Política exterior: el balance de Santos y los retos de Duque - Razón Pública
Inicio TemasPolítica y Gobierno Política exterior: el balance de Santos y los retos de Duque

Política exterior: el balance de Santos y los retos de Duque

Escrito por Diana Rojas
Presidente Juan Manuel Santos con el presidente Nicolás Maduro.

Diana RojasLa búsqueda de apoyo al proceso de paz fue el eje de la política exterior de Santos, pero el problema principal de Duque será la relación con Venezuela. ¿Qué logró – o no logró- el gobierno saliente, y que tendría que lograr el entrante?

Diana Marcela Rojas*

Relativa eficacia y coherencia

Debido a los vaivenes incesantes, la variedad de actores involucrados y los altos niveles de incertidumbre que caracterizan los escenarios internacionales en la actualidad, la política exterior es uno de los campos donde existe una mayor distancia entre los propósitos iniciales y los logros finales de cada gobierno.

Sin embargo, el balance de la política internacional del gobierno Santos muestra un grado de coherencia que resulta notable al compararlo con administraciones anteriores. Ésta puede ser explicada por tres factores fundamentales:

  • La concertación de los esfuerzos estatales en diversas áreas para buscar el respaldo internacional en torno al proyecto primordial de una solución negociada al conflicto armado.
  • Un dispositivo diplomático forjado durante las dos décadas precedentes de imperiosa internacionalización, el cual, bajo la dirección de la canciller Holguín, dio continuidad a las políticas a lo largo de los ocho años de gobierno.
  • Una visión política en concordancia con las tendencias internacionales predominantes.

Los objetivos principales que la administración Santos se planteó en sus comienzos fueron dos:

-Conseguir el apoyo internacional para el proceso de paz, tanto en términos políticos como en términos financieros. Se esperaba que el aval de países y organizaciones internacionales aumentaría la confianza en el proceso, tanto por parte de la guerrilla como de la ciudadanía colombiana. Y sin duda ninguna, este acompañamiento externo propició la continuidad de los diálogos y el acuerdo final.

-Lograr un mejor posicionamiento internacional para Colombia. Al proyectar una situación de estabilidad, seguridad interna y condiciones favorables para la inversión extranjera, el Gobierno se propuso diversificar la agenda y ampliar la esfera de acción internacional, jugando de manera simultánea en varios escenarios.

La búsqueda de estos dos objetivos por supuesto presentó avances y limitaciones. El principal logro del gobierno Santos fue obtener un respaldo abierto y continuo al proceso de paz. Tanto en la etapa de los diálogos como en la de ejecución de los acuerdos, el proceso ha contado con el acompañamiento de diversas instancias internacionales: organismos como la ONU, la OEA y la CELAC, organizaciones no gubernamentales, y países europeos y latinoamericanos. Ya fuese como mediadores, facilitadores, veedores o financiadores, su contribución a la construcción de la paz ha sido fundamental.

En relación con la meta de proyectar internacionalmente al país, los escenarios fueron múltiples y los resultados variados.

Le recomendamos: La misión de la ONU en Colombia: una experiencia exitosa.

Comercio y OCDE

Presidente Juan Manuel Santos con el presidente Obama.
Presidente Juan Manuel Santos con el presidente Obama.
Foto:  Presidencia de la República

En materia de política económica, la administración Santos le dio continuidad a la internacionalización del gobierno anterior.

Medidas como la creación de la Alianza Pacífico (con México, Perú y Chile) y la entrada en vigor de los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Canadá, Corea del Sur y la Unión Europea buscaron acelerar el proceso de liberalización económica y comercial.

El principal logro del gobierno Santos fue obtener un respaldo abierto y continuo al proceso de paz.

En este mismo sentido, la administración planteó como una de sus prioridades el ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Con el objetivo de adaptar la administración pública y la legislación a estándares internacionales, se llevaron a cabo una serie de reformas políticas e institucionales.

Estas reformas afectaron de manera sustancial el manejo de la política económica en lo que respecta a la productividad y la competitividad, pues crearon condiciones favorables para la inversión extrajera y generaron mayor confianza internacional hacia la economía colombiana.

Como resultado de estos esfuerzos, Colombia fue aceptado como miembro de la OCDE en mayo del año en curso. A este respecto existen opiniones divididas:

  • Por un lado, la adopción de parámetros internacionales facilita la inserción del país en los procesos económicos globales, lo cual -a largo plazo- podría permitir una mejoría considerable en otras áreas problemáticas.
  • Por otro lado, implica una restricción del margen de maniobra del Gobierno nacional a la hora de tomar decisiones en el ámbito doméstico y ancla al país, con mayor contundencia, al modelo económico neoliberal.

Puede leer en RP: Colombia en la OCDE: ¿ahora qué sigue?

El ingreso a la OTAN

Presidente Juan Manuel Santos con el Gobernador de Canadá.
Presidente Juan Manuel Santos con el Gobernador de Canadá.
Foto:  Cancillería de Colombia

Casi simultáneamente, se formalizó el vínculo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en calidad de socio global.

Este modo de asociación implica establecer mecanismos de cooperación de interés mutuo para enfrentar riesgos y desafíos de seguridad emergentes; así mismo abre la posibilidad de acceder al intercambio de información, la capacitación de las Fuerzas Militares, la participación en ejercicios militares conjuntos y la estandarización de procedimientos y protocolos de seguridad.

