Paradojas en las presidenciales | Columna | Julián Orjuela

Paradojas en las presidenciales

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“Solamente los idiotas no cambian de opinión” fue la memorable frase del expresidente Juan Manuel Santos, al defender su propósito de concretar una solución política al conflicto social y armado con las FARC, a pesar de que en el pasado hubiera sido su principal enemigo militar, como ministro de Defensa del gobierno del expresidente Álvaro Uribe. Las paradojas son inherentes al mundo político y estas elecciones presidenciales no son la excepción.

El uribismo que engañó a los votantes con la supuesta inclusión de la “ideología de género” en el Acuerdo de Paz, diciendo que se impondrían en los colegios “cátedras para que los niños se volvieran homosexuales”, ahora tiene de candidata a Paloma Valencia y de fórmula vicepresidencial a Juan Daniel Oviedo, un hombre de la comunidad LGBTIQ+ que ha promovido el matrimonio igualitario, la adopción por parte de parejas del mismo sexo y el cambio de sexo en niños con autorización de los padres. Sumado esto: está de acuerdo con la legalización de sustancias psicoactivas; se declara a favor del aborto; reivindica el feminismo; apoya las luchas de la comunidad y; para colmo de males, diría el uribismo, defiende el Acuerdo de Paz con las FARC y su marco constitucional.

La centroderecha liberal que defendió el proceso de paz ahora es vagón de cola de la candidata uribista que representa una agenda antiderechos. Quedaron en el pasado las denuncias y críticas al uribismo por modificar la Constitución para permitir la reelección mediante sobornos a congresistas; por promover la política de seguridad del “todo vale” para derrotar a las FARC, que derivó en ejecuciones extrajudiciales (mal llamados falsos positivos);  por profundizar las desigualdad con programas mal direccionados como Agro Ingreso Seguro (subsidios a la producción agropecuaria); por eliminar el pago de horas extras ampliando la jornada laboral; y por su alianza comprobada con la parapolítica, que llegó a controlar cerca del 35 % del Congreso de la República.

Por su parte, el centro que se auto reivindica como pluralista y democrático fue incapaz de llegar a acuerdos para construir una candidatura fuerte. Los traumas y dolores de la Coalición de la Esperanza en 2022 derrotaron la ilusión de la Consulta de las Soluciones, propuesta por Claudia López para cohesionar este espectro político. La estrategia política de Fajardo a distintos candidatos era la adherencia a su campaña, propuesta que no sedujo a ninguno de los competidores, por el contrario, a medida que avanza la campaña electoral se ha quedado atrapado en su laberinto de coherencia con su destacado y sectario escudero, el exsenador Jorge Robledo.   

La centroizquierda-socialdemócrata representada por Claudia López ha recorrido un camino distinto. La celebración de la victoria de Gustavo Petro, con la famosa frase: “por fin ganamos”, la graduó de petrista para algunos sectores de centro o centro derecha que terminaron aislándola. Por otro lado, Claudia junto a Gustavo Petro e Iván Cepeda investigaron y denunciaron la parapolítica que llevó a senadores, gobernadores y alcaldes a la cárcel por sus nexos con grupos paramilitares que hacían parte de la coalición de gobierno del expresidente Uribe. 

Aunque los sectores de centro perciban a Claudia López como petrista camuflada, durante su Alcaldía tuvo una calumniosa y agresiva oposición desde el Concejo de Bogotá, por parte de la bancada del Pacto Histórico y del sector petrista del Partido Verde, en la que la tildaron de fascista, neoliberal, corrupta, xenófoba y genocida. Sin embargo, el sector del Partido Verde al que pertenecía Claudia López apoyó en segunda vuelta a Gustavo Petro. La luna de miel fue corta, porque Claudia se negó a detener la construcción del Metro y la confrontación continuó.

Ahora, viene un nuevo capítulo de esta paradójica historia: la victoria de Iván Cepeda el candidato del petrismo en segunda vuelta, puede depender de la adhesión de la centroizquierda-socialdemócrata que ellos mismos intentaron destruir. Una de las labores que tendrá Cepeda será transformar las maneras de relacionamiento político, para tejer confianza con posibles aliados en segunda vuelta. Pues estos actualmente, pueden sentir desconfianza por las despóticas y autoritarias maneras del expresidente Petro con su inestable gabinete ministerial.

Si la izquierda republicana de Iván Cepeda logra ganar las elecciones presidenciales, tendrá la oportunidad de implementar su “revolución ética” y la “lucha contra la gran corrupción”. Esa lucha debería comenzar por las huestes del gobierno actual, aunque la responsabilidad golpee política y legalmente a miembros del mismo Pacto Histórico que lo esta ayudando a elegirse.  La izquierda populista de Gustavo Petro corrió la línea ética con acciones como el nombramiento de Benedetti como jefe de gabinete y luego ministro del Interior, a pesar de las denuncias de violencia de género; el mantener a Ricardo Roa como presidente de Ecopetrol a pesar de la imputación de cargos en la Fiscalía; y los sobornos a congresistas para votar a favor las reformas que tiene en la cárcel a dos ministros. Todo esto deja dudas de la izquierda como garantía de anticorrupción.

