El Partido Verde: ¿en cuidados intensivos? | Razón Pública 2024
Foto: Cámara de Representantes

El Partido Verde: ¿en cuidados intensivos?

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Varios lideres del Partido Verde han renunciado ante los escándalos de corrupción que involucran a algunos miembros del Partido. Pero la crisis no es apenas del Verde, es de todos los partidos.

Fabián Alejandro Acuña Villarraga * y Luis Alfredo Rodríguez Valero **

El descrédito de los partidos

Las declaraciones de los ex funcionarios de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos y Desastres UGRD, involucrados en el escándalo por presuntos hechos de corrupción, toca a personalidades importantes del Partido Alianza Verde. Esto ha provocado una oleada de indignación, amenazas de renuncias y renuncias del partido, que han conmocionado a la organización. 

En este texto nos preguntamos acerca de la posible crisis del Partido Verde, si este fenómeno es exclusivo de esta colectividad teniendo presente las características del sistema de partidos colombiano, y si vale la pena sacrificar la organización en favor del prestigio personal. 

No nos concentramos en las denuncias de corrupción, que son muy graves y no es un tema menor, pero la discusión que abordaremos será el descrédito de las organizaciones partidistas.

La vinculación de estas figuras del partido causó indignación en liderazgos y figuras emblemáticas de esta colectividad a nivel nacional, como Antanas Mockus, Claudia López y algunas figuras locales.

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¿Crisis en el Partido Verde?

El escándalo por presuntos hechos de corrupción en la UGRD ha involucrado a la Ex Alta consejera de las Regiones del gobierno Petro, ex senadora y ex representante a la Cámara por el departamento de Boyacá: Sandra Ortiz; y al actual director de la Agencia Nacional de Inteligencia, ex copresidente del Partido Alianza Verde y ex camarada del presidente Gustavo Petro en el grupo guerrillero del M-19: Carlos Ramón González. 

La vinculación de estas figuras del partido causó indignación en liderazgos y figuras emblemáticas de esta colectividad a nivel nacional, como Antanas Mockus, Claudia López y algunas figuras locales, como Daniel Duque Velásquez (precandidato a la alcaldía de Medellín 2023 por este partido), ante la coalición de gobierno y el propio partido y manifestaron su renuncia a la organización. 

Por su parte, otros liderazgos avalados por el Partido, como congresistas Katherin Miranda, Katherine Juvinao, JP Hernández o Duvalier Sánchez se pronunciaron pidiendo a los entes de control, a la fiscalía y los jueces la investigación y el esclarecimiento de las denuncias. 

Estos no han mencionado expresamente renuncia del partido, en parte, porque la actual regulación de partidos indica que en caso de renuncia mientras sean congresistas, perderían también su curul, pero, ¿esto es algo que solo le ocurre ha ocurrido al Partido Verde? La respuesta es no. 

Se hunde el barco, sálvese quien pueda

Esta es una historia recurrente en la política reciente. Todos los indicadores de confianza institucional dejan muy mal parados a los partidos políticos y la aceptación a estas organizaciones es precaria. 

Sin embargo, siguen existiendo porque son funcionales -hasta cierto punto- para llegar al poder, pero cuando dejan de serlo, son prescindibles y se pueden sacrificar para salvar el pellejo del(a) político(a) individual si es necesario, para que la mala imagen de los partidos no manche las aspiraciones políticas de sus miembros.

Es sabido cómo en los años 90, ante el desprestigio del Partido Liberal por la entrada de dineros del cartel de Cali a la campaña presidencial y campañas de congresistas, que se denominó el proceso 8000, significó una desbandada de liderazgos nacionales y regionales del partido cuando parecía que se hundía y salieron a formar nuevas colectividades políticas o presentarse por firmas. De allí nacieron organizaciones como Cambio Radical. 

Posteriormente, surgió la gran nube uribista de todos los partidos que se llamaron “Colombia” y que posteriormente estuvieron involucrados en la parapolítica, como Colombia Democrática y Colombia Viva, entre otros que nacieron y murieron muy pronto, o el Partido de la U, que aún permanece.

