Mirar… en Bogotá y su mediocre destino - Razón Pública
Inicio TemasRegiones Mirar… en Bogotá y su mediocre destino

Mirar… en Bogotá y su mediocre destino

Escrito por Manuel Hernández
Manuel-Hernandez-Razon-Publica

Manuel-Hernandez-Razon-PublicaMirar una ciudad como lo hizo Walter Benjamin es leer en un libro de ladrillo y pavimento. La historia de Bogotá está grabada también en recuerdos, que se activan mediante anécdotas y detalles ocultos para la mayoría. Solo el observador entrenado encuentra perlas como la sentencia premonitoria de Le Corbusier.

Manuel Hernández

BOGOTA

 

El enfoque de Benjamin

Durante los últimos diez años dicté en una universidad de Bogotá un curso titulado como esta nota periodística, que a su vez era paráfrasis del libro de Marta Traba de 1961, sobre los actos de mirar pintura, escultura y arte en una capital latinoamericana que ella había hecho su patria.

Me seducía la idea de dejarme permear por algunas observaciones de Walter Benjamin en su Libro de los Pasajes — donde hizo el más penetrante análisis sobre la vida urbana capitalista, ejemplificada por el París del siglo XIX — y aprovecharlas para mirar a Bogotá.

Como es un volumen de más de mil páginas y siguiendo el derrotero de la cita de otros libros, la agrupación por apartados propuesta por el propio Benjamin crea un mínimo orden, pero deja volar la capacidad de libre asociación y permite vislumbrar los intereses y métodos del filósofo judío alemán.

Manuel_Hernandez_Le-Corbusier
Entre 1947 y 1951, Le Corbusier elaboró estudios para un Plan Director y otro Plan Regulador para Bogotá.
Foto: unidadahamshoadam.blogspot.com

Según Susan Buck-Morss de lo que se trataba era de generar un artilugio filosófico: la imagen dialéctica. En uno de los apartados sobre Conocimiento e Historia, Benjamin sostiene que el conocimiento histórico, producido por el vencedor en las luchas políticas y sociales, organiza su discurso como un cuartel y una milicia y que la anécdota cumple el papel de un levantamiento callejero.

De ahí, tal vez, la desconfianza del historiador profesional por la anécdota. Sin embargo, este levantamiento callejero, esta riqueza narrativa de las anécdotas hilvanadas o no, está siempre ahí, acechante.

 

Un fracaso

Cito a María Cecilia O’Byrne, en el prólogo al estupendo trabajo de editar formalmente y por primera vez los estudios elaborados entre 1947 y 1951 por Le Corbusier para un Plan Director y otro Plan Regulador para Bogotá: “Además, tras la finalización de la Segunda Guerra, fue política del Banco Mundial apoyar procesos de modernización en los países del sur, con el fin de evitar la expansión del comunismo” es decir, una política económica inserta en la llamada “política de la Guerra Fría”.

Y continúa: “Le Corbusier llega a Bogotá en un momento ideal donde, desde los propios gremios, se reclamaba a los gobernantes un plan para la ciudad, que ya empezaba a mostrar datos de crecimiento desordenado y desmesurado y de marginalidad.” Situación nada excepcional, digo yo.

Sigue O’Byrne: “Nadie contaba para entonces con que el 9 de abril de 1949 (sic), con la asonada popular que se diera tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán…(el centro de la ciudad) que se había engalanado para recibir la Conferencia Panamericana quedara casi destruido por los incendios.”

Sobra añadir que la Conferencia Panamericana tenía por objetivo instalar la Guerra Fría en el hemisferio mediante la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) y que el desmadre del asesinato del exalcalde Gaitán ha sido estudiado bajo esa perspectiva internacional por Pierre Gilhodès, Jacques Aprille y Gonzalo Sánchez.

Total: que “la puesta en marcha del plan se desvaneció ante la falta de respuesta de las autoridades de la ciudad, el rechazo que en ciertos medios produjo la propuesta y, según el propio Le Corbusier — en la primera edición de la Obra completa 1957-1965, donde comenta el fracaso del Plan de Bogotá — por la veloz reacción de los propietarios del suelo, que se apresuraron a edificar cuando corrió la voz de las vías del plan.”

Ahora, viene la expresión gruesa del arquitecto, artista y planificador, que según O’Byrne desapareció por formateo editorial de las ediciones siguientes: Bogotá seguirá pateando en su mediocre destino.

 

Un mediocre destino

El sistema de citas, que debe todo a Benjamin, da para mucho. Imagino una historia de Bogotá que respire por este aire ventilado de la libertad de citar. Imagino colocar aquí una cita de Carlos Niño Murcia sobre cómo los directivos de los gremios de la construcción mutaban luego en políticos.

Manuel_Hernandez_alcalde_Petro¿Está Petro echándole fuego a su despotismo natural con estos inflamados patriotas de la publicidad?  
Foto: Alcaldía

Y qué tal citar aquí a Sylvia Arango — directora de estudios de doctorado en urbanismo de la Universidad Nacional — sobre qué hacía Mariano Ospina Pérez en 1939: era gerente de una de las principales urbanizadoras y constructoras de Bogotá (Ospinas y Cía.) estrenando oficinas en el flamante edificio de la 17 con séptima, el primero con escalera eléctrica en la ciudad.

Mazuera, cuya familia reconoce que fue alcalde de Bogotá varias veces, pero que “nunca hizo política”, según escuché en memorable ocasión filosófica — se trataba del lanzamiento de los volúmenes preparados por Volpi sobre Nicolás Gómez Dávila — será el alcalde del Bogotazo y Ospina el presidente de la República.

“¡A qué viene tanta cita de anécdotas que no sirven para nada!”, diría un publicista. Y a propósito, este gremio ha asumido la tarea de ideologizar las políticas públicas, por lo menos en el caso de Bogotá. Respondo: esta citadera viene al caso porque he dado en la flor de leer recientemente muchos medios escritos.

E hilvanando mis anécdotas o levantamientos callejeros, según Benjamin, resulta que antes de la operación craneana que sufrió el alcalde Petro, en pleno reordenamiento de las secretarías, había prescindido de los servicios de la secretaria de Hábitat, nieta del exalcalde asesinado Jorge Eliécer Gaitán. Y el esposo de la nieta, historiador de profesión — pariente él a su vez del director emérito del diario El Tiempo — dio a conocer en los medios una carta de reclamo frente al despotismo del alcalde.

El autor de dicha carta tuvo la delicadeza de recordarle al alcalde que ellos — como pareja erudita y adicta al poder — le habían dado a conocer los planteamientos de Le Corbusier sobre Bogotá, de los que el alcalde Petro nada sabía, según afirmaron. Hasta razón tendrán.

En este momento, también resulta oportuno citar a Navarro Wolf, quien llamó “chupamedias” a Alex Vernot — abogado litigante y exitoso, estratega y amigo de banqueros internacionales. O traer a cuento el despotismo del publicista de la campaña electoral de Petro a la alcaldía — quien está salvando el mundo a punta de Twitter o por lo menos así se lo cree — y quien asesora negocios de otros empresarios y financistas de campañas, desde la época de Cesar Gaviria. Cito diciendo que me abstengo de citar.

¿Son simples anécdotas? ¿Está Petro echándole fuego a su despotismo natural con estos inflamados patriotas de la publicidad? Ahora, el resentimiento social es de los vencedores de otrora y de los vencidos como víctimas reivindicadas.

La cita de Le Corbusier bien merece ser reproducida, es toda una anécdota, un auténtico levantamiento callejero: Bogotá seguirá pateando en su mediocre destino.

* Profesor universitario y escritor.

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies