Qué pasó con la oposición en la instalación del Congreso y qué sigue - Razón Pública
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Qué pasó con la oposición en la instalación del Congreso y qué sigue

Escrito por Miguel Antonio Galvis
Miguel Antonio Galvis

El pasado 20 de julio quedó claro que la Alianza Verde y el Pacto Histórico irán divididos a las elecciones del próximo año. ¿Quién gana y quién pierde con esta división?

Miguel Antonio Galvis*

El gobierno juega sucio… y la oposición cae en la trampa.

Por primera vez en treinta años, el Senado vetó a un congresista del cargo que le correspondía en la mesa directiva de la corporación. Este abuso de las mayorías buscaba crear malestar y divisiones entre las minorías: y en efecto lo logró.

Las mayorías decidieron meterle mano a la elección de la segunda vicepresidencia del Senado, que por ley le corresponde a la oposición, y vetaron al senador Gustavo Bolívar, de la Colombia Humana. Bolívar y su partido decidieron retirarse de la elección y, finalmente se eligió en el cargo a Iván Name, de la Alianza Verde.

Pero esto no fue todo: los verdes y la Colombia Humana también fueron incapaces de llegar a un acuerdo sobre quién debería replicar al discurso del presidente Iván Duque. Todo esto mostró la profunda división entre los congresistas de la Coalición de la Esperanza y los del Pacto Histórico.

Las acciones del partido de gobierno y su coalición responden, cada vez más, a la advertencia de Uribe: “ojo con el 22”.

Esta burla a la democracia se suma a las acciones del gobierno para cooptar las instituciones de control y romper el equilibrio de poderes: hoy, el ejecutivo tiene fichas en cabeza de la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo y la Registraduría. Ahora, el gobierno usa el poder de sus mayorías en el Congreso para decidir quiénes pueden o no ejercer la representación de la oposición en las mesas directivas. Eso es un retroceso democrático.

Buscar el muerto río arriba

El senador Gustavo Bolívar no interpretó este abuso de las mayorías como una acción para dividir a la oposición, sino que les achacó la responsabilidad a sus colegas de la Alianza Verde.

Se trata de la misma estrategia que usó Gustavo Petro contra Sergio Fajardo en la segunda vuelta de las elecciones de 2018: mi derrota no se debe a las acciones de la derecha ni a mi incapacidad de conquistar al centro; la culpa es de mi contendor.

Esta narrativa es muy rentable en las redes, pero no corresponde con la verdad. Gustavo Petro obtuvo en la segunda vuelta 8.034.189 votos y los votos en blanco sumaron 808.368: incluso si todos los que votaron en blanco hubieran votado por Petro no se habría superado los 10.373.080 votos que sacó el hoy presidente Duque.

De la misma manera, 32 senadores votaron por Gustavo Bolívar, aunque la bancada de los alternativos es de apenas 24. Esto significa que todos le cumplieron, incluidos los congresistas de la Alianza Verde.

Una oposición dividida

Desde el comienzo de la legislatura, la oposición está dividida en dos grandes bloques: la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico.

Los miembros de la primera son considerados como un sector de centroizquierda, creen que el principal flagelo de la sociedad colombiana es la corrupción y proponen renovar la política, fortalecer el Estado Social de Derecho y dar prioridad a la educación como herramienta transformadora.

Por primera vez en treinta años, el Senado vetó a un congresista del cargo que le correspondía en la mesa directiva de la corporación. Gustavo Bolívar no se quedó con el cargo de la segunda vicepresidencia

Los miembros de la segunda son considerados como un sector de la izquierda democrática, creen que Colombia necesita grandes cambios, hacen énfasis en la inclusión de los más vulnerables y le apuestan a transformar la matriz energética e impulsar una reforma agraria.

Un año antes de las elecciones presidenciales y legislativas, ambas coaliciones están empeñadas en imponerse sobre la otra como alternativa de cambio.

