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Política industrial, innovación y desindustrialización

Escrito por Jaime Acosta

25 años de apertura sin política industrial ni compromiso con la innovación nos mantienen al margen del avance económico mundial. Cómo pasar de las materias primas y las copias a la invención de nuevos productos y mercados.

Jaime Acosta Puertas*

Un sistema productivo rezagado

En un artículo anterior en Razón Publica sostuve que Colombia era un milagro a medias. El país ha mantenido un crecimiento de largo plazo en la cota del cuatro por ciento anual -con la cual es imposible lograr el desarrollo- y tiene una industria cuya transformación productiva está represada hace tres décadas.

Países como Colombia, con escasas capacidades de transformación y de innovación,  producen lo que el mercado conoce y quiere, pero no contribuyen con ofertas innovadoras que abran nuevos consumos y nuevos mercados.  Es la diferencia entre economías avanzadas con cambio estructural permanente y economías rezagadas con mediano crecimiento porque producen y compiten sin política industrial y de innovación.

Los gobiernos han vendido todos los activos que han podido y esos dineros fueron a dar a la olla sin fondo del Presupuesto General de la Nación. 

En otras palabras: aparatos productivos como el de Colombia tienen menores oportunidades en el mercado; solo la educación, la investigación, la innovación y el cambio estructural le darían nuevas posibilidades. Las potencialidades de sus recursos físicos y humanos están encapsuladas en un papel marginal: es una economía fundamentalmente proveedora de materias primas no elaboradas, como si estuviéramos en la primera mitad del siglo XX.

Así las cosas, Colombia ha derivado en un modelo de crecimiento fundado en el libre comercio y en la libre concurrencia, con un Estado regulador que ha quedado al vaivén  de los agentes privados, con limitados márgenes de maniobra, de intervención y de inversión (ahí, para no ir muy lejos, está el ejemplo de las basuras en Bogotá).


Proyecto Hidroeléctrico de Sogamoso,
construido por Isagen.
Foto:International Hydropower Association

Economía, mercado y desindustrialización

Los gobiernos han vendido todos los activos que han podido y esos dineros fueron a dar a la olla sin fondo del Presupuesto General de la Nación. Ninguno de esos ingresos se invirtió en algún desarrollo estructural específico, por ejemplo, en un proceso de reindustrialización acorde con el modelo de economía abierta. Esa plata no se perdió pero tampoco se vio.

Con la venta de ISAGEN se pretende tener foco: aportar recursos a las autopistas de cuarta generación (4D), cuando esos dineros deberían aplicarse a la reindustrialización del país y a complementar los recursos de los fondos regionales de ciencia, tecnología e innovación. También ayudarían a un programa estratégico de investigación e impulso de industrias de energías alternativas, pues son claras sus ventajas ambientales y económicas.

Pero no. Colombia siempre va dos, tres o cuatro pasos atrás en las concepciones y políticas económicas. Mientras tanto, Ecuador está creando una ciudad del conocimiento y cuatro universidades de investigación en temas del futuro: quiere dejar su condición subalterna, como Brasil, Chile y ahora Uruguay.    

Colombia intenta actuar como un modelo perfecto sin fallas del mercado, excedido en creer que el libre comercio y los TLC son el principio y el fin de la historia. Por eso hizo una apertura sin política industrial y sin política de innovación, realidad que no ha sido modificada casi un cuarto de siglo después, lo cual dio origen a un proceso de desindustrialización que los gobiernos Uribe y Santos han negado sobre la base de estudios sesgados.

El crecimiento industrial persistentemente inferior al crecimiento del PIB y el crecimiento de las exportaciones industriales por debajo del promedio de las exportaciones industriales mundiales -según series estadísticas de Naciones Unidas-  en todas las ramas por contenido tecnológico -bajo, medio y alto-, indican que hay un proceso sostenido de desindustrialización.


Planta cementera La Siberia abandonada.
Santiago La Rotta

Ausencia de innovación y de tecnología

Una economía de industrialización tardía sin política industrial y de innovación y sin un programa nacional de bienes de capital ni de bienes intermedios de nueva generación, está condicionada a que sus capacidades educativas, científicas, tecnológicas y emprendedoras generen poco valor agregado.

