Ser mujer en Colombia significa más pobreza y más tiempo de trabajo que ser hombre - Razón Pública
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Ser mujer en Colombia significa más pobreza y más tiempo de trabajo que ser hombre

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La pobreza, el desempleo, el trabajo no remunerado y la falta de protección social afectan mucho más a las mujeres que a los hombres colombianos. La pandemia agravó viejos problemas*.

Ángela Gaitán Murillo**
Tatiana Gélvez Rubio***

Externado

Las mujeres pierden por todos los conceptos

Las mujeres en Colombia enfrentan hoy más pobreza, más desempleo, más dificultad de acceder al mercado laboral, más horas de trabajo no remunerado y más malas condiciones de seguridad social que los hombres de Colombia.

-Según la última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), las mujeres dedican 8 horas diarias en promedio a las labores de cuidado, mientras los hombres dedican 3 horas y 7 minutos.

-Durante la última década el desempleo femenino siempre ha estado por encima del promedio nacional. Antes de la pandemia, la tasa de desempleo de las mujeres superaba en promedio en 6 puntos porcentuales (pp) la tasa de los hombres. Para el trimestre octubre-diciembre de 2019 el desempleo de los hombres fue del 6,7%, y el de las mujeres fue 12,4%.

La situación se complicó severamente con la pandemia, pues hoy es mayor la brecha entre los sexos, según un estudio del DANE y Quanta. Para 2020 la tasa de desempleo total fue del 15,9%, con un aumento del 5,4% frente al 2019 (10,5%). El desempleo sigue afectado más a las mujeres, y las cifras para marzo de este año lo muestran con claridad: el 12% de hombres no tuvieron empleo durante el primer trimestre, a comparar con el 21% de las mujeres: una brecha de 9 pp.

El término “feminización de la pobreza” fue utilizado por primera vez por Diana Pearce en Estados Unidos, para subrayar los desequilibrios de género en materia económica

-Aun teniendo el mismo o un mejor nivel educativo que los hombres, las mujeres tienen menos oportunidades para ingresar al mercado laboral. Según el DANE, en 2019 la tasa de desempleo de las mujeres con posgrado era del 5,5%, comparada con el 4,6% de los hombres en ese mismo nivel educativo. Para cualquier nivel de educación, la mujer sufre más del desempleo.

-Las mujeres también tienen una menor probabilidad de contar con protección económica adecuada para su vejez según el Observatorio de Seguridad Social del Externado de Colombia.

Medio siglo de un problema evidente

El término “feminización de la pobreza” fue utilizado por primera vez por Diana Pearce en Estados Unidos, para subrayar los desequilibrios de género en materia económica. Aunque las mujeres lograron un espacio en el mercado laboral, ya empezaba a verse que una mayor proporción de ellas se encontraba en la pobreza. En América Latina, el concepto toma fuerza desde los noventa para poner de presente que las mujeres no han sido la prioridad de los programas gubernamentales de lucha contra la pobreza.

Gráfica 1. Evolución de la pobreza monetaria en Colombia

Fuente: Elaboración propia con cifras del DANE.

En el caso colombiano, la incidencia de la pobreza ha sido históricamente más alta en las mujeres que en los hombres: en 2018 el 13,4% de las mujeres se encontraban en condiciones de pobreza monetaria frente al 11,9% de los hombres.

Y la pandemia ha empeorado el problema: al presentar las cifras de pobreza del año 2020, el director del DANE señaló un aumento significativo con respecto al 2019:

  • La pobreza en América Latina aumentó 3pp en el 2020, pasando de 30,5 % a 33,7%. Colombia mantiene una pobreza superior al promedio de sus vecinos, pues para el 2020 la pobreza monetaria aumentó 6,8 pp y hoy el 42,5% de su población está en situación de pobreza.
  • La pobreza en el área rural disminuyó 4,6% en el 2020 (pasó del 47,5 al 42,9%). Sin embargo, la pobreza en las 13 ciudades principales y áreas metropolitanas aumentó 12,3% y en las cabeceras 10,1%.
  • En todas las ciudades principales y áreas metropolitanas aumentó la pobreza: Bogotá pasó del 27,2 al 40,1%; Medellín del 24,4 al 32,9% y en ciudades como Ibagué, que tiene además una de las mayores tasas de desempleo del país (21,7%), del 30,9 al 43,2%.
  • El coeficiente de Gini, que indica el nivel de desigualdad ─más cercano a cero mayor igualdad, más cercano a uno mayor desigualdad─, fue de 0,54 en el total nacional. Aumentó 0,2 puntos con respecto al de 2019. Bogotá, Cúcuta y Medellín tienen un mayor coeficiente de Gini que el resto de las ciudades.
  • Con un aumento del 8,5%, la pobreza tuvo mayor incidencia en los hogares con jefatura femenina, pasando del 38,2% en 2019 al 46,7% en 2020. En los hogares con jefatura masculina el aumento de la pobreza fue del 5,7% (pasó del 34,4% al 40,1%).

