Petro y el Congreso: vaivenes de un matrimonio por conveniencia
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Petro y el Congreso: vaivenes de un matrimonio por conveniencia

Escrito por Camilo Gonzalez

La luna de miel entre el nuevo gobierno y el Congreso se acabó o está a punto de acabarse. Éste es el escenario y éstas han sido las movidas. ¿Será que Petro se radicaliza, será que logra negociar con sus socios?

Camilo González Vides*

El presidente propone, los congresistas disponen

Suele pensarse que los presidentes son los actores más poderosos del sistema político. Se cree que sus poderes son suficientes para llevar a cabo los programas de gobierno. Pero los presidentes son rehenes de la voluntad y los recursos de los legisladores; dependen de ellos para movilizar a sus electores y también para convertir sus promesas de campaña en políticas de gobierno.

Este desequilibrio en favor de los congresistas resulta muy evidente en el caso de Colombia. Por ejemplo, ni la popularidad de Uribe ni la astucia de Santos lograron eludir el peso de los partidos políticos; ambos se vieron obligados a gobernar haciendo uso de coaliciones. Intentaban distribuir los cargos y poderes entre los distintos partidos para poder gobernar y obtener resultados.

Esta lógica de gobernabilidad permanece inalterada, incluso para el gobierno electo con la bandera del cambio. Pese a su creencia en la transformación radical del sistema político, Gustavo Petro se ha visto obligado a sentar cabeza sobre el ejercicio del poder.

El primer presidente de centroizquierda colombiano ha establecido una relación de dependencia con los dueños de los votos y la gestión parlamentaria. Muy a su pesar, Petro se sostiene sobre la base de un pacto con los partidos institucionalizados para evitar que sus promesas de campaña sean frustradas.

Matrimonio por conveniencia

El gobierno Petro revela un frágil equilibrio entre posiciones maximalistas y minimalistas.

Dos hechos dan cuenta de esto: la construcción de la coalición de gobierno y la conformación del primer gabinete. Ambos hechos son pruebas de que Petro se casó por conveniencia con el establecimiento político para tener una gobernabilidad más estable. Es claro que, tras el triunfo electoral, gobernar parecía imposible con un Congreso prominentemente de centroderecha.

El primer presidente de centroizquierda colombiano ha establecido una relación de dependencia con los dueños de los votos y la gestión parlamentaria. Muy a su pesar, Petro se sostiene sobre la base de un pacto con los partidos institucionalizados para evitar que sus promesas de campaña sean frustradas.

Foto: Twitter: Partido de la U - La discusión de la reforma a la salud ha sido dura para Gustavo Petro en términos de gobernabilidad, pues el Partido Liberal, Conservador y de la U plantearon lanzar sus propios proyectos.

El dúo gobierno-Congreso se fortaleció con la formación de una aplanadora legislativa. La coalición quedó compuesta por el partido de gobierno, Pacto Histórico, los partidos Liberal, Conservador, Unidos por la Gente (la U), Alianza Verde y otras organizaciones minoritarias.

La oposición quedó con Cambio Radical y el Centro Democrático. El resultado fue que el gobierno en sus primeros seis meses logró aprobar la reforma tributaria y crear el Ministerio de la Igualdad con mínimas resistencias.

La sinergia entre el gobierno y los partidos políticos se trasladó a la composición de los ministerios. Para sorpresa de los sectores de izquierda, en el gabinete de agosto de 2022 tuvieron 9 de los 17 ministerios, es decir, un 52 % de ministros asociados con los partidos de la coalición. Varios de ellos en carteras sensibles como Hacienda, Interior, Justicia, Educación y Relaciones Exteriores.

A pesar de que estos nombramientos fueron un alivio para los sectores más centristas, los demás nombramientos recayeron en figuras activistas e independientes, como en los casos de Minas y Energía, Defensa, Salud y Trabajo.

Tres detalles saltan a la vista del matrimonio por conveniencia entre Petro y los partidos:

  • Primero, estableció una tensión entre técnicos y activistas, que posteriormente haría visible la grieta dentro del gabinete.
  • Segundo, ubicó a técnicos y políticos profesionales como responsables de los proyectos urgentes como la reforma tributaria y política.
  • Tercero, las reformas más ambiciosas quedaron en manos del ala más activista de su gabinete; estas son la reforma laboral, la pensional, la de salud y la política energética.

Banderas rojas y líneas azules

El comienzo del año marcó el comienzo de las tensiones en la relación de Petro con sus socios de la coalición.

En el marco de una caída de popularidad, se presentaron intensas controversias en un semestre decisivo para la agenda reformista del presidente. La relación, que en un principio pareció armoniosa, empezó a presentar banderas rojas; el resultado ha sido una mezcla de decisiones erradas e impulsivas.

