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Mesas regionales: un espacio para construir paz con democracia

Escrito por Ángela Robledo
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Angela_Maria_Robledo_RazonPublicaLas “mesas de trabajo regional para contribuir a poner fin al conflicto” materializan el ideal de asumir la política como pedagogía. Un gran esfuerzo en nueve regiones del país, cuyas relatorías serán llevadas a la Mesa de Conversaciones de La Habana. Todos tenemos cosas que decir.

Ángela María Robledo*

Una minga por la paz

Las “mesas de trabajo regional para contribuir al fin del conflicto” promovidas por el Congreso constituyen una experiencia de pedagogía para la paz en medio de una polifonía de voces de todas las regiones y de diversos sectores sociales, a la manera de una enorme minga.

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Los asistentes han ido descubriendo que pueden  construir un espacio abierto; en las mesas se ha aprendido a escuchar, a proponer, a ratificar que Colombia está llena de utopías
Foto: suministrada por la autora

 

Ha sido un encuentro con el otro. Los asistentes han ido descubriendo que pueden construir un espacio abierto; en las mesas se ha aprendido a escuchar, a proponer, a ratificar que Colombia está llena de utopías que pueden convertirse en actos y de experiencias admirables que nos sirven como ejemplo.

En su libro Acuerdo posible: solución negociada al conflicto armado colombiano, Marc Chernick insiste en que la voz ciudadana debe jugar un papel fundamental. El autor diferencia entre una paz negativa — esa paz que se limita al cese del conflicto militar — y una positiva — aquella que enfrenta los conflictos sociales, económicos, culturales y políticos y que reconoce la voz de la ciudadanía —. El autor afirma que esta última “requiere que se escuchen gran variedad de voces en la mesa de negociación. Muchos sectores de la población civil no se sienten representados ni por el gobierno ni por las guerrillas, sobre todo los grupos indígenas y afro-descendientes” [1].

Las “mesas de trabajo regional para contribuir a poner fin al conflicto” materializan la idea de Antanas Mockus de asumir la acción política como una actividad pedagógica, donde se promueve lo mejor de cada uno y donde todos trabajan en torno a una mesa para “hacer mejor la vida de todos”: en este caso, para aportar elementos a la construcción de una paz que tanta ilusión ha hecho renacer en los colombianos.

Como afirma el pedagogo Carlos Augusto Hernández, “decir hagamos Minga puede ser lo mismo que decir que estamos dispuestos a hacer de la política lo que idealmente debe ser: un verdadero encuentro, un espacio de aprendizaje y transformación permanente”.

Un ejemplo palpable: el joven en la mesa regional de Villavicencio que se dirigió a campesinos mayores para decirles: “Mientras ustedes no nos reconozcan y mientras el Estado no nos brinde oportunidades, nosotros nos iremos a las ciudades y las tierras quedarán en manos de los grandes terratenientes que abusan de nuestros derechos.” Un viejo se levantó en medio del silencio deliberadamente tensionante y le respondió: “Tiene razón, debemos educar a nuestros hijos en el campo y para el campo”. Los viejos campesinos tenían la certeza de que los jóvenes no les podían enseñar nada y los jóvenes tenían la certeza de no ser escuchados por los viejos. Sin embargo, ambos suspendieron esas certezas y se escucharon. Allí la minga cobró sentido y creó un vínculo entre dos generaciones que se transformó en acción política: la decisión unánime de exigir una política de desarrollo rural focalizada en los jóvenes.

Una precisión importante: esta minga por la paz no ha negado los conflictos, tensiones, dolores y resentimientos. Han emergido todas estas realidades propias de nuestras regiones permeadas por la sangre, pero también por la esperanza y por la lucha diaria de las comunidades por una democracia incluyente. No se trata de que el acuerdo niegue el conflicto: se trata de asumir el conflicto, para que no derive en violencia.

Dinámicas para la pluralidad Las nueve “mesas de trabajo regionales para contribuir al fin del conflicto” — desarrolladas de manera conjunta por las comisiones de Paz de Senado y Cámara, con el apoyo técnico del Sistema de Naciones Unidas en Colombia y, en especial, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) — tienen como objetivo promover la participación de diferentes sectores sociales con el fin de presentar propuestas sobre tres de los cinco temas del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”:

  • Desarrollo agrario integral.
  • Participación política.
  • Sustitución de cultivos ilícitos.

En febrero y marzo de 2013, se abordará el quinto punto del acuerdo: los derechos de las víctimas.

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Una precisión importante: esta minga
por la paz no ha negado los conflictos, tensiones, dolores y resentimientos.

Foto: suministrada por la autora

 

Las mesas se dividieron en nueve regiones y el trabajo se adelantó durante dos días en cada región. En el primer día, se formaron tres mesas temáticas con un cupo máximo de 25 personas, pero si por ejemplo asistían 50 personas para un mismo asunto, se organizaban dos mesas. Cada mesa tuvo un relator y un moderador del PNUD que ordenaba la discusión y daba la palabra. Al final de la primera jornada se eligieron dos o tres voceros para que intervinieran en la plenaria del día siguiente. Estos voceros construyeron un texto de máximo tres páginas que recogía las intervenciones de los diferentes participantes de la mesa, con el apoyo de los moderadores y relatores del PNUD.

Durante el segundo día se dieron reuniones plenarias y se leyeron las relatorías. Se contó con la asistencia de congresistas de las Comisiones de Paz y de la región que se visitaba en cada ocasión. Al final de esta segunda jornada participaron organizaciones sociales de la región que tenían propuestas sobre los temas respectivos, mientras un parlamentario concluía haciendo un comentario sobre la jornada.

