
Mérito diverso y poder homogéneo
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Mucho se habla de mérito, pero algo no termina de convencer. ¿Qué pasa al respecto? Lo primero, el mérito es una construcción de sociedades modernas: antes los cargos importantes solo se daban por alcurnia o por origen. Hoy, la idea es que se llega a un lugar por sus capacidades, esfuerzo y trayectoria, y no por su origen, relaciones o cercanía con el poder. Por eso, resulta alentador que los gobiernos reiteren su compromiso con el mérito en el nombramiento de cargos públicos.
Pero ese mérito que muchos aplauden, no ocurre en el vacío. Obtener títulos, aprender idiomas, construir redes, acceder a ciertos trabajos y acumular experiencias es también resultado de oportunidades distribuidas de manera desigual. Reconocerlo no significa negar el esfuerzo de quien las ha alcanzado, sino entender que el mérito no es resultado exclusivo del esfuerzo individual o de “tener ganas”.
Esos logros también son resultado de políticas públicas explícitas: educación superior de calidad, becas y otros mecanismos que han ampliado las oportunidades. De ahí que ya no sea solamente un asunto de “apellidos”. Hoy existe un grupo amplio de hombres y mujeres, de distintas procedencias, identidades, trayectorias académicas y experiencias profesionales, que reúnen las credenciales necesarias para ocupar los más altos cargos del Estado.
Por eso, resulta incómodo que se hable de mérito, pero en la práctica, el resultado de la selección sea un grupo cerrado, pequeño y demasiado parecido entre sí.
Esto es particularmente visible en los espacios de toma de decisión económica en Colombia, donde el resultado de la selección parece haber descartado a las mujeres, por no hablar de procedencias e identidades diversas. ¿Qué pasó con el mérito? Los cuatro principales cargos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público están ocupados por hombres, así como la dirección de la DIAN, el Ministerio de Comercio, el CARF y la representación de Colombia ante organismos multilaterales en asuntos económicos.
Decir esto no implica desconocer el mérito de quienes ocupan esos cargos. Seguro sus hojas de vida son valiosas, así como su experiencia acumulada.
¿Qué significa que no haya mujeres en estos cargos? Una respuesta rápida que he escuchado muchas veces: no tienen la capacidad. Sin embargo, la lista de mujeres con méritos es larga, incluso con hoja de vida superior a la de algunos de quienes hoy ocupan esos cargos. Otra respuesta puede ser que no hay mujeres con mérito que se alineen con el gobierno de turno, lo cual no creo que sea tan cierto.
Hay una tercera respuesta, mucho más incómoda: que la decisión sobre quién puede llegar anteceda a la evaluación del mérito. Es decir, que antes de mirar las capacidades ya exista una idea sobre qué tipo de persona puede tomar determinadas decisiones.
Entonces, ese discurso de “haz mérito” resulta engañoso. Muchas y muchos intentan desarrollar capacidades para ser reconocidos, pero, al final, la decisión ya tenía un sesgo: esa lista se acorta frente a lo que se quiere encontrar. El mensaje es fatal. Desvirtúa los esfuerzos no solo individuales, sino también de política pública para lograr capacidades. ¿Para qué, si siguen operando formas de elección que poco responden a ellas?
Esto no significa que quiera hacer una defensa irrestricta del mérito. Como ya señalé, las oportunidades para construirlo siguen distribuidas de manera desigual. Tampoco una hoja de vida deslumbrante en títulos académicos es sinónimo de saber enfrentar ese elefante sentado que es el Estado. Se necesita algo más, que no siempre cabe en un diploma: criterio y templanza.
Criterio para entender las restricciones, tomar decisiones y reconocer cuándo algo no es viable. Templanza para sostener una posición cuando alrededor resulta más cómodo escuchar otra cosa. Un gobierno tiene derecho a conformar un equipo que comparta su proyecto político, pero un servidor público no responde únicamente ante quien lo nombró: detrás de cada cargo están también la Constitución, la ley y las responsabilidades propias de la función pública.
En resumen, queda la sensación de que bajo la bandera del mérito se está homogeneizando a quienes son elegidos. Se parecen entre ellos. Esto no parece un asunto de capacidades sino de una idea previa sobre quién es legítimo para ejercer el poder. Al menos en economía, volvimos a una imagen que pensábamos superada: hombres, parecidos entre ellos con muy poca diversidad y reflejando una visión absurdamente estrecha del mérito.
Importa reconocer que el mérito puede ser diverso. Importa que haya mujeres, sí, así como personas diversas y que esas características no se conviertan en juicios previos que restrinjan la posibilidad de que las y los mejores en capacidades, criterio y templanza sean quienes dirijan el país. Al menos en el mundo que conozco que es el de la toma de decisiones económicas.
Porque entonces no hay “nadies” ni “nuncas”. Hay, otra vez, “siempres” que se parecen entre sí.
Acerca del autor

Marta Juanita Villaveces Nino
Economista, MSc en Política Comparada y PhD en Estudios Políticos. Profesora Asociada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia. Ex Decana de la FCE, Ex viceministra técnica de Hacienda.
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