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Paro nacional, negociación y cálculos políticos

Julian Arevalo
Andrés García Trujillo

La negociación entre el gobierno y los manifestantes se complica mientras que los partidos y candidatos a suceder a Duque hacen sus propios cálculos. Cuatro escenarios de salida de la crisis*.

Julián Arévalo**
Andrés García Trujillo***

Externado

Paro nacional

Esta es la cuarta semana de paro y aún no hay soluciones reales. En los dos fines de semana anteriores se perdieron valiosas oportunidades para desescalar los enfrenamientos y poner en marcha un proceso de negociación serio.

Todavía hay tiempo, pero cada día que pasa se cierra el margen para encontrar una salida negociada a la crisis. Mientras tanto, las agendas y los pliegos de exigencias se multiplican y se suman entes nuevos.

No hay avances en la negociación, el malestar aumenta y los ánimos se agrían, parece que las agendas, la forma de relacionamiento de las partes, las desconfianzas mutuas y la falta de alguien que lidere el proceso impiden avanzar.

Paralelamente es posible hablar del papel de “la sombra del futuro”; esta es la forma como los cálculos políticos de distintas entidades respecto de la evolución del paro obligan a adoptar determinadas posiciones en la negociación actual. Y las cuentas de unos y otros sobre los posibles escenarios futuros son bien diferentes.

Foto: Facebook CGT - A pesar de las reuniones entre el Comité del Paro y representantes del gobierno aún no se ve luz al final del túnel.

Negociación multidimensional: diseño y errores

Como sugirieron varios expertos y analistas, en este momento se necesitan una negociación y un diálogo de múltiples niveles, carriles y entidades, a diferencia de las negociaciones tradicionales donde no hay problemas de representatividad y el interlocutor es evidente. Adicionalmente, hay demandas de cambios inmediatos y otros de largo plazo, por lo cual los tiempos y las formas de interacción deben ser diferenciados.

En un régimen tan presidencialista como el colombiano, el Ejecutivo es quien tendría que diseñar y liderar este proceso, cuyo propósito sería responder de manera concertada a las demandas sociales, empezando por medidas urgentes que permitan levantar los bloqueos pacíficamente.

Las iniciativas complementarias lideradas por instituciones como el Congreso, las universidades o los entes locales son muy valiosas para resolver asuntos locales y sectoriales, al igual que para crear un ambiente de confianza y diálogo, pero no reemplazan el proceso que debe impulsar el gobierno nacional.

Para poner a andar dicho proceso el gobierno debe reconocer la complejidad y diversidad de las voces que se manifiestan legítimamente (distanciándose de las tesis del enemigo interno). También hay que dar gestos creíbles que condenen tajantemente la violencia y los abusos policiales y adoptar decisiones que atiendan la crisis de los derechos humanos.

De nada sirve reencauchar fórmulas del tipo “conversación nacional”: se ensayaron antes, no funcionaron y sí lograron minar la confianza en el gobierno; pocos creen que se sentará para negociar de buena fe.

Y como se vio durante estas semanas, responder con “mano dura” empeorará la situación y la violación de los derechos humanos. Urge una salida política creíble y audaz.

Para poner a andar una negociación el gobierno debe reconocer la complejidad y diversidad de las voces que se manifiestan legítimamente, distanciándose de las tesis del enemigo interno,

Por eso resulta preocupante que justo cuando se pensaba que el gobierno y el Comité Nacional de Paro iban a instalar una mesa de negociación el fin de semana del 15 de mayo, la ausencia de gestos contundentes de empatía y confianza de parte del presidente Duque impidió avanzar.

Había señales de esperanza de parte y parte. La iglesia y la ONU iban a ser facilitadores, pero eso no fue suficiente. Esto se suma a las declaraciones y gestos que vulneran la dignidad de los sectores movilizados y hacen aún más complejo el comienzo de las negociaciones.

Así, la ausencia de los elementos básicos para encauzar la negociación como la confianza, la dignidad, el liderazgo y un proceso cuyo diseño reconozca la complejidad del problema detiene los avances que espera la sociedad.

Cálculos políticos

Las demoras y dilaciones para arrancar un proceso de negociación serio y riguroso también están atadas a los cálculos políticos —conscientes e inconscientes— que hacen los partidos de cara a las próximas elecciones. En seguida presentamos los escenarios posibles (queda al lector la estimación de las probabilidades de ocurrencia que tendría cada escenario).

Escenario 1: el paro se diluye y el gobierno recupera su manejo

El cansancio, el agotamiento, los costos económicos y la presión de distintos sectores le quitan el oxígeno al paro. La falta de representatividad así como los cálculos demasiado optimistas del Comité Nacional de Paro —que deterioran su posición ante la ciudadanía— podrían contribuir a ese escenario.

Esto resultaría en el anuncio por parte del gobierno sobre algunos temas de la propuesta. Posteriormente se realizarían acuerdos sobre algunos temas menores con distintos sectores y el país regresaría a cierta normalidad, pero los temas de fondo no se resolverían; justo como pasó después de las protestas de noviembre de 2019.

En la política esto permitiría seguir con el plan de ubicar un candidato de la derecha a la contienda electoral del próximo año, nuevamente con el propósito de ‘parar la llegada del castrochavismo’.

