Policía rural: ¿…Y para qué una gendarmería? - Razón Pública
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Policía rural: ¿…Y para qué una gendarmería?

Escrito por Juan Carlos Ruiz
Juan Carlos Ruiz

Juan Carlos RuizEn medio del debate acalorado y confundido entre el presidente y el procurador, este artículo sereno e informado explica en qué consiste una gendarmería, cuál ha sido la experiencia de otros países, y por qué no sería útil ni conveniente en Colombia.

Juan Carlos Ruiz V. *

Santos en Francia

Declaración tormentosa

El domingo pasado el presidente Santos anunció desde París que pensaba en crear “una policía rural siguiendo el modelo de la gendarmería francesa para consolidar el posconflicto en las regiones”.

A decir verdad, las gendarmerías son cosa del pasado.

El anuncio, más o menos inocente, provocó la reacción instantánea del procurador, quien en un “tuit-comunicado” declaró que el gobierno y las FARC “sí estaban negociando la estructura de la Fuerza Pública al admitir posibilidad de ‘gendarmería’ con desmovilizados”. Santos consideró que esta declaración era “perversa y malintencionada”, Ordoñez criticó la “reacción desencajada de Santos”, y por ahora vamos en que el primer mandatario y el jefe del ministerio público – convertido en jefe de la oposición al proceso de La Habana- se van a reunir para hablar sobre el asunto.

Pero antes de acalorarse y de acalorar a la opinión, sería bueno entender que es una “gendarmería”, para qué sirve o no sirve, y qué sentido tendría o no tendría establecerla en Colombia.

Una vieja policía militar

Las gendarmerías fueron creadas en Europa en los siglos XVIII y XIX, cuando aún no existían las policías civiles modernas. De esta manera, los gobiernos echaban mano de soldados – no de policías-  para proveer seguridad en las regiones apartadas.

La primera policía civil se creó apenas en 1829, en Londres, ejemplo que fue seguido por  París un  año después, y por la mayoría de países europeos y algunas ciudades de Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Estas policías civiles vendrían a desplazar a las  gendarmerías.

Se trataba entonces de fuerzas policiales conformadas por soldados, típicamente montadas a caballo, y asignadas a regiones de colonización o de frontera como expresión soberana del Estado central, para que esta segunda fuerza armada ayudara a controlar el territorio al mismo tiempo que combatía el crimen. Así surgieron la Gendarmería francesa, la Real Montada del Canadá, los Carabinieri italianos, los Rurales mexicanos bajo Porfirio Díaz, o la Guardia Civil española, para citar algunos ejemplos. Incluso en guerras como las de Indochina, Argelia o las Malvinas, las gendarmerías se usaron por su doble carácter policial y militar.

Carabineros de la Policía Nacional.
Carabineros de la Policía Nacional.
Foto: Policía Nacional de los Colombianos

Especie en extinción   

A decir verdad, las gendarmerías son cosa del pasado.

Gendarmerías como la peruana a mediados de los 1980, la belga y la austriaca en los 2000 fueron suprimidas o amalgamadas con las policías civiles.

La única excepción ha sido México, donde el año pasado se creó una gendarmería – y no como una fuerza paralela sino como una división dentro  de la Policía Federal, parecida a los carabineros de Colombia. Pero la poco afortunada reforma policial en México y la errática formación de cuerpos policiales en ese país durante la última década no deberían ser el modelo para Colombia.

Cada vez más civiles

Las gendarmerías en Francia y otros países se han mantenido gracias a su prestigio histórico, pero han ido perdiendo su ascendiente militar y cada vez más se parecen a las policías civiles.

Si bien es cierto que los gendarmes tienen ethos militar y estatus de soldados, cada vez se parecen más a sus contrapartes civiles. Por ejemplo, la gendarmería francesa y los carabineros de Chile pertenecieron hasta hace poco a los ministerios de defensa para pasar a los del interior. Y en el mundo muy pocas policías siguen adscritas a los ministerios de defensa.

