Petro y las fuerzas armadas: un panorama oscuro | Razón Pública 2023

Petro y las fuerzas armadas: un panorama oscuro

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La inseguridad está aumentando, y esto en mucho se debe al manejo equivocado que el gobierno le está dando a las fuerzas armadas. Una mirada “desde adentro” a las políticas de paz total y seguridad humana.

Luis Felipe Vega Díaz*

Dos ideas equivocadas

Para entender la situación actual de la seguridad en Colombia, me parece necesario comenzar por un error en el diagnóstico y un error en el enfoque de la estrategia del gobierno nacional:

  1. En cuanto al diagnóstico, no es verdad —como piensa el gobierno— que la violencia actual sea apenas un residuo o una prolongación del conflicto con las FARC, que por lo tanto se pueda resolver mediante las negociaciones.

Cierto que después de un acuerdo de paz,  en muchos países quedan bandas residuales que practican la violencia, pero en Colombia los “grupos armados organizados residuales” (GAOR) —como las disidencias de las FARC o el Clan del Golfo— no son apenas “residuales”. Además de lo cual — y a diferencia de las FARC— el ELN es una organización dispersa o federalizada con la cuál es difícil negociar.

  1. En cuanto a la estrategia, me refiero a la precariedad conceptual de la Política de Seguridad, Defensa y Convivencia Ciudadana “Garantías para la vida y la paz”.

El gobierno no ha definido con claridad la figura de la “seguridad humana”, y por lo tanto fue difícil concretar sus elementos en el Plan Nacional de Desarrollo. No sabemos exactamente cuáles sean sus objetivos, componentes, medidas concretas e indicadores de avance en el logro de esas metas.

Le recomendamos: ¿Dónde están los archivos de los grupos criminales?

Qué está pasando con las fuerzas armadas

Además del diagnóstico y el enfoque dudosos, la política de seguridad del gobierno nacional no ha funcionado por su incapacidad para coordinar los esfuerzos, empezando por el Ministerio de Defensa y su relación con las fuerzas de seguridad.

Esto se debe a una serie de factores y se refleja de varias maneras:

  • Ministro y viceministros desconocían el funcionamiento de las oficinas del Ministerio y han tratado de innovar con muy poco realismo.
  • Los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional fueron depurados con la intención aparente de evitar resistencias o eliminar focos de perturbación, lo cual—al mismo tiempo— ponía en riesgo la gobernabilidad para el Ejecutivo y la realización de su proyecto de “Paz Total”.
  • La fata de confianza del alto gobierno en los mandos medios de las Fuerzas —mayores y tenientes coroneles— encargados de la gestión directa del recurso humano.
  • La dispersión de los esfuerzos, sumada a la incapacidad de los oficiales de insignia —brigadieres generales— para tomar decisiones concordantes con la intención del presidente y su ministro.
  • La doctrina y la práctica de operaciones conjuntas entre las fuerzas militares han desparecido casi por completo.
  • También se han perdido capacidades humanas y tecnológicas de la inteligencia (incluyendo el intercambio entre las varias agencias).
  • Indecisión y lentitud en las acciones militares para evitar los traumatismos jurídicos o el fuego amigo proveniente del mismo gobierno.
  • Aumento de las solicitudes de retiro de los rangos medios —mayores y tenientes coroneles— y de suboficiales de alta graduación, sargentos viceprimeros y primeros. Los mayores y tenientes coroneles hacen la gestión de seguridad real en terreno y los suboficiales son los ejecutores tácticos de las operaciones previstas por los altos mandos.

Así pues, existe una fractura interna operativa y táctica. Esto significa que la capacidad de respuesta es más lenta, los procesos administrativos y logísticos de la jefatura de Estado Mayor son mucho más demorados y los insumos para las unidades de combate son cada vez más escasos.

En síntesis, el comandante general de las Fuerzas Militares tiene mucha dificultad para coordinar a los comandantes de fuerza —Ejército, Armada y Fuerza Aérea— y mayores problemas para adoptar estrategias conjuntas con el director Nacional de la Policía.

Foto: Facebook: Ministerio de Defensa - La evidencia muestra que existe un mayor riesgo de aumento de solicitudes de retiro de suboficiales de alta graduación.

