Nuestra guerras civiles y criminales - Razón Pública

Nuestra guerras civiles y criminales

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Recientemente, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) señaló que en Colombia hay ocho conflictos armados internos, que involucran al Estado colombiano enfrentando a los grupos armados organizados –GAO- del país y los conflictos entre estos grupos. Pero qué tipo de conflicto armado interno es el que se desarrolla en Colombia actualmente.

El CICR, basado en el Derecho Internacional Humanitario -DIH-, define los conflictos armados internos como los enfrentamientos militares entre fuerzas armadas estatales y GAOs dentro de las fronteras estatales, o los enfrentamientos con fuerzas armadas disidentes, o los enfrentamientos entre GAOs entre sí. Por ende, los enfrentamientos entre el Ejército Colombiano y el Ejército de Liberación Nacional -ELN- cuentan como un conflicto armado interno para el CICR, pero también los enfrentamientos entre las Autodefensas Gaitanistas de Colombia -AGC- (recientemente autodenominadas Ejercito Gaitanista de Colombia) y algunas de las disidencias de las FARC-EP lo son.

Según el DIH un GAO debe tener una estructura de mando responsable, división de funciones, capacidad militar ofensiva y defensiva y tener cierto grado de control territorial. Es interesante notar que esta definición no incluye como un criterio definitorio ni la ideología del grupo ni los supuestos objetivos políticos de su lucha, por ende, tanto el ELN, las AGC o las Autodefensas Conquistadoras de las Sierra Nevada –ACSN- pueden ser considerados a la luz del DIH como grupos armados organizados.

Las guerras civiles se pueden clasificar según sus objetivos en separatistas/secesionistas, revolucionarias y contrarrevolucionarias. En las separatistas grupos armados luchan contra el Estado por separar y lograr la independencia de una parte del territorio. En las revolucionarias grupos armados luchan contra el Estado para derrocar a las autoridades y realizar una serie de cambios políticos y económico profundos. Y en las contrarrevolucionarias, grupos armados de derecha luchan contra gobiernos de izquierda para impedir que estos logren implementar los cambios políticos y económico que se plantean.

Nuestra guerra mantiene características de las guerras civiles revolucionarias clásicas, como la existencia de una guerrilla como el ELN con una agenda revolucionaria marxista leninista. Pero estas clasificaciones podrían quedarse cortas para comprender los tipos de actores y conflictos que se están desarrollando. Por ejemplo, si bien las disidencias de las FARC-EP alegan mantener un discurso ideológico de alcance nacional y revolucionario, en la práctica sus agendas están más amarradas a realidades locales, a las comunidades donde hacen presencia y a las economías ilegales de las que dependen. Iguales dificultades enfrentan los analistas y académicos a la hora de definir la naturaleza de un grupo como las AGC ¿son paramilitares, neoparamilitares, una insurgencia criminal o un grupo armado politizado?

Pero entonces, si no es solo una guerra revolucionaria clásica ¿qué más es? En la última década politólogos e internacionalistas han llegado a cierto consenso sobre la existencia de un nuevo tipo de conflicto armado interno, el cual se ha denominado guerras criminales: enfrentamientos armados militarizados entre fuerzas armadas estatales y grupos del crimen organizado, o, entre estos grupos por el control de mercados ilegales o legales. Aunque parecería que esta definición despolitiza el conflicto, en realidad no lo hace, puesto que estos grupos del crimen organizado en el largo plazo para mantenerse y competir, en ocasiones tienen que desarrollar regímenes de gobernanzas criminales sobre las poblaciones y territorios que controlan, con el propósito no solo de extraer rentas, sino también ganar legitimidad en las comunidades proveyendo bienes públicos y construyendo una base local o regional de apoyo.

Lo anterior no necesariamente contradice al DIH, pues recordemos que este no habla de la ideología o motivos de los GAO. Con que se den las condiciones empíricamente observables se podría definir una situación como un conflicto armado interno y a los actores como GAOs. Esto abre la puerta para que un Estado pueda librar a la luz del DIH una guerra interna con grupos como los Carteles. Pero el DIH habla de Grupos Armados Organizados (GAO) mientras que en las guerras criminales se hace referencia a Grupos del Crimen Organizado, usando no tanto al lenguaje del DIH sino de la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, más conocida como la Convención de Palermo, cuando habla de Grupos Delictivos Organizados -GDO.

¿Pero, son lo mismo los GAO y los GDO? A la luz de la Convención de Palermo, no. Puesto que esta sí reconoce explícitamente que los GDO tienen fines económicos. Pero a la luz del DIH, no habría ninguna diferencia, puesto que recordemos, el DIH no habla de ideología ni motivaciones de los grupos. Pero este es un debate abierto y muy complejo: ¿Tienen los GDO las características que el DIH atribuye a los GAO? ¿La militarización de un conflicto no podría ser contraproducente en términos de posibles violaciones a los DDHH? ¿qué diferencias tiene negociar con un GAO y un GDO, cuando algunos de estos últimos pueden tener más capacidad militar y control territorial que los primeros?

Nuestros conflictos armados internos son tanto políticos como criminales, aunque analíticamente se pueden y deben diferenciar, lo uno no necesariamente excluye lo otro. Necesitamos seguir innovando en nuestra comprensión de las guerras internas, para captar las complejidades de los actores involucrados y proponer mejores alternativas de solución.

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Armando José Mercado

Escrito por:

Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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