Poema, tempestad y tambores de guerra - Razón Pública
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Poema, tempestad y tambores de guerra

Escrito por Wolfang Weiler
Wolfgang Weiler

Wolfgang WeilerLa indignación de Günther Grass ante el apoyo militar de Alemania a Israel estalló en forma de poema. A su vez, políticos y periodistas, como una jauría enfurecida procedieron a su linchamiento moral. El literato transgredió un tabú que implica que los alemanes en razón del Holocausto no tienen derecho a pronunciar crítica alguna acerca de las políticas del Estado de Israel. La venta, subsidiada en parte por el Estado alemán, a Israel de un sofisticado submarino quiere dejarse por fuera de toda discusión pública en la medida en que estaría garantizada por este tabú.

Wolfgang Weiler *

Tambores de guerra

En Alemania no son pocas las personas profundamente preocupadas por las amenazas abiertas de guerra por parte del gobierno israelí y por las consecuencias que podría provocar un ataque a las instalaciones nucleares iraníes. Hay razones de sobra para alimentar tal preocupación. ¿Cuáles serían los efectos para el mundo? ¿Qué sería de Israel durante y después del conflicto?

Para los europeos, estas especulaciones no son abstractas: las tensiones entre Israel y sus vecinos se extienden a sus territorios, una y otra vez. Las apuestas bélicas van perdiendo partidarios poco a poco. Y los gobiernos europeos no se pueden dar el lujo de ignorarlo por completo. No les conviene figurar como directos colaboradores militares de Israel, potencia nuclear desde hace ya mucho tiempo.

También circulan pronunciamientos diversos y contradictorios desde las entrañas mismas del conflicto. Un ejemplo es la entrevista televisada que Meir Dagan, — jefe del servicio de inteligencia israelí Mossad desde 2002 hasta comienzos del año — concedió hace poco a la conocida periodista Ilana Dayan.

A pesar de que el Mayor General tiene prohibido hablar de asuntos sobre los cuales sería del mayor interés escucharlo, manifiesta que hoy “detesta la guerra con todo el alma“. Interrogado por su apreciación del peligro que representa Irán para Israel, el experimentado agente secreto no dudó en dar su opinión: “Irán funciona como un país racional, que tiene en cuenta los efectos de sus actos –y explica que– por ello en Irán no se registra una histérica carrera por la bomba nuclear.”

En relación con la evidente divergencia entre su apreciación como particular y la del gobierno de Israel, quien estuvo al frente del Mossad hasta hace poco hizo explícita su desconfianza hacia el primer ministro Benjamín Netanyahu y el ministro de defensa Ehud Barak.

Günter Grass, premio Nobel de literatura alemán, ahora percibe con una sensibilidad similar el estruendo de los tambores de guerra, aunque no siempre fue así. La reciente aprobación por parte del gobierno alemán para dar luz verde a la venta de otro submarino de alta tecnología militar a Israel incrementó la preocupación del escritor. Producto de su inquietud es el poema Lo que hay que decir, publicado a partir del 4 de abril en periódicos de varios países y ampliamente discutido desde entonces.

¿Por qué este linchamiento moral?

Tanto en la prensa como en los círculos políticos alemanes, el poema ha provocado una severa tormenta con rasgos de linchamiento moral contra el autor de Lo que hay que decir.

Entre las opiniones que se publican en los medios de comunicación masiva prevalecen las que se refieren a la persona de Grass, al tiempo que esquivan el análisis de los hechos comentados por el escritor en esos versos sueltos.

Sobre la cabeza del literato se ha descargado una lluvia de descalificaciones, de insultos y de acusaciones. Hemos sido testigos de estallidos de odio apenas controlado y de lecturas del poema permeadas por la mala fe.

En este contexto, se ha llegado a tildar a Günter Grass hasta de antisemita. Pongo algunos ejemplos para ilustrar mi punto:

  • El vocero de la bancada parlamentaria del FDP — partido que forma parte de la actual coalición de gobierno — declaró “En términos políticos, Grass desde siempre me ha parecido un imbécil.” (Süddeutsche Zeitung 9 de abril de 2012).
  • El connotado crítico literario Reich-Ranicki encontró al poema “asqueroso” a primera vista.
  • El señor H. M. Broder – citado por la revista Der Spiegel – considera que el poema “denota al prototipo del antisemita educado”.
  • El periodista de la revista Stern, Stephan Maus, en la edición del 12 de abril trata de cubrir todos los frentes posibles: “Nunca antes un intelectual alemán le había atribuido de manera tan completamente desvergonzada planes de genocidio a Israel.” Como artista Grass nunca habría estado al tanto de su tiempo. Las preocupaciones manifestadas por él al periodista le provocan solamente un ademán de desdén: “Como […] apóstol de la moral ha hecho sonar estruendosamente la matraca de su retórica supuestamente antifascista”. “El desmesurado afán de atención” es el único motivo que se puede imaginar el redactor tras Lo que hay que decir. Por lo demás parece haber leído un texto distinto al de este poema.

¿Qué dice el poema en concreto?

El tono excepcionalmente agresivo y personalizado de gran parte de los pronunciamientos publicados recuerda campañas históricas de un cariz que se suponía superado. No sólo se advierte que no hay protección alguna para la dignidad de las personas contra el mal uso de la “libertad de prensa y de opinión”, sino que se combina con el esfuerzo deliberado por evitar hablar de los hechos concretos a los cuales alude el poema de Grass:

  • La posibilidad de la aniquilación de Irán como consecuencia del derecho al primer golpe, basado en la sospecha sin fundamento de que este país podría estar a punto de lograr la bomba atómica;
  • Israel posee efectivamente armas nucleares que están por fuera de los controles que se le exigen a Irán y representa una amenaza creíble para la frágil paz mundial;
  • La corresponsabilidad que asume Alemania en un genocidio eventual, al poner en manos de Israel otro submarino diseñado para misiles de alta capacidad de destrucción, que pueden alojar cabezas nucleares;
  • Y el tema de fondo, específicamente alemán: la urgencia de que los alemanes se liberen del bozal que les impide – ya hace demasiado tiempo – referirse a la peligrosa política exterior del Estado de Israel.