El carácter militar de las gendarmerías se ha ido diluyendo. En otra época, los mejores soldados franceses eran premiados con el ingreso a la gendarmería y los mandos de esta se formaban en Saint-Cyr, la gran escuela militar. Pero hoy en día su formación se da en escuelas propias, es más policial que militar, y tiene apenas diferencias sutiles con la del resto de la policía francesa: por ejemplo, los gendarmes viven en casas fiscales, son    entrenados en paracaidismo o aprenden a disparar acostados – cosas que no suceden con los policías comunes. Dicen algunos que los gendarmes son más disciplinados, no se sindicalizan y no hacen huelgas. François Dieu, quizá el mejor analista de la gendarmería francesa, señala como diferencia su espíritu de cuerpo o su “cultura” organizacional. Pero  en efecto  las tareas de las dos instituciones no se diferencian sino más bien se traslapan en la práctica.

Hoy por hoy las diferencias son mínimas y se refieren especialmente al tipo de territorio: las gendarmerías tienen rangos militares y se concentran en las áreas rurales, mientras la policías nacionales actúan en las ciudades y sus jerarquías son puramente civiles.

Un buen ejemplo de esta transformación ha sido la Real Montada del Canadá (RCMP), que nació como policía gendarme, a caballo, representante soberana en regiones inhóspitas y de frontera con condiciones invernales rigurosas. Pero hoy en día los únicos rastros de “gendarmería” son su famosa casaca roja, el sombrero de ala ancha Stetson, el caballo para el ceremonial y su nombre en el Canadá francés de Gendarmerie Royale (GRC). En todo lo demás, la RCMP es una policía federal que presta los servicios de alcance nacional, los de algunas provincias y los de buen número de ciudades.

Idea vieja en Colombia

La idea de una gendarmería para Colombia no es nueva. Hubo dos experimentos – el de Rafael Núñez (1886) y el de Rafael Reyes (1904)- que fracasaron estrepitosamente. Hace algún tiempo el ex ministro Rafael Pardo y, más recientemente, la Fundación Ideas para la Paz, reabrieron el debate al proponer la coexistencia de dos tipos de policía: una, gendarme, para el campo y otra, la actual, para las urbes.

En el fondo se argumenta que el conflicto distorsiona el papel de la Policía Nacional por la clara diferencia entre el combate con grupos armados en las áreas rurales y la labor de vigilar un barrio de una gran ciudad. Pero  el argumento en realidad no justifica militarizar la seguridad ciudadana, como traté de mostrar en un artículo  anterior de Razón Pública.

Ya existen los carabineros

No es muy claro para qué el presidente Santos propone crear una gendarmería en un país donde no existe esa tradición.

La policía nacional ha sido prácticamente la única representación del Estado central en municipios apartados. Ha contado con una formación, unos rangos y un ascendiente militar que no la hacen inconsistente con las tareas que supuestamente vendría a cumplir la gendarmería. De hecho, la policía nacional cuenta con una división de carabineros inspirada en las policías montadas que patrulla los campos y fue la primera llamada a combatir el bandolerismo de los años 1960.

Aunque la fuerza de carabineros fue utilizada en el control de protestas urbanas durante los 1970 y 1980,  el gobierno Uribe volvió a concentrarla en el sector rural y la fortaleció  mediante sus escuadrones móviles.

Miembros de la gendarmería italiana o Carabinieri en Florencia, Italia.
Miembros de la gendarmería italiana o Carabinieri en Florencia, Italia.
Foto: Wikimedia Commons

Onerosa y peligrosa

Crear ahora una gendarmería no haría más que duplicar esfuerzos y aumentar el ya muy alto gasto de seguridad en Colombia. De hecho la tendencia mundial es hacia la unificación de las muchas policías que suelen existir en el país. Gran Bretaña pasó de 240 cuerpos de policía a 43 y piensa llegar a 18 en corto tiempo. Canadá está reduciendo sus 320 fuerzas de policía. O en Estados Unidos se debate cómo racionalizar los 17,344 cuerpos policiales  existentes.

