
Palabras y actos: dos películas sobre profesores
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Sergio (Radical) y Carla (Sala de profesores) son profesores dedicados y buscan el bienestar de los alumnos: Carla protege a los estudiantes de lo que afecta su bienestar; Sergio, de lo que les impide alcanzarlo. Los dos filmes coinciden en la idea de dejar un mensaje en la escena final.
Recientemente, Netflix estrenó la miniserie británica Adolescencia, dirigida por Philip Barantini, cuyo protagonista es Jamie, de 13 años, acusado de asesinar a una compañera de la escuela. En el segundo episodio, los agentes Luke y Misha van a donde estudia Jamie para interrogar a miembros de la comunidad, con la idea de obtener información sobre lo sucedido. En su visita, estos agentes de la ley se ven incómodos, fastidiados, al punto de quejarse incluso del olor que perciben: “Todas las escuelas huelen así. Es como una mezcla de vómito, repollo y masturbación. Es un asco”, dice Misha. Así mismo, Luke le confiesa: “Te juro que no soporto este lugar de mierda. ¿Te parece que alguien está aprendiendo? Parece un maldito corral”. La mirada prejuiciosa les impide a los agentes descifrar que el caos que están presenciando muestra problemas actuales de la adolescencia sugeridos por la miniserie, como el creciente nihilismo e individualismo de los estudiantes.
Así como Adolescencia, otras obras tienen el propósito de comprender lo que les ocurre a los adolescentes. Al respecto, se evocan dos películas sobre profesores, estrenadas en 2023: Sala de profesores, de İlker Çatak, y Radical, de Christopher Zalla.
En Radical, el profesor Sergio Juárez llega a una escuela ubicada en un sector deprimido de Matamoros, ciudad costera de México que colinda con el estado de Texas, en Estados Unidos. Hay una pregunta, importante en el contexto latinoamericano, que implícitamente mueve a Sergio: ¿Cómo enseñar e inspirar a los adolescentes, en medio de la pobreza y la violencia? La respuesta que encuentra este profesor es la siguiente: “El aula debe transformarse en un espacio maravilloso que les permita a los estudiantes aprender a hacer lo que quieren aprender a hacer”. La clave está en proponer y descubrir en clase los temas de interés.
En el primer encuentro de Sergio con los estudiantes de sexto grado, estos chicos perciben que su maestro es distinto a otros profesores, entre ellos uno que habla con cinismo del poco esfuerzo que invierte en su trabajo. Cuando los estudiantes llegan al salón, ven a Sergio esperándolos con los pupitres volcados, simulando estar nadando en un océano entre botes salvavidas. En seguida, les plantea un problema matemático que consiste en calcular cuántas personas pueden ocupar un número limitado de botes, con ciertas variables. En un momento, el director de la escuela ve la escena a través de la ventana del salón, entra abruptamente y pregunta qué está pasando. Sergio dice a la clase que acaba de llegar alguien más que necesita ser rescatado. Pero algunos niños, entre ellos Nico, advierten que el nuevo tripulante hundiría la embarcación por ser tan gordo. Esto da pie a preguntas como ¿por qué flota un bote? O ¿qué determina cuánto peso puede soportar? Sergio se toma muy en serio las inquietudes de los estudiantes. Pero las cosas se complican para él.
Cuando el administrador de educación visita la escuela, irrumpe en la clase de Sergio para preguntar qué tema están viendo. El profesor le dice que intentaban responder algunas preguntas filosóficas difíciles. Molesto, el funcionario le recuerda que la materia de filosofía no está contemplada para sexto. Entonces, Sergio le da la palabra a la estudiante Lupe, quien responde que solo quería saber lo que diría John Stuart Mill sobre el aborto. Desde Mill, Lupe le explica al visitante que si se busca el máximo bienestar del mayor número de personas, lo mejor sería no traer más niños al mundo, cuando “apenas te alcanza para la renta, para la comida”. Tras esto, Sergio le pregunta a Lupe: “¿Cómo te sientes con esta conclusión?” Ella responde: “Pienso en mis propios hermanitos. A veces son mucho trabajo. Pero también siento feo imaginar que no los hubieran dejado nacer”. Inmediatamente, el funcionario descalifica a Sergio por abordar el tema moral del aborto e ignorar el currículo. Acto seguido, decide suspender al profesor, como una forma de aplacarlo.
