Norte de Santander: el índice que separa el ritmo del nivel - Razón Pública
Foto: desempeño socioeconómico, pobreza multidimensional, desigualdad territorial, brecha rural-urbana, Mario Zambrano

Norte de Santander: el índice que separa el ritmo del nivel

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Un índice construido sobre PIB departamental, mercado laboral, pobreza monetaria y pobreza multidimensional compara 23 departamentos con información simultánea en las cuatro fuentes. Norte de Santander ocupa el puesto 16, muy por debajo de Santander, su homónimo y líder del ranking; pero el departamento crece más que el país y reduce pobreza con más fuerza que la mediana nacional. El número no describe un estancamiento: describe una convergencia que todavía no alcanza el nivel de los mejores.

Comparar departamentos con un solo número es, por definición, una simplificación. Por eso el Índice de Desempeño Socioeconómico Territorial (Idset) que aquí se presenta no pretende sustituir ninguna medición oficial del DANE ni erigirse en una nueva métrica de desarrollo: su función es más modesta y útil, condensar información heterogénea —desempeño económico, mercado laboral, bienestar por ingresos y pobreza multidimensional— para responder una pregunta clave: ¿Qué departamentos combinan mejor esas cuatro dimensiones en el mismo corte? El Idset pondera con 25% cada uno de cuatro subíndices (Desempeño Económico, Desempeño Laboral, Bienestar por Ingresos y Multidimensional Social), construidos sobre el universo de 23 departamentos con cobertura simultánea en las cuatro fuentes oficiales del DANE.

El resultado central es una singularidad instructiva: Norte de Santander ocupa el puesto 16 de 23 en el Idset, con 56,2 puntos sobre 100, en el segmento que podríamos llamar bajo-intermedio (percentil 34,8 de la distribución); sin embargo, su crecimiento real promedio 2021-2025 fue 4,81% anual, por encima del 4,61% nacional, y entre 2021 y 2025 su pobreza monetaria cayó 15,4 puntos porcentuales, casi el doble de la reducción mediana entre los 23 departamentos. El departamento crece más rápido que el país y reduce pobreza con más fuerza que la mayoría de sus pares, pero sigue partiendo de un nivel estructural bajo: su PIB per cápita corriente de $17,63 millones representa apenas el 50,5% del promedio nacional. El índice no mide solo dónde está un territorio: mide también hacia dónde se mueve, y esas dos preguntas no siempre dan la misma respuesta.

Esa singularidad se entiende mejor con perspectiva histórica. Entre 2005 y 2025pr, el PIB real departamental prácticamente se duplicó, de $8,05 billones a $16,14 billones a precios constantes de 2015; una tasa compuesta anual del 3,54%, apenas por encima del 3,48% nacional en el mismo lapso de veinte años. El repunte reciente no es, entonces, un cambio estructural repentino: la contracción de -5,5% en 2020 fue seguida de un rebote fuerte (10,8% en 2021; 7,0% en 2022) y una normalización posterior hacia tasas de 1,4% en 2023, 2,1% en 2024 y 2,8% en 2025pr. El diferencial favorable de los últimos cinco años convive, por tanto, con dos décadas de crecimiento prácticamente empatado con el país, y en el universo completo de 33 unidades territoriales por PIB per cápita, Norte de Santander ocupa apenas el puesto 22. Superar el promedio nacional en el margen no es lo mismo que cerrar veinte años de brecha acumulada.

La línea vertical punteada marca el puntaje de Norte de Santander como referencia para leer su distancia frente a cada departamento.

