Inicio TemasInternacional Nuevos equilibrios en Oriente: el acuerdo nuclear con Irán

Nuevos equilibrios en Oriente: el acuerdo nuclear con Irán

Escrito por Carlos Alberto Patiño
Negociaciones en noviembre del 2013 entre el P5+1 y representantes Iraníes en Ginebra, Suiza.

Negociaciones en noviembre del 2013 entre el P5+1 y representantes Iraníes en Ginebra, Suiza.

Carlos Alberto Patiño¿Qué implicaciones tiene el reciente preacuerdo entre las potencias occidentales e Irán sobre el programa nuclear de este último? ¿Es una manera de controlarlo o, por el contrario, le dará carta blanca para fortalecer su posición en la región?

Carlos Alberto Patino Villa*

En busca de acuerdos

El pasado 3 de abril se presentó al público el preacuerdo alcanzado entre el grupo P5 + 1 (EE.UU., Rusia, China, Francia, el Reino Unido y Alemania) con el gobierno de Irán, para llegar a una atenuación del programa nuclear iraní a cambio de que las potencias internacionales levanten los embargos económicos y las limitaciones diplomáticas a Teherán.

Lo alcanzado es básicamente un preacuerdo y lo que viene es un período de ajustes, verificaciones técnicas y búsqueda de apoyos políticos en cada país negociador, especialmente en los Estados Unidos e Irán, así como la consecución de apoyos y consensos internacionales.

Para que el preacuerdo logre el apoyo internacional y se pueda llegar a la construcción de posibles consensos regionales, hay que resolver dos interrogantes:

1. ¿Se puede confiar en que un acuerdo que privilegia las normas más que las acciones militares pueda brindar seguridad internacional y estabilidad a los otros países que se pueden ver afectados por el programa nuclear iraní?  

2. ¿Se puede esperar que Irán acepte mantener un programa nuclear limitado de forma permanente, sin engañar a la comunidad internacional ni a sus vecinos o correligionarios de diversas tendencias?

Las repuestas a estas preguntas no son para nada sencillas.

El Ex-presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad.
El actual Presidente de Irán, Hassan Rouhani.
Foto: World Economic Forum

Un caldo de tensiones

Irán es el centro de la única revolución chiíta exitosa que se ha producido en la historia reciente, pero a la vez es un país con una sociedad mayoritariamente persa. Hizo una revolución teocrática islamista que para algunos es la mayor inspiración yihadista contemporánea y logró crear una sociedad gobernada por una estructura jurídica que dice preservar los mandatos de la sharía.

Es innegable que la revolución iraní desató un fervor revolucionario en el mundo islámico que se vio rápidamente fortalecido por diversas pruebas de fuego, como la guerra contra Irak, entre 1980 y 1988, que dejó más de un millón de muertos y convirtió a la región en parte central del equilibrio político global entre los EE.UU. y la antigua URSS.

El cambio de régimen en Irán profundizó las tensiones que desde siempre han existido entre Irán y la monarquía de Arabia Saudita, considerada la cabeza geopolítica tanto del mundo árabe como de la corriente mayoritaria del sunnismo, para la cual el control de Egipto ha sido una pieza clave desde la salida de los británicos de El Cairo tras la Primera Guerra Mundial.

Una de las tensiones contemporáneas más importantes de Irán es su pésima relación con Israel, la cual empeoró durante el mandato del presidente Mahmud Ahmedinajad, quien amenazó con borrar al Estado de Israel del mapa con bombardeos nucleares, reforzó el poder militar de la Guardia Revolucionaria y aceleró el desarrollo del programa nuclear.

Otro de los puntos de tensión de Irán ha sido Pakistán, con el que mantiene una serie de disputas permanentes, entre otras razones por el papel directo que Islamabad jugó entre 1994 y noviembre de 2001 en la creación del Estado Talibán en Kabul.

Esta disputa ha producido una de las alianzas más importantes de la región y menos conocida en el mundo occidental: la alianza entre India e Irán, creada para limitar las acciones de Pakistán y prestarse apoyo mutuo en caso de guerra con un tercer Estado.

En este panorama geopolítico también entran en consideración las relaciones de Pakistán con Arabia Saudita, que son claves desde la aparición de Pakistán en 1947. Estos dos Estados han compartidos aventuras militares como la guerra en los Balcanes o en Afganistán, en las que Arabia Saudita financiaba ejércitos y los dotaba de diversos equipos mientras que Pakistán daba la dirección y el entrenamiento militar y político.