Además del diagnóstico y el enfoque dudosos, la política de seguridad del gobierno nacional no ha funcionado por su incapacidad para coordinar los esfuerzos

Además, el comandante del ejército no tiene la capacidad real de inspirar confianza en sus subalternos. No representa una imagen de autoridad y, por ende, encarna una figura que rompe el espíritu de cuerpo, factor necesario en el recurso de los inmateriales necesarios como la moral del combatiente para la acción. En síntesis, no hay respeto de los subordinados por el mando.

Un gobierno sin control

Las circunstancias anteriores impiden consolidar el control del territorio, que es por supuesto la base de la seguridad y la paz. El descontrol se refleja y se traduce en:

  • Desconexión entre los mandos de las fuerzas y las autoridades locales. No hay consultas con los gobernadores ni hay coordinación en materias de seguridad: por eso el descontento y las quejas reiteradas de las autoridades regionales.
  • Cada vez más coroneles asumen el mando de brigadas que antes estaban al mando de generales.
  • Se desmantelan unidades estratégicas, como la Fuerza de Tarea Conjunta Omega que perdió su capacidad aérea de respuesta. También once brigadas compuestas por cuatro batallones han quedado reducidas a un solo batallón. Con esto se pierde iniciativa frente a los grupos al margen de la ley y se hace más difícil motivar a los soldados porque sienten que el Ejército está perdiendo fuerza.

Las circunstancias anteriores confirman que el ministro y su equipo realmente no saben cómo funcionan las fuerzas armadas y por lo tanto no están en condiciones de reorientarlas. Tampoco están en condiciones de informar debidamente al comandante en jefe, es decir, al presidente.

Y de su parte los mandos militares y policiales tampoco saben qué hacer. En pocas palabras: no hay gobierno en el sector de la seguridad y la defensa.

De aquí a su vez resultan los índices de violencia que ya todos conocemos:

  • Un total de 89 masacres desde el comienzo del gobierno.
  • Aumento de 212 % en los secuestros.
  • Aumento del 79 % en la trata de personas.
  • Aumento del 43 % en la extorsión.
  • Escasa erradicación manual de cultivos (apenas 3965 hectáreas).
  • Menos incautación de drogas (de 245 a 209 toneladas).
  • Un paro armado cada bimestre en distintos territorios.
  • Patrullaje ilegal en cabeceras municipales.
  • Aumento significativo del desplazamiento y de las áreas sembradas con artefactos explosivos improvisados.

¿Cuál es la respuesta del gobierno? Descoordinación completa.

Terquedad que hará daño

El gobierno mantiene la idea de que la negociación política será la vía para mejorar las condiciones de seguridad en todo el territorio. Y esto le lleva a negociar en condiciones asimétricas frente a los grupos armados ilegales: el gobierno necesita más de ellos que ellos del gobierno.

De aquí que pese más el criterio del Alto Comisionado para la Paz que el del ministro de Defensa: el primero es quien traduce las elucubraciones del presidente y el segundo se pone a su servicio para que puedan avanzar las negociaciones con los grupos armados.

Esta relación disfuncional es muy clara para los jerarcas de las organizaciones armadas al margen de la ley y, por consiguiente, se benefician de dicha incapacidad. El gobierno negocia desde la debilidad y desde la fragmentación de las instituciones. Y además se empecina en que esta premisa debe funcionar como sea.

El gobierno mantiene la idea de que la negociación política será la vía para mejorar las condiciones de seguridad en todo el territorio. Y esto le lleva a negociar en condiciones asimétricas frente a los grupos armados ilegales

Por último, la incautación de 295 granadas en Bogotá, así como otras incautaciones en grandes ciudades advierten que el mecanismo de fuerza y presión en esta relación asimétrica se va a robustecer por acciones militares en las ciudades.

La poca coordinación del gobierno central con los gobiernos locales y la poca capacidad de respuesta en los sectores urbanos va a propiciar una violencia difícil de anticipar y de contrarrestar.

Sería deseable que el gobierno propiciara un verdadero “acuerdo nacional” con las instituciones y le diera prioridad sobre las negociaciones con grupos ilegales. El gobierno tiene que entender su papel y sus funciones si no quiere acabar de perder el control territorial en la ruralidad y en las ciudades.

Puede leer: Paz y seguridad: de la audacia a la eficacia

Acerca del autor

Luis Felipe Vega Diaz

*Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Leipzig.

16 comentarios

Luis Felipe Vega Diaz

Escrito por:

Luis Felipe Vega Diaz

*Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Leipzig.