Gráfica 2. Incidencia de la pobreza monetaria por sexo

Fuente: Elaboración propia con cifras del DANE.

De la ciudad y el campo

Como es evidente, hay muchas más mujeres pobres que hombres. Sin embargo, entre el 2019 y el 2020 el aumento en la pobreza para ambos grupos fue de alrededor del 7%.

En las áreas rurales, la pobreza se redujo y los efectos de la pandemia no se vieron como en las ciudades. Pero aun así la incidencia de la pobreza rural siguió siendo mayor para las mujeres.

Aunque la brecha de pobreza entre el campo y la ciudad se redujo en el 2020, esto pareció deberse a los programas que se llevan a cabo dentro de la Reforma Rural Integral ─incluida en el acuerdo con las FARC─. No hay que olvidar que las ciudades se empobrecieron el año pasado de modo que, en sentido estricto, no necesariamente hubo mejores condiciones de vida en el campo, sino empobrecimiento de los hogares urbanos y cierre de la brecha por ese motivo.

La mujer y la jefatura del hogar

Durante el periodo intercensal de 2005 a 2008 las mujeres al frente de la jefatura de un hogar aumentaron alrededor del 11%. Actualmente, el 40,7% de los hogares en Colombia tienen como jefe a una mujer, quien se responsabiliza de los ingresos y del cuidado de la familiar. Esos hogares son económicamente más vulnerables, precisamente por la falta de condiciones de inclusión socioeconómica de la mujer.

El coronavirus recrudeció en 8,5% la pobreza de los hogares encabezados por mujeres. Así se ensanchó una brecha histórica respecto de los hogares con jefatura masculina; en periodos anteriores la diferencia había sido de alrededor del 4% y hoy es casi del 7%.

Durante el periodo intercensal de 2005 a 2008 las mujeres al frente de la jefatura de un hogar aumentaron alrededor del 11%.

En el mismo sentido, pese a los programas de asistencia social, la pobreza monetaria sigue siendo mayor en aquellos hogares con más de tres niños menores de 12 años y donde algún miembro ─en su mayoría mujeres─ tuvo que renunciar a su trabajo para dedicar tiempo a actividades de cuidado de los menores, a raíz del cierre de colegios y jardines. La lógica de los programas sociales de transferencias o subsidios a las familias de escasos recursos no es coherente con el regreso o la vinculación en el mercado laboral de las mujeres: Por eso es menester que se reabran prontamente los jardines y colegios.

Foto: Alcaldía de Bogotá - La feminización de la pobreza no ha tenido un espacio en las políticas de lucha contra la pobreza

A las políticas sociales les falta enfoque de género

Las políticas sociales deberían reconocer mucho más el papel de las mujeres en este siglo. El gobierno debe adelantar programas comprometidos con la mitigación y eliminación de las desigualdades económicas entre hombres y mujeres. Esa tarea implica cambios en las prioridades de los programas sociales, pues, para contrarrestar la feminización de la pobreza, hay que reconocer la desproporción en la carga de trabajo no remunerado en el hogar que ellas llevan a causa del embarazo, el parto, la crianza de los niños y el cuidado de adultos mayores.

Así mismo, la discriminación de las mujeres en el mercado laboral tiene como consecuencia hogares de jefatura femenina pobres. El desempleo, la pobreza y la desigualdad han rezagado a la mujer, y no hay acciones para revertir las tendencias en su contra. El cierre de brechas es posible si se aumenta la productividad de la población en edad de trabajar. Programas de inserción laboral centrados en las mujeres podrían permitirles mayores ingresos y ocupar su tiempo en actividades laborales remuneradas.

El aumento de 12 pp de la pobreza en las ciudades y áreas metropolitanas es hoy uno de los mayores retos para el gobierno nacional. La política social subestima los efectos de las enormes brechas educativas, de género, regionales y territoriales sobre los indicadores de pobreza y desigualdad. Además, es importante que el sistema de seguridad social sea accesible para las mujeres que se dedican total o parcialmente actividades de cuidado remunerado y no remunerado, si de verdad se piensan solucionar los problemas que las afectan gravemente.

*Este texto hace parte de la alianza entre la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia y Razón Pública. Las opiniones expresadas son responsabilidad de las autoras.

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