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Oír a los Costeños

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cesar gonzalez  muñosCiertamente, muchos legisladores de esa región han sido instrumentos útiles del centralismo.

César González Muñoz *

Muy importantes las contribuciones intelectuales de hombres e instituciones caribes como el Observatorio del Caribe Colombiano, Adolfo Meisel, Armando Galvis, Antonio Hernández Gamarra, Amylkar Acosta y Eduardo Verano de la Rosa –hoy Gobernador del Atlántico- sobre los problemas y el deber ser de la organización regional colombiana. Allí están posiblemente los mayores avances en este campo. Muchos otros “costeños” han tratado de meter baza, con éxito variable, en el juego de las relaciones entre el centro y las regiones. La letra de la Constitución le debe mucho al pensamiento Caribe. Otra cosa es que “los poderes que son” hayan terminado dándole muerte silenciosa a buena parte de los textos constitucionales promotores de la desconcentración y la descentralización política. Ciertamente, muchos legisladores de esa región han sido instrumentos útiles del centralismo.

En todo caso, la vanguardia intelectual de otras regiones colombianas podría beneficiarse mucho de esta experiencia; se trata de una labor de muchos años, estimulada por el olvido, por el autoritarismo centralista y por los prejuicios culturales. Estos saberes deben ser tenidos en cuenta por el Congreso de la República, ahora cuando éste tiene que debatir el proyecto de Acto Legislativo de reforma al sistema de regalías que le ha presentado el gobierno.

El debate apenas va a comenzar. Hasta ahora, las preguntas fundamentales en relación con las regalías no han sido expuestas al debate público. La primera de ellas es: ¿No es hora de reivindicar, por fin, el Artículo 1 de la Constitución, que comienza declarando que “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales (…..)”? El orden legal que han tenido las regalías desde 1991 ha ido galanamente en contravía de este, que es el primero de los principios fundamentales de la carta política colombiana. En vez de promover el desarrollo regional equitativo y autónomo y el fortalecimiento institucional de los entes territoriales, el régimen de regalías ha despedazado y en buena medida desperdiciado estos recursos. Es evidente que se necesita una gran enmienda. Lo que uno observa, sin embargo, es que el giro conceptual y gerencial que propone el Proyecto del gobierno va en la dirección de concentrar la administración estatal y de reducir la autonomía de las regiones en sus relaciones con el Estado Central. El asunto no es sólo de plata: Es de la definición del propio carácter del Estado colombiano, del contenido de la expresión “autonomía las entidades territoriales”.

Además, es bien relevante el planteamiento que hace Antonio Hernández Gamarra en recientes columnas de prensa y ensayos más detallados; Hernández afirma que para corregir las fallas del régimen actual de regalías no se necesita una reforma constitucional: Basta con corregir los errores cometidos por el Congreso en el desarrollo legal de los mandatos constitucionales en materia de regalías. Se trataría, entonces, de revisar varias leyes que tienen que ver con el tema. Sería muy importante poner este punto sobre la mesa de discusión. Si ello es así, habría que dirigir el esfuerzo legislativo hacia reivindicar la autonomía de los territorios y hacia mejorar la capacidad de gestión de los recursos, tanto a escala territorial como a escala nacional.

La otra pregunta crucial, a la hora de hablar de ahorros y de responsabilidad fiscal, es: ¿No es factible aumentar la carga tributaria impuesta sobre las industrias extractoras de recursos naturales no renovables? ¿Están los factores generadores de regalías en sus niveles óptimos desde el punto de vista del interés nacional de largo plazo? ¿No estamos dejando escapar hacia las multinacionales un patrimonio que se podría quedar aquí?
 

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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