En la instalación del Congreso del año pasado, la senadora Aída Avella, de la Lista de la Decencia (parte del Pacto Histórico) replicó al discurso del presidente en representación de toda la oposición, y el partido Alianza Verde respetó ese derecho. Por eso, este año, la réplica la debían hacer los verdes, que habían escogido para ello al senador Antonio Sanguino. Pero el Pacto Histórico se negó a cumplir ese acuerdo y presentó una solicitud para que la réplica la hiciera Gustavo Petro. La bancada del partido de Los Comunes se sumó y pidió llevar la vocería.

Para resolver esta desavenencia, el presidente del Senado, Arturo Char, decidió que los veinte minutos de la oposición se dividirían en tres partes: 11 minutos para la Alianza Verde, 4,6 para la Colombia Humana, y 4,4 para Los Comunes. En suma, se antepusieron los intereses electorales del Pacto Histórico, y la oposición quedó con una imagen de debilidad y división ante la opinión pública.

La oposición en el Congreso

Los partidos y expresiones alternativas, que se declararon en oposición al gobierno de Duque, cuentan con 45 congresistas de un total de 279, lo que representa el 16,2 % de los integrantes del Congreso.

La oposición tiene más presencia en el Senado, con 24 congresistas que representan el 22,2 %, que en la Cámara de Representantes, donde tienen 21 congresistas que representan apenas el 12,3 %.

Si la oposición se uniera como una sola bancada, sería la cuarta fuerza política del Congreso, superada por el Centro Democrático (18,3 %), el Partido Liberal (17,5 %), y Cambio Radical (16,5 %). En ese caso, tendría mayor representación que el Partido Conservador (12,5 %), y el Partido de la U (14,3 %).

Entre los sectores políticos declarados en oposición, el mayoritario es el Partido Alianza Verde, con 18 congresistas, seguido del Partido de Los Comunes con 10, el Polo Democrático Alternativo con 6, la Lista de La Decencia con 4, El Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS) con 3, el Partido Dignidad con 2, y el Movimiento Autoridades Indígenas de Colombia (AICO) y la Coalición Alternativa Santandereana con 1 congresista cada uno. Vistas las dos coaliciones que existen hoy, el Pacto Histórico tiene más miembros en el Congreso que la Coalición de la Esperanza.

Por su baja representación en el Congreso, los diez proyectos de ley que presentarán los integrantes del Comité Nacional del Paro y las primeras líneas, tienen muy poca posibilidad de tener éxito. Se supone que estos proyectos serán asumidos como una bandera del Pacto Histórico en la campaña presidencial y legislativa.

Las apuestas para la presidencia

No es correcto afirmar que Gustavo Petro tiene asegurados 8 millones de votos para llegar a la presidencia —la cifra que obtuvo en el 2018—, pues parte de esos votos provinieron de personas que hoy simpatizan con la Coalición de la Esperanza.

Petro está atrapado en su discurso de radicalidad y pugnacidad contra el centro o los sectores de la Coalición de la Esperanza. Esto puede ser contraproducente si el hoy senador pasa a la segunda vuelta, pues para ganar necesita el apoyo de la centroizquierda y de al menos un sector de la centroderecha, como quedó demostrado en 2018.

Si la oposición se uniera como una sola bancada, sería la cuarta fuerza política del Congreso

Paradójicamente, la candidatura de Petro contribuye a fortalecer a la extrema derecha del Centro Democrático, que le apuesta a candidatas como Maria Fernanda Cabal o Paloma Valencia, pues radicaliza a votantes de centro derecha que no ven en Petro una opción tolerable.

Por su parte, la Coalición de la Esperanza está pendiente de la posible entrada de Alejandro Gaviria. De la consulta de esta coalición podría resultar una candidatura fuerte, ya sea de Gaviria, Sergio Fajardo o incluso Juan Manuel Galán. Esto podría acercar a sectores de centroderecha, que históricamente han votado por el Partido Liberal, el Partido de la U, Cambio Radical y eventualmente ciertos sectores moderados del Centro Democrático.

La posibilidad de victoria de esta coalición está relacionada con la oferta de una alternativa tranquila de cambio, con una marcada apuesta por la anticorrupción y la transformación socialdemócrata. Hay un amplio sector del empresariado que está preocupado por los abusos y la concentración del poder por parte del Centro Democrático, que podrían sentirse representados en la Coalición de la Esperanza.

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