La descomposición en subíndices es más informativa que el puntaje agregado. Norte de Santander obtiene Desempeño Económico (IDE) = 49,3, Desempeño Laboral (IDL) = 45,5, Bienestar por Ingresos (IBI) = 69,0 y Multidimensional Social (IMS) = 61,1. El mercado laboral es, con diferencia, el mayor cuello de botella relativo: el departamento tuvo en 2025 la tercera tasa de desocupación más alta entre los 23 departamentos, después de Chocó y La Guajira, con una tasa global de participación (59,7%) y una tasa de ocupación (52,9%) por debajo de los referentes nacionales. Le sigue la dimensión económica, lastrada por un PIB per cápita bajo que compensa negativamente el buen ritmo de crecimiento reciente; en contraste, el bienestar por ingresos y la reducción de la pobreza multidimensional (que cayó del 29,5% en 2018 al 13,3% en 2025) sostienen el resultado agregado. El perfil no describe un departamento uniformemente rezagado: caracteriza una economía que mejora el bienestar de los hogares más rápido de lo que transforma su estructura productiva y laboral.

Vale la pena detenerse en ese subíndice, el más bajo de los cuatro, porque la mejora del desempleo no cuenta toda la historia. Entre 2021 y 2025, la tasa de desocupación cayó 3,2 puntos porcentuales (del 14,6% al 11,3%), pero la tasa global de participación retrocedió levemente del 60,55% al 59,68%, mientras la tasa de ocupación subió del 51,74% al 52,92%. Las tres series deben leerse juntas: una desocupación más baja acompañada de una participación estancada puede ocultar personas que dejaron de buscar empleo, no solo personas que lo encontraron. Frente a los referentes nacionales de 2025 (TGP 64,3%; TO 58,6%; TD 8,9%), el departamento muestra brechas de -4,6 p.p. en participación, -5,7 p.p. en ocupación y +2,4 p.p. en desempleo. Además, por transparencia metodológica: el IDL no incorpora informalidad laboral departamental porque el DANE no publica esa serie con la periodicidad que exige el panel; se usa como proxy la tasa de subempleo subjetivo, una limitación declarada que debería corregirse en cuanto existan microdatos GEIH comparables.

El polígono de Norte de Santander se mantiene por encima del punto medio (50) en tres de los cuatro subíndices, lo que matiza la lectura de "rezago generalizado".

La comparación con Santander (su homónimo y el departamento mejor posicionado del ranking, con 81,1 puntos) ilustra la magnitud de la brecha. Comparten nombre, pero no estructura: el PIB per cápita de Santander casi triplica el de Norte de Santander ($49,6 millones frente a $17,6 millones), su tasa de desocupación es 1,2 puntos menor y su pobreza monetaria es casi diez puntos más baja. Frente a un grupo de comparación más cercano en magnitud (Cesar, Boyacá, Magdalena y Córdoba), Norte de Santander no es el peor posicionado, pero tampoco logra despegarse: comparte con Magdalena y Córdoba el cuadrante de PIB per cápita bajo y pobreza monetaria alta.

Separar nivel de trayectoria cambia la lectura. En la fotografía estática de 2025, Norte de Santander aparece en el cuadrante de “alto crecimiento / bajo bienestar” y también en “alto crecimiento / mercado laboral débil”: la mediana de los 23 departamentos en crecimiento reciente es 4,49%, y el departamento la supera, pero sin alcanzar todavía el nivel de bienestar ni la profundidad laboral de los territorios mejor posicionados. Cuando se mide el cambio en vez del nivel (crecimiento frente a reducción de pobreza monetaria y frente a reducción de la pobreza multidimensional entre 2021 y 2025), el departamento se ubica en “alto crecimiento / fuerte reducción de pobreza” y “alto crecimiento / fuerte reducción de IPM”, ambas muy por encima de las medianas interdepartamentales de 10,5 y 5,8 puntos porcentuales, respectivamente. La evaluación correcta no es “está mal” ni “está mejorando”: ambas afirmaciones son parcialmente ciertas y conviven en el mismo departamento.

Las líneas discontinuas marcan los valores nacionales 2025; la posición de Norte de Santander respecto a ambas líneas resume el diagnóstico estructural del departamento.

