Medio ambiente: deudas y dudas que siguen en el 2015 - Razón Pública
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Medio ambiente: deudas y dudas que siguen en el 2015

Escrito por Ernesto Guhl

Deforestación en el Amazonas

Ernesto Guhl NannettiLos indicadores ambientales no dejan lugar a dudas: el crecimiento económico basado en la extracción insostenible de recursos naturales está acabando con el medio ambiente del país, y el nuevo Plan de Desarrollo no hace mucho por remediarlo. Esbozo de un panorama preocupante.

Ernesto Guhl Nannetti*

De Santos I a Santos II

Cada vez que comienza un nuevo gobierno renace la esperanza de que Colombia cuente por fin con una política ambiental de largo plazo que la dote de territorios sostenibles sobre la base de una relación respetuosa entre la sociedad y la naturaleza.

No hemos tenido hasta ahora una política ambiental que responda a las características y potencialidades del territorio nacional, más bien ha estado sujeta a la agenda económica global, y las instituciones han demostrado ser débiles a la hora de hacer cumplir la legislación que pretende cuidar del medio  ambiente.

La falta de claridad y de estabilidad en esa política, sumada al predominio del interés  de corto plazo por extraer sin cautela los recursos del subsuelo para satisfacer la demanda internacional, han hecho que los indicadores de desempeño ambiental de Colombia se hayan deteriorado de manera ostensible. Fuentes como el Índice de Desempeño Ambiental, preparado por las universidades de Columbia y Yale, muestran el retroceso dramático: del noveno lugar en el escalafón mundial en 2008 pasamos al puesto 85 en 2014.

Del noveno lugar en el escalafón mundial en 2008 pasamos al puesto 85 en 2014.

De igual manera, un estudio del año pasado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) concluyó que el crecimiento de la economía colombiana durante los últimos años se logró a expensas del capital natural. Es decir: en vez de buscar formas de desarrollo sostenibles, se ha mantenido la tendencia al empobrecimiento ambiental de nuestro territorio.

Al analizar las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, llama la atención el cambio radical  con relación al primer gobierno de Juan Manuel Santos: de un plan “duro”, impulsado por las “locomotoras” (especialmente por la minería y los hidrocarburos), se pasa a un  enfoque más “blando” y más humano, para construir un “nuevo país”, basado en la paz, la equidad y la educación.

Podría ser que lo ocurrido entre 2010 y 2014 haya hecho que el gobierno entendiese mejor la complejidad de los problemas nacionales y descartara el enfoque simplista o unidimensional según el cual el objetivo de las políticas se limita a acelerar el crecimiento de la economía, sin importar el para qué ni el cómo.

Parque Eólico Jepirachi en el departamento de La Guajira.
Parque Eólico Jepirachi en el departamento de La Guajira.
Foto: Patton

Dos cambios en el contexto mundial

Mientras en Colombia parece darse este viraje, en el mundo se acentúan dos caminos  principales ante el reto ambiental: adoptar la propuesta del “crecimiento verde” y  afrontar las consecuencias del cambio climático.

-Lo primero se aprecia en la tendencia reciente a transferir responsabilidades sobre las acciones relativas a la calidad ambiental al sector privado, reemplazando al Estado como primer encargado de conservar y aprovechar el medio ambiente como bien público.

Para Colombia el gran reto es hacer compatible el “crecimiento verde” con la conservación del medio ambiente, especialmente cuando el sistema productivo sigue basado en un modelo minero-energético centrado en la explotación de carbón e hidrocarburos.

– La evidencia del cambio climático como un problema planetario con muy pocas posibilidades de ser mitigado  requiere de costosas acciones de adaptación. Para comprobar el costo de los efectos de ese fenómeno en Colombia  basta con señalar que en 2010 y 2011 los fenómenos climáticos extremos causaron pérdidas equivalentes al 2 por ciento del PIB y afectaron al 7 por ciento de la población nacional.

La frecuencia e intensidad de estos fenómenos extremos va en ascenso y se vislumbra en el futuro cercano la reducción del área de los páramos y de la disponibilidad de agua, así como el aumento de las epidemias debido a la elevación de la temperatura.

Y como el nuevo Plan de Desarrollo dice poco sobre la adopción de formas de energía que pudieran reducir nuestra huella de carbono, todo parece indicar que en Colombia y el mundo seguiremos avanzando hacia una crisis climática de efectos imprevisibles.

Acciones prioritarias

Recientemente, el Consejo Nacional de Planeación (CNP) con la colaboración de un grupo de ambientalistas, realizó un análisis del Plan de Desarrollo 2014-2018 y precisó los “mínimos ambientales” y más de 70 “acciones prioritarias” para retomar el camino de la sostenibilidad.

