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El personal de salud en el primer año de la pandemia

Escrito por Óscar Andia
Oscar Andia

El personal de salud fue el héroe y fue la víctima del primer año de la pandemia, pero los siguen tratando como villanos. ¿Cuáles son las condiciones laborales de estos “héroes” que en realidad no son reconocidos como tales?

Óscar Andia, M.D.*

La víctima

El 11 de marzo culminó el primer año de la pandemia en Colombia.

El 10 de marzo El Espectador publicó un informe especial donde resalta el sacrificio del personal de salud. Hasta el 5 de marzo se tenía conocimiento de 43.399 casos positivos y 216 fallecimientos entre el personal médico, de enfermería, de servicios y el personal administrativo por la COVID-19.

El informe del 11 de marzo del Instituto Nacional de Salud confirmó que los casos llegaron a 50.232 y las muertes a 227: 73 médicos, 39 auxiliares de enfermería, 22 encargados de radiología, 16 miembros del personal administrativo, 15 de enfermería y menos de 10 personas en las demás actividades. Un costo jamás visto en las tragedias del país.

Pero las organizaciones médicas rechazan los datos oficiales, puesto que parece existir un subregistro, especialmente en el número de fallecimientos. Para los médicos, no puede haber 73 fallecidos al 11 de marzo si dos meses antes, para el homenaje organizado por el Colegio Médico Colombiano, se tenían documentadas las muertes de 86 colegas.

Reconocimiento insuficiente

Colombia es el tercer país latinoamericano con más muertes: 60.000. Se ubica detrás de México que lleva un total de 194.490 fallecimientos y de Brasil que ocupa el primer puesto en Latinoamérica y el segundo en el mundo con 277.216 muertes.

El gobierno no fue exitoso en el manejo de la pandemia y ni siquiera es capaz de reconocer el sacrificio de los trabajadores la salud. El subregistro de los casos positivos y los fallecimientos oculta el padecimiento que viven los trabajadores. En estos momentos, los países deben reconocer a las personas que se sacrificaron en su defensa. Miles de heroicos trabajadores ofrendaron sus vidas para salvar a sus pacientes. Como mínimo, sus nombres deben registrarse en el libro de honor, en vez de someterse a semejante negación estadística.

Para los médicos, no puede haber 73 fallecidos al 11 de marzo si dos meses antes, para el homenaje organizado por el Colegio Médico Colombiano, se tenían documentadas las muertes de 86 colegas

Hay ejemplos de estas iniciativas en algunas partes del mundo. Desde el primero de abril Medscape registra el nombre de los trabajadores que murieron por la COVID-19 o por la presión que produjo la pandemia. El 9 de marzo tenía 2.965 nombres registrados.

Otro ejemplo es la investigación de The Guardian y Kaiser Health News. Además de registrar las muertes de los trabajadores de la salud en Estados Unidos, el reportaje se pregunta sobre la inevitabilidad de estas tragedias y abre el debate sobre la necesidad de cambiar el sistema de salud en ese país.

Es crucial formular esta pregunta en Colombia, ya que el gobierno parece empecinado en aprobar el proyecto de Ley 10 de 2020 que culminará la política de entrega del sistema de salud a las EPS, es decir al sector privado; el responsable del desastre sanitario en Estados Unidos.

Hospitales, empleo y educación

Durante el primer pico de la pandemia Juan Gossaín describió con acierto la situación del personal de salud en Colombia:

“Los aplauden, les mandan besos con las manos, los califican de héroes, ángeles de la guarda, mártires, valientes, paladines, emprendedores. Todo eso es justo y merecido. Pero ¿se ha preocupado alguien por averiguar la verdadera situación de los médicos en Colombia? ¿Cuál es la realidad de sus vidas? ¿Se les reconoce el valor de su trabajo, su esfuerzo personal, su dedicación?”.

El costo de los estudios de medicina, los salarios que pagan las clínicas y los hospitales, la vida de los trabajadores y las condiciones en las que trabajan son aspectos que muchas veces pasan desapercibidos.

