las marchas han acogido un descontento generalizado pero que no tiene una causa única.

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Perdió el gobierno nacional

A raíz de las movilizaciones, el gobierno perdió todo margen de maniobra para presentar sus proyectos especialmente urgentes y sensibles, como el pensional y el laboral —e inclusive, tal vez, la reforma tributaria que se le cayó y que parece ser impostergable—.

La marcha ha demostrado que la reacción ante reformas que benefician o parecen beneficiar apenas al sector empresarial y financiero puede ser crítica y radical.

En últimas, el gobierno abrió la caja de Pandora y despertó a sectores de la clase media que no acostumbran a manifestarse. Golpeada por las reformas tributarias, la disminución del poder adquisitivo y el aumento desmedido del predial, la clase media, tradicionalmente apática y mimetizada con los partidos tradicionales, parece haber despertado y no está dispuesta a hacer concesiones sobre los derechos que ha ganado.

Perdieron los políticos

Colombia acusa una falta de liderazgo evidente. Ningún jefe o director de partido rodeó al gobierno o se adhirió de manera franca a la protesta. Tampoco sus mensajes, si acaso los hubo, estuvieron presentes. Fueron irrelevantes durante el 21 y 22N.

El único que trató de capitalizar la protesta, de manera oportunista y disruptiva, fue Gustavo Petro con su invitación a continuar el paro. Sus palabras no cayeron bien en las redes sociales y fueron juzgadas como irresponsables incluso por líderes sindicales.

Políticos avezados, como el expresidente Uribe no han logrado tampoco medir la temperatura de este nuevo fenómeno social y siguen enfrascados en destapar la gran conspiración comunista continental.

En ese sentido, perdieron los partidos políticos, los políticos y los presidenciables, que pasaron de agache.

Perdió la policía

Igualmente perdió la policía, que por momentos dejó la sensación de que no daba abasto con los múltiples focos de protesta. La protesta llegó a estar por fuera de control, a punto tal que se hizo necesario decretar toque de queda y militarizar a varias ciudades, comenzando por la capital.

Como sucede a menudo, la llegada de los militares fue celebrada por vecinos y comerciantes, aunque el trabajo duro y difícil ya lo había hecho la policía.

A pesar de su labor adelantada con gran organización y planificación, fueron destruidos algunos sitios neurálgicos, que se suponía estaban bajo control directo de la Policía.

Por otro lado, los excesos del ESMAD y la policía fueron denunciados por manifestantes a través de las redes sociales. En algunas ocasiones se utilizó la fuerza ante manifestantes pacíficos.

Resulta imperiosa una autocrítica por parte de la oficialidad sobre qué falló y en qué se acertó. En este diagnóstico vale la pena responder algunas preguntas: ¿Por qué no logró detenerse el pillaje en zonas de control de la fuerza pública? ¿Faltó pie de fuerza? ¿Por qué policías aislados cayeron en manos de los manifestantes que los avasallaron? ¿Qué pasó con la movilidad del escuadrón móvil? ¿Hubo fallas en la comunicación hacia la ciudadanía? ¿Cómo frenar en el futuro los excesos?

¿Debemos pensar en una reforma del ESMAD?

Foto: Cortesía: Miyer Mahecha
¿Debemos pensar en una reforma del ESMAD?

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¿Acabarán las manifestaciones?

Las manifestaciones van creando las propias condiciones para su finalización. Las marchas prolongadas se van marchitando. Lentamente van ganando más antipatías que seguidores si son disruptivas.

Un ejemplo son las manifestaciones de los Chalecos Amarillos en Francia, que han perdido aliento. De 282.000 manifestantes en Paris en noviembre 2018, el pasado sábado apenas llegaron a reunirse 28.000. En Hong Kong, después de manifestaciones multitudinarias en las calles, la protesta se encuentra confinada a un campus universitario.

Los comerciantes que ven sus negocios vandalizados o que no pueden abrir día tras día, son los primeros que comienzan a oponerse a la protesta violenta prolongada. La gente del común, que no cuenta con transporte o no puede presentarse al trabajo, va tomando distancia hacia las manifestaciones. Los vecinos de conjuntos que no pudieron dormir cuidando sus propiedades ganadas con mucho esfuerzo y ahorro comienzan a ver con antipatía el desorden.

