Novela histórica en Colombia, 1988-2008. Entre la pompa y el fracaso - Razón Pública
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Novela histórica en Colombia, 1988-2008. Entre la pompa y el fracaso

Escrito por Patricia Trujillo

Autor: Pablo Montoya
Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 2009. 189 páginas.

Reseña escrita por Patricia Trujillo  

Novela histórica en Colombia, 1988-2008. Entre la pompa y el fracaso es el más reciente libro del escritor colombiano Pablo Montoya. Se trata de un ensayo, de mediana extensión, que propone un balance crítico de la novela histórica en nuestro país. No es un estudio exhaustivo de todas las novelas históricas publicadas durante el período, sino una presentación de las tendencias dominantes en el género durante los últimos veinte años. En él figuran novelas de autores ya consagrados, como El general en su laberinto Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, y Sinfonía desde el Nuevo Mundo y Los ojos del basilisco de Germán Espinosa. También se habla de novelas ampliamente publicitadas por las grandes editoriales y de otras menos conocidas por haber sido publicadas en fondos editoriales universitarios o en pequeñas editoriales. Por supuesto, en un estudio de esta naturaleza, el lector siempre lamentará la ausencia de una u otra obra, o deseará que uno u otro tema sea tratado con mayor profundidad. Así sucede con el breve capítulo titulado "Herencias del modernismo", dedicado a las novelas "extraterritoriales", es decir, a aquellas que no suceden en Colombia. Habría sido deseable que Montoya hubiera comentado otras obras, aparte de Tamerlán  y los dos libros de cuentos de Enrique Serrano. Esto le habría permitido tratar con mayor detenimiento los problemas específicos que este tipo de novela le plantea a un  escritor colombiano, problemas que él conoce muy bien pues es autor de dos novelas ambientadas fuera de nuestro país.

El ensayo está dividido temáticamente. El primer capítulo, que es también el más extenso, se dedica a las novelas que tienen como protagonistas a Simón Bolívar y a Manuelita Sáenz. El segundo, titulado "Otras guerras y otros próceres", trata novelas sobre la independencia y las guerras civiles del siglo XIX. El tercero y cuarto presentan novelas ambientadas en la Conquista y la Colonia. Una de las preocupaciones fundamentales del ensayo es desentrañar la ideología de las novelas, que no está expuesta de forma explícita, sino que se materializa en elementos narrativos como las características de los personajes, el recurso al sentimentalismo o el melodrama, y la reproducción de las voces narrativas. Por esa razón, la monumentalización de los héroes es uno de los temas que más se tratan en el ensayo, y es también un patrón de valoración importante. Montoya señala, por ejemplo, que el Simón Bolívar de García Márquez, a pesar de estar dotado de humor, sensualismo e ironía, presenta una versión del Libertador que recarga las tintas hacia el Bolívar antiimperialista, democrático y republicano, y desdeña la faceta autoritaria y dictatorial del personaje histórico. Y sostiene que la novela no pone en duda el heroísmo de Bolívar, pues su fracaso "debe verse como una consecuencia de su honradez sin tacha, de su desprendimiento ejemplar, de su generosidad y su buena voluntad; por lo demás, en un ambiente plagado de generales corruptos y de leguleyos insensatos que jamás comprendieron la grandeza de su sueño americano". Paradójicamente, al realzar estos aspectos heroicos, la novela resalta también la faceta militar de la leyenda heroica, una faceta que no se rebaja ni por el humor, ni por la ironía, ni por la presentación de detalles íntimos de la vida de Bolívar. Asimismo, en Ursúa y El país de la canela de William Ospina los héroes son un reflejo de una naturaleza portentosa y trágica. Por eso la denuncia de las crueldades de la conquista resulta ambigua, pues señala la crueldad española pero queda seducida por ella. La solemnidad de ambas novelas, realzada por el lenguaje poético de la prosa de Ospina, construye un fresco épico de los acontecimientos y excluye con ello el humor y la irreverencia frente a los discursos oficiales de la historia.

