Norte de Santander ante el PGN 2027: ¿qué desarrollo estamos financiando?
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Norte de Santander ante el PGN 2027: ¿qué desarrollo estamos financiando?

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La inversión nacional prevista para el departamento cae un 7,9%. Pero el problema también está en su composición: una cartera concentrada, hogares expuestos al ajuste y necesidades rurales que el agregado oculta. ¿Qué debería defender la región y cómo convertir esa defensa en resultados?

Un presupuesto puede reconocer a un departamento en las cifras y dejar abiertas las preguntas sobre su desarrollo. Norte de Santander figura entre los diez territorios con mayor inversión regionalizada en el proyecto de Presupuesto General de la Nación de 2027; aun así, pierde recursos respecto del punto de partida de 2026. ¿Qué significa ocupar un lugar destacado si disminuyen los apoyos de los que dependen los hogares y siguen siendo pequeñas las partidas destinadas a transformar la economía rural?

El análisis de la regionalización inicial identifica $2.352.070 millones para el departamento, frente a $2.552.743 millones en 2026: $200.673 millones menos, una reducción nominal del 7,9%, superior al 4,8% nacional. La comparación corresponde a los libros iniciales de ambos años; trata de una propuesta de distribución, no de recursos ejecutados ni de un presupuesto definitivo.

La caída importa; también importa saber sobre quién recae. Una reducción en una obra, en una transferencia o en un subsidio de energía tiene consecuencias distintas. La gestión regional necesita explicar esas diferencias antes de que la discusión se convierta en una competencia por ver quién obtiene más dinero.

¿Recibir más por habitante equivale a recibir lo necesario?

El departamento concentra el 3,69% de la inversión regionalizada, por encima de su peso poblacional, que es de 3,21%. Los $1,36 millones por habitante también superan el promedio nacional ponderado, de $1,19 millones. Estos datos obligan a matizar la idea de un territorio simplemente excluido del reparto. Pero la población no resume ni las necesidades ni los costos de atenderlas.

Dentro de Norte de Santander, las necesidades básicas insatisfechas alcanzan el 37,2% en la ruralidad y el 13,4% en las cabeceras, según los datos censales utilizados en las fichas. El promedio departamental reúne realidades muy distintas. ¿Cuánto de la asignación llega a las veredas más rezagadas y cuánto se concentra en los corredores donde ya existe mayor capacidad de formular y ejecutar proyectos?

¿Quién decide sobre la inversión regionalizada?

Transporte e Inclusión Social concentran el 64,2% de los recursos. El corredor Pamplona–Cúcuta concentra $419.857 millones, casi 18 de cada 100 pesos; los cinco proyectos más grandes absorben el 56,1%. Hay 145 proyectos, pero la amplitud de la lista no se traduce en una diversidad de apuestas equivalente.

Buena parte corresponde a programas nacionales y compromisos contractuales. Regionalizar una partida permite ubicarla geográficamente; no implica que la Gobernación o los municipios puedan decidir libremente sobre ella. ¿Qué margen real tiene, entonces, el territorio para orientar su desarrollo? La respuesta exige identificar las obligaciones existentes y las decisiones aún abiertas a la negociación.

¿Quién absorbe el ajuste?

Los subsidios de energía, las transferencias monetarias, el gas por red y el subsidio familiar de vivienda suman $457.999 millones en la propuesta departamental. Representan el 19,5% de su inversión regionalizada, frente al 15,3% nacional. Esta exposición ayuda a entender por qué una reducción en esas líneas merece especial atención en Norte de Santander.

El informe estima, en su escenario central, una pérdida de $333.030 millones en esos cuatro rubros, parcialmente compensada por $132.357 millones adicionales en el resto de la inversión. La precisión es necesaria: se reconstruye una base de 2026 a partir de razones nacionales y de otros departamentos; no se dispone de una comparación observada de cada subsidio para Norte de Santander. Es una alerta sobre la posible composición del ajuste, no una pérdida ya comprobada por hogar.

Para una familia con ingresos inestables, una transferencia puede cubrir la compra de alimentos y un subsidio puede liberar recursos para otras necesidades. Si esos apoyos disminuyen, el efecto puede extenderse al comercio y los servicios locales. Una obra de infraestructura puede generar beneficios valiosos, pero tiene plazos y destinatarios distintos; no cabe dar por hecha una compensación inmediata.

¿Cuántos hogares recibirían menos pagos? ¿Qué cobertura se sostendría y con qué financiación? La bancada regional debería exigir al Gobierno metas por departamento, beneficiarios y ciclos de atención. Defender una cifra presupuestal sin conocer el servicio que financia deja incompleta la defensa de los hogares.

¿Dónde queda el territorio?

