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“Paz Colombia”: ¿qué hay de nuevo?

Escrito por Adam Isacson
adam isacson

Adam IsacsonUn examen preciso de las cifras y la destinación de cada componente, y un balance cuidadoso de las fuerzas a favor y en contra de su aprobación en el Congreso de Estados Unidos. Esto es lo que se sigue.

Adam Isacson*

 

El Presidente Santos y el Presidente norteamericano Barack Obama durante la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia.

¿Buena cosecha?

No sabemos exactamente qué solicitó el presidente Santos cuando se reunió con funcionarios del gobierno Obama y con miembros del Congreso de Estados Unidos durante la primera semana de febrero en Washington.

Quizá pidió algunas cosas que le fueron negadas, como sacar a las FARC de la lista de grupos terroristas, excarcelar al guerrillero “Simón Trinidad”, o un paquete de ayuda para el posconflicto superior a 500 millones de dólares anuales.

En todo caso y en lugar de eso, Santos recibió muestras muy fuertes de apoyo retórico al proceso de paz (un contrapeso importante a la oposición de la derecha colombiana) y una promesa de pedir que el Congreso otorgue 450 millones de dólares a Colombia en 2017.

A este paquete se le llamó “Peace Colombia” (quizás en homenaje inconsciente al movimiento de la sociedad civil colombiana del mismo nombre que en 2000 y 2001  promovía alternativas al Plan Colombia). El apoyo significaría un aumento importante de la ayuda a Colombia, cuyo nivel actual es de aproximadamente 325 millones de dólares. 

Pero “Peace Colombia” sigue siendo un programa más pequeño, y más militar, de lo que debería. Lo que ahora se propone es distinto, pero no de manera radical.

Los cambios graduales han marcado la asistencia estadounidense desde 2007 – el momento más intenso del Plan Colombia, cuando la ayuda superó los 750 millones, 80 por ciento de los cuales fueron a iniciativas militares y policivas (el Plan Patriota, las fumigaciones masivas, el inicio de los bombardeos a campamentos y el Plan de Consolidación Territorial)-. Desde entonces, cada año se produjeron reducciones y ajustes, de modo que para 2016 el componente “duro” de la ayuda supera apenas el 50 por ciento del total.

El monto propuesto para 2017 (450 millones) aunque superior al del último año, es mucho menor de lo que era diez años atrás. Esto envía el mensaje desafortunado de que Washington es más generoso en tiempos de guerra que en momentos de consolidación de la paz.

¿En qué consiste?

El nuevo plan presupuestal de ayuda a Colombia debe pasar por la aprobación del Senado estadounidense.
El nuevo plan presupuestal de ayuda a Colombia debe pasar por la aprobación del
Senado estadounidense.
Foto: Cliff

Es cierto que  por primera vez la mayor parte de la ayuda iría a prioridades no militares. Pero casi la mitad sigue estando dirigida a la seguridad y a la guerra antidrogas.

La gran mayoría de la ayuda propuesta se canalizará a través de cinco programas, o cuentas, en el sistema estadounidense de ayuda al exterior. Vale la pena mirar estos cinco programas para entender las prioridades del gobierno Obama.

1. Economic Support Funds (Fondos de Apoyo Económico, o ESF), con 187,3 millones de dólares (este año son 141,3 millones). Este es el principal programa de ayuda económica, ejecutada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Apoyará los esfuerzos de “Paz Territorial” para fortalecer la presencia estatal en zonas históricamente abandonadas, así como programas dirigidos a las víctimas, las minorías étnicas, la justicia, los derechos humanos y los proyectos de construcción de paz. Aunque estos tipos de programas son necesarios en el posconflicto, los ESF solo llegarán a tener 46 millones más que en 2016, sumando a una cantidad inferior a la que tuvieron entre 2008 y 2010.

2. International Narcotics Control and Law Enforcement (Control Antinarcóticos Internacional y Aplicación de la Ley, INCLE), con 143 millones de dólares (este año son 117 millones). Este es el programa que por muchos años financió la fumigación de cultivos de coca, el mantenimiento de aeronaves y el apoyo a la interdicción, así como programas de reforma judicial, reintegración de excombatientes, y mucho más. Gran parte de la ayuda INCLE propuesta para 2017 iría a la Policía Nacional, para que haga más presencia en zonas rurales, y mucho irá a la erradicación manual de la coca. Esta cuenta también apoyará misiones en otros países donde personal colombiano sirve como instructor.

3. Dineros del Departamento de Defensa, con 44,6 millones de dólares (este año son  51,9 millones). Este programa es pura ayuda militar y policiva, y no está claro qué financiará. Probablemente apoyará la interdicción marítima y aérea de drogas, programas de inteligencia, y mucho entrenamiento.

4. Foreign Military Financing (Financiamiento Militar en el Exterior, FMF), con  38,5 millones (este año son 25 millones). Es un misterio por qué se aumentará tanto el dinero de este programa, que será la principal fuente de ayuda al Ejército colombiano en tiempos de paz. Los documentos disponibles dicen solamente que el FMF “continuará apoyando los esfuerzos colombianos de garantizar que sus ganancias en seguridad sean irreversibles, y apoyando la transición de la relación bilateral hacia la de una asociación estratégica”. Es posible que el propósito sea tratar de suavizar el golpe institucional que para las Fuerzas Armadas colombianas puede representar el fin de la guerra contrainsurgente.

