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¿Para quién paga ser pilo?

Escrito por Sergio Ángel Baquero y Winny Julieth Díaz

Sergio_AngelWinny DiazEl programa Ser Pilo Paga ha ayudado a atenuar las brechas sociales en el acceso a la educación superior en las ciudades, pero ha sido incapaz de superar la lógica de centro-periferia en relación con las zonas rurales.

Sergio Ángel Baquero* – Winny Julieth Díaz*

Beneficios y defectos

El programa Ser Pilo Paga (SPP) es la apuesta más arriesgada del gobierno Santos para convertir a Colombia en el país más educado de América Latina.

Hay buenas razones para pensar que el programa ha contribuido a resolver los problemas de cobertura y de desigualdad en el acceso. Uno de sus efectos más destacados ha sido el cambio en las expectativas de muchos jóvenes a quienes hasta hace poco les era imposible ingresar a una universidad de élite. SPP produjo un giro de 180 grados, y ahora los jóvenes esperan que este programa les permita mejorar sus condiciones socioeconómicas.

Sin embargo, SPP ha dejado muchas dudas en relación con:

  • Los costos de las matriculas de las universidades privadas,
  • Su escasa cobertura en relación con el número de estudiantes que se gradúan de la educación media, y
  • La desfinanciación de las universidades  públicas ocasionada por la desviación de los recursos hacia las universidades privadas.

En este artículo nos proponemos mirar otro aspecto del programa: el hecho de que se concentre en las grandes ciudades, mientras que los estudiantes de origen rural siguen siendo relegados.

Apartheid educativo

Estudiantes de zonas rurales.
Estudiantes de zonas rurales. 
Foto: Biblioteca Nacional de Colombia 

De acuerdo con María José Álvarez SPP no solo es una revolución educativa sino también  social, puesto que ha permitido el ingreso a instituciones de élite de personas que no lo habrían logrado de ninguna otra manera. Y en efecto hay que decir que SPP tiene la virtud de permitir la interacción o integración entre jóvenes de diferentes clases sociales dentro de un mismo espacio educativo.

El 73,7 por ciento de la población rural entre 17 y 24 años de edad no asiste a la educación.

Pero esto no cambia la realidad esencial de que en Colombia tengamos un apartheid educativo es decir, que los ricos estudien con los ricos y los pobres con los pobres en la educación básica y media. A partir de esta desigualdad acumulada es muy difícil que las brechas se resuelvan en la educación superior: los programas como SPP resultan ser tardíos o extemporáneos, porque las brechas no fueron reducidas en las etapas previas de formación.

De esta manera, SPP acaba por incluir pero también por reforzar las exclusiones del sistema educativo: incluye por su mérito a los (diez mil) estudiantes con buenos resultados en la prueba Saber 11 –que en su mayoría provienen de las ciudades–; y se excluyen a aquellos estudiantes que no han podido tener una educación básica y media de calidad –un problema que afecta a la mayoría de los jóvenes urbanos y de manera aún más marcada a los jóvenes del campo–.

SPP y la Colombia rural

Para la primera versión del programa se otorgaron créditos becas a 10.080 bachilleres, provenientes en un 60 por ciento de Bogotá, Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca, Santander y Atlántico, es decir, de departamentos con grandes centros urbanos.

Esta tendencia no cambió mucho en su segunda versión, pues aunque la cobertura aumentó a 12.505 jóvenes, el 53 por ciento provenía de estos mismos departamentos, mientras que de Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Guaviare y Chocó provinieron apenas 51 jóvenes (que representan el 4 por mil del total, aunque allí vive el 1,7 por ciento de la población colombiana)

Así pues, son menores las posibilidades de acceder al programa SPP de los estudiantes de los seis departamentos más rurales de Colombia (Amazonas, Vaupés, Guainía, Vichada, Guaviare y Chocó). Además, cuatro de estos no tienen universidades públicas ni otra institución de educación superior de alta calidad en sus territorios, lo cual implica un acceso todavía más limitado.

Los recursos de SPP están concentrados en las universidades privadas de las principales ciudades. La Universidad de los Andes recibe la mayor cantidad de dinero – 33. 650 millones de pesos – por los 1.261 “pilos” de las dos primeras cohortes. Mientras tanto universidades como la Pedagógica y Tecnológica de Colombia, la Tecnológica de Pereira, la Industrial de Santander, la de Cartagena y la de Caldas reciben aproximadamente el 6 por ciento de lo que recibe los Andes.  