En su columna, Gossain plasmó una conversación que sostuvo con el entonces procurador general de la nación, Fernando Carillo Florez, quien resaltó que los médicos y el personal de salud eran “tratados como ciudadanos de segunda clase en la garantía de sus derechos”.

En muchas ocasiones los médicos firman contratos engañosos que no les aseguran prestaciones sociales, planes de cesantías ni periodo de vacaciones. Pero además de los contratos, tampoco tienen el equipo necesario para trabajar. Desde el comienzo de la pandemia, las compañías aseguradoras no suministraron los elementos de protección necesarios y esto ocasionó el contagio o la muerte de muchos trabajadores.

Miles de heroicos trabajadores ofrendaron sus vidas para salvar a sus pacientes y no deben someterse a la negación estadística

La crisis sanitaria acabó por exponer los demás problemas del sistema de salud: “hospitales derruidos, sin equipos mínimos ni medicamentos, con inmensas deudas salariales con sus médicos, enfermeras, personal administrativo y de laboratorios”.

Foto: Región Central Los trabajadores de la salud han puesto en riesgo su vida a pesar de tener, muchos, pésimas condiciones salariales para enfrentar la pandemia.

Gossain también publicó las declaraciones del Dr. Roberto Baquero, presidente del Colegio Médico Colombiano. Baquero precisó que en Colombia suele usarse la ‘vocación profesional’ como una herramienta para explotar a los trabajadores.

Los estudiantes de medicina solían pagar diez semestres de matrícula y después tenían un año de práctica remunerada, recibían un seguro de salud, alimentación y equipo de trabajo. “Un año después iniciaba (sic) un auténtico servicio social obligatorio, que se conoce entre los colombianos como ‘año rural’. (…) Entonces, por primera vez, le hacían un contrato formal de trabajo, que incluía no solo un salario sino todas las prestaciones legales”.

La especialización llegaba después y duraba entre tres y cinco años. Los estudiantes ya no tenían un salario, pero se mantenían las demás ayudas. Sin embargo, las universidades decidieron que los internos eran estudiantes y así comenzaron a cobrar una matrícula durante este periodo de práctica.

Aunque hubo protestas por este abuso, “en 1992, el Congreso Nacional aprobó la ley 30, sobre la educación en Colombia, y al año siguiente la reforma del sistema de salud, la famosa Ley 100”. Con esta ley desaparecieron los internos y residentes; únicamente había estudiantes. Desde ese momento la salud se convirtió en un negocio.

El resultado fue que las universidades cobraron matrículas excesivas, mientras que las clínicas y los hospitales usaron a los estudiantes como reemplazo de los especialistas para reducir los sueldos que pagaban.

Por si fuera poco, este sistema permitió que los hospitales arrendaran a sus pacientes. Algunas universidades no tienen hospitales, por eso deben firmar convenios para asegurar la educación de sus estudiantes. Por eso es posible ver “estudiantes de una universidad atendiendo pacientes en una clínica de 7 a 9 de la mañana, pero de 9 a 11 los mismos enfermos quedan en manos de alumnos de otras universidades, y así el día entero”.

Sin darse cuenta, los estudiantes de medicina financian los hospitales con su trabajo, mientras pagan cantidades excesivas de dinero a las universidades. Ojalá puedan aprender sin ser explotados.

Al final los héroes de la pandemia tienen que enfrentarse a los contratos engañosos, la escasez de suministros, las pésimas condiciones laborales e incluso la pérdida de su empleo. Muchos trabajadores tuvieron que renunciar después de esperar en vano su sueldo. Esto no puede pasar en condiciones normales, mucho menos en medio de una pandemia.

Como dijo el oftalmólogo Durfay Campiño, “eso es lo que está matando a los colombianos (…) no es la enfermedad; es el maltrato a los médicos y personal de salud, lo mal que les pagan y la falta de ética del sistema de salud”

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