Petro y la oleada de gobiernos de izquierda en América Latina
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Petro y la oleada de gobiernos de izquierda en América Latina

Escrito por Fabian Acuña - Ana Tereza Duarte
gobiernos de izquierda en América Latina

La elección de Gustavo Petro se suma a una nueva ola de gobiernos de izquierda en América Latina. ¿Cuáles son las similitudes y diferencias entre Petro y estos otros gobiernos de izquierda?

Fabián Alejandro Acuña Villarraga* y Ana Tereza Duarte Lima de Barros**

El nuevo giro a la izquierda

Hasta el pasado 19 de junio, Colombia era el único país de América Latina donde la izquierda nunca había ganado.

Por eso, la elección de Gustavo Petro ha sido leída como un nuevo giro a la izquierda en la región. El mapa siguiente, publicado por la Deutsche Welle, representa esta “nueva ola”, donde apenas se exceptúan los gobiernos de derecha en Brasil, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Uruguay, más algunos de centro en América Central.

gobiernos de izquierda en América Latina

Durante la década pasada, la primera oleada de izquierda se conoció como “el socialismo del siglo XXI” y estuvo representada por Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros. Todos ellos tuvieron iniciativas de integración a partir de su afinidad ideológica y de una visión más regional al margen de Estados Unidos. Además, estos gobiernos estuvieron apalancados por los recursos derivados de la bonanza petrolera y de otras materias primas.

Con el declive de estas opciones, llegó el fin del giro a la izquierda y cada uno de esos gobiernos fue reemplazado, por la vía electoral, por proyectos políticos de derecha en los lugares donde se permitió que eso ocurriera. También es sabido que algunos gobiernos de izquierda cambiaron las instituciones para perpetuarse en el poder (Cuba y, más recientemente, Venezuela y Nicaragua).

Lo que siguió fue un voto de castigo  contra varios gobiernos de izquierda y una retoma por la vía electoral de gobiernos de derecha. Pero estos nuevos gobiernos fueron desafiados por la caída de los precios de las materias primas o commodities, la crisis económica, las movilizaciones sociales y la pandemia por COVID-19, que agravó las desigualdades y desnudó las deficiencias.

Hoy, ni la izquierda brasilera ni la colombiana se muestran interesadas en desafiar las instituciones. De hecho, la segunda ola de la izquierda está compuesta por proyectos bastante controlados.

Por eso, las elecciones de 2021 y 2022 pueden leerse como un nuevo voto de castigo, pero esta vez al oficialismo y a los gobiernos de derecha. Con el triunfo del candidato del Pacto Histórico en Colombia se consolida una segunda ola de gobiernos de izquierda, que puede continuar en octubre con la elección del nuevo presidente de Brasil.

Una izquierda, diferentes caminos

Sin embargo, la izquierda tiene muchos matices: puede ir desde de un extremo socialista puro a un centro socialdemócrata. Lo mismo sucede con la derecha.

Muchas veces, la división tricotómica del mundo entre izquierda, derecha y centro es poco orientadora. Por ejemplo, Jair Bolsonaro (Brasil) y Luis Lacalle Pou (Uruguay) son de derecha, pero el primero es populista y tiene claros rasgos autoritarios y el segundo no.

La izquierda es a su vez la ideología vigente en todos los países latinoamericanos considerados autocráticos (Cuba, Nicaragua y Venezuela), según las entidades más reconocidas en evaluar el estado de la democracia, como la Freedom House. Por otro lado, se consideran de la izquierda algunos líderes que se destacan por su compromiso con la democracia, como Gabriel Boric en Chile y Lula da Silva, quien por tercera vez aspira a ocupar la presidencia de Brasil.

La diferencia generacional también es relevante: la condiciones que tuvieron los gobiernos de la primera ola de izquierda no son las mismas que encuentra esta segunda ola. En los años 2000, algunos gobiernos de izquierda no pusieron en riesgo la democracia, por convicción, por incapacidad para aferrarse al poder por no tener mayorías suficientes. Estos fueron los casos de Pepe Mujica (Uruguay), Michelle Bachelet (Chile) y Fernando Lugo (Paraguay), respectivamente.