En la vertiente alternativa, el Polo Democrático también nació a principio de los 2000. Fue una confederación de organizaciones que reunió a la oferta política de izquierda democrática, que tuvo buena acogida en las capitales, alcanzó el gobierno de Bogotá y en varias ocasiones fue un fuerte competidor por la presidencia de la república. 

Sin embargo, las tensiones internas de sus liderazgos, su falta de articulación, sumado al escándalo de corrupción denominado el cartel de la contratación, en el que se vio involucrado el gobierno de Samuel Moreno, una parte de los liderazgos de diferentes partidos que tenían representación en Bogotá y los organismos de control de la ciudad, fueron el caldo de cultivo para que, ante la mala imagen del partido, diferentes figuras tomaran distancia y salieran de este, debilitándolo en adelante.

Un caso más reciente fue la forma como Germán Vargas, máximo líder de Cambio Radical, que dirigió políticamente al partido en toda la era de involucramiento de sus miembros con la parapolítica, ante el desprestigio de su colectividad por estos asuntos, decide en 2018 presentar su candidatura a la presidencia por firmas, presentándose ante el electorado como si fuera una opción independiente. 

Pero al final de la campaña, y ante la importante votación de Cambio Radical en las elecciones de Congreso, el candidató recibió el respaldo a su candidatura por esta coalición.

¿Las reglas de juego ayudan a los partidos?

La estrategia de apartarse de los partidos cuando estos tienen mala imagen para salvar la reputación personal es recurrente. Sin embargo, se está cerca de ellos cuando son funcionales para la elección. 

Según la regla electoral vigente en Colombia, cuando se compite para las corporaciones públicas (JAL, Concejos, Asambleas y Congreso) para la repartición de curules se debe sobrepasar el umbral (3% Senado, medio cociente electoral para el resto de las corporaciones), lo que es una cantidad importante de votos, y es difícil que un liderazgo individual pueda sobrepasarlo.

Ninguna de las personas que ahora renuncian a los partidos podrían solos superar el umbral y ser electos en estas corporaciones públicas, para esto se necesita el esfuerzo colectivo que brindan los partidos, en este punto son funcionales.

Foto: Ministerio del Interior - Es frecuente que los intentos de reforma política escondan parágrafos transitorios que autoricen el transfuguismo sin sanciones, aunque sea de manera temporal.

Hay dos elementos que sirven de válvulas de escape por donde se va cualquier procura de regulación y fortalecimiento de partidos: mantener las candidaturas por firmas (GSC) y todos los intentos de autorizar, así sea temporalmente, el transfuguismo sin consecuencias.

Para competir por cargos del nivel ejecutivo (alcaldías, gobernaciones o presidencia) las personas pueden competir al margen de los partidos, optando por firmas o por coaliciones. También lo pueden hacer por partidos, pero ya no son la única opción, podrían ser prescindibles.

Los intentos de reformas políticas y las reformas (2003, 2008 y la ley 1475 de 2011) en Colombia después de 1991, procuraron fortalecer a los partidos políticos, moderar la fragmentación del sistema de partidos y darle herramientas para la disciplina interna. 

En algunos aspectos lo consiguieron, pero hay dos elementos que sirven de válvulas de escape por donde se va cualquier procura de regulación y fortalecimiento de partidos: mantener las candidaturas por firmas (GSC) y todos los intentos de autorizar, así sea temporalmente, el transfuguismo sin consecuencias.

El primero fue un mecanismo democratizador en los años 90, ante el cerramiento del sistema político en el bipartidismo. Por esa vía, liderazgos alternativos y regionales pudieron competir en la política subnacional y nacional, pero muy pronto fue utilizado por políticos de origen tradicional que buscaron reinventarse ante el electorado, mostrándose como independientes, como estrategia de políticos transicionales, como los llama  Francisco Gutiérrez en un texto todavía muy vigente. 

Como ejemplos de ello está el de Álvaro Uribe, que siendo liberal se presentó por firmas en sus dos gobiernos; Germán Vargas, como se mostró en el ejemplo narrado anteriormente; Martha Lucía Ramírez o Nohemí Sanín, que en su momento transitaban entre el Partido Conservador y tuvieron candidaturas por firmas; o Enrique Peñalosa, que permanentemente transita entre el Partido Liberal y los Verdes a distintos grupos alternativos o firmas, según convenga en cada elección. 