Surgen entonces varias preguntas: ¿Será que Santos piensa reducir el personal de la Policía Nacional- que ahora ya no tendría que cubrir el campo-? ¿O pasaría algunos de sus miembros a la gendarmería? ¿Y si así fuera, cuál sería la gracia de tener los mismos policías con nombre y uniformes distintos? ¿O quizás la idea sea sumarle a los 170 mil policías actuales otros miles de agentes para el campo, con el aumento de salarios y de cargas pensionales que esto implica?

Cuál sería la gracia de tener los mismos policías con nombre y uniformes distintos?

Tampoco sobra recordar que nuestra policía pudo pasar de aquella fuerza “chulavita” o asesina durante La Violencia a una policía más profesional y más fuerte gracias – precisamente- a ese acuerdo de paz que fue el Frente Nacional. Entonces  desaparecieron las 13 policías existentes y fueron reemplazadas por una sola Policía Nacional. Solo después de eliminar las policías departamentales y municipales de antaño, en 1965 fue posible que la Policía  tuviese u[HGB1] n Director Nacional formado como tal en una escuela policial – y que la Policía por fin dejara de ser dirigida y manipulada por los partidos políticos, las autoridades locales y los militares (que la habían dirigido casi siempre desde  1891). Crear una gendarmería en Colombia sería un gran retroceso.

Ex guerrilleros en la policía

A diferencia de los acuerdos de paz de Guatemala y El Salvador – donde se pactó disolver la policía y reemplazarla por una nueva institución- desmantelar la Policía Nacional de Colombia no tendrá sentido ni legitimidad. Si bien algunos agentes han estado involucrados en excesos y crímenes dentro del conflicto, la institución como tal goza de una imagen positiva en comparación con otras policías del hemisferio y un protagonismo que impediría el desmantelarla  (y así también lo expliqué en esta revista).

En Centroamérica las policías desaparecieron para dar paso a nuevos cuerpos  civiles que no cargaran con el pasado de brutalidad y violación de derechos humanos. El acuerdo de paz en El Salvador dispuso que la nueva policía fuese integrada por un 20 por ciento  de antiguos miembros del ejército y organismos de seguridad, un 20 de por ciento de antiguos guerrilleros y un 60 de nuevos agentes civiles. Estas cuotas en realidad no se cumplieron con exactitud porque los excombatientes no cumplían con los exigentes requisitos para ingreso – como decir los años de escolaridad. El acuerdo en Guatemala señalaba una mayor presencia de los indígenas, pero tampoco se cumplió esto.

Según el estudio de William Stanley sobre las nuevas policías de El Salvador y Guatemala, el nuevo personal tuvo mejor desempeño que el personal “reciclado” (1). Valdría la pena entonces preguntarse sobre la calidad de una nueva gendarmería colombiana si esta fuese integrada en su mayoría por antiguos soldados y guerrilleros.

Sin duda un eventual acuerdo de paz plantearía nuevos retos para la policía nacional en las zonas rurales. Las reservas campesinas, la restitución de tierras o la participación de algunos antiguos combatientes en bandas criminales supondrán una policía mejor adaptada a esos desafíos. Sin embargo, atomizar la policía con las figuras de la gendarmería o de  policías municipales ha demostrado poner en peligro la unidad del aparato de seguridad y crear problemas de coordinación, probidad y profesionalismo.

Al presidente Santos y a sus asesores sería mejor recordarles el aforismo inglés: “lo que no está dañado, no lo arregles”.

 

Nota de pie

(1) Stanley, W. (1999) “Building new police forces in El Salvador and G así atemala: learning and counter-learning”, International Peacekeeping, 6(4), 113-134).

 

Profesor titular y director de la Maestría en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

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