
Nombramientos de Trump: mensajes, advertencias y desafíos para América Latina
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Trump iniciará su segundo mandato con un gabinete marcado por lealtad y prioridades claras: migración, seguridad y comercio. ¿Quiénes son los elegidos y qué implicaciones tendrá para América Latina?
Una victoria sorpresiva
Después de la contundente y, en cierto sentido, sorpresiva victoria de Donald Trump en las elecciones del pasado 5 de noviembre, el mundo ha comenzado a especular sobre los cambios, alcances y riesgos que traerá su nueva administración. Algunos elementos empiezan a perfilarse, especialmente tras el anuncio de quince nominaciones para altos cargos en su gabinete y de los asesores que lo acompañarán al menos durante los primeros días de su segundo y último mandato.
Profundizaré en los mensajes que estas nominaciones transmiten y en las advertencias que empiezan a surgir sobre el gobierno republicano que se instalará el 20 de enero de 2025.
Antes de analizar las nominaciones realizadas por Trump, es importante destacar algunos aspectos clave de su reciente victoria. En primer lugar, el triunfo fue contundente. Trump obtuvo 312 votos de compromisarios en el Colegio Electoral, superando ampliamente los 270 necesarios para ser declarado presidente. Además, logró la mayoría popular: con algunos conteos menores aún pendientes, acumula cerca de 76 millones de votos, frente a los casi 73 millones de Harris.
En términos legislativos, el Partido Republicano consolidó su control en el Senado al obtener 52 curules, superando el mínimo de 51. Una situación similar ocurrió en la Cámara de Representantes, donde, aunque quedan escaños por definir, los republicanos ya aseguraron las 218 curules requeridas para mantener el control. El dominio republicano también se refleja en el ámbito territorial, con 27 gobernadores republicanos frente a 23 demócratas en el mapa político actual.
Este panorama se desarrolla dentro de dos tendencias marcadas. Por un lado, Trump encabeza un movimiento populista que se caracteriza por una política confrontativa y divisiva, una constante tensión con críticos y opositores, y la tendencia a identificar —o incluso crear— enemigos tanto internos como externos. Dichas dinámicas plantean desafíos significativos para el equilibrio democrático y político del país.
Por otro lado, este será el segundo y último mandato de Trump, como lo establece la Enmienda XXII, Sección 1, de la Constitución. Sin embargo, esto no implica que el trumpismo, ya consolidado como un movimiento político, no busque mantenerse en el poder más allá de su figura. Este contexto representa un incentivo para que la administración sea efectiva o, al menos, proyecte esa imagen ante los votantes.
Otro aspecto relevante es la incertidumbre en torno a las razones detrás de la sorpresiva victoria. Aunque las causas no están del todo claras, los errores de analistas y predictores han sido evidentes. Hasta ahora, dos hipótesis destacan para explicar el triunfo. La primera sugiere que los electores priorizaron las cuestiones económicas. La segunda apunta a un cansancio generalizado frente a la agenda “woke” promovida por los demócratas, una política de corte identitario que habría alienado a sus bases tradicionales.


Algunas características de las nominaciones que ha hecho Trump en los últimos días y han sido caracterizadas, de manera general, como de personas leales a sus planteamientos y a su persona, así como con experiencia y conocimiento del legislativo. Pero hay otros hechos interesantes.
Las primeras 15 nominaciones anunciadas por Trump destacan cinco áreas clave: eficiencia en el gasto y la burocracia; justicia; asuntos internacionales; seguridad y frontera (su círculo más cercano), y temas comerciales y ambientales.
Algunos de estos nombramientos reflejan su intención de cumplir promesas de campaña, especialmente en lo relacionado con migración y comercio, además de resaltar la prioridad otorgada a los asuntos internacionales. Sin embargo, también revelan intereses más personales. La rápida designación del fiscal general y de los asesores que lo acompañarán en la Casa Blanca apunta, por un lado, a protegerse frente a los procesos legales en curso, en particular los relacionados con cargos federales, y por otro, a consolidar un equipo de máxima confianza.
Desde el punto de vista de los perfiles de las personas nominadas, destacan varias características. En primer lugar, su relativa juventud, con un promedio de edad de 51 años. En segundo lugar, una representación geográfica diversa: cuatro provienen de Florida, tres de Nueva York (ambos estados vinculados a Trump), seis de estados del centro del país y dos de California.