Las propuestas serán sistematizadas por expertos del PNUD y serán entregadas a los representantes de los países garantes (Cuba y Noruega) para que sean tenidas en cuenta como insumos por parte del Gobierno y de las FARC, el próximo 6 de diciembre.

De hecho, la organización guerrillera manifestó el pasado 29 de noviembre su complacencia con las mesas regionales e invitó a los participantes a asistir al Foro sobre Desarrollo Agrario que tendrá lugar en Bogotá entre el 17 y el 19 de diciembre como primer mecanismo formal de participación ciudadana en los diálogos.

Esta sistematización no interpretará las propuestas, no reunirá voces hegemónicas, ni tratará de sintetizar opiniones en grandes acuerdos. Las relatorías se limitarán a describir, sin emitir juicios, las voces de las mesas y a sistematizar en grandes bloques temáticos lo dicho y propuesto en las regiones de Colombia. La función de los congresistas, por esta vez, fue solamente escuchar: los actores principales fueron las y los participantes.

En resúmen: se realizaron nueve mesas regionales, con una participación de 2.953 personas y 1.283 organizaciones de diferentes sectores sociales de todos los departamentos de Colombia y el Distrito Capital en 83 mesas de trabajo. El siguiente cuadro presenta la información por región [2]:

Angela_Robledo_mingas_listas 

Como lo expresé en mi columna de La Patria del pasado 14 de noviembre, “entre las reivindicaciones más frecuentes están las de las víctimas del conflicto político, quienes han transformado su dolor en dignidad, exigen celeridad en los procesos de reparación integral, en especial aquellos relacionados con la restitución de sus tierras, sacar a la población civil del conflicto y un cese al fuego pronto y efectivo. Piden que sus voceros sean escuchados en la mesa de negociación Gobierno–Farc”.

Propuestas sobre desarrollo agrario

A continuación reseño algunas de las propuestas formuladas en las mesas de trabajo sobre desarrollo rural integral, “la puerta” a una paz estable y duradera en Colombia:

  1. La idea más recurrente fue la de una reforma agraria integral que acentúe la participación de los campesinos y otros actores afectados.
  2. Acelerar los procesos de restitución de tierras y titulación de baldíos
  3. Las propuestas hacen énfasis sobre la concentración de la tierra, la necesaria equidad en su tenencia y la importancia no sólo de la seguridad alimentaria, sino de la soberanía y la autonomía alimentarias.
  4. Economía campesina, indígena, y afro, en busca de mayor equidad y respeto por los territorios ancestrales y su desarrollo.
  5. Proyectos agrarios productivos que permitan a las campesinas y campesinos salir de la pobreza y tener una participación satisfactoria y justa en el mercado.
  6. Enfoque diferencial y de género, para brindar a las mujeres el lugar que les corresponde en las dinámicas de desarrollo.
  7. Formación en información para el agro y acompañamiento técnico para hacer más productivas sus parcelas.
  8. Educación rural de calidad, y pertinente que se convierta en un factor que impida la migración de los jóvenes a las grandes ciudades.
  9. Regular y reglamentar la explotación petrolera y minera.
  10. Otros temas enfocados a acciones puntuales que deberían tomar los grupos al margen de la ley para propiciar la calidad de vida de los habitantes de los sectores rurales.

Democracia en línea: construyendo paz

No creo revelar un gran secreto al decir que el gobierno nacional pretende dirigir al país sin permitir la participación de la ciudadanía, que le resulta incómoda para algunos de sus propósitos. El presidente Santos y su gabinete alardean de aplicar mecanismos de “socialización”, pero al final no van más allá de simples formalidades, gestos y protocolos.

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La función de los congresistas, por esta vez, fue solamente escuchar: los actores principales fueron las y  los participantes.
Foto: suministrada por la autora

 

La nefasta reforma de la educación superior, la reforma de la justicia o el fallo de La Haya han sido manejados sistemáticamente con la misma receta. Procesos delicados de alto impacto nacional que debieron ser construidos colectivamente: con la ciudadanía, con los estudiantes, con los operadores jurídicos de a pie, o con las comunidades raizales.

Las mesas de trabajo pretenden aportar — entre otras iniciativas — una experiencia práctica para fortalecer la participación de la ciudadanía en este proceso de paz, pues ésta se construye entre todos. La paz no se decreta.

La perspectiva de las mujeres, por ejemplo, es fundamental para desarmar la palabra, desarmar los espíritus y desarmar materialmente a los grupos armados (Ver video).

La pedagogía de la paz y la participación ciudadana cobran mayor sentido ahora, cuando resulta crucial la participación activa de las comunidades, y en especial de las víctimas. Con ese propósito, hace poco más de un mes presentamos el sitio web www.PazyPedagogia.com, una oportunidad para el debate abierto, público, incluyente, democrático, horizontal e interactivo sobre la paz, que abre paso a la esperanza en una verdadera justicia social en Colombia. Así, a través de las redes sociales, he insistido en que este sitio es un llamado a la minga online, al intercambio de argumentos, a desarmar la palabra, a estar juntos, aunque seamos distintos.

Porque el escepticismo y la desconfianza de la ciudadanía también puede combatirse con espacios de participación por Internet, para evitar los errores del pasado, cuando fueron ignoradas por los gobernantes de turno las voces de los excluidos, de los campesinos, de las mujeres, de los afrodescendientes, de los niños y de los indígenas.

No es hora de “socialización” ni de simple difusión de la propaganda oficial. Los medios de comunicación alternativos nos brindan una oportunidad histórica para contribuir a liquidar el negocio de la guerra, por fin. Es tiempo también de la democracia en línea. Es tiempo de que la paz la asumamos todos y de escuchar atentamente esta polifonía de voces.

* Representante a la Cámara por Bogotá y co-presidenta de la Comisión de paz de la Cámara de Representantes.

twitter1-1@angelamrobledo

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