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México: los movimientos sociales contra Peña Nieto

Escrito por Jorge Cadena-Roa

el presidente Peña Nieto

Jorge Cadena-RoaLa crisis no parece dar tregua: a la desaparición de los 43 estudiantes y la  indignación generalizada se han sumado los escándalos de corrupción y el vacío que deja la oposición. ¿Aguantará el gobierno?

Jorge Cadena-Roa*

Escándalos y protestas

México sigue en crisis social y política a raíz de la desaparición de 43 estudiantes de la escuela para maestros de Ayotzinapa, Guerrero, detenidos por la Policía municipal y entregados al grupo criminal que controlaba la zona. Y la crisis se ha agravado y profundizado por la incapacidad gubernamental para hacerle frente de una forma decidida y convincente.

Recientemente, la credibilidad y honradez del presidente Enrique Peña Nieto quedaron en entredicho. Se supo que Grupo Higa, una empresa constructora beneficiaria de contratos multimillonarios desde que era gobernador del estado de México, había vendido a su esposa una casa avaluada en 7 millones de dólares por un precio menor, con una tasa de interés por debajo de la del mercado y con facilidades de pago. Y más adelante se supo que Televisa le había dado a la esposa de Peña Nieto otra casa, colindante con la anterior, poco después de que se casaron.

Las respuestas del presidente y su esposa están lejos de ser satisfactorias, y ha quedado la sospecha de que Peña Nieto sería responsable de dos delitos: tráfico de influencias, por darle información privilegiada a Grupo Higa y a sus socios, y conflicto de intereses, por haber recibido, usando el nombre de su esposa, beneficios que parecen ser el pago por la asignación de contratos.

Los partidos en las Cámaras no han iniciado ninguna averiguación formal al respecto y no se espera que la Procuraduría General de la República ni la Secretaría de Función Pública (que ha estado acéfala en lo que va de este gobierno) hagan algo al respecto porque no son organismos autónomos sino dependencias del Ejecutivo.

Por otro lado, sobre la base de declaraciones de algunos detenidos, la Procuraduría concluyó que los 43 estudiantes habrían sido asesinados por el grupo criminal al que la Policía los entregó, que sus cuerpos habrían sido calcinados y sus restos arrojados a un río. Esta versión fue rechazada por los padres de los estudiantes porque no se presentó evidencia física de ello, y su demanda sigue siendo la misma: que los 43 vuelvan con vida. 

La indignación por haberse descubierto que la Policía estaba a las órdenes de los criminales (lo que en la región era vox populi) ha provocado una ola de protestas en todo el país encabezada por estudiantes de universidades públicas y privadas, a quienes se han sumado varios de sus rectores y profesores, así como numerosas organizaciones en México y el extranjero.

En varios estados del país, desde principios de octubre, todos los días ha habido protestas, y se han registrado cinco jornadas de “Acción global por Ayotzinapa” con manifestaciones pacíficas en prácticamente todos los estados de la República y en el Distrito Federal. Solo en pocas protestas se han presentado hechos aislados de violencia y destrucción de bienes.

Una parte de esta violencia tiene motivación política (algunos grupos piensan que “ya estuvo bueno” de tanta marcha y que hay que pasar a la acción directa). Sin embargo, la mayor parte de la violencia ha corrido a cargo de policías y miembros del Ejército vestidos de civil que en algunos casos infiltran las protestas para desacreditarlas y criminalizarlas y, en otros, para hacer detenciones ilegales e intimidatorias.

El excandidato presidencial y fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas.
El excandidato presidencial y fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas.
Foto: Eneas de Troya

La falta de oposición

Con tal de sacar adelante sus reformas económicas, los gobiernos recientes – y en especial el Peña Nieto- se dedicaron a anular a las organizaciones y partidos opositores. Y lo consiguieron.

Sin embargo, ahora que las movilizaciones sociales desbordan los cauces institucionales, empieza a notarse la falta de organizaciones sociales y políticas acreditadas, representativas y confiables para mantener la estabilidad y la gobernabilidad, los consensos y los compromisos, la interlocución y la negociación. 

En ausencia de esas organizaciones, en momentos de crisis política, no queda nada entre la ciudadanía agraviada y los gobernantes. Los sindicatos han sido anulados, las organizaciones de la sociedad civil pulverizadas, y los partidos políticos sufren una crisis que se hará patente en las elecciones intermedias del año próximo para renovar la Cámara de Diputados, varias gubernaturas y cientos de alcaldías. 

El Partido de la Revolución Democrática (PRD), el partido de izquierda más grande del país, ha salido afectado pues el alcalde de Iguala y el gobernador de Guerrero fueron postulados por ese partido. El control de daños no ha funcionado y el partido se ha seguido hundiendo en el desprestigio.