La caída de la pobreza monetaria también ganó profundidad, no solo incidencia. Entre 2021 y 2025, la brecha de pobreza (qué tan lejos están los pobres, en promedio, de la línea) pasó del 21,9% al 11,0% y la severidad, que pondera más a quienes están más lejos de esa línea, bajó del 13,2% al 5,3%. No solo salieron personas por encima de la línea: quienes siguen siendo pobres están, en promedio, menos lejos de dejar de serlo. Con todo, una precaución interpretativa es necesaria: el Gini departamental (0,467) es menor que el nacional (0,531), pero eso no equivale a mejor desempeño social. Norte de Santander puede ser relativamente más igualitario que el país y, al mismo tiempo, tener una pobreza monetaria 5,7 puntos porcentuales más alta y un ingreso per cápita cerca del 31% menor ($881.718 frente a 1.281.590 nacionales). Menor desigualdad sobre una base de ingresos bajos no es lo mismo que bienestar alto.

La pobreza multidimensional esconde una segunda paradoja, más silenciosa que la del Idset. Su incidencia cayó 16,2 puntos porcentuales entre 2018 y 2025 (del29,5 % al 13,3%), pero la intensidad (cuántas privaciones acumulan, en promedio, quienes siguen siendo multidimensionalmente pobres) apenas se movió del 41,7% al 41,2%. Muchos hogares cruzaron el umbral y dejaron de contarse como pobres, pero quienes quedan del otro lado no están mejor dentro de su pobreza. Y esa pobreza que persiste es abrumadoramente rural: el 95% de los hogares rurales reporta trabajo informal como privación, frente al 77,7% en cabeceras; el 61,4% carece de una fuente de agua mejorada, frente a apenas el 1,8% urbano; una brecha interna de 60 puntos porcentuales dentro del propio departamento. La brecha rural-urbana del IPM total, en lugar de cerrarse, se amplió de 17,1 a 20,4 puntos porcentuales entre 2018 y 2025. El índice agregado (y el propio Idset, que no desagrega por zona) puede mejorar su lectura departamental mientras esta geografía interna permanece casi intacta.

El área sombreada entre la línea rural y la línea total visualiza directamente la brecha que el texto cuantifica.
Esta figura sostiene visualmente la afirmación del texto sobre por qué persiste la pobreza rural: no es solo ingreso, es infraestructura y vivienda.

Las implicaciones de política operan en más de una escala. En el plano departamental, la prioridad no puede ser el estímulo genérico al crecimiento: importan la composición sectorial de ese crecimiento, su intensidad en empleo y su capacidad de formalización, dado que el rezago principal está en la profundidad del mercado laboral, no en el ritmo de la economía.

En el plano rural —el más urgente y el menos visible en el puntaje agregado— la prioridad es la inversión sostenida en infraestructura básica y formalización productiva en el campo: cerrar una brecha de 60 puntos porcentuales en acceso a agua mejorada no se resuelve con transferencias monetarias, sino con acueductos veredales, y la brecha rural-urbana de 20,4 puntos en IPM exige presencia institucional sostenida en el Catatumbo y en las zonas rurales dispersas, no solo en el corredor urbano. En el plano técnico, queda una tarea explícita: incorporar informalidad laboral departamental en el IDL en cuanto el DANE la publique con la periodicidad necesaria y actualizar el Idset cada año para que la lectura de “nivel” frente a “trayectoria” no dependa de un único corte transversal.

Un departamento puede crecer más rápido que el país entero y, aun así, seguir llegando tarde a su propio punto de partida. El índice no resuelve esa tensión: apenas la hace visible.

Le recomendamos: Regiones autonómicas ¿hacia un nuevo modelo territorial de Estado?

Acerca del autor

Mario de Jesus Zambrano Miranda
mzambrano@razonpublica.org | + posts

* Docente de la Escuela Superior de Administración Pública, Territorial Norte de Santander-Arauca.

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* Docente de la Escuela Superior de Administración Pública, Territorial Norte de Santander-Arauca.

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