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Paro estudiantil, marchas y diálogo civilizador

Escrito por José Tovar
Jose Tovar

Jose Tovar¿Será posible evitar la lógica brutal de la represión mediante el diálogo razonable? El paro estudiantil parece alargarse. El congreso no inspira confianza como teatro para una discusión civilizada. ¿Y si los estudiantes se entendieran al menos simbólicamente con los agentes antimotines?

José Tovar *

Estudiantes y fuerza pública

Puede que despierte reacciones, pero no puede negarse que los estudiantes y la fuerza pública forman parte del mismo equipo, son miembros de una misma sociedad, comparten los mismos derechos fundamentales y los mismos deberes como ciudadanos. Por eso mismo ambos grupos deberían coincidir en la defensa de unos mismos valores fundamentales.

No obstante, cuando los primeros han salido a protestar en defensa de unos derechos para todos –como el acceso a universidades públicas de calidad– la fuerza pública se ha esforzado en estorbar las manifestaciones de los jóvenes, hasta llegar a los golpes como en épocas de ingrata recordación.

Antes de seguir adelante ruego al lector que dedique algo más de noventa segundos para ver el siguiente video (el video está en facebook) aficionado sobre una marcha reciente en Bucaramanga.

¿Por qué si ambos grupos pertenecen al mismo equipo, no luchan por los mismos derechos? ¿Por qué la fuerza pública —que también está constituida en su mayoría por jóvenes— se niega a proteger estos derechos, que también son los suyos en cuanto ciudadanos en formación? ¿Por qué se producen enfrentamientos cuando unos salen en defensa de los derechos de todos?

Permítaseme fantasear por un momento: imagínese que la fuerza pública se une a los estudiantes para defender el derecho a la educación. ¿Quién nos defendería de los vándalos que aparecen en las marchas? Nosotros mismos los neutralizaríamos. Pero tratar de defender los derechos por medio de las armas sólo ha traído dolor a Colombia. Ya es hora de cambiar armas por creatividad. 

Detrás de la fuerza pública

En esta arena se mueve un poder superior que comanda a la fuerza pública y que ha jurado hacer respetar el derecho constitucional que tienen los estudiantes: se trata obviamente del poder ejecutivo, del gobierno. La fuerza pública no es autónoma ni deliberativa, en su calidad de institución castrense. Es un aparato armado a órdenes del gobierno. 

Dentro del gobierno coexisten diferentes grupos de interés, no siempre en forma armónica. Por ejemplo, existe un sector encargado de manejar las finanzas públicas, que impulsa el proyecto de reforma de la Ley 30 bajo un paradigma único: controlar o reducir el costo de la educación superior que debe ser cubierto por el erario.

Activos, pero menos visibles, se mueven otros grupos de interés por fuera del gobierno: los gremios de la producción, el sector financiero. En función de sus propios intereses, están presionando al gobierno, entre otras cosas para impedir que los estudiantes expresen su inconformidad con la reforma a la Ley 30, tal como está siendo tramitada en el Congreso. 

¿Fraternidad republicana?

Ante la creciente oleada de protestas organizadas y coordinadas en diferentes ciudades, la fuerza pública ha recibido órdenes de disolver a los manifestantes con procedimientos poco ortodoxos, por ejemplo, utilizando chorros de agua o, incluso, infiltrando las marchas para armar desordenes sociales de los que luego responsabilizan a los estudiantes.

Policía infiltrado en una marcha estudiantil con una papa bomba en la mano.

01-imagen-tovar 

Pero resultan llamativas las estrategias creadoras que los estudiantes han ido adoptando para intentar acercarse a la conciencia individual de los miembros de la fuerza pública.

En Cali, por ejemplo, el pasado 20 de octubre se grabaron las siguientes escenas

donde se observa el contraste entre las actitudes de estudiantes y policías, pero también asomos e intentos de comunicarse como seres humanos.

En fin, el siguiente testimonio ilustra cómo la lógica brutal del uso de la fuerza termina interpelando la concienci01-imagen-tovar-02a individual de los miembros de sus fuerzas armadas.

Durante la marcha del 26 de octubre en Bogotá, estudiantes y miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) por un instante se unieron en un abrazo. Hasta donde tengo noticia, es la primera vez que se da un episodio de afecto o al menos de acercamiento humano entre marchantes y agentes antimotines en la historia de Colombia. 

Esta muestra de empatía entre los dos grupos no debe echarse en saco roto, sino todo lo contrario.

Los tableros del diálogo civilizado

Los estudiantes han abierto espacios para analizar la reforma a la Ley 30. La fuerza pública, en cambio, no tiene cómo ni dónde discutirla. De hecho, en diálogos informales con los estudiantes, algunos agentes de policía se han atrevido a preguntar qué es eso de la ley 30.

Por ello propongo que durante las marchas, en lugar de ultrajar a la fuerza pública o de ser indiferentes ante ella, se abra un margen de espacio y tiempo consagrado a presentarles las ventajas y problemas que la reforma de la ley 30 traería para Colombia y si es posible, discutirlos con ellos.

Se podría tablero en mano, o utilizando carteleras, presentar de manera esquemática y sencilla frente a los escuadrones antidisturbios los lineamientos centrales de la reforma a la Ley 30, los problemas que ésta tiene y la solución que se propone desde la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE). Propongo organizar una “Marcha Nacional de los Tableros”.

Ahora bien, resulta obvio que no se podrá exponer la reforma completa durante la marcha. Es también de esperar que el escuadrón antidisturbios no tendrá órdenes de oír la exposición de unos estudiantes, sino de disolver la manifestación.

Pero los estudiantes podrían cambiar las reglas y enviar un mensaje simbólico:

  • preparando una exposición clara, sucinta, en un lenguaje sencillo, sobre las consecuencias que en su opinión produciría la reforma, especialmente para quienes son hoy por hoy miembros de la fuerza pública.
  • actuando con amabilidad, respeto, tolerancia y ojalá algo parecido al cariño frente a los integrantes del escuadrón antidisturbios, incluso –y esto es crucial– si algunos responden violentamente a la presentación.

El objetivo es tratar de poner lo obvio en evidencia: tanto estudiantes como miembros de la fuerza pública son parte de una misma sociedad y desde la razón pública fundamentada en el republicanismo cívico, comparten los mismos derechos y deberes. En caso de ser necesario pueden comunicarse a lamarchadelostableros@gmail.com

No pertenezco a la izquierda, ni a la derecha, ni al centro ni mucho menos soy anarquista. Solo pienso que a veces los gobiernos, en nuestros días, son más un lastre para la sociedad que un instrumento civilizador.

* Doctor en Filosofía. Universidad Nacional de Colombia. Director del grupo Investigación Empírica del Juicio Moral.

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