El presidente Gustavo Petro está siguiendo la trayectoria de su enemigo político el expresidente Álvaro Uribe. Su exministro de defensa, Juan Manuel Santos que le dio los golpes militares más fuertes a las FARC, firmó como presidente el Acuerdo de Paz con esta guerrilla y construyó el marco jurídico e institucional para que se conociera la verdad. Cepeda y Santos tienen una visión compartida: la mirada republicana sobre el Estado en la que nadie debe estar por encima de la ley y no todo vale por el poder, miradas que se alejan del populismo autoritario de Uribe y el populismo de Petro. 

Mientras tanto, las banderas del populismo autoritario siguen siendo sostenidas por Abelardo de la Espriella, el defensor de mafiosos, estafadores y paramilitares que quiere ser presidente. Su promesa es ser implacable contra los bandidos que él ha defendido y que lo han hecho millonario. Este candidato tiene un sinnúmero de contradicciones: hay videos en los que afirma que es ateo y ahora asiste a los encuentros de cristianos y católicos como el más devoto; estuvo en contra del Acuerdo de Paz, pero antes estaba a favor de la solución política y de que las FARC estuvieran en el Congreso; y acusa a Paloma Valencia de política tradicional, pero espera que los Char lleguen a apoyar su campaña.

La ciudadanía tendrá la última palabra: tendrá que decidir si cree en la aparente domesticación de la derecha radical, que representa Paloma Valencia y que ahora respeta las libertades democráticas y los derechos de las minorías, como lo hace su vicepresidente. ¿Será que Oviedo podrá convencer a Paloma de no reformar la JEP, de reformar al sistema de salud y de acabar con el negocio de las EPS, o de no perseguir con la Policía a los consumidores de sustancias psicoactivas, sino hacer políticas de Salud Pública?; ¿podrá explicarle que la interrupción voluntaria del embarazo no es matar a un bebé, o convencerla de que hubo un genocidio en Gaza y de que no es necesario dividir el Cauca? El electorado que acompañó a Oviedo en las consultas podrá sentir amenazados sus derechos con las declaraciones de Paloma.

¿La ciudadanía dará un voto de fe por el catolicismo de Abelardo?, ¿creerá en su honestidad cómo presidente sabiendo que su éxito económico se debe a los honorarios pagados por defender a delincuentes? ¿Cepeda podrá seducir al mismo centro político que el petrismo intentó destruir para ganar las elecciones? ¿La ciudadanía votará por “la revolución ética” y por la “lucha contra la mega corrupción” a pesar de los selectivos silencios de Cepeda ante las alianzas con sectores políticos como el de Benedetti y el Clan Torres? ¿El centro desaparecerá?

Acerca del autor

Julian Orjuela Benavides
jorjuela@razonpublica.org |  + posts

Od. UNAL
Mg. Salud Pública PUJ
Mg. Teoría Política y Cultura Democrática UCM
Cd PhD Ciencia Política y Relaciones Internacionales UCM

1 comentarios

Julian Orjuela Benavides

Escrito por:

Julian Orjuela Benavides

Od. UNAL Mg. Salud Pública PUJ Mg. Teoría Política y Cultura Democrática UCM Cd PhD Ciencia Política y Relaciones Internacionales UCM

Comentarios de “Paradojas en las presidenciales”

  1. El artículo retrata con claridad un escenario electoral lleno de contradicciones, oportunismos y alianzas difíciles de explicar ante la ciudadanía. Su mayor acierto está en desnudar la fragilidad de varias candidaturas: una Paloma Valencia aferrada a una derecha excluyente y antiderechos; un Oviedo que terminó prestándole un rostro amable a ese mismo proyecto; un Abelardo de la Espriella sobrado de estridencia, pero corto de estatura política; y un centro representado por Claudia López y Fajardo, atrapado entre la incoherencia, la vacilación y la falta de rumbo.

    En medio de ese panorama, la candidatura de Iván Cepeda sobresale por razones de fondo. No encarna el grito ni la pose, sino la serenidad, la disciplina y la autoridad moral. Cepeda representa una visión de país más humana, más ética y más consciente de que el cambio no puede construirse desde el odio ni desde los privilegios de siempre, sino desde la justicia social, la dignidad y la responsabilidad democrática. Mientras otros candidatos exhiben contradicciones, Cepeda aparece como un dirigente serio, sobrio y con verdadera altura para conducir a Colombia.

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