Estas acciones se refieren sobre todo a la reestructuración y fortalecimiento del Sistema Nacional Ambiental (SINA), la efectividad del ordenamiento territorial, el control de las licencias ambientales, la conservación de servicios ecosistémicos, el avance de estándares para cumplir con las exigencias de la OCDE, la revitalización de los instrumentos económicos para la gestión ambiental, la participación social de las entidades territoriales y la construcción de territorios de paz.

Las recomendaciones implican un conjunto de reformas que serán de difícil realización,  dadas las circunstancias económicas y políticas que se avizoran. Sin embargo, para la supervivencia y el progreso de la nación es necesario retomar el camino de la sostenibilidad territorial, y para esto urge actuar como mínimo en cuatro frentes  principales, así:

1. Una cultura de la sostenibilidadIniciar una transformación cultural que de paso a una nueva relación entre la sociedad y la naturaleza a través de una intensa labor educativa. Este esfuerzo debe incluir a los administradores de los bienes del Estado, que en general poco conocen sobre la importancia de los temas ambientales. También es necesario adelantar campañas permanentes de sensibilización y educación entre la ciudadanía y el sector privado sobre el manejo eficiente y la conservación de los recursos naturales.

2. Usos del suelo y ordenamiento territorialSegún la Ley 99 de 1993, el Ministerio debe preparar dos instrumentos imprescindibles para la gestión ambiental: el Estatuto de Uso del Suelo y la Política Nacional de Asentamientos Humanos y Expansión Urbana. Sin embargo, esta tarea no ha sido adelantada hasta el momento.

En 2010 y 2011 los fenómenos climáticos extremos causaron pérdidas equivalentes al 2 por ciento del PIB y afectaron al 7 por ciento de la población nacional. 

3. Gobernanza e institucionalidad. Después de cuatro años puede afirmarse que la reestructuración del hoy Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) ha sido una oportunidad poco aprovechada. La inestabilidad ha sido la norma: los intereses y perfiles de los ministros están muy lejos de los temas ambientales y su promedio de permanencia en el puesto ha sido de no más de un año.

Por eso, antes que cambios radicales en el SINA, se necesita mejorar el funcionamiento de lo que existe, así como realizar otro mandato incumplido de la Ley 99 de 1993: que el Ministerio reglamente su funcionamiento. Más que crear nuevas instituciones, se trata de implantar formas de gestión basadas en la visión sistémica y la cooperación interinstitucional.

Hoy en día contamos con una Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT) que permite tratar los asuntos ambientales y aplicar los recursos desde una perspectiva regional,   superando el municipalismo en temas como el agua y la conservación. Si bien debe haber lineamientos nacionales, los componentes locales son indispensables en la gestión ambiental, dadas las enormes diferencias regionales que existen en Colombia.

Capacitación en desarrollo sostenible para la población residente en el Páramo de Santurbán.
Capacitación en desarrollo sostenible para la población residente en el Páramo de Santurbán.
Foto: Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible

4. Instrumentos y recursos económicos. En los países de la OCDE el gasto público ambiental está entre el 1 y el 2 por ciento del PIB. Sin embargo, el documento Bases del PND 2014-2018 muestra que el porcentaje del presupuesto nacional para la gestión ambiental es apenas del 0,31 (bajó del 0,6 en el año 2000 al 0,3 de la actualidad). Esta insuficiente asignación impidió realizar mucho de lo previsto en el plan anterior.

Para corregir esta situación el gobierno debe reconocer la importancia de la sostenibilidad en el diseño del “nuevo país” que está proponiendo. Se argumenta que la inversión total en medio ambiente será mayor al sumar los recursos que asigne el sector privado, pero queda la duda sobre si estos serán suficientes y se dedicarán a las áreas prioritarias para el interés público.

Los instrumentos económicos existentes para orientar el comportamiento de la comunidad y de los consumidores de bienes y servicios ambientales se han desvirtuado durante la última década. Por eso, recuperar los valores de las tasas de uso de agua, las retributivas y las compensatorias, es una medida esencial para su manejo sostenible, como también lo es fomentar el pago por servicios ambientales.

Igualmente es fundamental recuperar el carácter de la licencia ambiental y hacerla obligatoria para las actividades exploratorias del sector minero-energético.  

La participación social efectiva es fundamental en la gestión ambiental sobre todo en el Ordenamiento Territorial  y en el licenciamiento; es esencial para que haya  escenarios y planes acordados colectivamente lo cual les da legitimidad y estabilidad.

Por último, hay que reiterar la importancia de la ciencia y la investigación para la gestión ambiental sostenible y la participación informada y educada de la población. Para ello, los institutos de investigación necesitan recibir los recursos suficientes para llevar a cabo sus tareas.

* ​Ambientalista, profesor universitario, autor de libros y artículos y conferencista sobre temas ambientales, exviceministro del medio ambiente, consultor internacional, actualmente director del Instituto Quinaxi.

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