Los nombres de Tomás Uribe, Paloma Valencia o incluso Óscar Iván Zuluaga volverían a recoger las banderas del uribismo en un experimento que está respaldado por un amplio sector de la ciudadanía.

Ahora bien aunque la ciudadanía está cansada, la apuesta por la disolución del paro debilitaría a los sectores que sí están dispuestos a negociar y dejaría pasar la oportunidad de afrontar una profunda crisis que no desaparecerá de la noche a la mañana.

Escenario 2: la izquierda capitaliza el manejo de la crisis 

La pandemia no fue fácil para nadie, pero el manejo que le dio el gobierno fue especialmente erróneo, con iniciativas impopulares y rechazadas incluso desde el Centro Democrático, que sintió que sería el principal perjudicado.

La caída de la reforma tributaria, la salida de Carrasquilla, la salida también de la canciller Claudia Blum y la caída de la reforma a la salud son derrotas importantes del gobierno que la izquierda no titubeó en atribuirse.

El gobierno, su partido y los sectores políticos cercanos perdieron el apoyo de la ciudadanía. Esta situación mina las posibilidades de la derecha de triunfar en las elecciones del 2022. Tal vez por eso Martha Lucía Ramírez renunció a la campaña y decidió comprometerse con la Cancillería esta semana.

Esto se traduciría en un robustecimiento de la izquierda, que logró movilizar amplios sectores de la ciudadanía y se mostró como una alternativa seria ante el caos y la frustración generalizada.

Desde esa mirada algunos pensarían que avanzar en una negociación significaría hacer concesiones innecesarias al gobierno y se restaría fuerza a la movilización ciudadana necesaria para alcanzar resultados favorables el próximo año.

Escenario 3: los extremos se agotan y el centro se refuerza

El punto crítico del escenario anterior consiste en determinar si la prolongación del paro y el aumento de los costos económicos y sociales será contraproducente para los promotores de la movilización ciudadana y los sectores políticos cercanos.

La falta de avances en la negociación, la prolongación de las protestas, los bloqueos y los enfrentamientos podrían producir el rechazo de la ciudadanía tanto a la izquierda como al gobierno.

Tal escenario daría posibilidades a una opción de centro sobre la que se dialoga desde la campaña de 2018, pero que tropieza a la hora de definir agendas, posturas y sobre todo un candidato o candidata que aglutine a quienes apoyarían dicha propuesta.

La falta de avances en la negociación, la prolongación de las protestas, los bloqueos y los enfrentamientos podrían producir el rechazo de la ciudadanía tanto a la izquierda como al gobierno.

Una posición que evite el desgaste del gobierno y los promotores del paro y que logre construir una agenda propositiva y realista frente a la crisis actual podría emerger como la esperanza en un contexto marcado por la frustración, la desconfianza en las instituciones y el sentimiento reinante de una falta de empatía.

Escenario 4: ruptura del régimen democrático

Durante los últimos días son cada vez más los comentarios y análisis que contemplan con preocupación el segundo escenario y el hecho de que cada vez sea más probable, tal como lo ilustran las más recientes encuestas. Los temores se perciben en los videos en inglés del presidente y en las portadas de las revistas.

Desde tal perspectiva, los errores en la forma como se concibe la negociación, e incluso la forma como se lee la crisis actual, hacen parte de una estrategia orientada a propiciar un escenario basado en el miedo que impida la transición a la izquierda.

Las acciones ofensivas del ESMAD, el despliegue inusitado del pie de fuerza, la ineficiencia para controlar las organizaciones de tipo paramilitar, las detenciones y señalamientos arbitrarios y los mecanismos de negociación pasaron a un segundo plano y son leídos como “una apuesta del gobierno por securitizar la protesta social y reactivar los discursos del enemigo interno muy propios de la doctrina de seguridad nacional”.

Ese camino es muy riesgoso, pues la escalada de acciones y reacciones abre la puerta para que se agudice la violencia y haya un mayor resquebrajamiento de las garantías dentro del estado social de derecho, creando las condiciones para una ruptura del régimen democrático.

Las preocupaciones de muchos sectores frente al posicionamiento de la izquierda en la actualidad son serias y tristemente la historia del país no permite descartar de entrada un escenario tan sombrío como este.

Compromisos básicos

Es difícil asignar probabilidades a estos escenarios. Como en cualquier negociación, los resultados dependen de las expectativas que se tengan de la situación que emergería en caso de que no haya un acuerdo. Así, las expectativas exacerbadas de uno u otro lado con frecuencia se traducen en la desaparición de una zona de posible acuerdo.

Ahora bien, más allá de cuál de estos escenarios tome fuerza, es imprescindible encontrar caminos de negociación pacífica para que la situación no empeore. El presidente Duque debe comprender que la salud de la democracia en Colombia, su autoridad y legitimidad, y la de la fuerza pública, se basan en la capacidad para corregir el rumbo, responder con grandeza y espíritu reformista a las demandas ciudadanas y proteger sus derechos.

Algunos elementos básicos como las garantías para la protesta, un compromiso por sacar a la violencia de la discusión actual, un pacto por el respeto a las reglas de la democracia y por una agenda de transformaciones necesarias para la sociedad colombiana serían un comienzo para superar la situación actual. Falta ver si los cálculos políticos lo permiten.

*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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