En cuanto a formación profesional, sobresale que cuatro de los nominados son abogados y tres más son politólogos o tienen formación en gobierno. No todos tienen antecedentes en universidades de élite. Aunque algunos estudiaron en instituciones como Harvard o Yale, varios provienen de universidades religiosas, estatales o locales poco reconocidas, y solo dos cuentan con estudios de posgrado. Esto podría sugerir un intento de incluir figuras ajenas al establishment o, alternativamente, que la educación formal no sea una prioridad para la nueva administración.
Los nominados no solo destacan por su conocimiento profundo del Congreso —algunos, como Marco Rubio, con trayectorias significativas como congresistas—, sino también por su experiencia como empresarios, militares y comentaristas políticos.
En cuanto a sus posturas, prevalecen actitudes claramente anti-«woke», una fuerte preocupación por la seguridad nacional, posiciones en contra de la inmigración irregular, posturas conservadoras (especialmente en temas como el aborto) y una orientación política marcada por un enfoque anti-China y pro-Israel.
Surgen interrogantes en torno al tema ambiental. Por un lado, la embajadora ante Naciones Unidas ha defendido la necesidad de que Estados Unidos participe en acuerdos de cambio climático. Por otro, el nominado para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA) carece de experiencia en el área y no ha expresado públicamente una posición sobre el tema.
¿Qué podemos esperar?
En este tipo de análisis, suelen generarse expectativas sobre lo que podría suceder, pero es crucial reconocer que hacer predicciones precisas resulta irresponsable dada la cantidad de incertidumbres y variables en juego. Aunque aún hay mucho ruido y las tendencias no son claras, puedo señalar algunos puntos clave como insumos para construir escenarios, específicamente en relación con América Latina.
Primero, es poco probable que América Latina se convierta en una prioridad para la nueva administración. Aunque el nombramiento de Marco Rubio podría sugerir lo contrario, su designación parece estar más relacionada con su postura frente a China que con su origen latinoamericano.
El tema migratorio será central en la relación con la región, ya que casi todos los nominados han expresado posiciones al respecto. Sorprendentemente, el tema de las drogas no parece ser prioritario, aunque esto no significa que la administración abandone posturas prohibicionistas. En cuanto a cuestiones ambientales, estas no parecen ser determinantes, mientras que las tendencias proteccionistas de varios nominados, incluido el representante comercial (USTR), podrían dificultar los intercambios comerciales.
En este contexto, países como Cuba, Venezuela y México probablemente resulten los más afectados por las políticas de la administración. En cambio, Argentina y El Salvador, aunque no necesariamente ganadores, podrían mantener relaciones más cordiales. En cuanto a Brasil, Chile y países centroamericanos como Panamá, las tendencias aún no están definidas.
¿Y Colombia?
Colombia no figura como prioridad para Estados Unidos, aunque sigue siendo considerado un aliado estratégico, independientemente del partido en el poder. Sin embargo, con Trump, las dinámicas tradicionales se ven alteradas, ya que sus decisiones suelen responder más a sus propias creencias que a las líneas históricas o partidistas.
En este contexto, no se anticipa ni una sintonía temática ni una coincidencia en los enfoques entre ambos gobiernos en los próximos meses. Las diferencias son profundas, tanto en intereses como en aproximaciones y prioridades.
Dos temas prometen ser particularmente problemáticos en la relación entre Estados Unidos y Colombia: el migratorio y el relacionado con las drogas. Sin embargo, el que enfrenta un mayor riesgo es el Tratado de Libre Comercio (TLC). La anterior postura se debe a una coincidencia poco usual entre ambos gobiernos, ya que los dos comparten un enfoque proteccionista.
Los anuncios sobre los altos funcionarios del gabinete de Trump sugieren que la administración está decidida a cumplir sus promesas de campaña, apoyándose en un equipo compuesto por personas con experiencia y firmes convicciones en torno a estas políticas. Esto podría tener implicaciones significativas para el comercio bilateral y la cooperación entre ambos países.
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Acerca del autor

Javier Garay
*Docente e investigador Facultad de finanzas, gobierno y relaciones internacionales, Universidad Externado de Colombia.
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