Pero también hay ejemplos de proyectos mayoritarios de gran alcance revolucionario que modificaron sus constituciones y trataron de alargar sus mandatos. Algunos se mantuvieron en condiciones democráticas –aunque en los límites– como Morales (Bolivia) y Correa (Ecuador) y otros concluyeron en autocracias (Venezuela y Nicaragua).

Si bien estos proyectos mayoritarios tenían algunas oposiciones internas, también tenían congresos favorables y una considerable influencia en las cortes. Contaban con vecinos (Bolivia, Ecuador y Venezuela) cuyos proyectos revolucionarios y supuestamente «decoloniales» incluyeron la promulgación de nuevas constituciones y un cambio en las reglas del juego.

Hoy, ni la izquierda brasilera ni la colombiana se muestran interesadas en desafiar las instituciones. De hecho, la segunda ola de la izquierda está compuesta por proyectos bastante controlados y sin mayorías legislativas, lo cual los obliga a negociar y a buscar consensos con fuerzas tradicionales y de derecha. Esto también lleva a la moderación de sus iniciativas, como ha ocurrido con Boric (Chile), Pedro Castillo (Perú), Xiomara Castro (Honduras) y ahora con Petro (Colombia).

Si gana Lula y vuelve la izquierda a la presidencia del gigante latinoamericano, la región volverá a estar pintada de rojo, como a principios de la década de 2000.

Estas nuevas izquierdas tienen serios límites fiscales, por crisis económicas y por la pandemia. Esto, sumado a los condicionantes políticos, hace que su primer desafío sea interno. En el caso de Castillo (Perú), por ejemplo, ocuparse de los asuntos internos le ha impedido una mayor interlocución con sus vecinos para la acción concertada de la izquierda en la región andina.

En todo caso, una oportunidad de integración energética, como la que se quería en los años 2000, podría darse hoy por la invasión rusa de Ucrania, que induce a Europa y Estados Unidos a asegurar su provisión en otras latitudes. En esta ocasión, los países de la región podrían actuar en bloque y sin los impedimentos que implicaban conflictos como el de Duque y Maduro.

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Foto: Facebook: Lula - Pero si gana Lula y vuelve la izquierda a la presidencia del gigante latinoamericano, la región volverá a estar pintada de rojo, como a principios de la década de 2000.

Brasil, el próximo

Las elecciones de octubre de este año en Brasil pueden completar el nuevo giro a la izquierda. Según la encuesta del DataFolha, Lula contaría con el 49 % de la intención de voto, mientras que Bolsonaro tendría apenas el 27 %.

Es cierto que en junio todavía es temprano para hacer un pronóstico certero. Bolsonaro aún tiene posibilidades reales de reelegirse. Pero si gana Lula y vuelve la izquierda a la presidencia del gigante latinoamericano, la región volverá a estar pintada de rojo, como a principios de la década de 2000.

La coyuntura, sin embargo, no es la misma. En la década de los 90, países como Brasil y Argentina habían vivido procesos de reestructuración neoliberales que poco contribuyeron a aumentar el empleo y los ingresos de la población. En ese contexto, la elección de líderes de izquierda significó la llegada de políticos que por primera vez se ocuparon de redistribuir el ingreso.

Tomando el caso de Brasil, ni la situación interna ni la coyuntura internacional son las mismas. Desde las manifestaciones callejeras de 2013, la polarización ha llegado a un nivel nunca visto. Después del auge exportador de materias primas, cundo el PIB  creció al 7,5 % anual, la economía se desaceleró y el descontento ciudadano polarizó la política de tal manera que sus efectos siguen presentes en las elecciones de este año. En 2006, Lula se eligió con un 60 % de los votos válidos, pero esta vez difícilmente logrará una hazaña igual. Liderar un gobierno y una población tan divididos no es tarea fácil.

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