16 comentarios de “Petro y las fuerzas armadas: un panorama oscuro

  1. Hace unos años valía la pena dedicar tiempo de lectura en este sitio. Pero leyendo varios artículos, que triste como han bajado la calidad. Me fueron útiles en la época del pregrado, aunque ahora no sean recomendables.

  2. Muy sesgado el escrito.¡Ni una sola palabra sobre el dantesco legado de «los 6402 falsos positivos»!Crìmenes de lesa humanidad que obligan a cualquier presidente a realizar un depuraciòn y purga de esta instituciòn.¡Ni una sola palabra sobre el narcouribismo que secuestrò buena parte de generales,coroneles y capitanes.¡Ni una sola palabra sobre la cantidad de toneladas de droga incautada,que supera con creces al registro de Santos y Duque!

  3. Me sorprende bastante toda la información, es sabido que hay cierta desconexión entre las autoridades mas acercadas a los altos rangos y las locales, desde la poca destinación de recursos a esa falta de compromiso de mejora; sin embargo no era conocedora de tal problemática que, en mi opinión, abre la puerta a una continuación de los mencionados actos de inseguridad que perjudican en su mayoría a aquellas regiones más aisladas de aquellos altos rangos y llevan al caos en pueblos y ciudades pequeñas que se atienen a la posibilidad de tener mayores acercamientos con grupos al margen de la ley

  4. Me parece interesante que hable de como las estadísticas de inseguridad han aumentado significativamente en el mandato de este nuevo gobierno. Esto es preocupante ya que están teniendo cada vez más fuerza las disidencias del país y el gobierno no organiza bien sus fuerzas, para así contrarestar esta gran problemática del día a día de los colombianos.

  5. No estoy de acuerdo del todo con este analisis, me parece sesgado, aunque es verdad que hay gestiones que no estan funcionando. Gracias

  6. Un cambio de gobierno y más, el de las magnitudes que está sucediendo en Colombia, representa nuevos pensamientos encaminados a una línea diferente. No se puede asumir que todo lo que se está realizando hasta el momento en cuanto al manejo de las fuerzas armadas y a sus altos mandos tiene un panorama oscuro, asegurarlo de por si ya es tema de discusión. Se debe tener en cuanta que los cambios tienen procesos y que estos no siempre van a estar de acuerdo a unas necesidades anteriormente creadas. Si existen transformaciones, estas conllevan riesgos, de igual manera por lo que ha indicado la historia, tampoco la manera en la que se venían llevando las cosas en esta materia eran las más idóneas.

  7. Creer que las fuerzas militares son el epicentro de valores, heroísmos y ejemplos de rectitud es algo equivocado.
    me parece prematuro e ingenuo culpar al gobierno de su falta «operatividad», cuando sabemos de ante mano que dentro de dichas fuerzas hay oficiales que no están dispuestos a recibir las ordenes de su comandante en jefe, todo esto por lo antagónicos que resultan sus pensamientos y doctrinas con respecto a las del primer mandatario.

  8. El gobierno colombiano podría estar subestimando la complejidad de la violencia actual, tratándola como un mero remanente del conflicto con las FARC. Además, se critica la falta de claridad en la estrategia de seguridad del gobierno, lo que dificulta la medición de los avances y el logro de metas concretas.

    La incapacidad del gobierno para coordinar eficazmente los esfuerzos entre el Ministerio de Defensa y las fuerzas de seguridad. La falta de conocimiento interno y la depuración de altos mandos se presentan como obstáculos para una gestión eficaz. Además, se señala que la negociación política se está llevando a cabo en condiciones asimétricas, lo que podría poner al gobierno en una posición de debilidad. La falta de coordinación con gobiernos locales y la posibilidad de un aumento de la violencia urbana también son preocupaciones destacadas.

    Esta noticia hace un llamado a una revisión de la estrategia de seguridad y una mayor coordinación tanto a nivel interno como en la relación con grupos ilegales.

  9. El gobierno colombiano podría estar subestimando la complejidad de la violencia actual, tratándola como un mero remanente del conflicto con las FARC. Además, se critica la falta de claridad en la estrategia de seguridad del gobierno, lo que dificulta la medición de los avances y el logro de metas concretas.