Su fundador y candidato a la presidencia en tres ocasiones (1988, 1994 y 2000), Cuauhtémoc Cárdenas, renunció al PRD en protesta por su desastrosa conducción, y Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD a la Presidencia en 2006 y 2012, lo había abandonado antes para fundar su propio partido.

Ahora que las movilizaciones sociales desbordan los cauces institucionales,  empieza a notarse la falta de organizaciones sociales y políticas acreditadas, representativas y confiables

Con esta división y desprestigio no solamente pierde el PRD sino el electorado de izquierda que lo veía como una vía de participación institucional diferente del PRI y del PAN, los dos partidos que han sumido al país en una vorágine de violencia, agravada por la corrupción y la impunidad que parecen corroer desde la Presidencia de la República hasta las alcaldías municipales. De esa corrupción y esa impunidad se ha nutrido el crimen organizado, que ha crecido y prosperado en los últimos años como nunca antes.

Las movilizaciones del último bimestre han venido sobre todo del movimiento estudiantil. Ya en el 2012 las movilizaciones del #YoSoy132 pusieron en jaque a Peña Nieto y a su equipo de campaña, quienes, por lo visto, no aprendieron nada de esas experiencias.

La historia de los movimientos estudiantiles en México y en otras latitudes muestra que los estudiantes se movilizan cuando la expresión de agravios y malestares no puede expresarse por las vías institucionales de representación social y política. En esas condiciones, los movimientos estudiantiles son “iniciadores” a los que mas adelante se suman otros sectores sociales.

Sin embargo, como el movimiento estudiantil mexicano carece de organizaciones estables y representativas, no pueden por sí solas sostener las protestas y encauzar los cambios más allá de cierto umbral.

Para que las demandas tengan un impacto sería necesario que entraran al relevo organizaciones más estables, amplias y permanentes con capacidad de articular demandas, consensuar propuestas, que lleven la interlocución con el gobierno, con el Congreso y los partidos políticos, con el Poder Judicial y con todos quienes sea preciso hablar y negociar. Esas organizaciones son las grandes ausentes en el presente mexicano pues fueron anuladas de manera autoritaria e imprudente.

Con todo, las protestas siguen sin pausa y con pequeños triunfos. Además de haber sacado de la indiferencia a cientos de miles de personas, han desplazado la agenda de las élites políticas y económicas y han puesto en su lugar una agenda ciudadana que exige atención, antes que a cualquier otra cosa, a la seguridad ciudadana, al combate de la corrupción y la impunidad. 

Además, las protestas han logrado la caída del gobernador de Guerrero, la detención del alcalde de Iguala, la disolución de la Policía local, la detención de numerosos criminales, la crisis de los partidos políticos, el cambio de presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la cancelación del desfile conmemorativo del inicio de la revolución mexicana, el desplome de la calificación que Peña Nieto obtiene en las encuestas, y más. Pero no es suficiente. Las protestas piden, esperan y merecen más.

Manifestaciones en Ciudad de México por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa
Manifestaciones en Ciudad de México por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa
Foto: Zeroincondott

¡Peña Nieto, la nación te lo demanda! 

En las protestas se ha pedido la renuncia del presidente, quien, de acuerdo con el artículo 87 de la Constitución, tomó posesión el 1 de diciembre de 2012 ante el Congreso de la Unión con la siguiente fórmula: "Prometo guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande".

Las protestas en las calles muestran de manera incontrovertible que la ciudadanía considera que Peña Nieto falta a su palabra, pues no está guardando ni haciendo guardar la Constitución ni las leyes del país. Por consiguiente en las calles y en las redes se difunde la consigna: “¡Peña Nieto, la Nación te lo demanda!”.

Las protestas que desbordan las calles de las principales ciudades son legales y pacíficas, y solo piden que se imponga el Estado de Derecho. Como en otros momentos de la historia reciente de México, los ciudadanos buscan por vías no institucionales la vigencia efectiva de las reglas de la política institucional.

Antes, esas demandas estaban dirigidas a un Estado autoritario, altamente intolerante de las disidencias. Ahora lo hacen a un gobierno democráticamente electo y tolerante con la disidencia, pero que tuvo el desatino de anular toda oposición organizada. 

Si bien el PRI recuperó el Poder Ejecutivo, no recuperó el poder. Este se encuentra fragmentado y disperso entre una gran cantidad de actores y se está reconfigurando en las calles. A ver si ahora sí aprenden.

 

*Sociólogo, coordinador del Laboratorio de Análisis de Organizaciones y Movimientos Sociales de la UNAM. 

twitter1-1@cadenaroa

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