Agricultura recibe el 1,1% de la inversión regionalizada; vivienda, agua y saneamiento, el 0,8%. La lectura exige cuidado: esas participaciones no incluyen todas las fuentes de financiación ni prueban la ausencia de otras intervenciones nacionales. Sin embargo, abren una pregunta que la región debe responder: ¿qué combinación de recursos permitirá que una familia rural mejore su vivienda, produzca legalmente y llegue al mercado?

Las líneas identificadas de sustitución de cultivos, PDET y apoyo financiero al Acuerdo Final suman $11.855 millones, equivalentes a alrededor del 0,5% del total departamental. No representan la totalidad del gasto que puede beneficiar al Catatumbo; precisamente por eso hace falta una cuenta territorial completa. ¿Cuánto se prevé invertir allí, en qué municipios y con qué resultados?

En la frontera sucede algo semejante. El desarrollo social y económico en zonas fronterizas registra $4.933 millones, y la política migratoria, $803 millones. Son partidas explícitas de alcance limitado en la ficha. La condición fronteriza también debería orientar las inversiones en logística, formación, servicios públicos y actividad productiva. ¿Dónde está la articulación entre esas intervenciones y quién responde por ella?

Una gran vía puede mejorar la conexión con el país. Para aprovecharla, un productor también necesita acceso desde su vereda, asistencia técnica y oportunidades de comercialización. La pregunta propositiva consiste en identificar qué inversiones complementarias permiten que el beneficio del corredor llegue a quienes permanecen lejos de él.

¿Qué debería negociar la región?

La Gobernación, las alcaldías, la bancada, las universidades y los sectores productivos podrían acordar una agenda corta y verificable. La primera prioridad sería garantizar la continuidad de la atención a los hogares vulnerables. Esto supone precisar la financiación faltante de los subsidios y las transferencias, sustentar las solicitudes de reposición y hacer públicas las metas de cobertura que se busca preservar.

La segunda sería estructurar un conjunto de proyectos complementarios para el Catatumbo y la frontera: conectividad rural, agua, mejoramiento de la vivienda y apoyo productivo. Cada proyecto debería identificar la población atendida, la entidad ejecutora, el costo, la cofinanciación y las condiciones de operación. La propuesta debe mostrar cómo se complementan las intervenciones y qué brecha concreta pretende reducir cada una.

¿Cómo sabremos si la gestión funcionó?

La tercera prioridad sería publicar un seguimiento trimestral que vincule el presupuesto y resultados. ¿Cuánto se comprometió, cuánto se pagó y qué recibió la población? Conocer los kilómetros intervenidos, los hogares con agua segura o los ciclos de transferencias realizados permite evaluar algo más que el porcentaje de ejecución financiera. También evita que una asignación anunciada se presente como un beneficio ya entregado.

Ese seguimiento necesita distinguir los recursos regionalizados de los de otras fuentes y localizar los proyectos hasta donde lo permita la información. Las universidades pueden contribuir con análisis; las organizaciones comunitarias, con verificación en el territorio. La responsabilidad de producir información completa y responder por los resultados sigue siendo de las entidades ejecutoras.

La región también debe revisar su capacidad para formular y sostener proyectos. Pedir más recursos es una exigencia legítima; convertirlos en servicios duraderos requiere diseños viables, coordinación y financiación operativa. Fortalecer esas capacidades no exime a la Nación de atender las brechas, pero mejora la posibilidad de que la negociación produzca resultados.

El presupuesto de 2027 ofrece una oportunidad para discutir qué debe cambiar en Norte de Santander y qué recursos exige ese cambio. La defensa regional ganaría fuerza si sus prioridades pudieran evaluarse en función de las condiciones de vida que se buscan mejorar. Cuando termine la vigencia, ¿podremos demostrar que una familia vive con mayor seguridad, que una vereda está mejor conectada o que producir legalmente resulta más viable? Esa debería ser la medida de una gestión presupuestal que responde al territorio.

Fuente de las cifras: Zambrano Asesores y Consultores S.A.S., Norte de Santander en el Presupuesto General de la Nación 2027, análisis de la regionalización inicial, 24 de septiembre de 2026. Montos en pesos corrientes. Las asignaciones son preliminares e indicativas; la descomposición por subsidios corresponde a un escenario estimado.

Le recomendamos: Norte de Santander: el índice que separa el ritmo del nivel

Acerca del autor

Mario de Jesus Zambrano Miranda
mzambrano@razonpublica.org | + posts

* Docente de la Escuela Superior de Administración Pública, Territorial Norte de Santander-Arauca.

1 comentarios

Mario de Jesus Zambrano Miranda

Escrito por:

Mario de Jesus Zambrano Miranda

* Docente de la Escuela Superior de Administración Pública, Territorial Norte de Santander-Arauca.

Comentarios de “Norte de Santander ante el PGN 2027: ¿qué desarrollo estamos financiando?”

  1. El de Mario es un análisis serio y responsable. Generalmente los presupuestos se nos presentan como una suma de datos y estadísticas pero poca atención se presta al impacto humano y la mejora en la calidad de vida.

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