    La incapacidad del gobierno para coordinar eficazmente los esfuerzos entre el Ministerio de Defensa y las fuerzas de seguridad. La falta de conocimiento interno y la depuración de altos mandos se presentan como obstáculos para una gestión eficaz. Además, se señala que la negociación política se está llevando a cabo en condiciones asimétricas, lo que podría poner al gobierno en una posición de debilidad. La falta de coordinación con gobiernos locales y la posibilidad de un aumento de la violencia urbana también son preocupaciones destacadas.

    Esta noticia hace un llamado a una revisión de la estrategia de seguridad y una mayor coordinación tanto a nivel interno como en la relación con grupos ilegales.

  10. El gobierno colombiano podría estar subestimando la complejidad de la violencia actual, tratándola como un mero remanente del conflicto con las FARC. Además, se critica la falta de claridad en la estrategia de seguridad del gobierno, lo que dificulta la medición de los avances y el logro de metas concretas.

    La incapacidad del gobierno para coordinar eficazmente los esfuerzos entre el Ministerio de Defensa y las fuerzas de seguridad. La falta de conocimiento interno y la depuración de altos mandos se presentan como obstáculos para una gestión eficaz. Además, se señala que la negociación política se está llevando a cabo en condiciones asimétricas, lo que podría poner al gobierno en una posición de debilidad. La falta de coordinación con gobiernos locales y la posibilidad de un aumento de la violencia urbana también son preocupaciones destacadas.

    Esta noticia hace un llamado a una revisión de la estrategia de seguridad y una mayor coordinación tanto a nivel interno como en la relación con grupos ilegales.

  11. Es evidente la falta de estructuración y de compromiso sobre la situación de seguridad en Colombia y la gestión del gobierno en relación con las fuerzas armadas, sin embargo, siento que el artículo parece tener un sesgo político al mencionar repetidamente al gobierno y su enfoque, especialmente en relación con el presidente Petro. Sería mejor una evaluación imparcial de la situación, para así analizar las políticas de seguridad y defensa independientemente de la figura política en el poder. Se hace entender la identificación de problemas que existe en el país de hecho para nadie es una mentira lo que está pasando con respecto a la estrategia de seguridad del gobierno y en la coordinación de las fuerzas armadas, pero no se ofrece una solución concreta. A pesar de comentar de que la solución sería un «verdadero acuerdo nacional» siento que debería incluir recomendaciones o propuestas para abordar los problemas planteados siendo útil un análisis más completo de las estrategias de paz y seguridad que se implantaran teniendo en cuenta como debería ser este acuerdo nacional, porque siento que hay una perspectiva muy simplificada de los desafíos, aunque el artículo señala las deficiencias este simplifica en exceso los desafíos complejos que enfrenta Colombia en términos de seguridad. Sería útil profundizar en las raíces de estos problemas y considerar factores políticos, sociales y económicos más amplios, para así saber cómo implementar y lograr este verdadero acuerdo nacional que se comenta.

  12. La violencia es una problemática que lleva mucho tiempo asotando el país, hoy hacer una crítica de la violencia en el gobierno actual tachandola de mala, es incoherente, ya que según las cifras el número de crímenes y de víctimas se ha reducido según las estadísticas que presenta cualquier medio, también se vale recordar que en años anteriores se presentó un abuso de autoridad tal vez con el modelo fe gobierno anterior. Es claro que hablar de la prolongación o residuo de la violencia no es completamente cierto, puesto que hay más causas y más formas de violencia. Respecto a la coordinación y estructura interna hay una inconcordancia, ya que si se habla de una depuración da a entender que todos van bajo una misma orden, por lo tanto los subalternos seguirán las ordenes de los mayores. También se presenta la situación de las altas cantidades de retiros, entonces se comprueba que no se actúa bajo un modelo de corrupción.
    En uno de los argumentos se mencional la reducción de personal en las fuerzas queriendo dar a entender que gracias a esto hay más violencia, pero no es cierto, porque rn añls anteriores cuando había mas gente, eran los mismo niveles de violencia.
    Tal vez no sea cuestión de terquedad sino de buscar otro camino. Como plan de mejora la reestructuración interna sería la solución para el problema que se plantea para esta información

  13. Complejo el panorama y las dinámicas que se asumen por parte del gobierno, porque es deber del gobierno tener políticas publicas claras en relación a la seguridad y al manejo de la fuerzas armadas, sin bien es cierto que se manifiesta un interés de dialogo por parte del gobierno, es difícil cuando se permite un crecimiento de los grupos al margen de la ley y se les da vía libre para obrar.

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