“¿Qué de lo dicho por Günter Grass podría justificar la histeria desencadenada en Alemania, o qué podría al menos explicarla?” se pregunta Moshe Zuckermann, profesor de historia y filosofía de la Universidad de Tel Aviv.

“No hay nada –dice–que en Israel mismo no se hubiera dicho y debatido ya mil veces. Ni los hechos ni los peligros que se ven asociados a ellos y a que se refiere Grass se pueden poner en duda.” Y este es, a juicio de Zuckermann el problema de fondo con el gobierno de su país.

Consultados sobre su punto de vista sobre Lo que hay que decir, otros reconocidos intelectuales judíos radicados en distintas partes del mundo confirman lo constatado por Zuckermann acerca de los hechos concernientes a Israel.

Son estos hechos ampliamente conocidos lo que hace que en la misma Alemania la realidad no ofrece el cuadro plano que se ha querido sugerir. El jefe del Partido Socialdemócrata (SPD) por ejemplo, una vez que se hubiera producido el obligado rechazo ritual también desde las filas de su partido, concede al menos que “Grass no es un antisemita” y encuentra legítimo su pronunciamiento político al tiempo que la discusión que se ha dado entorno al escritor le parece “inapropiada y carente de seriedad”.

Israel va a atacar en nueve meses

Por otra parte la amenaza inminente de una ofensiva militar de Israel a Irán en este momento (se oye decir que quedan nueve meses) ya no se puede callar. Así es que Josef Joffe, editor del periódico Die Zeit, también él después de la ritual toma de distancia en relación con Grass, en un artículo del 12 de abril reconoce que no se puede descartar un ataque de Israel al Irán.

“La guerra de nervios se está escalando. Sesenta metros de rocas y por debajo las centrífugas. Un ataque a las instalaciones nucleares de Irán es casi imposible – pero podría ocurrir que Israel llegue a no ver otra salida.”[1] (Die Zeit, 12 de abril 2012).

Este es el talante de los comentarios que se publican sobre el tema actualmente, siempre que resulta inevitable decir algo sobre el mismo: unas centrífugas se presentan como una amenaza casi directa, como si no estuvieran instalados estos aparatos en muchas partes del mundo. La destrucción de las que hay en Irán se considera prácticamente imposible, pero al mismo tiempo se sostiene que un intento de lograrla podría ser la última salida para Israel. ¿En qué consistiría aquí la última salida?

En el artículo mismo sobre este punto se dice: “Los diplomáticos y agentes secretos israelíes le cuentan a cualquiera dispuesto a oírlo que el tiempo de la diplomacia se está acabando y que culminada esta etapa hablarán las armas.”

Se comentan las dificultades con que tropezaría un ataque aéreo al tiempo que se asegura a los contribuyentes alemanes que el submarino, cuyo costo por lo demás asumen como reparación histórica en una tercera parte, sólo cumplirá la función de “arma disuasiva”.

Las opiniones de la población israelí acerca de un posible ataque, así se informa, están divididas. Los americanos no han terminado de producir los MOP-2 (aviones no tripulados de la nueva generación) como nueva super–arma. Pero “mientras tanto Israel y Occidente de tiempo atrás vienen haciendo la guerra – a nivel diplomático y en forma velada.”

La Constitución alemana condena la participación en la preparación de una guerra de ataque, de acuerdo con el artículo 26. De ahí la necesidad de hacer creer que los submarinos producidos en Kiel y puestos a disposición de Israel desde la era Kohl no sirven para la acción proscrita. Pero también hay una ley que prohíbe explícitamente la venta de armas a regiones en tensión. Entonces ¿por qué habría de haber excepciones y por qué Israel?

La transgresión del tabú

Hablar de esto en Alemania contraviene una convención social establecida, un tabú. Si se quiere entender la tormenta que ha provocado en Alemania el poema de Grass, si se quiere hallar respuesta a la pregunta del profesor hebreo arriba citada, hay que enfrentar este tabú.

Lo que hay que decir es un intento de hacerlo que incorpora el pronóstico de la dificultad que ahora vemos confirmado por doquier. Y así es como Zuckermann explica la tormenta que se ha descargado sobre Günter Grass: “El problema con el cumplimiento del tabú comienza donde la convención se revela como tributaria de intereses particulares, es decir como ideológica en su naturaleza. Tal violación del tabú opera como ofensa narcisista para los lugartenientes de la convención. Es una ofensa que fomenta la agresión y que se sabe emparentada por su parte al enfado sobre el daño que por la misma contravención del tabú sufre el interés ideológico propio de los lugartenientes.”[2]

Grass salió severamente castigado, como era de esperarse, por haber asumido una carga extremadamente pesada. Pero hay quienes desde ya se muestran profundamente agradecidos. En su nombre habla Norman Paech, profesor emérito de derecho público de la Escuela de Altos Estudios de Economía y Política de Hamburgo, al titular su artículo “Danke Günter Grass” (Gracias Günter Grass).[3]

Este agradecimiento ha comenzado a tener eco. Y mientras dure, la discusión no se puede dar por terminada.

*Fue profesor de Filosofía de la Universidad de Leipzig, especialidad Ética. Desde su retiro es activo en diversas organizaciones alternativas como Attac y otros.

Para ver las notas de pie de página, pose el mouse sobre el número.

 

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