Por otra parte, Montoya destaca las novelas que tienen una posición crítica o escéptica frente a los héroes históricos, bien porque sus personajes principales no son los protagonistas de la historia, bien porque la experiencia de estos personajes plantea una crítica a las gestas históricas, o bien porque las novelas presentan una serie de voces que se contradicen las unas a las otras y relativizan cualquier posición ética o política. Los personajes de Muy caribe está de Mario Escobar Velásquez y  Conviene a los felices permanecer en casa de Andrés Hoyos no son figuras descollantes de la historia. La novela de Hoyos los presenta en medio de las guerras de independencia y los hace participar de conflictos que no los dignifican, sino que los hunden cada vez más. Por eso, la novela es, a ojos de Montoya, una crítica interesante de la guerra, pues la presenta como un arsenal de situaciones absurdas, y constituye un alegato contra la militarización de las sociedades latinoamericanas y contra la consiguiente ola de caos y corrupción que se desató en los primeros años de la independencia. El narrador de Muy caribe está es un conquistador, inventado por el autor, que recuerda los años que vivió entre los indios caribes. El narrador "es ateo, ama a los indios, critica el saqueo cometido por sus compañeros y parece ser un adelantado paradigma del mestizo beligerante latinoamericano".  Pero este narrador no resulta artificioso, en parte porque reconstruye sus experiencias tan vivamente que hace creer que lo que vivió lo vivió en carne y hueso, y en parte porque refracta la conciencia de un escritor contemporáneo que lo usa para introducir su propia visión de la historia. Esta amalgama de la perspectiva contemporánea y los acontecimientos pasados es también una de las grandes virtudes de La ceiba de la memoria de Roberto Burgos. La novela no logra este diálogo entre pasado y presente por medio de una refracción en el personaje principal, sino por la introducción de dos personajes contemporáneos, cuyas historias se yuxtaponen con las historias de los del siglo XVII. De esta manera, sostiene Montoya, La ceiba de la memoria rompe con el esquema tradicional de la novela histórica, al crear una zona de intersección entre dos épocas distintas.

El juicio que se hace del pasado desde el presente, es decir, la contraposición entre las perspectivas éticas contemporáneas y la recreación de una época histórica ya pasada, es otra de las preocupaciones del ensayo de Montoya, y constituye uno de los problemas que suscita la novela histórica como género. Estos problemas, como también sucede con las dificultades de la traducción literaria, no tienen una solución definitiva. Cada novela plantea una posible forma, más o menos satisfactoria, de enfrentarlos. Algo parecido podría decirse de los reparos que Montoya hace acerca de la erudición, que puede ser empleada con una intención lúdica, o, como en el caso de La tejedora de coronas, ser utilizada como "el puente ilustrado a través del cual se llega a una especie de conciencia totalizadora del ser americano", o puede resultar una tergiversación de las voces de los personajes o, por la solemnidad con la que se la introduce, ser un lastre de pedantería literaria. La representación de los giros de la lengua colonial, o de la prosa del siglo XIX, o la introducción de pasajes de la correspondencia real de ciertos personajes históricos, es decir, la imitación del lenguaje para dar verosimilitud al pasado, es también tratada con detenimiento. Los comentarios de Montoya se enriquecen en la comparación con antecedentes literarios colombianos e hispanoamericanos. Esto sucede, por ejemplo, en la comparación de Sinfonía desde el Nuevo Mundo y la obra de Alejo Carpentier, o los cuentos de Borges y los de Enrique Serrano.

Es posible discrepar de los juicios valorativos de Montoya. Uno se puede preguntar, por ejemplo, si las aspiraciones libertarias de Bolívar no se ensombrecen, en El general en su laberinto, por los sentimientos mezquinos y la paranoia del personaje. También se puede dudar sobre la profundidad de la crítica que hace el narrador de La historia secreta de Costaguana a los ideales de progreso del siglo XIX, o de si la parodia, la falsificación histórica y los juegos literarios de esta novela verdaderamente contribuyen a dar una versión compleja de los acontecimientos. Sin embargo, estos juicios de valor, que se basan en un amplio panorama de lecturas, en una reflexión personal de ciertos problemas de la escritura y que son argumentados firme y claramente, constituyen una fortaleza del libro. Abren un espacio para la polémica crítica, tan necesaria en nuestro país, y que muy consecuentemente ha alentado Montoya en sus artículos y reseñas publicados en distintos medios como Número y la Revista de la Universidad de Antioquia.

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