Por ejemplo, el fracaso de la propuesta de cese de hostilidades con cinco organizaciones ilegales minó la imagen de unidad del Pacto Histórico frente a las propuestas del ejecutivo. El principal exponente del disenso en las toldas oficialistas fue el propio presidente del Congreso, Roy Barreras, quien criticó la laxitud del gobierno frente a organizaciones criminales como el Clan del Golfo. La propuesta de paz de Petro se vio truncada por los continuos reveses en la mesa de negociaciones y las serias reservas por parte de los legisladores, reforzada por las declaraciones y la gira del fiscal Francisco Barbosa.

Además, el debate de la reforma política hizo estallar las contradicciones dentro de la coalición de gobierno. Fue notoria la división entre el Pacto y los Verdes cuando se debatieron la puerta giratoria, las ventajas en términos de reelección y la financiación de las listas cerradas. Finalmente, el presidente se resignó y dejó hundir la reforma: fue su primera derrota política.

Si dentro del Pacto Histórico empezaban a aparecer grietas, entre los socios de la coalición se empezaban a dar giros desfavorables.

Pese al llamado a sesiones extraordinarias, los partidos de la coalición poco se movilizaron para acelerar la agenda del gobierno. Paradójicamente, ese tiempo reforzó la tradicional autonomía de los partidos tradicionales: se empezaron a oír   las críticas de César Gaviria y de Dilian Francisca Toro, directores de Partido Liberal y la U, respecto de los borradores de la reforma de salud y pensional.

El giro más fuerte provino de los conservadores. En febrero de 2023, este partido dio un golpe de timón: los azules alejaron a Carlos Trujillo de la dirección en favor de Efraín Cepeda.  Esto significó que Petro perdía un alfil dentro del Partido Conservador, ya que Trujillo había decidido declarar al partido como de gobierno contra de la opinión de un sector parlamentario. El golpe de timón favoreció el ascenso de la facción que buscaba una mayor independencia frente al gobierno de Petro, lo cual supuso un mayor esfuerzo del gobierno por mantener dentro del redil a la tercera fuerza política del país.

¿Diferencias irreconciliables?

La semana pasada fue la más dura en términos de la gobernabilidad para Gustavo Petro.

Liberales, conservadores y de la U, en ese orden, le dieron la espalda al proyecto de reforma a la salud y anunciaron su intención de presentar sus propios proyectos de ley. Frente al proyecto del gobierno, las líneas rojas, azules y naranjas se mantuvieron sólidas respecto de mantener a las EPS en funcionamiento, eliminar los fondos regionales y el sistema de aseguramiento en salud. En el momento de este escrito, sin embargo, se ha radicado un proyecto suscrito por los ponentes que habían sido designados por los varios partidos, con excepción del liberalismo.

Como quiera que sea, las escaramuzas anteriores aparecen en un escenario poco propicio para un gobierno con derrotas en el legislativo y una merma de su popularidad: las elecciones regionales. En ciudades como Medellín o Barranquilla ya empiezan a aparecer candidatos de los partidos como directos rivales de las fichas del Pacto Histórico.

La opinión pública está muy poco predispuesta a los cambios radicales, y si el presidente cede estaría sintonizando con las preferencias de los ciudadanos, recuperando la popularidad perdida en los dos últimos meses.

La campaña electoral es la ocasión precisa para que los partidos se sigan distanciando del gobierno, más aún si el gobierno mantiene la intransigencia y el dogmatismo de sus ministros. Aparecen, pues, dos escenarios de gobernabilidad:

  • Petro se niega a moderarse, se aísla y asistimos a un choque de trenes entre gobierno y Congreso,
  • Petro se modera y entiende que retirarse de sus trincheras ideológicas es más beneficioso para obtener los resultados que reclama el electorado.

Esta segunda sería la opción gana-gana. La opinión pública está muy poco predispuesta a los cambios radicales, y si el presidente cede estaría sintonizando con las preferencias de los ciudadanos, recuperando la popularidad perdida en los dos últimos meses.

Según varias fuentes, las diferencias no son insalvables. Petro puede negociar con los partidos atacando el punto más débil: la típica indisciplina de bancada al apelar directamente a los congresistas más que a la decisión de colectividad. Sin duda, es una estrategia arriesgada que puede desinstitucionalizar la relación entre los partidos y el gobierno, acabando en acuerdos disruptivos de la cohesión de las bancadas.

Pero la apuesta puede ser exitosa si el presidente cede en ciertos puntos y logra algo en vez de archivar la propuesta de reforma. Esto a la larga mantendría el matrimonio por conveniencia y le permitiría conservar la gobernabilidad a Petro y a los partidos les permitiría seguir jugando el histórico papel de actor indispensable en el sistema político colombiano.

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