También está el caso de los eternos liderazgos alternativos, que desde los 90 se vienen presentando como independientes. En ocasiones se sirven de partidos políticos para sus elecciones, pero nunca se comprometen con la consolidación de estos, como Sergio Fajardo y el mismo Antanas Mockus.

La segunda estrategia, la del transfuguismo, es más sutil pero recurrente en las iniciativas que hacen tránsito en el Congreso. Ante las sanciones al cambio de camiseta y de partido en la legislación, es frecuente que los intentos de reforma política siempre escondan parágrafos transitorios que autoricen el transfuguismo sin sanciones, así sea temporalmente.

Esto ocurrió en las reformas de 2003 y 2009, y es el mico que siempre incluyen congresistas en cualquier iniciativa de reforma política, generalmente para configurar y recomponer la coalición del gobierno de turno, como el proyecto que está haciendo trámite actualmente en el Congreso.

Estos dos mecanismos hacen agua a cualquier intento de fortalecer las organizaciones partidistas y darles dientes a sus directivas para procurar disciplina y coherencia interna, porque ante el menor asomo de poner en cintura a sus liderazgos políticos por parte de los partidos, estos salen a presentarse por firmas y buscar la forma de cambiar de camiseta evadiendo cualquier sanción.

Ahora, en casos de corrupción y mala imagen por actuaciones de miembros del partido, ¿por qué algunos liderazgos prefieren el camino más fácil, que es salir del partido y ayudar que se hunda en lugar de buscar depurar la organización política, fortalecerla y procurar controles más efectivos para salvar el colectivo?

¿Alguna opción para los partidos?

Ante este hecho, el reconocido economista alemán, que estudió muy de cerca nuestro país, Alberto O. Hirshman, en su texto clásico Salida, voz y lealtad, ante la pregunta de qué opciones tienen las organizaciones (empresas, estados, partidos, etc.) para evitar el deterioro, encuentra que muchas personas optan por la Salida, que indica es la opción de la economía: es fácil y menos costosa cuando hay otras opciones. Si no hubiera más opciones que presentarse a través de partidos, es posible que dedicaran más esfuerzo en fortalecerlos. 

Para nuestro argumento, se opta por salir de la organización en crisis -profundizando su crisis- para ir a otros partidos o presentarse por firmas. Pero la opción de la voz es el recurso político, para evitar el deterioro de las organizaciones y procurar superar las crisis y el fortalecimiento de las organizaciones. Este no es el recurso más fácil, por el contrario, es el más costoso, y por eso requiere una buena dosis de lealtad. 

Esperamos que los liderazgos políticos en Colombia, en adelante, demuestren un poco más de lealtad para consolidar sus organizaciones partidistas, depurar los liderazgos insanos, tramitar sus diferencias por canales internos y procurar consensos, en lugar de sacrificarlos para salvar su propia reputación. 

Algunos seguimos considerando que las democracias necesitan partidos y movimientos políticos sanos, y no como están en la actualidad. Pero para esto, no podemos prescindir de ellos. Debemos emprender esfuerzos para procurar su relativa buena salud. Por esto celebramos la iniciativa del Observatorio de Reformas Políticas en AL UNAM-OEA de crear una Clínica de partidos en la región, allí se puede dar tratamiento a partidos que están en la misma situación de la Alianza Verde.

Lea en Razón Pública: La realidad regional contra el discurso de paz total

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Fabian Acuna - Luis Alfredo Rodriguez Valero

Escrito por:

Fabian Acuna - Luis Alfredo Rodriguez Valero

* Doctor en Investigación en Ciencias Sociales FLACSO-México, investigador del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina y docente e investigador de la UNAD-Colombia @acuna_fabian ** Estudiante de Doctorado en Derecho. Magister en Ciencia Política. Politólogo y abogado. Docente e investigador de la UNAD-Colombia. @rvluis1

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