Menos frivolidad frente al cambio climático | Razón Pública 2025
Foto: Henry Hueso-UNISANPABLO

Menos frivolidad frente al cambio climático

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En realidad, nadie duda del cambio climático. El asunto está en sus causas antrópicas –que algunos niegan–, pero especialmente en cómo actuar de manera realista frente al mismo.

La crisis climática ha disparado la cantidad de analistas que escriben sobre temas relacionados con la sostenibilidad en América Latina y en Colombia. En un primer momento esto es a todas luces bueno. Sin embargo, el rigor de esos escritos es deficiente, especialmente cuando se contrastan con los resultados científicos de laboratorios relacionados con aspectos concretos del clima y las iniciativas que propenden por políticas carbono neutrales. 

Los bloques conceptuales (y políticos) sobre el cambio climático

Hay tres bloques muy claros.

Un primer grupo que sostiene que el cambio climático no existe y si existe, no sería fruto de la actividad del hombre. Se trata de procesos cíclicos del curso de nuestro planeta, que en algunos momentos se calienta y en otros se enfría. Un ejemplo dramático son las glaciaciones. En dicho grupo se encuentran políticos, empresarios e incluso académicos. Algunos nombres son Donald Trump, Jair Bolsonaro, Gabriel Milei, Santiago Abascal, Nicolas Sarcozy, los hermanos empresarios David y Charles Kock (aunque David murió en 2019). A este grupo de personas e instituciones se les conoce como negacionistas del cambio climático.

Un segundo bloque de activistas y pensadores se conoce como ambientalistas radicales. Sostienen que el calentamiento obedece a la sobreexplotación de recursos finitos a escala planetaria, en especial la exploración y el uso de petróleo, carbón y gas. En dicho proceso los agentes económicos han emitido toneladas de dióxido de carbono y metano a la atmósfera y de ahí deriva el calentamiento global. De tal suerte que el uso de petróleo, carbón y gas es el causante del calentamiento global y por tanto de la crisis climática.

El tercer grupo, en el que me incluyo, cree en la urgencia de profundizar la utilización de modelos productivos limpios y amigables con la naturaleza, pero sin desconocer que el petróleo, el carbón y el gas son componentes intrínsecos de los posibles nuevos modelos tanto por la carencia de mejores sustitutos, especialmente cuando se revisan sin pasiones las economías de escala, tanto estática como dinámica. A este grupo de pensadores los denomino ambientalistas prodesarrollo. De la literatura revisada se pueden ubicar en este grupo a Vaclav Smil (Universidad de Manitoba), David Mackay (Universidad de Cambridge), Antonio Ruiz de Elvira (Universidad de Alcalá de Henares-España), Mercedes Pardo Buendía (Universidad Carlos III- España), Natalia Tamirisa (Banco Mundial), Bill Gates, entre otros.

Siete precisiones sobre cómo proceder 

Presento siete problemas que algunos políticos locales (ambientalismo radical) no han podido entender a profundidad y les resta capacidad negociadora a la hora de presentar sus posiciones a nivel global, y eventualmente les puede hacer ver como ingenuos y contradictorios.

Primero. La información disponible permite afirmar que los daños que ha experimentado el planeta son innegables. Discutir qué grupo tiene o no la razón es inocuo dado el estado de cosas. Hay evidencia de que desde la etapa preindustrial se ha emitido tanto CO2 a la atmosfera, que si en estos momentos se frena dicho proceso, ya el daño está hecho. Hay investigadores que calculan que si comenzamos un agresivo programa global de captura de carbono –cosa que no va a ocurrir–, en todo caso tardaríamos entre diez y quince años en limpiar la atmósfera.

Segundo. Ya hay laboratorios que han podido producir gasolina que no emite CO2. En rigor, lo serio de un país es utilizar los fósiles y reconvertirlos en amigables ambientalmente. Y, por supuesto, introducir los incentivos para que sean paulatinamente más y más rentables desde la perspectiva económica. Esto es investigación aplicada con nuevas tecnologías.

Tercero. Existen en el planeta cerca de ochocientos millones de personas que no utilizan energía eléctrica en sus actividades diarias, potenciales usuarios de energía siguiendo la tendencia. De tal suerte que la demanda de combustibles fósiles no se frenará por voluntad de un altruista líder de ningún país. Son realidades concretas que se convierten en imperativos categóricos para algunos territorios. Por ello el profesor Ruiz de Alvira registra con claridad: “Esto va a continuar. No hay la menor capacidad práctica para frenar las emisiones de CO2 ni de metano a la atmósfera, y en los próximos treinta años la población mundial va a crecer en unos 2 000 millones de personas que necesitarán alimento y, por tanto, fertilizantes; vivienda y, por tanto, cemento, y transporte masivo. Todo esto exige energía rápida y las tecnologías solares no pueden proporcionarla al ritmo que se precisa”.