Colombia es un importador neto de tecnología para los distintos eslabones de las cadenas productivas de sus principales sectores. Sus industrias de tecnología y las expectativas de futuro son escasas. Solo con innovaciones incrementales (mejoras sencillas) y de software. Con ellas no es posible lograr estándares elevados de productividad a partir de la educación, de la innovación y del emprendimiento para la diversificación y la transformación productiva.

Las ramas industriales siguen siendo el corazón de los sistemas productivos globales. Las industrias virtuales, las redes cibernéticas (y las chuzadas cibernéticas), existen porque hay industrias de hardware. Los equipos para detectar enfermedades, hacer tratamientos y medicamentos son actividades industriales. Sin industrias sofisticadas de tecnología difícilmente se pueden transformar industrias de bienes primarios en ramas industriales sofisticadas. Sin industrias de equipos, instrumental, dispositivos médicos y de medicamentos, las cadenas de salud y de medicina son incompletas y difícilmente pueden alcanzar la vanguardia en la frontera del conocimiento, de la producción y de los servicios. Estos solo son dos ejemplos de porqué la industria y su reconversión es clave en el sistema productivo mundial y en la expansión de los servicios, sobre todo de alto valor agregado.

El centro de los negocios mundiales está en las industrias de tecnología, del conocimiento y de la innovación y no en las industrias sucedáneas o periféricas, que son buenos negocios y que aportan al crecimiento pero no al desarrollo. Pero también Microsoft no sería nada si no existieran IBM, HP, Dell, ACER, Samsung, Sony, Nokia. Nada.

Colombia siempre va dos, tres o cuatro pasos atrás en las concepciones y políticas económicas. 

Entonces, si un país no desarrolla el sistema industrial y se abre paso por nuevos espacios en el sistema mundial de producción, tendrá un crecimiento mediano y la educación, la investigación, el emprendimiento y la calidad de los empleos serán también mediocres. El rezago productivo tiene efectos colaterales sistémicos en el atraso de otros sectores.

Necesitamos una política industrial 

El orden correcto de las cosas era formular primero una política industrial y luego haber hecho la apertura, como lo hicieron los países avanzados y los asiáticos, pero no fue así. Otro criterio racional hubiera sido establecer de forma paralela la apertura y una política industrial para negociar desde otra perspectiva los TLC con las economías de Norte América y de Europa y, más recientemente, con los países asiáticos. Tampoco ha sido así.

El daño está hecho. Ahora lo que queda es devanarse los sesos para ver qué tipo de cambio estructural es posible cuando los sectores a donde podría emigrar la diversificación productiva y encontrar nuevos espacios de desarrollo están desgravados. Así es más difícil adoptar estrategias para avanzar con más dinamismo y libertad: regalamos muchos espacios y no reservamos ninguno. Colombia es arrogante con las cortes internacionales de justicia, pero sumisa con los organismos internacionales de comercio.

¿Qué hacer?

Hay varias posibles acciones para avanzar:

(1)   Adoptar una política industrial y de innovación que permita el cambio estructural y no solo la competitividad, porque este esquema se agotó.

(2)   Desarrollar una política de hábitats o de territorios de innovación para atraer inversiones en sectores estratégicos de alta tecnología a partir de planes de largo plazo para mejorar factores de localización: educación, investigación, innovación, infraestructura.

(3)   Adoptar estrategias y realizar programas que estimulen la producción nacional de mipymes innovadoras, focalizándose en nuevas actividades de media alta y alta tecnología basadas en la educación, la investigación, la innovación y el emprendimiento.

(4)   Colombia no puede seguir vendiendo las grandes empresas. No tener organizaciones industriales es como no tener identidad. Por eso debe construir un programa de crear las nuevas multilatinas colombianas del siglo XXI. Ahora no hay una.

(5)   Aprovechar la Alianza Pacífico para que los cuatro países -y los que entren- construyan una política común de transformación productiva y de innovación, con educación, ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento, aprovechando el punto acordado en la Cartagena del Pacífico: impulsar conjuntamente cadenas productivas entre los socios de la Alianza. Esta puede ser la última oportunidad de Colombia de hacer algo más sensato, inteligente y esforzado que firmar más y más TLC.   

 

* Consultor e investigador independiente C&I.

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