La desigualdad en el campo

El Censo Nacional Agropecuario de 2014 puso de presente que el 73,7 por ciento de la población rural entre 17 y 24 años de edad no asiste a la educación básica, media o superior.

El problema entonces no se reduce al acceso a la universidad sino a que son muy pocos los jóvenes provenientes de zonas rurales que asisten a la escuela. Por su lado, los jóvenes que sí asisten se encuentran en desventaja frente a los jóvenes de las ciudades, debido a que sus condiciones de estudio son inferiores en términos de materiales de aprendizaje, aulas de clase, bibliotecas, conectividad y calidad de los docentes (que en muchos casos solo son bachilleres o normalistas).

Y esta desventaja educativa es además parte y consecuencia de la situación de pobreza  que como es bien sabido, afecta duramente al campo colombiano. Por ejemplo según la  Tabla siguiente, el índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) es 2,3 veces mayor en los municipios altamente rurales que en los centros urbanos:

Índices de pobreza y cobertura en educación

Fuente: PNUD

En cuanto a la educación media, la tasa de cobertura en 2009 en los centros urbanos era 2,7 veces mayor que en los municipios con alta ruralidad, lo cual se explicaba por dos razones: el largo trayecto que recorren los estudiantes para llegar a las escuelas, y el dilema entre trabajar o permanecer en el sistema educativo.                    

La periferia: una deuda sin saldar

Universidad Tecnológica de Pereira, de carácter público.  Las universidades regionales deberían fortalecerse en el programa SPP
Universidad Tecnológica de Pereira, de carácter público.  Las universidades regionales deberían fortalecerse en el
programa SPP
Foto: Ministerio de Cultura 

Si bien Colombia ha ampliado su cobertura universitaria al pasar de atender al 22 por ciento de la población en 2002 al 49 por ciento en 2016, la mayor parte de la oferta universitaria del país se ofrece, según el Ministerio de Educación Nacional:

  • En Bogotá, donde están matriculados el 32 por ciento de los jóvenes que ingresaron a la educación superior,
  • En Antioquia donde estudian el 13,8 por ciento,
  • En el Valle, con un 7,5 por ciento,
  • En Atlántico, con el 5,8 por ciento y,
  • En Santander, con un 5,4 por ciento.

Esto quiere decir que el 64 por ciento del total de los estudiantes matriculados están en los principales centros urbanos (donde vive el 47,6 por ciento de la población). Las universidades ubicadas en zonas rurales –la mayoría públicas– siguen desfinanciándose y, por lo tanto, su calidad es cada vez más baja en comparación con las ubicadas en las zonas urbanas.

El 64 por ciento del total de los estudiantes matriculados están en los principales centros urbanos.

Una muestra de ello se encuentra en el hecho de que de las 44 universidades acreditadas,  

  • 17 tienen su sede principal en Bogotá (38 por ciento),
  • 8 en Medellín (18 por ciento) y
  • 3 en Cali (6,8 por ciento).

En otras palabras, más del 63 por ciento de estas universidades son de las tres principales ciudades de Colombia. Mientras tanto, en ocho departamentos no existen universidades públicas (Putumayo, Caquetá Arauca, Casanare, Guainía, Vichada y Vaupés) y en los territorios más alejados de las zonas urbanas las universidades no son acreditadas por el Consejo Nacional de Acreditación, un factor que las excluye del programa SPP y que obliga a los jóvenes de zonas rurales a desplazarse a instituciones públicas cercanas o a no acceder a la educación superior.

Por todo lo anterior cabe decir que aunque SPP ha reducido las brechas entre clases sociales en las ciudades, sigue pendiente la deuda histórica con el campo. En las fases futuras del programa habría que idear estrategias para incluir una mayor proporción de estudiantes provenientes de departamentos rurales. O bien podrían suspenderse el programa y destinar los recursos a las universidades públicas, con una orientación especial hacia las universidades regionales.

Sin embargo, las dos opciones dejan vacíos sin resolver: la primera sigue dejando de lado el problema de la cobertura, mientras la segunda mantiene el problema de la baja calidad. Lo cierto es que esta disyuntiva no se puede resolver de manera acelerada y se necesita un compromiso real con la educación superior que vaya más allá del populismo de las aulas. Mientras tanto, el programa Ser Pilo Paga seguirá favoreciendo a los estudiantes de la Colombia urbana y relegando a los estudiantes de la Colombia rural.

 

* Profesor e investigador de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, candidato a doctor en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.

** Asistente de proyectos y comunicaciones en el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, profesional en Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.

 

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