Cuarto. Un país que navega en la trampa del ingreso medio no puede darse el lujo de dejar en el subsuelo los recursos que le posibiliten dar el salto a una matriz energética limpia y autosostenible. Las ciudades requieren con planificación dar respuesta a la crisis climática y esos procesos requieren ingentes sumas de recursos. Desconocer esta realidad es de una ingenuidad proterva y pueril. 

Quinto. Muchos modelos de transición energética incluyen los carros eléctricos. Incrementar la fabricación de los carros eléctricos es profundizar el extractivismo. Se requerirán entre quince y veinte veces más minerales que los promedios actuales. Las personas que critican el extractivismo en Colombia deberían documentarse mejor. Los datos fríos indican que en el caso de minerales como el grafito, el cobalto y el litio, el incremento será superior al 300 %, según el Banco Mundial. 

Foto: 1.2. CO2 Desde la etapa preindustrial se ha emitido tanto CO2 a la atmosfera, que si en estos momentos se frena dicho proceso, ya el daño está hecho.

Tomar algún curso online así sea introductorio sobre energía y civilización no les vendría mal. Formular políticas públicas sin conocer medianamente las contradicciones centrales de la acumulación capitalista es un tanto irresponsable. Por ello expertos de la talla del secretario general de la Opec-Haitham Al Ghais insiste en modo de pregunta en que lo único en común de la pasta dental, el jabón, las cámaras digitales, las computadoras, la gasolina, la calefacción, el combustible de los aviones, los neumáticos de nuestros vehículos, los lentes de contacto y las prótesis médicas es que todos esos productos son hechos de petróleo. Una dosis de realismo ayudará a los países que intentan lograr acuerdos globales.

Sexto. La crisis climática no se va a resolver únicamente con una adecuada transición energética. Esto es el 20 % del problema. El 80 % está relacionado con la transición química y la transición tecnológica (que no controlamos) y las protecciones que el modelo ofrezca a los eventos climáticos extremos. Por espacio solo registro un ejemplo. Pueden presentarse lluvias torrenciales con piedras-granizos del tamaño de tres bolas de pin-pong que revienten los páneles solares de una comunidad energética en treinta minutos. ¿Qué sucederá en esa ciudad si no hay un respaldo?

Séptimo. El cambio climático no va a ser detenido en un plazo de treinta a cuarenta años. De ahí que las ciudades deben reforzar detallados y amplios programas de mitigación y adaptación dirigidos por expertos curados de frivolidades. El mayor consenso se inclina por la adaptación, pero ya hay laboratorios que tienen avanzados procesos de captura de carbono en planta.  Esos planes deben morigerar los impactos de la crisis climática en donde el petróleo, el carbón y el gas deben ser parte importante de la solución. Finalmente, el conocimiento de los procesos industriales de alta complejidad, que es donde se debe realizar la transición química, es el gran problema del planeta, y los países pequeños (con débiles desarrollos investigativos industriales) no tienen control. De este tema no se habla en Colombia, pero es la piedra angular de lo que se conoce como agricultura regenerativa (muy asociada al asunto del metano). No hay que olvidar que el metano calienta la atmósfera treinta veces más que el dióxido de carbono, según los expertos.

Los académicos nos referimos con mucha frecuencia al Asno de Buridán. Cuidado nos pasa como dicho animal. El Asno murió de inanición mientras escogía qué comer y qué tomar de una realista oferta de opciones. Coincido con Cristina Monge cuando argumenta que: “El reto del cambio climático es tal, que necesitamos el mejor conocimiento disponible. Bienvenidas sean las críticas si obligan a revisar cada conclusión, pero quienes las hagan deben huir de cualquier frivolidad”.

Le recomendamos: El impacto del cambio climático sobre el crecimiento económico

Acerca del autor

Moises Cetre
mcetre@razonpublica.org.co | + posts

*Doctor en economía UNAM-México-Análisis industrial. Profesor Asociado UNAL-Sede Bogotá. Par evaluador internacional. Exconsultor del PNUD, Nicaragua y Cepal, México.

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Moises Cetre

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Moises Cetre

*Doctor en economía UNAM-México-Análisis industrial. Profesor Asociado UNAL-Sede Bogotá. Par evaluador internacional. Exconsultor del PNUD, Nicaragua y Cepal, México.

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