
“America first” – América primero- es mucho más que una consigna electoral: es una concepción geoestratégica distinta de las que han orientado la política exterior de Estados Unidos desde su fundación.
Hernando Gómez Buendía*
La doctrina Trump se basa y se reduce a la creencia de que el resto del mundo se aprovecha de Estados Unidos. En lugar del imperio o del garante de un orden mundial favorable a sus propios intereses – como piensan la izquierda y la ortodoxia-, Estados Unidos resulta ser la víctima de sus socios y el “paganini” de un mundo globalizado.
Esta idea es distinta del aislacionismo y del intervencionismo que hasta ahora orientaron la política exterior americana, porque implica aislarse en ciertos casos (como el del cambio climático) e intervenir con dureza en otros casos (como Corea o Irán). Lo impredecible y errático de Trump se debe en mucho a esta ruptura de los dos moldes viejos.
El Estados Unidos de Trump no es el paraíso aislado ni el policía del mundo: es el país que se cansó de perder. Esta es una idea estúpida o por lo menos simplona, pero es la clave de la elección y del gobierno de Trump:
-El extranjero (y los extranjeros) son los culpables del naufragio económico y cultural de los obreros blancos y los campesinos evangélicos que le dieron el triunfo electoral a Trump;
-Y Trump gobierna para ese tercio de los americanos, sin importar la desesperación de la mayoría con su vulgaridad, sus mentiras y su continuo deshacer de los principios, conquistas y derechos que son la auténtica “grandeza de América”.
Pero la idea de culpar al extranjero tiene dos problemitas:
-Que detrás de su discurso Trump de hecho gobierna para los muy ricos es decir, para los grandes ganadores de la globalización y los culpables verdaderos del naufragio de su base electoral;
-Y que los extranjeros que más “se aprovechan” de Estados Unidos son, por lo mismo, los más poderosos y los más complicados de frenar (China, Rusia, Europa, Japón e incluso India o Canadá).
Quedan entonces los socios marginales de la economía global y los países o intereses que menos pueden defenderse:
-Intereses como el del medio ambiente o el del DIH, que Trump quebranta con su retiro del Acuerdo de París o sus anuncios sobre prisioneros de guerra y la cárcel de Guantánamo en el discurso de esta misma semana.
-Son los “países de mierda” del África, los “losers” (amargados) del Medio Oriente, los que nos mandan “sus criminales, sus violadores y sus drogas” a través de la frontera.
La hora negra de América Latina ya hizo realidad en Puerto Rico, la colonia abandonada en su tragedia, en la Cuba arrasada y re-embargada, en el Haití del “sida” y de “la mierda”, en los 2.500 nicaragüenses, 57 mil hondureños y 250 mil salvadoreños que están siendo devueltos al hambre y la violencia, en Venezuela bloqueada por motivos políticos, en México agredido por el muro y chantajeado en el comercio, en la persecución de los indocumentados, el desdén cultural por los latino-estadinenses y la eventual expulsión de los “dreamers”.
Sin mencionar la reducción de la ayuda y la descertificación en ciernes por cuenta de la droga de Colombia.
Y sin embargo no tenemos canciller ni los gobiernos de América Latina han dado un solo paso para unirse ante un proyecto que conjuga y refina la peor del destino manifiesto, la doctrina Monroe, el Gran Hermano, la diplomacia del dólar, la defensa hemisférica, el descuido benigno, los tratados de comercio y las intervenciones selectivas.
*Director de la revista digital Razón Pública.
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Escrito por:
Equipo Razón Pública
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