5. Nonproliferation, Antiterrorism, Demining, and Related Programs (Anti proliferación, Antiterrorismo, Desminado, y Programas Relacionados, NADR), con  21 millones de dólares (este año son 4 millones). La ayuda NADR apoyará (junto con Noruega) el programa multilateral de desminado que mencionaron los presidentes después de su reunión en la Casa Blanca.

Pequeño y militar

¿Por qué la propuesta “Peace Colombia” es tan reducida en relación con la ayuda de hace diez años, y por qué sigue siendo tan militar?

“Peace Colombia” sigue siendo un programa más pequeño, y más militar, de lo que debería.

Es menor porque la ayuda estadounidense al exterior está disminuyendo: dar dinero a otros países sigue siendo impopular entre los sectores conservadores que ahora dominan las dos cámaras del Congreso estadounidense.

El valor total de la ayuda no está creciendo, y cuando se quitan Israel, Egipto y los países donde Estados Unidos hoy tiene tropas de combate, puede verse que el total ha venido reduciéndose. En América Latina, solo Centroamérica y Colombia verán aumentos importantes con respecto a los niveles de 2015.

La propuesta “Peace Colombia” todavía tiene que pasar por el Congreso. Las ONG y los congresistas que más han apoyado la paz en Colombia tratarán de aumentar el monto, especialmente el de la cuenta ESF. Pero esta lucha no será fácil, y es posible que la mayoría republicana del Congreso, que no tiene una larga historia de apoyo a iniciativas cuyo nombre incluya la palabra peace, busque recortarlo aún más.

Por otra parte es probable que el componente militar de “Peace Colombia” sea tan grande debido a la necesidad de convencer a los republicanos de apoyar el paquete sin recortes.

La pelea por la paz

El programa de USAID hace parte del programa Economic Support Funds, al cual iría destinado parte de la ayuda norteamericana de Paz Colombia.
El programa de USAID hace parte del programa Economic Support Funds, al cual iría
destinado parte de la ayuda norteamericana de Paz Colombia.
Foto: USAID U. S. Agency for International Development

Entre la minoría demócrata, el apoyo al paquete está casi asegurado, aunque se debilitaría si la “restricción de libertad” del mecanismo de justicia transicional es vista como un castigo demasiado cómodo para los perpetradores de crímenes de guerra.

La oposición más fuerte provendrá seguramente de los republicanos que manejan la agenda legislativa:

Washington es más generoso en tiempos de guerra que en momentos de consolidación de la paz.

·  No porque se opongan al proceso de paz: mis fuentes me indican que cuando se reunieron con el Presidente Santos, los líderes republicanos de ambas Cámaras, Mitch McConnell y Paul Ryan, expresaron su apoyo a la idea de terminar el conflicto colombiano a través del diálogo.

·  Pero entre los ultraconservadores hay fuertes opositores al proceso de La Habana, especialmente el grupo de representantes de ascendencia cubana, quienes están en contacto regular con Álvaro Uribe y otros representantes de la derecha colombiana. Ellos le expresaron su desacuerdo al Presidente Santos durante su visita.

·  También hay quienes se muestran preocupados por la posibilidad de que los acuerdos con las FARC debiliten la lucha contra las drogas. Es posible que estos quieran añadir requisitos a la ayuda que complicarían su ejecución por ejemplo, condicionándola a la cooperación colombiana en la extradición de guerrilleros desmovilizados.

·  Pero aun del lado republicano hay indicios positivos. Por ejemplo es notable que el jefe republicano de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker, la semana pasada patrocinara una resolución de apoyo al proceso de paz.

En esta “contienda por la paz” estarán, de un lado, el gobierno de Obama, el grueso de la bancada demócrata y algunos republicanos moderados, apoyados por el embajador Juan Carlos Pinzón y la mayoría de la comunidad no gubernamental de derechos humanos y la opinión intelectual del “establecimiento”; y del otro, los republicanos más duros, apoyados por el Centro Democrático y algunos centros de pensamiento neoconservadores.

Sobre todo, las posibilidades de aumentar la contribución estadounidense a consolidar la paz dependen del ambiente en La Habana. Si la “recta final” se desarrolla con la misma madurez, rapidez y actitud constructiva que hemos presenciado durante los últimos meses, serán mejores las posibilidades de ganar a los escépticos estadounidenses que manejan el erario.

Las posibilidades mejorarían mucho más si en los meses que siguen a la firma del acuerdo, el Estado colombiano muestra una eficiencia, una creatividad y una capacidad de implementación que (digámoslo así) no siempre han sido evidentes en el pasado reciente.

 

* Oficial principal para políticas de seguridad regional, Oficina en Washington de Asuntos Latinoamericanos, WOLA.
twitter1-1@adamisacson

 

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