El país MEGAdiverso en crisis ambiental
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El país MEGAdiverso en crisis ambiental

Escrito por Yolima Vargas

La comunidad científica lleva décadas advirtiendo muchas de las cosas que hoy suceden, como consecuencia del deterioro de la naturaleza, por causa de las actividades humanas. Los últimos informes del IPCC y el IPBES-, muestran incluso que la realidad ha superado los peores escenarios proyectados.

Cuando se hace referencia mediática a la crisis ambiental, es común centrarse en las emisiones, es decir a la contaminación atmosférica que se produce en los países al rededor del mundo. Y aunque ésta es una causa transversal de la crisis climática, se debe evitar caer en el reduccionismo de considerarla como la única variable del problema.

La trama de la vida es una red compleja de relaciones, y una parte fundamental que explica la crisis ambiental, es la pérdida de Biodiversidad. En el 85 surgió la Biodiversidad como concepto, haciendo referencia a la variedad de todas las formas de vida, de los ecosistemas y de la variabilidad genética. Una alta biodiversidad se refiere a una gran variedad de ecosistemas y de especies vivientes, pero también a una alta variedad genética de sus poblaciones.

Para entenderlo mejor, un ejemplo colombiano. La especie invasora de hipopótamos en el Magdalena medio, podría generar pérdida de biodiversidad, pues los hábitos de estos animales y su gran peso, que modifican los paisajes naturales, tienden a unificar los ecosistemas, también podrían disparar la pérdida y disminución de especies de plantas y animales por degradación de sus hábitats, y los hipopótamos, se reproducirían llegando a aumentar su número, pero con una baja variabilidad genética, ya que provienen de pocos individuos de un zoológico de Estados Unidos.

¿Qué consecuencias tiene la pérdida de biodiversidad y por qué es deseable que sea alta? El IPBES explica que la biodiversidad está directamente relacionada a las contribuciones que la naturaleza da a las personas. Cuando un ecosistema tiene una alta biodiversidad, es más estable y resistente; además, está en mayor posibilidad de regular el clima, proveer agua dulce, aire, medicamentos, madera, comida, y se refleja en menor cantidad de plagas en cultivos o mitigación de inundaciones. En Colombia además más del 60% de la matriz energética depende de la hidroelectricidad.

Las condiciones geográficas y climáticas de la región tropical, hacen que sus áreas naturales sean más biodiversas. Colombia, por ejemplo, es considerado un país megadiverso, debido a una variedad alucinante de ecosistemas, de especies y por supuesto su variabilidad genética. Parecen buenas noticias, sin embargo, una advertencia: ¡las áreas naturales tropicales, así como biodiversas, son frágiles!

La comunidad científica teme que, si la presión humana es muy grande, los ecosistemas puedan pasar a un punto de no retorno y desintegrarse. Las presiones no son solo emisiones, en Latinoamérica lo son sobre todo la pérdida de áreas naturales, el mal uso del suelo, la ampliación de la frontera agropecuaria, la contaminación por agroquímicos o el mercurio de la minería.

Hace pocos días nos golpeó en el alma la mortandad en masa de mamíferos acuáticos, peces y otros seres que también sufrieron de manera letal las consecuencias de un fenómeno del niño exacerbado. Las imágenes de resequedad de los ríos amazónicos, que usualmente son caudalosos, así como de animales muertos por decenas a orillas del lago Tefé, en el corazón de la Amazonía brasilera, son desgarradoras.

Aunque suene frívolo, los delfines muertos son solo el anuncio de algo peor. La presencia de varias especies es indicadora del buen estado de los ecosistemas, y una mortandad en esta magnitud, mostraría lo contrario. La noticia genera preocupación, porque podría ser evidencia del avance del colapso.

Mediáticamente son populares la Amazonía y los mamíferos acuáticos, como los delfines rosados, ¿pero las otras especies vivientes, y los demás ecosistemas?

Casi al tiempo de las imágenes de mortandad en el lago Tefé, herpetólogos y herpetólogas de Colombia publicaban un informe de CITES. Colombia, que ocupa el segundo puesto en biodiversidad de anfibios en el mundo, ocupó el deshonroso primer puesto con mayor número de especies amenazadas de extinción.

Ya en el 2017 el Instituto Humboldt publicó la lista roja de ecosistemas en peligro de Colombia. Spoileralert, en esta categoría el Amazonas no es el ecosistema de mayor preocupación, y aunque su situación es grave, otros ecosistemas están en peor estado.

Las noticias no son buenas y se tiende a perder la esperanza, pero es mejor actuar. La política ambiental debe responder a las evidencias y priorizar las necesidades. Colombia debe ser estratégica y no solo actuar en la contingencia. Si bien es urgente implementar la transición energética ante las sequías, cada vez más fuertes y prolongadas, que merman la generación hidroeléctrica, ésta no se puede imponer a costa de la pérdida de biodiversidad, qué además exacerba el problema. El gobierno ha anunciado una Ley que debilitaría las licencias ambientales ya exprés, para proyectos de transición energética; una medida equivocada que nos costará mucho.

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