¿Quiénes ganaron?

En primer lugar, ganaron los colombianos con el “cacerolazo”. Esta resistencia civil, pacífica, espontánea e inédita para Colombia puso a pensar por primera vez sobre la posibilidad de la renuncia del presidente. Más que la misma manifestación con sus demostraciones pacíficas o las acciones vandálicas posteriores, las cacerolas fueron el mensaje más claro sobre un gran malestar. Son una señal de alerta para el gobierno.

Además, el “cacerolazo” desmontó la hipótesis de sectores radicales sobre una infiltración de gobiernos foráneos o de la subversión, para mostrar que había un hastío auténtico que estaba atragantado de tiempo atrás.

Una gran ganancia es que, hasta el momento de escribir este análisis, no ha habido un solo muerto. En contraste, las protestas en Chile dejaron 23 muertos y 2.500 heridos; en Ecuador hubo ocho muertos y 1.340 heridos; y las manifestaciones en Bolivia han dejado hasta ahora 35 fallecidos. En Colombia, a pesar de los destrozos, no haber tenido muertos que lamentar es un verdadero alivio.

Otros ganadores son los manifestantes pacíficos, que dieron ejemplo al confrontar con la palabra a los violentos. Trataron de proteger a los policías, repudiaron a los vándalos, buscaron arreglar la degradación ocasionada y convirtieron su marcha en una verdadera fiesta con música, tambores, frases ocurrentes y actos lúdicos.

Por otro lado, las redes sociales ganaron, para lo mejor y lo peor. Demostraron su gran influencia. Gracias a ellas hubo un cubrimiento en tiempo real de la protesta y se denunciaron algunos excesos de la fuerza pública. Pero también desinformaron esparciendo rumores falsos que sembraron pánico entre residentes de conjuntos que se armaron pensando que serían robados por turbas. Y no hay que olvidar los falsos rumores, que señalaron una supuesta complicidad entre la policía y los saqueadores. Lamentablemente, se produjo un pánico gratuito y se trató de enlodar a la policía.

Paradójicamente, los vándalos también ganaronpues pusieron en jaque a varias ciudades. Han mostrado ser un grupo heterogéneo que reúne a los Black Blocs anarquistas con jóvenes sin oportunidades y oportunistas del momento, que se aprovechan del desorden para sembrar el caos y manifestar su rabia contra todo lo que los ha excluido.

El Presidente no ha sido suficientemente contundente en sus alocuciones sobre las medidas para oír el descontento del paro.

Foto: Presidencia de la República
El Presidente no ha sido suficientemente contundente en sus alocuciones sobre las medidas para oír el descontento del paro.

También ganaron los alcaldes, que se vieron más al mando de la situación que el mismo gobierno nacional. Los alcaldes de Cali, Mauricio Armitage, y de Bogotá, Enrique Peñalosa, estuvieron en control de la situación con sus equipos y gestores de convivencia, informando a los ciudadanos y tomando decisiones de fondo cuando la situación lo ameritó.

Los alcaldes de Barranquilla y Medellín tuvieron marchas mucho más tranquilas. Quizás sus niveles de favorabilidad contribuyeron en algo a que el 21N fuera pacífico gracias a sus mensajes de serenidad. El mensaje fresco del alcalde de Barranquilla invitando a una marcha pacífica fue fundamental en este propósito: “Si quieres marchar, te vamos a acompañar, te vamos a proteger. Hazlo. Con toda la confianza del mundo. Pero no violentes a tu ciudad, no golpees a tu ciudad…”.

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Finalmente, en algo ganó la policía. Sigue siendo la institución protagonista del país. Sin ella el gobierno estaría en total desamparo. El sacrificio de sus hombres y mujeres fue el último baluarte antes del caos. Como dijo alguna vez un presidente colombiano: “La policía ha sido el oxígeno de mi gobierno”.

*Profesor titular de la Universidad del Rosario, Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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