Para la administración Santos se trató de una jugada estratégica puesto que la asociación con la OTAN le dará continuidad al proceso de modernización de las Fuerzas Armadas iniciada con el Plan Colombia.

Desde la perspectiva del postconflicto, la asociación con la OTAN permitirá que el Gobierno responda a dos imperativos:

  • Darle una nueva orientación y uso al dispositivo militar más grande y eficaz con el que ha contado el país en su historia republicana, y
  • Mantener la capacidad coercitiva del Estado frente a amenazas como las disidencias de la guerrilla, las BACRIM y el narcotráfico, un asunto de vital importancia que debe ser resuelto en estos primeros años de postconflicto.

Asimismo, este pacto contribuirá a afianzar la legitimidad ganada por las Fuerzas Armadas colombianas, tanto dentro como fuera del país.

Los vecinos…y el narco

En relación con otros temas, las limitaciones fueron evidentes.

Al comienzo de su mandato, el presidente Santos trató de recomponer las para entonces maltrechas relaciones con los vecinos, especialmente con Venezuela, Ecuador y Nicaragua.

Inicialmente, las relaciones con Venezuela parecieron mejorar, pero la evolución interna de la política y la crisis creciente de ese país hicieron imposible mejorar la vecindad. Por el contrario, las disputas han empeorado y los problemas fronterizos son sumamente acuciantes.

Por su parte, el fallo de la Corte de La Haya en 2012 sobre el litigio entre Colombia y Nicaragua implicó la pérdida de cerca del 43 por ciento de nuestro territorio marítimo en el Mar Caribe. El gobierno decidió recusar esta decisión, retirarse del Pacto de Bogotá y contrademandar las pretensiones nicaragüenses. Actualmente el proceso jurídico sigue su curso y podría tardar varios años para llegar a un fallo definitivo.

Por otra parte, Santos trató de poner sobre la mesa la discusión sobre el enfoque de la lucha contra las drogas para subrayar el elemento de responsabilidad compartida. Para eso intentó establecer un frente común latinoamericano, pero chocó con la negativa de Estados Unidos a revisar su política antinarcóticos.

Puede interesarle: La crisis de Venezuela: una amenaza grave para Colombia

Los retos para Duque

raul-castro-santosPresidente Juan Manuel Santos con el presidente Raúl Castro.exteriores-rojas-diana.jpg - 193.47 kB
Presidente Juan Manuel Santos con el presidente Raúl Castro.
Foto: Cancillería de Colombia

Aunque no es de prever un cambio significativo en el rumbo de la política exterior bajo el próximo gobierno –con la importante excepción que resulta de que el Acuerdo con las FARC ya fue logrado- hay varios desafíos que el presidente Duque debe abordar en el futuro inmediato.

El principal de ellos es por supuesto la relación con Venezuela y la atención a la crisis humanitaria en curso.

Es un reto complejo porque en primer lugar implica manejar la llegada masiva de venezolanos a Colombia mediante una estrategia que no sea tan solo paliativa.

En segundo lugar -y aunque es clara la urgencia de que se resuelva la situación de inestabilidad política, inseguridad y declive económico en el país vecino- no existe un manual para hacerle frente a estas situaciones ni de manera bilateral, ni en el contexto regional o internacional.

Por lo pronto, con Venezuela estamos ante un callejón sin salida: ni las exhortaciones ni las sanciones internacionales han dado frutos y, sin embargo, las opciones que se le presentan al Gobierno entrante son más de lo mismo.

Otro de los retos para el nuevo Gobierno consiste en decidir qué hacer con los réditos logrados en materia de reputación y mejoramiento de la imagen internacional del país. Se trata de un capital simbólico importante que no debe ser menospreciado.

Durante muchos años, el conflicto armado puso a Colombia en condiciones de vulnerabilidad extrema porque limitó sus posibilidades de proyección, fijó las prioridades en la agenda internacional y concentró la energía y los recursos del Estado en atender los problemas de seguridad.

El fin de la guerra y la voluntad de construir condiciones para la paz es un asunto que no sólo implica la reconciliación entre los colombianos, sino que atañe a la política exterior: en este terreno se ponen en juego la manera como nos perciben afuera y las posibilidades de establecer relaciones más positivas y beneficiosas con el resto del mundo.

Así pues, hemos iniciado el tránsito de una política exterior defensiva a una más propositiva, con la perspectiva de responder asertivamente a las dinámicas globales actuales en favor del bienestar y los intereses del país.

Es importante no perder este impulso ni regresar a las visiones maniqueas, simplificadoras e ideologizadas que, durante años, demostraron sus altos costos y grandes deficiencias. Es preciso jugar de forma inteligente en varios escenarios, tanto en el plano regional como en el plano global.

Sólo así podremos aprovechar las oportunidades y limitar los perjuicios. En últimas, de eso se trata la política internacional.

*Docente e investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia.

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Cuando ayudas a Razón Pública


· Apoyas el análisis independiente
· Apoyas el debate con argumentos
· Apoyas la explicación de las noticias
 
Apoya a tu Revista

DONA A RAZÓN PÚBLICA