En un ambiente educativo precario, el método de Sergio resulta siendo radical. Ahora, su eficacia consiste en motivar a los estudiantes a pensar en sus inquietudes y, a la vez, permitirles distinguir entre lo que les ofrece la clase y las situaciones adversas o peligrosas de su entorno. Sin embargo, la realidad ejerce un peso aplastante sobre los chicos, al punto de precipitar la muerte de Nico en su enfrentamiento con una pandilla, justo cuando aquel —gracias a las conjeturas hechas en clase— había terminado de reparar el bote de madera que estaba abandonado en la casita donde vivía junto al mar. Ante esto, Sergio siente la necesidad de solucionar problemas de sus estudiantes y cubrir fallas del sistema escolar, como cuando vende su automóvil para comprar un computador, a falta de equipos en la escuela.
Por su parte, Sala de profesores tiene como personaje central a Carla Nowak, una joven profesora polaca que empieza a dictar la clase de matemáticas para grado sexto en una escuela en Alemania. Tanto su actitud como su método de enseñanza privilegian la autonomía, la lógica, el orden, la fidelidad al currículo y la expresión de los estudiantes. Sin embargo, se siente responsable por el comportamiento de uno de sus alumnos.
Tras una oleada de robos en la escuela —donde las directivas sospechan inicialmente de Ali, hijo de padres inmigrantes—, Carla descubre en la sala de profesores que una colega suya toma disimuladamente las monedas que entre todos han reunido para comprar el café. Intrigada, decide hacer un experimento: guarda su cartera en la chaqueta, que deja visiblemente en su puesto de trabajo, y pone a grabar todo con la cámara de su computador portátil. Al regresar de clase, observa que le falta dinero. En seguida, mira la grabación y comprueba que se trata de Friederike, secretaria de la escuela y madre de su estudiante Oskar.

Cuando Carla confronta a Friederike, le dice que olvidará lo ocurrido si le devuelve el dinero. La secretaria, por su parte, se altera y lo niega todo. En adelante, el ambiente laboral se enrarece para la profesora: Friederike la increpa en junta de padres y la acusa por calumnia y por grabar secretamente videos en la escuela; algunos colegas la cuestionan, bien sea por no compartir la grabación o bien por grabarlos, y los estudiantes a cargo del periódico escolar publican de manera tergiversada sus palabras sobre lo sucedido, para defender a la madre de Oskar y criticar la escuela por ser un lugar represivo y racista. No obstante, lo que más golpea a Carla es la actitud desafiante que han empezado a tener los alumnos, incitados por Oskar a la insubordinación, aunque este muchacho a la vez recibe burlas en clase por ser el hijo de una presunta ladrona. Las cosas llegan a su límite cuando Oskar toma el computador de Carla y lo arroja a un río (ella callará que el niño también la golpeó en el rostro).
La conmoción general lleva a la asesora escolar a presentar la siguiente evaluación en el Consejo: “Los problemas de Oskar con su madre han causado presión psicológica. Pese a que algunos de sus compañeros lo apoyan, otros lo acosan. Esto provoca caos en clase y resistencia al trabajo. […] Por ahora, mi recomendación sería un cambio de clase. Si la situación no mejora para el alumno, tal vez sea apropiado un cambio de escuela, un cambio que la madre tendrá que aceptar”. En su deseo de proteger al chico, Carla expresa que enviar a Oskar a otra escuela no es la solución, pues su comportamiento se debe a que está protegiendo a la madre. Y agrega que si Oskar tuviera que irse, ella también debería hacerlo, por tener algo de responsabilidad. Finalmente, el Consejo escolar decide suspender al estudiante.
Los dos filmes coinciden en la idea de dejar un mensaje en la escena final. En el caso de Radical, se trata más bien de un chantaje sentimental, pues ante las dificultades busca conmover al espectador con un primer plano de los pies descalzos de un niño desescolarizado que empuja una silla de ruedas y mira la escuela desde la acera. Por su lado, Sala de profesores es más sugerente: Oskar —quien rehúsa la suspensión y vuelve a clase, y se planta en la silla de su escritorio— sale de la escuela en hombros, con un gesto irreverente que parece victorioso. Sin embargo, la cámara se desplaza hacia abajo para mostrar a dos agentes de policía que llevan al chico cargado en su silla, lo que da a entender que él debe acatar la suspensión.
Sergio y Carla son profesores dedicados. Y buscan el bienestar de los alumnos: Carla protege a los estudiantes de aquello que afecta su bienestar; Sergio, por su parte, de aquello que les impide alcanzarlo. Pero esto resulta siendo insostenible para ambos, pues sus estudiantes enfrentan problemas que requieren de la intervención de las familias y de la misma escuela como un frente unido. El intento de proteger a los chicos les genera crisis emocionales a los dos protagonistas, quienes parecen haber dejado sus vidas personales en un segundo plano.
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Acerca del autor

Pablo Castellanos
* Profesor del colegio Luis Ángel Arango (IED) y editor de la revista Educación Estética, de la Universidad Nacional de Colombia.
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Excelente artículo.