Las implicaciones del pacto

Estas tensiones se han mantenido al orden del día y se han reavivado intermitentemente. Por ejemplo, en Israel la reciente campaña electoral que llevó de nuevo al conservador Benjamín Netanyahu al poder estuvo en gran parte influida por los posibles efectos que el pacto nuclear con Irán tendría para la seguridad de los ciudadanos israelíes.

De otra parte, visto desde Riad, el pacto con Irán tendría dos consecuencias prácticas. Por un lado, si Irán negocia con EE.UU. (y el grupo del P 5 + 1) y consigue un acuerdo provechoso será entonces reconocido como una potencia internacional en pie de igualdad con respecto a los Estados con los que negocia.

Por otro lado, Riad encara una competencia geopolítica inmediata por el control del mundo árabe, toda vez que libra guerras indirectas con Irán que se iniciaron en el proceso de rebeliones árabes de finales de 2010, conocidas como la “Primavera Árabe”. Estas incluyen la guerra en Siria, la estabilidad egipcia y la actual guerra en Yemen, en la que Arabia Saudita ha comenzado a involucrar a Pakistán, mientras advierte a Irán que no tolerará que los Huthi (rebeldes chiíes yemeníes) armen gobierno y Estado al sur de la península arábiga.

El contexto geopolítico en el que se mueve este acuerdo es complejo, pues países como India y Pakistán tienen armas nucleares y en la guerra del Kargil, de 1999, ya emplazaron sus aviones de combate misiles con cabezas nucleares. Además, se sospecha que Israel tiene armas atómicas y ya hace varios años que Arabia Saudita inició diferentes programas de formación en física nuclear y viene patrocinando investigaciones en la misma área.

La caída del gobierno de Bashar Al-Asat en Siria, el surgimiento de un Estado kurdo que tome territorios en Irak, Siria y Turquía, o la caída del débil gobierno afgano en el artificial Estado creado después de la guerra con EE.UU. (lo que traería la segura intervención de Pakistán) son preocupaciones estratégicas para Irán, que el acuerdo no puede resolver.


El Ex-presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad.
Foto: Presidencia de la República del Ecuador

Las objeciones al pacto

Sin embargo, y pese a que los detalles del acuerdo parecen dar todas las garantías de que Irán no utilizará los recursos nucleares para transformarse en una potencia con capacidades militares atómicas, se mantiene el escepticismo o el pesimismo sobre lo que pasará a mediano y largo plazo entre los enemigos del trato normativo y liberal del presidente Obama con el gobierno del reformista Hasan Rohaní.

Algunos sostienen que una vez pasado el plazo básico de seguimiento de la Organización Internacional de Energía Atómica a los compromisos iraníes sobre el enriquecimiento de uranio en cantidades restringidas, y teniendo ya el conocimiento básico necesario para el trabajo nuclear, el régimen de Teherán retomará su plan estratégico de defensa y posicionamiento como gran potencia.

El escepticismo y la oposición al acuerdo nuclear con Irán están presentes tanto en el contexto de la política internacional como en los EE.UU. En el Congreso de dicho país diversos sectores cercanos a la posición más dura del Partido Republicano no solo le han dado escenario a B. Netanyahu, sino que también han considerado el acuerdo nuclear como una debilidad de liderazgo de Obama, algo paradójico si se tiene en cuenta que este es el presidente que más capacidad operativa, sin controles políticos y jurídicos directos, ha dado a los militares del Mando Conjunto de Operaciones Especiales (J-SOC).

También en Irán los sectores más radicales de la Guardia Revolucionaria, así como los más ortodoxos de la revolución, ven con sospecha los acuerdos y quizás no le den la oportunidad de que funcionen. Empero, ninguno de los dos gobiernos está dispuestos a ir a la guerra y quizá por ello el gobierno iraní se ha apresurado a decir que el acuerdo no supone de ninguna forma que el gobierno de Teherán se hubiese sometido a las exigencias de la potencias occidentales, o renunciado a sus principios revolucionarios y a su capacidad de crear una concepción estratégica abierta y directa.

Por ello mismo la guerra de Yemen se va a convertir no solo en la medición de fuerzas entre Riad y Teherán sino en la primera confrontación del Irán que surge del acuerdo con las potencias del P5 + 1. Estados Unidos lo ha comprendido así y por eso ha demarcado las líneas de acción y los peligros que podrían surgir de un escalamiento que afecte lo negociado y la seguridad regional.
 

* Profesor titular, director del Instituto de Estudios Urbanos Universidad Nacional de Colombia.

 

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